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La anciana y las palomas, surrealismo y romanticismo (Segundo premio)

Lara Romero, Paula Andrea

Asignatura: Teatro III

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº80

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº80

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición XXI Escritos de estudiantes. Primer Cuatrimestre 2017 Ensayos Contemporáneos. Edición XIX Escritos de estudiantes. Primer Cuatrimestre 2017

Año XIV, Vol. 80, Diciembre 2017, Buenos Aires, Argentina | 258 páginas

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Resumen:

Este ensayo busca revelar la similitud latente entre dos movimientos artísticos, el surrealismo y el romanticismo, tomando como base postulados de Sigmund Freud, pues estos explican algunas de las características que definen la esencia de ambos movimientos, para ejemplificar esto se toma el corto La vieille dame et les pigeons (La anciana y las palomas, por su traducción al español), dirigido por SylvainChomet, en el año 1997. 

La anciana y las palomas, o por su título original La vieille dame et les pigeons, es un cortometraje dirigido por Sylvain Chomet, en el año 1997, éste aunque catalogado, por muchos, como un cortometraje meramente surrealista, posee múltiples características presentes en el romanticismo como por ejemplo el id, lo grotesco y lo ominoso, además de poseer una temática similar a la que se presenta en muchas de las obras románticas, el hambre, el pueblo, en pocas palabras, la pobreza.  Es menester, primero, definir surrealismo, para conocer porqué se dice que este cortometraje pertenece al surrealismo, se toma la definición de André Breton, quien escribió el primer manifiesto surrealista, en el año 1924, y definió surrealismo de la siguiente manera:

SURREALISMO: sustantivo, masculino. Automatismo psíquico puro por cuyo medio se intenta expresar verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral.

Para explicar esta cita, se toman las teorías de Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, quien divide la mente en tres partes distintas el id, el ego y el superego, entendiendo, en pro de la simplicidad del argumento, que el id es el inconsciente, ya que es movido por el deseo y el instinto, el superego es el preconsciente y es ese fragmento de la mente regido por la normativa social, y el ego es el consciente, que es, por así decirlo, esclavo del id y del superego, ya que constantemente está discerniendo entre el bien y el mal, lo que se debe y no se debe hacer. 

Según lo que se acaba de definir, entonces, los surrealistas trabajan sobre el inconsciente, es decir, aquella parte de nuestra mente reprimida, donde se esconden los deseos y temores más profundos, al que se puede llegar plenamente, a través de los sueños; es por esto que los surrealistas trabajan más que todo en base a sus sueños, ya que estos los liberan de cualquier prejuicio y da cuenta de sus deseos. 

Para continuar con este mutualismo existente, para los románticos y los surrealistas, entre el inconsciente y el arte, se toma un fragmento de la obra de Wolfgang Kayser, Lo grotesco: su configuración en pintura y literatura, en el que dice que “el fenómeno que nos conduce hacia la ‘poética de crear’ (…) Desde temprano se ha definido como actitud correspondiente al artista, junto al sueño, la locura o la cuasi-locura” (1967, p. 224), lo que afirma que los románticos también trabajan en base a su inconsciente, sus instintos, sus deseos, sus temores, sobre esta locura que no pueden controlar.

Como también estipuló Breton los surrealistas trabajan sobre la anteposición de los sentimientos por sobre la razón, y esta es también una característica del romanticismo. Habiendo dicho esto, es seguro afirmar que ambos movimientos artísticos responden a los deseos del inconsciente. 

Conociendo entonces que el romanticismo y el surrealismo, se ocupan en mayor o menor medida, sobre el inconsciente, se puede alegar, que ambos trabajan con teorías de Sigmund Freud, esto puede llegar a considerarse como una hipótesis anacrónica, pues las teorías de Freud surgieron posterior al inicio del romanticismo, que se dio en 1790, sin embargo, en pro de la simpleza del argumento, se toman las teorías de Freud para trabajar y tratar de explicar el romanticismo. 

Retomando los estatutos del mismo, quien afirma que un psicoanalista “trabaja en otros estratos de la vida anímica y tiene poco que ver con esas mociones de sentimiento amortiguadas, de meta inhibida”. (1990). 

De esta cita se puede interpretar entonces que para él autor lo importante es lo que se siente y no lo que se demuestra, es decir, que aquellas cosas que el ser humano hace sin pensar, sin inhibirse por lo que el otro dirá o creerá, lo que está pensando en su interior, en pocas palabras su inconsciente, que es sobre lo que posteriormente trabajaron los surrealistas y previo a ellos los románticos. 

Como se mencionó anteriormente en el romanticismo hay tres términos, los cuales casi que, estructuran todo este movimiento artístico: Lo grotesco, el id y lo ominoso.  El Id, Kayser lo define como “un espíritu extraño e inhumano se ha introducido en el alma” (1964, p. 224), mientras que Freud detalla que el id

Es el aspecto más importante de nuestra personalidad y también que el id está presente desde el nacimiento, (…) está controlada por el ‘principio del placer’ que significa que todas nuestras acciones son para evitar el castigo y para aumentar el placer instantáneamente. Básicamente, el Id es el hambre porque tienes que comer para aumentar el placer. (Heath’s Blog, s/f.)

Sin embargo estas dos definiciones no están tan alejadas la una de la otra, puesto que ambas entienden el id como algo incontrolable, que posee al sujeto, hasta, incluso, lograr que se le nuble la razón; entonces se puede entender que los románticos llevan el Id, hasta su extremo, en el que este Id se apodera completamente del ego y hace que este ignore las razones del superego.  El término grotesco, según Wolfgang Kayser proviene de la derivación de la palabra gruta que se utilizaba para la nomenclatura de ornamentos encontrados en Roma en el siglo XV, según este autor se refiere a la mezcla, mutación, entre lo humano y lo animal, la deformación y fragmentación para de esta manera formar un uno, es decir, “lo monstruoso que ha surgido justamente de la confusión de los dominio, y junto con ello lo desordenado y lo desproporcionado” (p. 24). El autor Víctor Hugo propone una definición similar para hablar de lo grotesco “En el pensamiento de los modernos, (…), lo grotesco hace un papel inmenso. Está en todo; por una parte crea lo deforme y lo horrible, y por otra lo cómico y lo jocoso”. (Víctor Hugo, p. 11) 

Además de esto Kayser, afirma que “lo grotesco es el mundo distanciado” (1964, p. 224) y es de esta manera como Freud define lo ominoso, como aquello a lo que el sujeto está acostumbrado, se transforma y se convierte en algo diferente para él; “lo ominoso es aquella variedad de lo terrorífico que se remonta a lo consabido de antiguo, a lo familiar desde hace largo tiempo”. (Freud, 1990, p. 220). 

Lo ominoso, según Freud también se da en los ataques de locura, esto se puede asimilar con el id, pues como se mencionó anteriormente, el id es una locura, una fuerza que posee al sujeto, que lo obliga a actuar por instinto en pro de hacer crecer su placer. 

Habiendo hablado brevemente sobre psicoanálisis, el romanticismo, el surrealismo, el id, lo grotesco y lo ominoso, es momento de retomar el eje central de este ensayo que es el cortometraje de Sylvain Chomet, en el que se evidencia desde el inicio este gusto romántico por las deformaciones, pues ninguno de los cuerpos presentes son proporcionales, nada es simétrico, separándose de los estatutos preconcebidos de cómo debe ser el mundo, los románticos agregan dentro de su repertorio, por llamarlo de alguna manera lo amorfo y como se lo denominó previamente, lo deforme

Es porque lo bello, humanamente hablando, sólo es la forma considerada en su expresión más simple, en su simetría más absoluta, en su armonía más íntima con nuestra organización; por eso nos ofrece siempre conjunto completo, pero restringido. Lo que llamamos lo feo, por el contrario, es un detalle de un gran conjunto que no podemos abarcar y que se armoniza, no con el hombre, sino con la creación entera; por eso nos presenta sin cesar aspectos nuevos, pero incompletos. (Víctor Hugo, p. 12)

Se toma como ejemplo al protagonista de este cortometraje, es un hombre delgado con una exuberante joroba, además de una nariz pronunciada al igual que su mentón, que hacen que este personaje se vea, como se mencionó anteriormente, deforme, incluso se lo puede, en el nombre de la simpleza, denominar como un hombre feo; sin embargo esta deformación no solo se da en el protagonista sino en cada uno de los personajes que actúan en este cortometraje, desde los turistas, hasta las propias palomas demasiado gordas como para poder volar. 

El Id, se puede evidenciar en la necesidad que el protagonista tiene, la desesperación que le causa el hambre que lo obliga a renunciar a sus principios e incluso a su dignidad para poder saciarla, James Pidgeon (nombre del protagonista) está dominado por el id, actúa por puro instinto y satisfacción pulsional, por eso, se viste como paloma y se deja alimentar hasta el punto de no poder pasar por la puerta, análogamente al estadio primitivo del nacimiento, donde somos puro id, actuar instintivamente y en función al goce. Sin embargo, después se evidencian las intervenciones del superego, que es aquel juez interno, ese crítico que le dice que suplantar a una paloma no está bien y estaría infringiendo la ley, además se puede ver que James es un hombre que sigue la ley y la respeta, pues es un policía, e incluso en su casa tiene un poster en el que se lee “Gendarmerie nationale: un métier d’avenir” que traduce a “Gendarmería una profesión del futuro”; su superego se hace presente cuando él sueña que se lo comen las palomas, ya que representa el temor a la retaliación. Freud explica este miedo a la retaliación, tomando la figura del niño y el padre, con la que él explica que cuando el niño asimila la figura del padre, este le hace saber que su amor incestuoso por la madre no está bien y que debe renunciar a él, y es cuando el niño desea la muerte del padre para poder continuar con su amor hacia la madre, de esta ambivalencia amor/odio hacia el padre (amor debido a que se identifica con él y esta identificación lo absuelve de la castración, pero odio porque el padre pasa a quitarle el amor desmedido con la madre), se produce el miedo a la retaliación, es decir teme que así como él desea la muerte de su padre, asimismo su padre también lo va a querer matar.