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Didáctica, el arte de enseñar

Benavides Márquez, Daniela

(Diseño Industrial)

Escritos en la Facultad Nº136

Escritos en la Facultad Nº136

ISSN: 1669-2306

Reflexión Pedagógica. Edición V Ensayos de estudiantes de la Facultad de Diseño y Comunicación Asignaturas: Pedagogía del Diseño I y II - 2016 Docentes: Carlos Caram · Gabriel Los Santos Eugenia Negreira · Mariángeles Pusineri

Año XIII, Vol. 136, Diciembre 2017, Buenos Aires, Argentina | 144 páginas

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El aprendizaje es un proceso que todo estudiante vive a la hora de comenzar el camino del conocimiento, se tiene la capacidad de aprender cuando cada individuo se enfrenta a situaciones con un conocimiento previo, que tal vez fue enseñado en clase por medio de ejemplos y es posible de recordar por la mímica que nos hacía el profesor, esta acción del docente en nosotros creó una experiencia de aprendizaje que toma valor al momento de recordarla para emplearla en otro entorno. Esta sensación de conocimiento muchas veces deja en el docente y en los estudiantes un deseo de continuar enseñando y aprendiendo, que a su vez incorpora y domina nuevos conocimientos (Souto, p.117). 

¿Será posible que la buena enseñanza parta de la buena didáctica del profesor? ¿O es responsabilidad única del estudiante aprender lo que se enseña en clase? El término buena enseñanza remite a múltiples referentes, puesto que es posible que se llegue a entender por un lado como el proceso de enseñanza de forma correcta a partir de las acciones del docente, basadas en los principios morales que generen, acciones de principios en los estudiantes, y por otro lado se consideraría como el conocimiento válido y digno que un estudiante en proceso de formación debería conocer y aprender. 
Definir qué se considera una buena enseñanza es un proceso que toma tiempo y a su vez es una acción que requiere de prueba y ensayo, puesto que la educación es un acto, en ella el aprender se induce y produce, las tareas ejecutadas en un espacio y tiempo de este ámbito son parte del acto, de la producción causando que se genere algo de conocimiento en los que reciben el contenido que se da. Muchas veces se considera que los estudiantes son capaces de aprender por la capacidad que tiene su docente de enseñar, según Camilloni, en su texto Reflexiones para la construcción de una didáctica para la Educación Superior, se define al docente como,

El sujeto de discurso didáctico…que el docente individual tenga capacidades de reflexión y de compresión de las normas didácticas y su fundamentación, de interpretación de la situación en la que trabaja y de construcción de una respuesta propia, adecuada a esa situación particular (1999).

A partir de la definición del perfil del docente realizada por Camilloni es posible reconocer que las acciones del docente son la base para que los estudiantes tengan acceso al conocimiento, puesto que es su obligación buscar las estrategias necesarias para que se genere una enseñanza. Si por parte del estudiante se presenta una dificultad de interpretar el contenido de la clase, el educador reestructura y crea la experiencia de aprendizaje con base a sus alumnos y se elimina el concepto de la palabra docente, que se idealiza en el proceso de educación conductista, en el cual se considera como “agente social que colabora en la selección de los mejores… identifica a quienes, en el presente, intentan pero no puede(ie.[sic]), los juzga y, en la representación de la sociedad, los descarta”. (Camillioni, 1999)
Reconocer al docente como agente social hoy en día, es reconocerlo como incapaz de desarrollar su labor, puesto que éste no es responsable de hacer una selección con base en las representaciones sociales, sino es el encargado de enseñar, de generar conocimiento en individuos que tienen deseos y cuestionan el saber. Al reconocer al educador como un agente social la construcción de la relación entre los estudiantes se encontraría desmeritada, puesto que la relación pedagógica que se genera en el momento de la clase y que se establece entre el alumno-docente-contenido, conocida como tríada didáctica, se desvirtuaría ya que se representa la ausencia de una de los tres elementos, y para realizarse, se debe establecer una buena relación afectiva entre los miembros involucrando a la vez el contenido que se presenta. 
En muchas ocasiones se presentan situaciones donde el alumno no comprende el conocimiento a la primera instancia de una explicación, este momento es una oportunidad para el docente de aplicar sus estrategias, para que su estudiante pueda entender lo que él desea enseñar y así en algún momento pueda por medio de una evaluación conocer si sus pupilos tienen el contenido claro y son capaces de implementar dicho tema dentro de cualquier situación. Con esta herramienta es posible para él ver dónde se encuentran las fortalezas de los alumnos y buscar las soluciones para fortificar las falencias que se presentan en el que aprende, como lo remite una frase muy popular, de los errores se aprende. 
Asimismo el planteamiento de Perrenoud sostiene que hay que ver a la evaluación como una experiencia gratificante y constructiva, no como una serie de humillaciones o para exaltar la excelencia de unos estigmatizando la ignorancia de otros. (2010, p.7). No está en el docente clasificar cuál de sus estudiantes son exitosos o fracasados, está en él estimular su deseo de aprender para que todos apunten a ser exitosos, que de sus equivocaciones puedan aprender y les queden como experiencias para superarse, no como malos momentos en donde se pudieran sentir inferiores a sus compañeros. 
Un docente no aprende a enseñar de la noche a la mañana, para él su arte también necesita de preparación y práctica, se forma para formar, con la vocación de querer enseñar a sus alumnos de por vida no por un momento y de generar en ellos razones para volver a su encuentro, sin él el contenido no se podría debatir, ni cuestionar dentro de la clase. Siendo el guía del proceso de aprendizaje tiene la posibilidad de exponer a sus alumnos en conflictos para que ellos puedan fortalecer e interpretar su saber y consigan darle el valor y significado a eso que aprenden todos los días dentro del aula. 
Por lo cual se consideraría a la didáctica, el arte de enseñar, esa acción de devenir, que genera, por parte del docente, aprendizaje en sus estudiantes dentro de la tríada didáctica, viendo posible una construcción de aprender a partir de la visión y experiencia de cada receptor, dejando de lado la transmisión de contenidos sin significado, los cuales son posibles de entenderse dentro de la minoría que desean aprender, excluyendo a un lado a gran parte de estudiantes que no se deberían considerar como inferiores sino como únicos porque aprenden de una forma distinta a la habitual, resaltando la tarea del docente ya que cada clase con sus contenidos busca la manera de fortalecer esas falencias y estimular el aprendizaje del alumno de la manera más favorable. 
Según Ausubel, para que haya un aprendizaje se debe presentar un aprendizaje significativo en el cual relacionamos algo previo que conocemos con algo que se nos representa, y por medio del valor del error con el tiempo ese saber se conoce como saber hacer. Muchas personas a lo largo de sus vidas, constantemente se encuentran en proceso de aprendizaje en instituciones educativas para formarse como profesionales dentro del área de su preferencia, cada uno de ellos posee diferentes aptitudes que lo hacen único como estudiante, en donde está expuesto a diversas situaciones del saber que lo fortalecen para enriquecer su conocimiento dentro de cada clase. El acto de aprender y el arte de enseñar siempre se encuentran presentes en una clase, es único e irrepetible, es el escenario para que se pueda desarrollar el arte del saber enseñar, no todos los docentes poseen las mismas estrategias o ideales para desarrollar sus clases, cada uno tiene su esencia y esa magia que los hace únicos para que cada día tengamos el deseo de volver al aula de clase para continuar aprendiendo. Tener la capacidad de generar esta sensación en los estudiantes es señal que el docente es ese ideal de ser o llegar a ser para los alumnos. 
Con estas acciones que producen deseos de aprender y un sentimiento de admiración, los educadores llegan a cumplir su propósito dentro de su labor y en la experiencia educativa de cada estudiante que pasa por sus manos, puesto que en cada uno logra producir un conocimiento perpetuo del cual nunca se olvidarán y serán capaces de implementarlo en cada situación que les sea necesario. Dejar legados en los individuos a través de la enseñanza se podría considerar como la definición de una buena enseñanza en donde los tres elementos, docente-estudiante-contenido, están permanentemente presentes en el momento de la clase y se reproduce cuando se vuelven a encontrar, con deseo de descubrir respuestas en las preguntas planteadas y generar nuevas reflexiones de lo que se está por aprender.

Referencias bibliográficas 
Camilloni, A. (1999). Reflexiones para La construcción de una didáctica para la Educación Superior. En Primeras jornadas transandinas sobre planeamiento, gestión y evaluación. Santiago de Chile. 
Litwin, E. (2006). Corrientes didácticas contemporáneas. Capítulo 4. Buenos Aires: Paídos. 
Perrenoud, P (2010). La evaluación de los alumnos. De la producción de la excelencia a la regulación de los aprendizajes. En dos lógicas. Buenos Aires: Colihue. Alternativa pedagógica. 
Souto, M. (2006). Corrientes didácticas contemporáneas. Capítulo 5. Buenos Aires: Paidós.

Resumen: Se tiene la intención de desarrollar un análisis acerca de la importancia de la didáctica que emplea el docente en el momento de la clase, con el fin de mostrar cómo esta influye dentro del proceso de aprendizaje del estudiante y cómo esta es una acción fundamental para que el autor de la labor cumpla con el objetivo de su profesión. Es de suma importancia conocer cómo los educadores desarrollan su tarea y reconocer esta acción como un arte, puesto que no todos somos capaces de asumir dicha responsabilidad y son pocos los que llegan a cumplir con la acción de enseñar a los alumnos y dejar un conocimiento significativo para toda la vida. Para ello se buscará respuestas a las siguientes preguntas: ¿Será posible que la buena enseñanza parta de la buena didáctica del profesor? ¿Será responsabilidad única del estudiante aprender lo que se enseña en clase? Con la intención de definir la importancia del arte de enseñar dentro de proceso de aprendizaje de los estudiantes.

Palabras clave: enseñanza - tríada didáctica – didáctica – docente – clase.

(*) Este texto fue elaborado en la asignatura Pedagogía del Diseño y la Comunicación I, del Programa Asistentes Académicos de la Facultad de Diseño y Comunicación, dictada por el profesor Carlos Caram. Año 2016.


Didáctica, el arte de enseñar fue publicado de la página 12 a página13 en Escritos en la Facultad Nº136

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