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De la prosa al guión. Periodismo de opinión en los new media (Primer premio)

Moreno Gómez, Giovanny

Asignatura: Discurso Audiovisual IV.

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº80

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº80

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición XXI Escritos de estudiantes. Primer Cuatrimestre 2017 Ensayos Contemporáneos. Edición XIX Escritos de estudiantes. Primer Cuatrimestre 2017

Año XIV, Vol. 80, Diciembre 2017, Buenos Aires, Argentina | 258 páginas

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Resumen:

Hoy en día es común que los individuos nos informemos a través de nuevos dispositivos tecnológicos y plataformas multipantalla. En este contexto, el periodismo ha ido adaptándose al nuevo consumo de contenidos digitales que por supuesto, interviene de forma directa el qué hacer periodístico actual y por ende, lo diversifica. 

En tal nuevo entorno (el digital) los periodistas con sus formatos apenas nacientes, tienen la particularidad de contar con la inmediatez de las relaciones hipertelevisivas, cuando el consumidor telenético interpela, en tiempo real, los contenidos informativos en pantalla. 

Pero qué pasa cuando los periodistas líderes de opinión que discuten y confrontan los acontecimientos de la sociopolítica de los estados; muy experimentados en el mundo impreso y aparentemente relegados a la parte (textual escrita) de la prensa digital, se vinculan y si se quiere, se reinventan a través de la exposición de su figura a través de, por ejemplo, un canal de YouTube; desde donde reconfiguran su columna periodística en un guión teleinformativo. 

Por medio de la columna de opinión del periodista colombiano Daniel Samper Ospina en Revista Semana, quien se ha reposicionado en la escena de la información digital, valiéndose de una faceta de youtuber de temas políticos. Estas lí- neas pretenden exponer el papel del periodismo de opinión en los new media, los desafíos que acarrea esta carrera por la adaptación y aprovechamiento de las tecnologías de la información y la hipermedia. Además de la influencia y resonancia que generan los contenidos transmedia en nuestra sociedad tecnómade.

Palabras clave:

periodismo - nuevos medios - hegemonía - hipertelevisión - audiencias - comunicación - plataformas digitales - redes sociales - vídeo.

Desde el año 2005 los internautas contamos con la posibilidad de publicar vídeos en Internet por medio de una plataforma que surgió ante la dificultad de compartir contenidos audiovisuales en línea. YouTube encaró dicha necesidad y proporcionó desde entonces un espacio virtual donde los usuarios, además de ser meros televidentes, se proponen a sí mismos como productores de contenidos. 

Más de una década después, no solamente la plataforma ha expandido sus servicios de broadcasting, los usuarios a su vez, se han apropiado de las facilidades del medio para transmitir contenidos pensados y direccionados a un público objetivo. Un modo de uso muy diferente al simple hecho de compartir un vídeo casero en los años primitivos de la plataforma y que habla de un modelo de negocio y una forma tecno-industrial de desarrollo y producción audiovisual de los new media. 

A diferencia de otras plataformas, con las que la compañía compite y se entrelaza y que, también cuentan con servicios de transmisión de vídeo; YouTube propone a sus usuarios como dueños de un canal y no, de un perfil. En términos pragmáticos no habría una diferenciación más que de caracteres, pero a fines semióticos, el discurso que sobresale de la palabra canal proyecta al usuario a una categoría de realizador técnico (lo sea o no). Hecho que de ser solo un simple perfil, apenas encarnaría un realizador aficionado. 

Por supuesto, estaría demás decir que la mayoría de los usuarios de YouTube son productores amateur, poco preocupados por la correcta presentación de sus contenidos, incluso tales canales parten del llano interés de usar la plataforma como una videoteca, lo que tampoco es concebible como un error. Por lo contrario, es en esencia una posibilidad básica del sitio web que por ejemplo, canales de televisión, productoras audiovisuales o las mismas programadoras, digamos tradicionales o propias a la neotelevisión (Eco, 1983); han sabido aprovechar para almacenar sus programas y tenerlos hábiles y a disposición de un público hipertelevisivo, que prefiere consumir lo que desea en el momento que decida de

Una televisión más compleja, con muchas tramas narrativas, pantallas fragmentadas y ritmo acelerado. Una televisión que, en definitiva, imita la dinámica de los medios digitales interactivos. Yo la he bautizado como hipertelevisión. Es la televisión que simula ser lo que no es: un medio interactivo. (Scolari, 2013)

Tal Expansión Narrativa (Scolari, 2008) de los contenidos tradicionales a medios interactivos también ha hecho mella en el rubro informativo. Así pues, los medios noticiosos y los líderes de opinión expertos en medios gráficos y neotelevisivos por décadas, ahora están buscando adaptarse al consumo de los nuevos públicos tecnómades (Levis, 2007) sin dejar de lado sus ya fieles televidentes. No en vano, y como era de esperarse, las cadenas informativas poseen su propio canal de YouTube en el que reproducen (contenidos neotelevisivos) y producen material con formatos eficientes a la plataforma, que los usuarios digitales son capaces y loables de interpelar hipertextualmente (Scolari, 2008) con un sencillo Like o más contundentemente con un comentario.

La producción de contenido, tanto de entretenimiento como de carácter informativo por personas ajenas al periodismo ha desencadenado en los últimos años una suerte de crisis dentro de la profesión, y en el interior de los motores generadores de noticias: los medios masivos de comunicación. Y es que pese a que algunos encaucen este trance por sendas direccionadas a la disminución de recursos publicitarios, así como a la frivolidad con que se encaran ciertas temas, y ni hablar del amarillismo y la inexistencia de objetividad, lo cierto es que en la actualidad se vive un momento irónico, ya que los flujos informativos se han acrecentado, así como las plataformas para difundir contenidos, pero esto no se ha traducido en más trabajo para quienes se dedican a comunicar masivamente.

Sobre el periodismo de opinión en los nuevos medios 

En una columna de opinión publicada este año en New York Times, Roberto Herrscher denuncia cómo “el mejor oficio del mundo” pasa por una crisis económica y de credibilidad sin precedentes, debido al sistema de tercerización laboral que se apodera de la mayoría de salas de redacción alrededor del planeta, así como a la presión constante que viven los profesionales para generar contenido de calidad en tiempo record y con un sueldo que no alcanza el mínimo legal en varios países. En consecuencia y pese a este panorama, ciertos periodistas han decidido sumarse a una nueva tendencia informativa que amenaza a los modos tradicionales, adaptando su formato a un marco hipertelevisivo. 

Esta tendencia, que por afinidad con su época había sido utilizada en su mayoría por jóvenes tecnómades (Levis, 2007) que habitan, se comunican y trabajan a través de las pantallas; muy vinculados con contenidos de entretenimiento, ahora experimenta un boom en el escenario periodístico producto de la autonomía que ofrecen las plataformas digitales y la migración de neo-televidentes “ahora reconvertidos en usuarios” (Scolari, 2008), sin tener que depender de un empresa mediática que los edite y publique. 

En esta lógica, varios periodistas se han visto en la necesidad de transformarse discursiva y profesionalmente para competir en un escenario transmediático que está en proceso de consolidación. Dialogando su prosa informativa y de opinión pública para asumirse como youtuber, llevando la prensa escrita a un guión audiovisual multipantalla. 

Según el Instituto Internacional Español de Marketing Digital (IIEMD), los “youtubers son individuos que utilizan la red social de vídeos más grande del mercado digital para postear cualquier tipo de contenido que pueda resultar entretenido” (2017), con el ánimo de generar tráfico de usuarios que se traduce en réditos económicos que la compañía paga a los realizadores por el número de visitas y reproducciones que los videos alcancen. 

En este orden de ideas, el youtuber plantea su canal como un vídeo-blog, donde él/ella conducen sus contenidos audiovisuales con base en acontecimientos propios de su diario vivir, de sus experiencias personales, así como sus afinidades y aptitudes que se relacionan con el público que los consume. El impacto de estos videobloggers no solamente ha sido social, no solo habla de nuevas prácticas de producción y consumo en Internet. El marketing digital y su potente brazo financiero ha repotenciado el formato y ha propuesto a los youtubers como nuevas estrellas de la pantalla, personajes influenciadores de quienes los siguen, y por lo tanto, un producto del mercado digital en sí mismos. De hecho, “algunas marcas apuestan por colocar sus anuncios antes de la reproducción del clip, o bien hacer que el youtuber se grabe utilizando el producto –por casualidad–”. (2017) 

Alguien que ha conseguido alternar su tarea en la prensa escrita, abriéndose un espacio dentro de las nuevas audiencias por medio su canal de YouTube, es Daniel Samper Ospina, un reconocido periodista y líder de opinión colombiano. Uno de los ejemplos más claros sobre cómo se está experimentado actualmente esta migración de lo tradicional al new media, pues ha conseguido catapultarse como una de las figuras más influyentes del medio digital, en un ecosistema dominado por contenidos más digeribles que informativos. 

Sin embargo, en él, que escribe en la revista política Semana, hay una peculiaridad que no pasa inadvertida, ya que el formato de su columna de opinión es reconocido en Colombia por el uso indiscriminado de la ironía y la sátira para retratar las particularidades de la escena política de su país; recursos literarios que se manifiestan también en la manera en que aborda y crea contenido para su canal de YouTube, en el que posee cerca de 340.000 suscriptores y acumula casi 17.000.000 de reproducciones. Echando mano de los mismos elementos de montaje y producción que sus colegas youtubers institucionalizaron poco antes. Dándole una estructura reconocible al formato, como si de un género dramático estuviéramos hablando. 

Samper, que hace parte de una de las familias más influyentes del país, produce contenido siguiendo la agenda política colombiana, de manera que los hechos de interés nacional están narrados basándose en el entretenimiento como mecanismo comunicativo de captación de nuevas audiencias, que cada vez están menos familiarizadas con los medios tradicionales de comunicación, y que ven en él un líder de opinión lo suficientemente sólido como para consumir información, sin tener que leer mucho sin o estar demasiado informados; con un lenguaje cercano, que transita entre lo coloquial y lo vulgar. Tras el éxito que tuvo la plataforma comunicativa de Daniel Samper, uno de los diarios más importantes de Colombia, El Espectador, apostó por un formato informativo y de opinión con características muy similares. Desde comienzos de 2016 la plataforma digital del periódico cuenta con una nueva sección llamada La Pulla, cuya protagonista es María Paulina Baena, una joven periodista que se ha convertido en la más reciente apuesta del medio para competir en redes sociales. En su sección, la comunicadora hace crítica y sátira, sin alejarse de las herramientas de edición usadas por youtubers, sobre el acontecer general del país, haciendo foco en escándalos políticos y económicos. Un formato que ha resultado exitoso, si se tiene en cuenta que ahora también tiene su propio canal de YouTube, y que ha tenido gran acogida y repercusión en el público joven, acostumbrado a consumir noticias a través de redes sociales, buscando información rápida y digerible. No obstante, al principio, tal como lo reconoce Baena, existió resistencia entre el público tradicional, que “se sentía ofendido con La Pulla y con el tono de una niñita gritona, fastidiosa, histérica, loca, bruta”. (La Pulla, 2017) 

Un formato cuya novedad como tal, parece solo hallarse en el medio de transmisión, pues como afirma la investigadora Mirta Varela, experta en la historia de los medios de comunicación, la hibridez producto de la mezcolanza de temas de actualidad, política y entretenimiento de los contenidos mencionados responden a

Un rasgo característico de los medios de comunicación modernos: su tendencia a organizarse en forma miscelá- nea, es decir, a mezclar géneros y materiales de características y origen diversos. Los magazines ilustrados y los periódicos populares del siglo XIX ya adoptaron un formato que se caracterizó crecientemente por la inclusión de géneros de información y de entretenimiento, la yuxtaposición de imagen y texto, de información y publicidad, noticias de contenido político junto a notas de interés humano (…) Se trata de una convivencia entre géneros que un medio hereda del pasado. (2010)

Pese a la naturalización inconsciente del fenómeno hipertelevisivo en grandes sectores de la sociedad, especialmente entre los más jóvenes, existen ámbitos académicos en donde se cuestiona el alcance y las consecuencias que implica este cambio de paradigma. Por un lado, se pone de manifiesto desde la psicología las alteraciones emocionales que trae para personas en formación escolar la transmisión, directa como nunca, de modelos, ideas, publicidades y estereotipos que imponen los influencers. Asimismo, desde la teoría de la comunicación se ha hecho un trabajo profundo sobre el consumo de información mediante estos nuevos formatos, a los que muchas veces se les acusa de banalizar lo que se considera de interés general, así como de contribuir a que las audiencias no desarrollen la capacidad de recibir información con criterio, lo que facilita la circulación de noticias falsas, datos no chequeados o que pueden poner en peligro la integridad de terceros.

En este sentido, Eli Gallardo, politólogo español y experto en comunicación política, rememora en su blog, siguiendo los planteamientos de Nisbet y Kotcher, que no todos los influencers, a los que él denomina influentials, tienen la misma repercusión, ni legitimidad, pese a hacer lo mismo. Para él, hay que tener en cuenta tres variantes para medir si existe una verdadera influencia, o no, por parte de los generadores de contenido hacia sus audiencias. En primer lugar, quién es, se tienen en cuenta las propiedades individuales del sujeto. Segundo, qué sabe, para determinar su competencia en ciertos temas. Y, en tercer lugar, a quién conoce, para tener en cuenta sus contactos y círculo de amistades, algo que definirá su capacidad de influir y repercutir en ciertos escenarios. 

Luego de trazar el anterior esquema de variantes, el autor hace hincapié en que no se puede negar que estos individuos tienen capacidad, más de que manejar la subjetividad de sus audiencias, de hacer énfasis en los aspectos de la realidad que les resulta importantes. Así como también en las decisiones políticas, un escenario en el que las redes sociales, que se han convertido en el lugar obligatorio para políticos, en la búsqueda por conquistar ese nuevo público objetivo que está detrás de las múltiples pantallas de acceso. 

Aunque el autor cierra su artículo con escepticismo sobre el verdadero alcance que tienen los influencers, a los que relaciona más con estrategias de marketing que con un modelo de comunicación eficaz, lo cierto es que para efectos de este trabajo es importante resaltar que en el caso de Daniel Samper Ospina, existe una relación directa entre su contenido y la manera en que su público objetivo entiende y consume la política. Antes que nada, es importante recalcar que su posición dentro del escenario de los youtubers colombianos es privilegiada, pues al ser parte de un grupo de poder, está más cerca de la agenda que imponen medios de comunicación y élites políticas y económicas. Además, como ya fue mencionado, antes de ser youtuber, Samper Ospina era dueño de un espacio de opinión bastante reconocido dentro de la Revista Semana, por lo que entre la ciudadanía ya era reconocido como un líder de opinión, con lo que sólo acentuó su posición dominante en un nuevo formato.

Seríamos ingenuos si creyéramos que un sistema de información y comunicación dominado por las mismas empresas que promueven y sostienen un modelo socioeconómico basado en un aumento progresivo de las desigualdades sociales y territoriales, puede ser un medio factible para transformar la realidad. Por el contrario en la concepción de la televida digital priman los intereses y las necesidades materiales e ideológicas de los sectores hegemónicos de la sociedad mundial, interesados en mantener y afianzar su hegemonía económica, política y cultural, naturalizando formas de desarrollo económico socialmente excluyentes. (Levis, 2007)

No en vano, figuras importantes de la política colombiana han pasado por su canal, más ahora que se acerca la época de elecciones, entendiendo que con esta aparición pueden llegar directamente a esas nuevas audiencias, que en promedio ya están en edad para votar. Así, Antonio Navarro Wolf, Claudia López y Rafael Pardo, entre otros, han aceptado ser parte del formato que propone Daniel Samper, en el que las ideas políticas y los planes de gobierno son opacados por retos como tener la mayor cantidad de malvaviscos en la boca, besar al presentador o salir del closet. Con esto, es entendible que desde sectores críticos se cuestione el papel de este líder de opinión y su manejo y apropiación del lenguaje, pues reproduce un modelo ligero de contenidos en un escenario como la política, en donde hasta ahora se comienza a comprender la importancia de los youtubers en la dinámica comunicativa y el poder detrás de sus pantallas.

Así pues, algunos youtubers han hecho críticas desde sus canales a los señalamientos que hace Daniel Samper hacia ellos, a los que acusaba en sus primeros vídeos de influenciar de manera negativa a los adolescentes que observan con atención sus comportamientos. Sin embargo, uno en particular, cuyo canal se denomina Pillelo, resaltó lo fácil que es para Samper Ospina catapultarse en la plataforma digital, acumulando legitimidad en sus contenidos, cuando su familia es tan poderosa y trae consigo un apellido y una experiencia en medios masivos que lo colocan en una situación de ventaja frente a sus competidores. Además, recalcó un dato muy importante, los medios masivos de comunicación, construyen como noticias, apartes de lo que “Hola Soy Dany” menciona en sus creaciones digitales, lo que contribuye a aumentar el número de visitas en sus vídeos, en donde también ha hecho menciones publicitarias, con intencionalidad o no, de establecimientos comerciales. 

Lo anteriormente mencionado no debe pasar inadvertido, pues, siguiendo los planteamientos de Jesús Martín-Barbero sobre la mirada hegemónica de los pensadores latinoamericanos, que ven a las clases populares incapaces de producir una cultura propia lo suficientemente sólida como para contrarrestar su lugar en el plano de lo económico y simbólico, es importante destacar que aquellas críticas de Samper Ospina en sus primeros vídeos al producto banal y poco reflexivo que los youtubers ofrecen a sus audiencias, son también elitistas, ya que como afirma Barbero, hablando de la televisión en los años 90

si la incultura constituye la quintaesencia de la televisión se explicaría el desinterés y, en el “mejor” de los casos, el desprecio de los intelectuales colombianos por la televisión, pero también queda ahí al descubierto el pertinaz y soterrado carácter elitista que prolonga esa mirada: confundiendo iletrado con inculto, las élites ilustradas, ya desde el siglo XVIII, al mismo tiempo que afirmaban al pueblo en la política lo negaban en la cultura, haciendo de la incultura el rasgo intrínseco que configuraba la identidad de los sectores populares. (Barbero y De la Roche, 1998)

Pues, aunque Ospina cuestiona con ironía los temas que se abordan en los contenidos de youtubers reconocidos en Colombia, desconociendo su capacidad de aglutinar los intereses divergentes en una generación que busca representarse a sí misma, lo cierto es que el humorista político contribuyó a la banalización de la política, un tema que los autores posmodernistas tratan desde la era Clinton en la Casa Blanca. Debido a que, además de contribuir en la fragmentación de una sociedad desigual a través de la sátira, por aspectos físicos o características culturales; la información de interés general queda en un segundo plano, cuando la búsqueda por generar vistas y réplicas en un formato de show, tienen más valor que la información veraz, y como fue mencionado anteriormente, lo que los políticos deberían exponer a los receptores. En conclusión, las críticas de Daniel Samper Ospina a los youtubers, en él se reflejan de forma evidente en un escenario que merece una reflexión muy profunda: la política.

Referencias bibliográficas 

La pulla (2017). La Pulla: periodismo en la era de YouTube. El Espectador. Bogotá. Disponible en: http://www.elespec tador.com/tecnologia/la-pulla-periodismo-en-la-era-deyoutube-articulo-685233