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La relación entre el cine contemporáneo latinoamericano y el cine moderno. La teta asustada (Segundo premio)

Wiegering Ravettino, Carolina

Asignatura: Discurso Audiovisual I

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº80

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº80

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición XXI Escritos de estudiantes. Primer Cuatrimestre 2017 Ensayos Contemporáneos. Edición XIX Escritos de estudiantes. Primer Cuatrimestre 2017

Año XIV, Vol. 80, Diciembre 2017, Buenos Aires, Argentina | 258 páginas

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Resumen:

El presente trabajo pretende evidenciar la relación entre el neorrealismo y el film contemporáneo peruano La teta asustada, dirigido y escrito por Claudia Llosa. Además, se realizará un análisis del mismo y se presentará un breve contexto de lo que fue la época del terrorismo y sus consecuencias en la vida y cultura del Perú. Si bien en el film se narra una ficción, como se mostrará más adelante, es capaz de encerrar y despertar las historias de todas las personas que sufrieron violencia por parte del conflicto armado entre el grupo Sendero Luminoso y el ejército peruano. El mismo Estado ignoró la crisis en el interior del país, dejando de lado a los ciudadanos más pobres, y solo tomó acciones drásticas una vez la campaña terrorista comenzó a causar estragos en la capital. La teta asustada, al igual que los films neorrealistas, denuncia una realidad, provoca indignación y ataca el olvido y la indiferencia hacia los que más sufrieron. No es sorpresivo que la crítica peruana, con sus marcados prejuicios, haya quedado indignada ante la película y lo que representa, mientras que, en el extranjero, Magaly Solier, una actriz no profesional, recibía el Oso de Oro en el festival de Berlín por su rol protagónico en el film.

Introducción 

La teta asustada es un recordatorio de las divisiones y heridas aun abiertas que dejó el conflicto armado de los 80 y 90 en el Perú.

No es sorpresivo que la cultura y las creencias del sector más afectado de la población hayan tratado de darle explicación a los traumas y desbalances que implica una violación. Es así como el film representa, como su título indica, a la teta asustada, una enfermedad ficticia donde la madre, siendo víctima de un abuso sexual, pasa el miedo de sufrir una violación a sus hijas por medio de la leche materna.

La teta asustada, un film de denuncia 

Cuando La teta asustada fue reproducida en la plaza central de Manchay, el precario pueblo joven a las afueras de la capital donde fue grabada, cientos de personas fueron a apreciar sus viviendas y presencias en los fotogramas de Claudia Llosa, quien prometió volvería con el film terminado. Más de 3000 de los 40000 ciudadanos de Manchay formaron parte de la película; y cabe recalcar que fue ésta la misma gente que huyó de los Andes: del epicentro de la guerrilla entre Sendero Luminoso, un grupo terrorista, y las fuerzas armadas del gobierno. Los habitantes comentaban delante de la película sus propias historias reales de horror: familiares asesinados delante de sus ojos, violaciones y todo tipo de violencia.  “Vinieron a violarme, primero uno, luego otro y otro más, hasta que fueron siete. Me dejaron tirada como una alfombra en el suelo, como una oveja con la garganta cortada. Me enseñaron una lista con nombres y me gritaban que era una terrorista; que confesara que había estado matando gente”. Declaró Georgina Gamboa a una reportera y luego a las autoridades del país: tenía 16 años cuando un grupo de soldados la arrastró tirada del pelo fuera de su casa en Ayacucho mientras dormía al lado de sus nueve hermanos menores: el conflicto armado afloraba desde el interior del Perú, sin que los limeños o políticos influyentes tomaran medidas serias al respecto, hasta que las bombas y apagones llegaron a la capital. El gobierno de Valentín Paniagua en el periodo del 2000-2001 le enseñó al mundo la magnitud del conflicto: 70000 muertos, donde 23% de los asesinados, 15% de los desaparecidos por el gobierno y 83% de las víctimas de violación fueron mujeres. De dichas víctimas, 73% eran quechua hablantes, 83% provenían de áreas rurales y 48% estaban en un rango de edad de entre 10 y 30 años; 8% fueron niñas por debajo de los 10. Se reportó que no se respetaron los derechos humanos en 15 de los 24 departamentos que conforman Perú. El 83% de los casos de violación, incluso, se les atribuye a las fuerzas armadas del país. Aun hoy, Gamboa sigue sin recibir justicia: luego de ser torturada y llevada a la fuerza por estaciones policiales y puestos militares, se la encerró en la cárcel por cuatro meses, donde se enteró que estaba embarazada de uno de sus muchos violadores. Su hija, ahora con 27 años, le pide que deje de insistir a las autoridades porque “no hay justicia para los pobres”. No existe un interés real por parte del Estado peruano de abrir o continuar las investigaciones en este tipo de casos, dado que las víctimas de abuso o violación actualmente requieren llevar resultados de exámenes médicos para iniciar un proceso legal, cuando estos sucesos ocurrieron años atrás y los exámenes psicológicos no cuentan como evidencia. 

Incluso con todas las pruebas a la mano y una condena inminente, los violadores tienden a salir en libertad con relativa facilidad.