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Los vendedores de entradas. Actores naturales que representan la pobreza y la miseria, para el entretenimiento del espectador clase media (Primer p

Lara Romero, Paula Andrea

Asignatura: Discurso Audiovisual V

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº80

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº80

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición XXI Escritos de estudiantes. Primer Cuatrimestre 2017 Ensayos Contemporáneos. Edición XIX Escritos de estudiantes. Primer Cuatrimestre 2017

Año XIV, Vol. 80, Diciembre 2017, Buenos Aires, Argentina | 258 páginas

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Resumen:

Este ensayo busca revelar la explotación de los actores naturales en las películas latinoamericanas para representar la pobreza, la miseria, el crimen y el vandalismo, para de esta forma llegar a un público morboso y ansioso por adentrarse en este mundo miserable que estas películas nos presentan; para esto se tomarán La Vendedora de Rosas, del director colombiano Víctor Gaviria, y Ciudad de Dios, de los directores Fernando Meirelles y Kátia Lund. Además se busca enunciar el desamparo posterior que muchos de estos actores viven, y cómo simplemente son expuestos al público, encarnando personajes que muestran la pobreza para el deleite de las masas. Se propone considerar si la explotación de este recurso (actores naturales), le está restando propósito, debido a que el espectador común se acostumbra a visualizarlos, por lo que en vez de producir empatía, se está creando un distanciamiento actor-espectador. 

Pero en el ángulo de la casa, la fría madrugada descubrió a la chiquilla, rojas las mejillas y la boca sonriente… Muerta, muerta de frío en la última noche del Año Viejo. La primera mañana del Nuevo Año iluminó el pequeño cadáver sentado con sus fósforos: un paquetito que parecía consumido casi del todo. « ¡Quiso calentarse!», dijo la gente. Pero nadie supo las maravillas que había visto, ni el esplendor con que, en compañía de su anciana abuelita, había subido a la gloria del Año Nuevo. (Andersen, s.f., p. 2) 

Este fragmento final del cuento La pequeña cerillera de Hans Christian Andersen, relata cómo la niña después de ser deslumbrada por las maravillas que la luz del fósforo le mostró, muere; es muy similar a lo que ocurre con los actores naturales, quienes conocen las comodidades, la fama, la ilusión del éxito, para que luego en la mayoría de los casos, esa luz se les apague y vuelvan a su vida de barrio y pobreza. 

Desarrollo 

¿Qué hace que una persona quiera ver una película latinoamericana?, ¿qué busca?, ¿qué la motiva?, ¿qué espera encontrar?, ¿un sentimiento catártico?, ¿sentir empatía?, ¿simpatía?, ¿o el cine latinoamericano se ha convertido en la manera de saciar la cuota de morbo necesaria por cierto público?, ¿es este el motivo para utilizar actores naturales?, ¿la utilización excesiva de este recurso le ha restado valor?, este es el tema a tratar dentro de este ensayo, debido a que al día de hoy no es sorprendente encontrar un film latinoamericano que tenga como temática central la pobreza, las drogas, la prostitución y la violencia; utilizando actores naturales para representar estos personajes, definiendo actores naturales como “alguien que actúa por accidente y que no se ha preparado para hacerlo”, según lo hace Jerónimo Rivera en su artículo “De actores naturales y profesionales- sobre la ley del actor” para el periódico El tiempo (2016).

Se escogen actores naturales porque ellos no deben interpretar un papel, sino, más bien ellos ser ese personaje. Es por su historia, por sus manierismos, por sus actitudes y su dialecto que son elegidos para encarnar los personajes de cualquiera sea la película para la que se los llama; pero, si fuera así de sencillo como suena trabajar con actores naturales, entonces, ¿para qué escoger actores profesionales?, ¿para qué estudiar actuación?, ¿trabajaron Stanislavski, Grotowski, Artaud, Meyerhold en vano?, la respuesta es no, no trabajaron en vano, ya que trabajar con actores naturales trae consigo retos, como lo son la naturalización de la cámara, además según defiende Jorge Esteban Blein, otro reto que se presenta al trabajar con actores naturales es

El riesgo. Ese actor no ha trabajado nunca antes, por lo que por muchas pruebas que le hayas hecho, no puedes estar seguro de cómo se comportará bajo presión, en la difícil dinámica de un rodaje. Digamos que es un “salto de fe” por parte del Director. Por otro lado, la necesaria técnica de interpretación frente a una cámara (clavar las marcas, estar en su luz, no enfilarse, etc.) puede también resultar molesta para el actor amateur, dificultándole su trabajo y restándole esa frescura que buscamos. (2014)

Sin embargo, la utilización de este tipo de actores no disminuye, sino que por el contrario muy a menudo se presenta una nueva película protagonizada por un actor natural o incluido dentro del reparto, lo que lleva a una pregunta ¿qué motiva a un director a trabajar con estos?, es posible que sea su espontaneidad, o simplemente la capitalización de este recurso. Como se mencionó anteriormente, la utilización de actores naturales no es menor en la filmografía latinoamericana, pero para la realización de este ensayo se tomarán los films Ciudad de Dios (2002) de los directores brasileños Fernando Meirelles y Katia Lund, y La Vendedora de Rosas (1998) del director colombiano Víctor Gaviria, pues estos dos films son extremadamente conocidos por Latinoamérica y el mundo entero, además de ambos ser protagonizados por actores naturales, en el caso de Ciudad de Dios sus protagonistas fueron Alexandre Rodrigues, quien interpreta a Buscapé y Leandro Firmino que encarna a Zé Pequeño, mientras que en La Vendedora de Rosas, la protagonista fue Lady Tabares quien representa a Mónica. Todos niños en condiciones precarias, previo (y posterior) al rodaje de estas películas en sus respectivos países. Desafortunadamente, para estos actores, el uso de sus personalidades, sólo se da en la filmación de las películas, pues como lo dijo Lady Tabares en su entrevista con Andrés Montoya, refiriéndose al equipo de producción y de la imposición de estos de que usara vestido en vez de pantalón ancho como ella quería, “Siempre tratando que uno no sea uno” (2015), pues frente a la prensa y la sociedad, ya no deben ser como son en su hábitat natural, sino que deben ser bien comportados, decentes y responder a las normas de decoro establecidas en la sociedad.  Hasta ahora no se ha mencionado la vida de estos actores después de la fama que consiguen gracias a la popularidad de estas películas, se puede llegar a pensar que después de desfilar en la alfombra roja de Cannes, de ser nominados a los premios Óscar, los globos de oro, entre otros reconocimientos a las películas, e incluso a ellos mismos, todos estos estarían disfrutando (mínimamente) de comodidades, de casas fuera de las favelas (para los brasileños) o comunas (para los colombianos); sin embargo, la mayoría continúa con sus vidas, como si nunca hubiesen sido famosos, siguen viviendo en la pobreza, la miseria y la ignorancia; habiendo dicho esto, cabe aclarar que hay excepciones, hay actores que logran cautivar a los directores, productores e incluso a los mismos espectadores; estos actores, se vuelven, por llamarlos de algún modo, el actor fetiche, de los directores, y hasta se podría decir de sus respectivos países, llamándolos para aparecer dentro de la mayoría de productos audiovisuales, relacionados con la temática previamente mencionada (la pobreza). 

Entrando en los largometrajes Ciudad de Dios y La Vendedora de Rosas, ambas son películas que tienen como protagonistas jóvenes (como ya es redundante decir, actores naturales) en situación de pobreza que incluso delinquen con tal de pasar el día a día, por ejemplo Mónica, el personaje que interpreta Lady Tabares en La Vendedora de Rosas, inhalando bóxer (pegamento, que al inhalarlo se convierte en un estupefaciente, además de ser altamente inflamable), se puede decir que estos son los fósforos para Mónica, ya que cuando inhala este alucinógeno ve a su abuela que es la única persona que se ha preocupado por ella. Los personajes de esta película son ignorantes en el sentido que su idea de prosperidad es beber alcohol, drogarse y bailar, siendo menores de edad, huyendo de sus hogares para hacer todo lo mencionado anteriormente sin ningún tipo de reproche, por lo que se enfrentan a duras pruebas diarias, no solo huyendo de la ley, sino también buscando su supervivencia, respondiendo a sus necesidades básicas y escapando de quienes quieren herirlos, como los bandidos y violadores que persiguen a las niñas, es decir Mónica y sus amigas, quienes se dedican a vender rosas para poder poner un techo sobre sus propias cabezas y comida en sus estómagos, además de financiar sus vicios, gracias a este trabajo, estas niñas son sometidas a humillaciones por parte de los clientes, y de los policías y celadores. Mientras que los personajes de Ciudad de Dios, buscan seguridad económica en el narcotráfico y en escalar posiciones dentro de la favela, y para lograr esto no tienen el mínimo aprecio por la vida humana, ni por la ley misma, es decir, a estos personajes se les da un poder que a los de La Vendedora de Rosas no, pues ellos le tienen tanto miedo a la policía, como la policía a ellos. Los personajes de Ciudad de Dios, se responden entre ellos, no a la policía. 

Como es el caso de Douglas Silva, un joven oriundo de una favela de Brasil, fue reclutado por los directores Katia Lund y Fernando Meirelles, para encarnar el personaje Laranjinha, en el cortometraje Golden Gate (Palace II) del año 2000, en el que él y su amigo son dos niños que viven en Cidade de Deus, la favela que sería protagonista en el largometraje homónimo. En este cortometraje, se muestra la falta de piedad y de respeto por la vida del prójimo; el narcotráfico es pan de cada día, mientras que el hurto es castigado con disparos en las manos y los pies, este es el conflicto principal del cortometraje, Laranjinha, no quiere tener nada que ver con las drogas y el narcotráfico, pero está dispuesto a robar con tal de ganar reales. Silva es quien interpreta el papel de Zé Pequeño (en Ciudad de Dios), cuando aún era un niño, a este joven actor natural lo reclutaron para protagonizar Ciudad de hombres, una novela brasileña, en la que se hace evidente la explotación de la vida previa de estos jóvenes actores, pues en el primer capítulo difuminan la línea de la realidad y la ficción, monocromatizando la imagen y mostrando testimonios reales de los actores y de las muertes más brutales que estos han presenciado viviendo en las favelas; esta crudeza de los relatos y la mediatización del fragmento; una especie de meta-televisión, ya que hace parecer que lo que ellos están viendo en el televisor son esas imágenes que le muestran al espectador, de ellos mismos contando sus experiencias; hace evidente el deseo amarillista de esta serie, porque la miseria vende; además, no es fortuito que este producto audiovisual sea transmitido por televisión, pues ¿qué otro medio es más capitalista y amarillista que este, donde desde la comodidad de su casa el espectador puede disfrutar de toda esta acritud? 

En esta telenovela, sin lugar a dudas, se capitalizan gracias al morbo de la sociedad, la necesidad de los espectadores de conocer la pobreza y la miseria, nuevamente, sin tener que salir de la comodidad de sus hogares, disfrutando, analizando, mirando, el destino de estos jóvenes, que se puede decir que están participando dentro de un biopic ficcionado, toda vez que lo que se muestra dentro de este producto televisivo es lo que ellos vivencian día a día en sus hogares.

Así, mientras América Latina lamenta sus miserias generales, el interlocutor extranjero cultiva el gusto de ésta miseria, no como síntoma trágico, pero solamente como dato formal en su campo de interés. Ni el latino comunica su verdadera miseria al hombre civilizado, ni el hombre civilizado comprende verdaderamente la miseria del latino. (Glauber Rocha, 1987, p. 3)

Rocha, en Retrospectiva Glauber Rocha, escribe el fragmento previamente expuesto, corrobora lo que este ensayo trata de enunciar, que estas películas son de mero entretenimiento para la sociedad, mientras que Rocha habla sólo de los países del llamado primer mundo, en este escrito también se hace mención de los mismos latinoamericanos, pero aquellos elitistas de clase alta, que están tan distanciados de la realidad de sus respectivos países que deben verla a través de una pantalla. Además de esto hay que resaltar que de 1987 al 2002, son 15 años de diferencia y es imposible pensar que la sociedad continua en el mismo estado en el que estaba en el momento en que Glauber Rocha escribió este texto, el mundo ha avanzado tanto en materia de los medios de comunicación, como en la forma en la que transmiten la información, ya que para el 2002 (mucho más en 2017) la mayoría de las personas tienen a su alcance el Internet, con la apertura del ciberespacio no hay información escondida, que es para un medio como la televisión, una bendición, en la que lo que plasman los realizadores en estos productos audiovisuales se prolifera y despierta en los espectadores cierta sed de miseria, produce en ellos un sentimiento catártico, el saber que quienes padecen esas situaciones no son ellos. Se puede decir que la historia del mundo va en círculos ya que tanto en la antigua Grecia, como en la edad media, el teatro cómico, hacía uso de personajes inferiores al espectador y los hacían vivir situaciones humillantes, que causaban gracia a quien los veía porque nunca iba a llegar a esa situación; en las instancias de estos films los personajes siguen siendo en cierto modo inferiores a los espectadores, pero ya no son las comedias las que causan este efecto de tranquilidad y paz, sino estos dramas, en los que los niños (los personajes de estos films), representan ese punto miserable al que quien ve estas películas nunca va a llegar.  Víctor Gaviria toma como inspiración para realizar el largometraje La Vendedora de Rosas, el cuento La pequeña cerillera escrito por Hans Christian Andersen, este relata la noche de San Silvestre, de una niña vendedora de fósforos, que para calentarse en la fría noche de invierno enciende cerillas y se deslumbra con lo que el fuego de estas le muestra, hasta que muere por el frío. De este cuento, se toma el último fragmento

Pero en el ángulo de la casa, la fría madrugada descubrió a la chiquilla, rojas las mejillas y la boca sonriente… Muerta, muerta de frío en la última noche del Año Viejo. La primera mañana del Nuevo Año iluminó el pequeño cadáver sentado con sus fósforos: un paquetito que parecía consumido casi del todo. «¡Quiso calentarse!», dijo la gente. Pero nadie supo las maravillas que había visto, ni el esplendor con que, en compañía de su anciana abuelita, había subido a la gloria del Año Nuevo. (Andersen, s.f., p. 2)

Este fragmento reúne la esencia de lo que este ensayo trata de enunciar, congrega lo que estos tan mencionados actores naturales viven, cuando son expuestos al ajetreo mediático. Se hace un paralelo entre la pequeña cerillera y los jóvenes actores naturales, para lo que se hace un desglose de la cita “Pero en el ángulo de la casa”, cabe resaltar que en ese ángulo de la casa, la pequeña encontró un refugio, un lugar donde podía estar segura, protegida del frío, sin embargo, esta frase inicia con un pero, lo que quiere decir, que la protección que ella está sintiendo, beneficio del ángulo de la casa, no es real, es algo efímero, al igual que la fama de estos actores naturales, quienes creen que encuentran salvación, protección y alivio en la fama, pero como a la vendedora de fósforos, esto solo les da unos segundos de paz; debido a que como continúa el fragmento “la fría madrugada descubrió a la chiquilla, rojas las mejillas y la boca sonriente… Muerta, muerta de frío en la última noche del Año Viejo”, lo que se puede interpretar como que cuando estos jóvenes actores regresan a su realidad, los sorprende con mucha fuerza, pues probaron las comodidades y la seguridad (es decir, el no tener que pensar día a día si van a poder alimentarse, si van a pasar frío, sin inquietarse por las necesidades materiales) que trajo consigo la fama, pero ella continúa sonriendo, se puede decir, que esto simboliza la esperanza y la alegría de estos chicos que actuaron en estos films, pues a pesar de todo, ellos albergan la esperanza de que en algún momento esa participación en películas exitosas los saque de ese estado permanente de necesidad.

El fragmento continúa, “la primera mañana del Nuevo Año iluminó el pequeño cadáver sentado con sus fósforos: un paquetito que parecía consumido casi del todo”, los fósforos pueden ser tomados como el dinero, el que se les prometió, el que les hizo ver cosas maravillosas, lujos y extravagancia, por lo que cuando vuelven a su realidad con una cantidad de dinero que ni ellos, ni sus familiares (por falta de experiencia) saben manejar, se les agota con rapidez y facilidad, al igual que a la niña, por el desespero, de quitarse el frío, enciende casi todos los fósforos. Si se toma el frío, nuevamente, como la vida cotidiana de estos niños, vida previa al mundo del espectáculo, entonces se puede entender, que ellos para no tener que sufrir nuevamente esa realidad miserable, gastan el poco dinero que les proporcionaron por sus trabajos actorales tratando de escapar de esa vida de miseria. “’¡Quiso calentarse!’, dijo la gente” de esta forma prosigue la cita, no es fortuito que la gente esté involucrada en este fragmento, ya que es en la completa miseria (llegando incluso a la muerte, en este caso), que se apiadaron de la niña, pero mientras se pudo hacer algo por ella, todos dieron la espalda; lo mismo pasa con los niños actores, es interesante ver como se desenvuelve la miseria, pero no más, un ejemplo de esto es Lady Tabares, a quien después de su debut en La Vendedora de Rosas, es decir, después de conocer, fisgonear, husmear y curiosear su vida, su pobreza y su infortunio, le regalaron una casa para que ella viviera en compañía de su madre, pero poco después no hubo quien se preocupara o en el menor de los casos, acordara de Lady Tabares. 

“Pero nadie supo las maravillas que había visto, ni el esplendor con que, en compañía de su anciana abuelita, había subido a la gloria del Año Nuevo”, de esta forma finaliza el cuento y el fragmento, esto refleja entonces el deslumbramiento de estos niños por aquello que habían visto, mientras estaban en el calor de las comodidades que la fama y el reconocimiento trajeron consigo.

Además se pueden tomar el año viejo y el año nuevo como metáforas también, al igual que un año pasa a ser otro, un niño estrella, pasa a ser otro, sin mayor pena ni gloria.  En conclusión la sobreexplotación de un recurso en un producto audiovisual, como lo son los actores naturales, solo se presta para la desensibilización del espectador respecto a este, y no solo del espectador sino de los mismos productores, quienes mezclan la realidad con la ficción, poniendo seres verdaderos, recreando situaciones ficticias, similares a su realidad, para posterior a la culminación del trabajo no prestarles mayor atención a estos actores, a menos que sean el actor fetiche de los directores y de la sociedad misma, en ese caso se los sigue explotando cual chimpancés en un circo para entretención de las masas. “’¡Quiso calentarse!’, dijo la gente”, mucho se dice, pero poco se hace. 

Referencias bibliográficas: 

Andersen, C. (2004). La pequeña cerillera. Madrid: Anaya