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El erotismo en las flores (Primer premio)

Rodríguez, Leonardo Alejandro

Asignatura: Historia de la Fotografía

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº80

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº80

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición XXI Escritos de estudiantes. Primer Cuatrimestre 2017 Ensayos Contemporáneos. Edición XIX Escritos de estudiantes. Primer Cuatrimestre 2017

Año XIV, Vol. 80, Diciembre 2017, Buenos Aires, Argentina | 258 páginas

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Resumen:

Tanto Imogen Cunningham (1883-1976), como Robert Mapplerthorme (1946-1989), a través de sus imágenes transforman los objetos cotidianos, como las flores, en composiciones artísticas, donde la superficie es tan importante como la forma y donde el blanco y negro, con las tonalidades de los grises juega un papel fundamental. Sus imágenes se convierten en complejos y abstractos arreglos espaciales de formas y texturas.

Ambos artistas nos muestran imágenes de flores con un aire fuerte y sensual, que las convierte en reclamos sexuales para reproducirse gracias a la exhibición ostentosa de sus formas. Tulipanes, lirios de agua, orquídeas, alcatraces, amapolas y azucenas, son imágenes poéticas y a la vez contundentes, que evocan sentimientos de gran pasión y erotismo y han quedado inmortalizadas en las representaciones de ambos artistas.

Introducción 

En las primeras décadas del siglo XX, un pequeño grupo de fotógrafos estadounidenses se rebeló contra las imágenes pictorialistas muy populares en los clubes y los salones fotográficos de la época. En lugar de imitar el aspecto de los dibujos a carboncillo o con tinta, esos artistas modernos defendieron las fotografías gráficas en blanco y negro llenas de textura y de detalles. En vez de temas alegóricos o inspirados en símbolos, decidieron centrar sus cámaras en objetos cotidianos. Durante la década de 1920, Imogen Cunningham produjo una serie pionera de primeros planos de temas botánicos, de los que Magnolia en flor, es el más conocido. Con su abundante luz natural, su perspectiva extrema y el recorte de la imagen, logra captar con detalle microscópico todos los elementos que componen lo que Imogen llamaba, las tripas de la flor.

En el campo del erotismo, la obra de Robert Mapplethorpe está cargada de todo tipo de sensualismo, tanto en sus desnudos, que muestran cuerpos esculturales, como en las flores, altamente seductoras. A veces, la sexualidad de su naturaleza muerta resulta más sugestiva que los desnudos mismos, los tallos se entrecruzan como las piernas de los amantes y las curvaturas recuerdan el movimiento del cuerpo femenino que juega con elementos fálicos representados en los estambres y capullos.

Imogen Cunningham (1883-1976) 

Imogen Cunningham fue una fotógrafa estadounidense, nacida el 12 abril de 1883, en Portland, Oregón. Su peso en la fotografía del siglo XX, junto a su grandísima energía para fotografiar, hace de ella un personaje fundamental para comprender la evolución de la fotografía. Se crió en Seattle, Washington. Es una fotografía de Gertrude Käsebier, en 1901, la que la hizo interesarse por la fotografía, mientras era una joven y prometedora estudiante de Química en la Universidad de Washington. Gertrude Käsebier, era una fotógrafa norteamericana, de ascendencia alemana, que estudió en el Prat Institute de Brooklyn, así como en Francia y Alemania, en la última década del siglo XIX. Imogen trabajó como secretaria de su profesor de química y realizó diapositivas para los botánicos. Su tesis de graduación se tituló Modernos procesos de fotografía. Aprendió las técnicas de la impresión en platino con Edward S. Curtis, el fotógrafo que produjo los veinte volúmenes de La Norteamé- rica India. Estudió química de la fotografía en Dresde. A su regreso de Alemania, abrió un estudio de retratos en Seattle. En 1914 tuvo lugar su primera exposición en el Instituto de Artes y Ciencias de Brooklyn. 

Aunque era una química de formación, fue una pionera en la fotografía en Estados Unidos. Durante toda su vida fue una investigadora incansable, intentando descubrir nuevas técnicas o métodos para llevar la fotografía a un nivel estratosférico. Se casó con el grabador de Seattle, Roi Partridge. Se mudó a California. Al tener tres hijos su actividad fotográfica se vio restringida a fotografiar a sus hijos y las plantas de su jardín. Se divorció de Roi, viajó con Dorothea Lange y Paul Taylor para documentar una cooperativa de construcción con madera, iniciando una serie que duraría el resto de su vida, conocida como Fotografía de las calles.  En la década de 1920, centró su creación en un entorno natural en el que las plantas se erigían como protagonistas principales. Torre de Joyas Magnolia Blossom, (1925) y Dos calas, (1925), son algunas de sus obras más conocidas, habiendo realizado también los primeros desnudos masculinos que se conocen en la fotografía. 

Durante los años de guerra, vendió su casa en Oakland y utilizó el estudio y cuarto oscuro de un amigo en San Francisco. Luego estableció un estudio en su casa de Green Street. Durante los siguientes treinta años su trabajo se exhibió por todo el país, habiendo continuado con su fotografía callejera, cuando no estaba haciendo retratos.  Podemos considerarla la inventora, de los llamados robados, es decir de fotografías espontáneas, en las que el sujeto retratado, no se daba cuenta que era fotografiado. Un estilo ampliamente usado desde hace años, en la fotografía documental, de eventos, la fotografía callejera y el fotoperiodismo. Sus primeras imágenes ofrecen un retrato oscuro de la propia Imogen, que transmite con ellas una gran sensación de misterio, algo en lo que se volvió una auténtica maestra aplicándolo siempre en sus retratos. Ese desenfoque extremo provee sus imágenes de gran atemporalidad. 

Interesada por la luz natural más que por cualquier otro método, sus estudios le condujeron, por esa razón de forma natural, hacia la botánica y captó con ahínco y constancia, motivos florales y jardines desde una óptica absolutamente moderna, composiciones delicadas en las que jugó con maestría con luces y sombras y en las que las formas vegetales, quedaban reducidas a formas simples y elementales. Las calas, los cactus y los aloes fueron sus especies predilectas. Titulaba estas imágenes con los nombres científicos de las plantas y en realidad gracias a ellas, obtuvo su primer reconocimiento. Su serie Pflanzenformen, fue uno de los trabajos más admirados en la exposición Film und Foto que organizó la Werkbund de Stuttgart en 1929. 

Su obra Torre de Joyas Magnolia Blossom, (1925), es tan detallada que la belleza natural de la yema de la magnolia se transforma en la belleza sintética de las gemas cortadas. Esta flor en particular se abre de nuevo y retrata un aire de elegancia y perfección. Los estambres fuera de la yema aluden a la intrincada línea de trabajo de la época art nouveau. Aunque Cunningham no era un miembro activo del movimiento de los derechos de las mujeres, su imagen se puede describir como belleza femenina. 

El Museo Internacional de Fotografía, en la George Eastman House de Rochester, New York, compró una colección retrospectiva de su obra. Con ese dinero, Imogen viajó y fotografió en Europa oriental y occidental. También experimentó con Polaroid.  Fue elegida miembro de la Academia Nacional de Artes y Ciencias, reconocida con un doctorado honorario en Bellas Artes por el California College of Arts and Crafts, Oakland y premiada con una beca Guggenheim para imprimir sus negativos tempranos. La University of Washington Press publicó su primer libro, Imogen Cunningham: Fotografías. Una gran exposición tuvo lugar en la Witkin Gallery de New York City. El Smithsonian compró una gran colección de su obra. Fue profesora en el San Francisco Art Institute.  En 1988, su nieta, Meg Partridge, produjo y dirigió un corto de 30 minutos sobre Imogen Cunnigham, llamado Portrait of Imogen Cunningham. En el documental, que estuvo nominado al Oscar al Mejor Corto Documental, la fotógrafa habla en primera persona, describiendo su obra, su vida como fotógrafa y como fue calificada de inmoral por un periódico renombrado, por ser la primera mujer que fotografiaba un hombre desnudo. En las imágenes que acompañan el relato, vemos las fotografías de una figura casi andrógina que se pasea en un estanque rodeado de bosques y montañas. Su género masculino no resalta como el objetivo de la fotografía, sino la belleza de una escena bucólica. El hombre en cuestión, su marido, la fecha, 1915.

Algunas de las frases más significativas en el corto de Meg Partridge son:

La fotografía comenzó para mí con la gente, no importa cuál es el interés que haya dado a las otras cosas, pero nunca he abandonado totalmente el verdadero significado de la vida humana. Como documento o registro de la personalidad, siento que la fotografía no es superada por ningún otro medio gráfico … Hoy, la fotografía es para mí, tan maravillosa como si no hubiera visto nunca una foto … Algunas veces las personas se sienten perturbadas cuando se les toma una fotografía. Yo les pido que piensen en las cosas agradables que conocen. Pienso que eso hace las cosas diferentes, pero otros no lo creen así. Algunas veces la gente simplemente no piensa en nada, y entonces resulta difícil lograr una buena fotografía … Es triste pero cierto que aprendemos a ver sólo muy poco a poco, aunque a la larga sí aprendemos algo… Realmente me gustaría tener palabras de aliento, sobre todo para los fotógrafos que empiezan, pero ¿qué decir (…) cuando te has pasado una larga vida errando en la incertidumbre, de la visión a la realidad y viceversa?” 

Dijo Ansel Adams: 

Conocí a Imogen alrededor del año 1920, cuando visitaba el Mills College con Albert Bender. Albert era un gran patrocinador de las artes en el área de San Francisco y yo solía ir con él hasta Mills en algunos de sus viajes, cuando llevaba libros de regalo a la biblioteca en la que Roi Partridge, estaba enseñando por aquél entonces e Imogen estaba haciendo algunas fotografías para la Universidad. Luego Imogen se unió a nosotros cuando fundamos el grupo f/64. Solía pensar que ese fue el momento en que realmente comenzó a darse cuenta de su potencial creativo. Su trabajo se hizo más extrovertido, llegó a ser más consciente de las diferentes cosas que otros estaban haciendo y eso era estimulante para ella … Su sangre tiene un 3% de Ácido Acético por sus comentarios tan ácidos e inteligentes.

Junto con Edward Weston, Paul Strand y Ansel Adams formó parte del f/64, un grupo de fotógrafos que defendía la nitidez y el detalle en sus trabajos, en contraposición al pictorialismo. La profundidad de campo total, de ahí el nombre de f/64, en referencia al diafragma más cerrado, el uso de cámaras de gran formato, la nitidez por encima de todo, son normas de un grupo que duró nada más que tres años, pero que ha marcado a un gran número de fotógrafos, que intentan hacer lo mismo con cámaras de formato medio y digitales.  Es precisamente, su gran talento y creatividad lo que hicieron que inventase un sello de origen chino, para firmar sus fotografías con tres sílabas I-MO-GEN, lo cual si lo tradujéramos desde ese idioma significaría, IDEAS-SIN-FIN. Su trayectoria vital y artística recoge más de setenta años de duro y genial trabajo.

Una frase muy famosa de Imogen es: ¿Cuál de mis fotos es mi fotografía preferida? Una que voy a hacer mañana”.  Falleció el 23 de junio de 1976, a los 93 años.

Imogen Cunningham indagó constantemente en las posibilidades que podían ofrecer las nuevas técnicas, evolucionando desde sus comienzos pictorialistas, que eran comunes a los fotógrafos de su tiempo, hasta sus desnudos poéticos e intimistas y los retratos por los que quizás es hoy más conocida tomados para Vanity Fair.Buscó captar el fondo psicológico de sus modelos, dejando a un lado distracciones accesorias y dotaba a estas obras, de una atmósfera relajada. Se esforzó en combinar geometría y sensualidad y frente a su objetivo estuvieron, por ejemplo, el pintor Morris Graves, la campeona de esgrima Helene Mayer, la modelo Phoenix, la artista Ruth Asawa y Frida Kahlo. Precisamente su último proyecto, en el que se encontraba inmersa cuando falleció en 1976, era una compilación de retratos de ancianos que, como ella entonces, habían superado la barrera de los 90.  Nos dejó los robados, retratos atemporales, los primeros desnudos masculinos en la fotografía y grandes escenas del entorno urbano, así como magníficos retratos, por no hablar de la abstracción de muchas de sus fotografías de flora, donde la luz natural es un elemento esencial. 

Desde mi punto de vista, una mujer que entre otras cosas, trabajó en el estudio de Edward S. Curtis, el fotógrafo de los indios norteamericanos, que fundó el grupo f/64, que expuso en la exposición Film und Foto, que hizo el retrato más famoso de Frida Kahlo y que tiene dedicado un día en su honor en San Francisco, el 12 de noviembre, merece ser recordada y reconocida por todos los que llevamos una cámara de fotos. Por otro lado es asombroso ver cómo esta mujer en los inicios de la fotografía, se apasionaba por todo lo que ve y crea un variedad de imágenes guiada siempre por los mismos principios, técnica fotográfica, belleza, esencia y estructura, aventurándose a explorar exitosamente todos los géneros fotográficos.

Robert Mapplerthorpe (1946-1989) 

Robert Mapplerthorpe, el tercero de seis hijos de una familia de clase media, nació en 1946, en Long Island, Nueva York y es considerado uno de los principales artistas del siglo XX. Cuando tenía dieciséis años se fue a vivir a Brooklyn. Se matriculó para estudiar dibujo, pintura y escultura en el Pratt Institute de Brooklyn. En 1967, conoció a Patti Smith, con la que, tres años después, se fue a vivir al Hotel Chelsea en Manhattan. Ese mismo año adquirió una cámara Polaroid y comenzó a hacer sus propias fotografías. En 1973 expuso sus polaroids de Andy Warhol y Brigid Polk sobre el Gotham Book Mart, Nueva York. Ese mismo año expuso sus polaroids colocadas en cajas de plexiglás, en una exposición individual en la Light Gallery de Nueva York. En 1975 adquirió una cámara Hasselblad para trabajar con películas en negativo y con la luz. También fue en esa época cuando comenzó a hacer fotografías de flores. 

Produjo una prolífica obra, desde fotografías sadomasoquistas hasta imágenes de flores, formas humanas desnudas, esculturas y retratos de artistas o celebridades. En 1977 participó en Documenta 6 de Kassel, Alemania. A ésta le siguieron exposiciones en la Robert Miller Gallery de Nueva York, el Frankfurter Kunstverein de Frankfurt y el Institute of Contemporary Arts de Londres, entre otras. En 1978, publicó el X Portfolio que gira en torno a las imágenes fotográficas de comportamiento sado-masoquista y el Y Portfolio, que se centra en flores y bodegones, en ambos casos en ediciones limitadas. En 1981, publicó el Z Portfolio, con fotos de hombres afroamericanos, también en una edición limitada. En 1986, se le diagnosticó Sida. En 1988 tuvo lugar la primera retrospectiva de su obra en el Whitney Museum of American Art de Nueva York.  Falleció el 9 de marzo de 1989, en un hospital de Boston, Massachusetts, por complicaciones derivadas del SIDA, a los 42 años de edad. 

Célebre por sus fotografías en blanco y negro de gran formato, especialmente flores y desnudos, trabajaba principalmente en su estudio. La polémica en torno de su arte no fue casual. Mapplethorpe buscó la presencia de temática homosexual, utilizó como modelos a actores del cine pornográfico y elementos de la cultura sado-masoquista de forma intencional, temas controvertidos que con el tiempo fueron utilizados como símbolos de la cultura LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans), en su lucha por la igualdad y el reconocimiento. Robert Mapplerthorpe realizó una gran variedad de naturalezas muertas con flores, desde finales de la década de 1970 hasta pocos meses antes de su muerte en 1989, tulipanes, lirios, orquídeas, amapolas y azucenas han quedado inmortalizados en sus representaciones. Casi llego a separar de la naturaleza a los sujetos florales, al aislarlos contra el fondo negro de su estudio. A pesar de que solía fotografiar estos sujetos en el pico de floración y sin la menor mancha, en el caso de Flor Alcatraz, tomada en el mismo año que se le diagnosticó Sida, la elegante flor está marchitándose.  Sus fotografías aludían a la tradición pictórica del siglo XVII basada en el motivo de la vanitas, en que flores y frutas simbolizan el carácter efímero de la vida. 

En el caso de Flor Alcatraz, (1986), Robert Mapplerthorpe detuvo el proceso de descomposición, con lo que conserva la inflorescencia en su gloriosa perfección para toda le eternidad. Cuando hubo de enfrentarse a la inevitable de su propia decadencia y muerte, utilizó fotografías como ésta para ofrecer la inmortalidad a los sujetos que colocaba delante del objetivo. Flor Alcatraz adornó la portada del catálogo de la última exposición que se organizó con el artista aún vivo, Robert Mapplerthorpe: The Perfect Moment. 

A mi entender, una flor que está a punto de abrir, está a la espera de una abeja, siendo ésta una analogía de la disposición sexual. 

“Flor Alcatraz es una obra que emana menos seducción que peligrosidad, emerge para ocupar el encuadre de una manera agresiva, donde la punta del pétalo parece enrollarse como una garra o incluso como un aguijón venenoso”. (Janet Kardon) En el campo del erotismo, la obra de Robert Mapplethorpe está cargada de todo tipo de sensualismo, tanto en sus desnudos como en las flores. La sexualidad de su naturaleza muerta resulta sumamente sugestiva. Los tallos se entrecruzan como las piernas de los amantes y las curvaturas recuerdan el movimiento del cuerpo femenino, que juega con elementos fálicos representados en los estambres y capullos. La controversia alrededor de su obra toca los límites entre lo obsceno y lo erótico, lo pornográfico y lo sexual. Una de sus exposiciones en Cincinatti, en los años 90, creó una batalla que cambió muchos conceptos en el mundo del arte, redefiniendo qué tipo de artistas podrían ser subvencionados por fondos públicos. Sus torsos masculinos resultan tan estilizados como los dioses griegos, pero lo que ha traído más atención a su obra son las series donde se muestra de manera explícita el sadomasoquismo y la homosexualidad y, si bien esta controversia sobre el contenido le ha representado fama, esto no desmerece el hecho de que su fotografía tiene una alta calidad, no solo estética sino técnica, que lo ha colocado hoy en día, entre los grandes en el mundo del arte. Bajo la mirada intensa y sexual de Robert Mapplethorpe, las flores se transforman en un objeto escultórico, espejo de muchas de sus inquietudes artísticas, de su potencia visual. A través de la experimentación con técnicas y formatos fotográficos tan diversos como la gelatina de plata, Polaroids, transferencias en tinta o huecograbado, ha convertido la naturaleza muerta en elemento de culto.

Aunque Mapplethorpe es reconocido por sus estudios de desnudos y sus retratos de personajes famosos, como Patti Smith o Grace Jones, las flores desempeñaron un importante papel en su obra, fotografiando el tema con una dedicación extraordinaria. Fotografió rosas, orquídeas, lirios, aves del paraíso, tulipanes, aprendió las técnicas del color, la luz y la exposición, experimentó composiciones, formatos y efectos, jugó con ellas y sus matices buscando una perfección que logra a través de escenas sencillas, bellas, decadentes, oscuras, eróticas, porque el erotismo es una de las constantes que define la obra del artista, incluso en sus instantáneas sobre flores. 

Todo el universo floral del fotógrafo pone de manifiesto el rigor y la diversidad de sus composiciones, el meticuloso control de la luz, la elegancia de los fondos, la fuerza visual, la estética impecable fruto de esa búsqueda incansable de la belleza, que fue otro de los pilares de su trabajo. Mapplerthorpe nos regaló una visión más de la sexualidad a través de una cámara, mostrándonos el erotismo que puede estar escondido en una simple flor. 

Llegó un momento en que adoptó la flor como la encarnación de todas las contradicciones con que se deleitaba. Su pureza de líneas, su carnosidad. Descubrió que eran útiles conspiradoras en la búsqueda y la crianza de emociones contradictorias. También descubrió que era igual de fácil ofender con la belleza que con cualquier otra cosa. Modeladas en sombras geométricas. Modificadas en un jarrón y transformadas en el reino de su propia simplicidad. El corazón de una rosa, la sombra de una orquídea, la amapola, el nabo silvestre, el capullo de un lirio, la cabeza de un tulipán o una flor al abrirse, adquieren una connotación erótica en las imágenes del artista.  “Me dediqué a la fotografía porque se me antojó como el vehículo perfecto para ilustrar la locura del mundo actual”.

Conclusiones 

La mirada de ambos fotógrafos transforma objetos cotidianos en composiciones artísticas, donde la superficie es tan importante como la forma y donde el blanco y negro, con las tonalidades de grises juega un papel fundamental.  Sus fotografías dejan de ser meras imágenes de flores para convertirse en complejos y a veces abstractos arreglos espaciales de formas y texturas. Se caracterizan por transformar cada fotografía en el apogeo de la belleza. Sus imágenes se convierten en una investigación acerca del acto de fotografiar y en una meditación sobre los placeres de la observación cotidiana.