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Tríada didáctica y legitimación de autoridad: dos factores necesarios para generar conocimiento

Stortoni Ruiz, Marcio

(Licenciatura en Publicidad)

Escritos en la Facultad Nº136

Escritos en la Facultad Nº136

ISSN: 1669-2306

Reflexión Pedagógica. Edición V Ensayos de estudiantes de la Facultad de Diseño y Comunicación Asignaturas: Pedagogía del Diseño I y II - 2016 Docentes: Carlos Caram · Gabriel Los Santos Eugenia Negreira · Mariángeles Pusineri

Año XIII, Vol. 136, Diciembre 2017, Buenos Aires, Argentina | 144 páginas

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El presente ensayo tiene como objetivo reflexionar acerca de la tríada didáctica y su importancia como creadora del espacio clase, esté o no dentro de una institución académica universitaria. La mirada con la cual se abordará la temática mencionada es la del paradigma de la enseñanza constructivista. 

En este sentido es importante entender, tal y como expone Pozo Municio, que el conocimiento dentro del constructivismo es una resultante de la interacción entre la nueva información que se nos presenta y aquella que ya sabíamos. Por lo tanto "aprender es construir modelos para interpretar la información que recibimos." (Pozo Municio, 1996, p.60). 
Vale aclarar que, según lo expuesto en el párrafo anterior, aquello únicamente puede darse en un ambiente académico. Es decir, dentro de un contexto de cursada universitaria. Esto quiere decir que el conocimiento será avalado en tanto y en cuanto se haya inferido en las condiciones mencionadas y no en una reunión habitual entre conocidos en un ambiente de la vida cotidiana. 
En lo que refiere a la didáctica, Camilloni (1999) expresa que "es una ciencia social que construye teorías de la enseñanza" y que " el sujeto de discurso didáctico es el docente". En este sentido el profesor es un individuo que requiere poner en práctica la normativa didáctica apoyándose en ciertas competencias intrínsecas a él mismo, tales como la de reflexionar y comprender las normas didácticas y su fundamentación, la de interpretar la situación en la cual trabaja y aquella de construir una respuesta propia, adecuada a una determinada situación particular. 
Dado lo expuesto por la autora, la didáctica, entonces, puede ser considerada un arte desde el punto de vista en que se trata de un saber hacer. De esta forma el buen docente es aquel que sabe enseñar, y la manera de hacerlo es construyendo conocimiento significativo dentro del aula para el estudiante. Llegado este punto resulta interesante pensar el conocimiento como diseño, tal y como lo hizo Perkins (1985), “como una estructura adaptada a uno o más propósitos”. Esto significa que el conocimiento podrá ser aplicado de una o varias maneras según la necesidad emergente, ya que, el conocimiento como tal es mera información. Justamente de eso se trata, fomentar un aprendizaje en donde el estudiante pueda relacionar el conocimiento aprehendido de manera eficiente en otros ámbitos, y no sólo en el académico a la hora de una evaluación de contenido. 
Entonces, a raíz de lo mencionado en párrafos anteriores, puede decirse al igual que expone Souto (2006) que la buena enseñanza es “aquella que deja en el docente y en los alumnos un deseo de continuar enseñando y aprendiendo, a la vez que la incorporación y el dominio de nuevos conocimientos”. (p.117).
A partir de este punto es donde surge lo que se denomina tríada didáctica, compuesta por el equilibrio dinámico dado entre alumno, docente y contenido. Por consiguiente, la relación entre los componentes de la tríada será la creadora de la clase. Es importante aclarar que los actores involucrados en este concepto (educador y educando) no se encuentran sujetos a una relación simétrica o de pares sino que, contrario a ello, es asimétrica. 
En este sentido el docente será quien lleve adelante la clase y será el encargado del desarrollo de aprendizaje de sus alumnos. Para ello deberá tener una formación pedagógica previa y tendrá que ser respaldado por las otras dos partes de la tríada, estudiante y contenido. 
Por un lado el educando deberá legitimar la autoridad del docente, que previamente fue legitimada por la institución que le permitió ejercer su cargo. Dicha legitimación será dada por la autoridad otorgada por su conocimiento y la construcción clase a clase dentro de la mencionada relación dinámica (punto en el que se profundizará más adelante). Por otro lado el contenido sustentará el proceso de aprendizaje con base en la planificación de la materia, contemplando de esta manera el contenido mínimo exigible y documentos a leer. 
Para que se genere el equilibrio dinámico planteado por la tríada didáctica, es importante no caer en lo que Camilloni (1999) denomina didáctica del sentido común, siendo una modalidad construida sobre una base de representantes sociales y que pone al estudiante en un rol paradojal en el que se lo considera ideal en tanto y en cuanto el sujeto sea capaz de aprender todo. Esto no contempla los estadios propios de la enseñanza, que debiera ser entendida como un proceso. Asimismo, continuando con el reflejo de este tipo de didáctica, se ubica al docente "como un agente social que colabora en la selección de los mejores" (Camilloni, 1999) capaz de decidir y juzgar con base en sus propias experiencias, cuando contrariamente a esto, debiera despojarse de su mirada subjetiva y ejercer su rol de acuerdo con la buena enseñanza. 
Ahora bien, según lo visto hasta el momento tiene sentido que la tríada didáctica desempeñe un rol fundamental en la creación del espacio clase dentro del ámbito académico universitario. Sin embargo, y contrastando con la idea de que dicho ámbito es el único propicio para generar conocimiento significativo, ¿es posible que la tríada didáctica sea capaz de crear un espacio clase por fuera de la institución? 
La respuesta es sí en tanto y en cuanto se presenten ciertos requisitos necesarios para que así sea. Y es en este entonces donde la legitimación de autoridad que anteriormente se mencionó toma especial sentido. Tal y como se explicó con el correr del escrito la tríada didáctica está conformada por tres agentes: estudiante, docente y contenido. En este orden de situación, en tanto y en cuanto se genere una relación asimétrica entre educando y educador dada por la legitimación de la autoridad, arraigado en la sapiencia de este último, y con contenido mediante, puede haber clase por fuera del ambiente académico. Sin embargo, es de vital importancia que la legitimación de autoridad dada por el alumno para con el profesor sea teniendo en cuenta sus aptitudes y competencias pedagógicas. En otras palabras, no cualquier relación asimétrica entre alguien que quiere aprender y ocupa el rol de educando y otro que por un determinado factor es legitimado y ubicado en el rol de educador generaría un espacio clase como tal. Para ello, quien es legitimado como educador debe tener sí o sí formación pedagógica previa. 
Aclarado lo anterior, se puede decir que si se efectúa una buena enseñanza, tal y como se expuso más arriba, el docente se encontrará motivado a seguir educando y el estudiante a seguir aprendiendo. Es en ese particular momento donde una mera charla de café puede convertirse en una clase si coinciden profesor, alumno y contenido. Un ejemplo de esto se puede visualizar en la película La lengua de las mariposas (1999) de José Luis Cuerda en la escena del huerto. Aquí Monchito (estudiante) y Don Gregorio (docente) se encuentran en un huerto contenido mediante (¿Qué pasa al morir?), y hacen de aquel paisaje verde y frondoso una clase magistral generadora de conocimiento para el alumno. 
Entonces, a modo de cierre, ¿no será que el conocimiento se vuelve significativo para un sujeto en tanto y en cuanto legitime la autoridad de un docente con base en un determinado contenido y no que el mismo sólo es válido al inculcarse dentro de una institución académica? ¿Acaso no será que el cómo toma una mayor importancia sobre el qué? 
Desde esta óptica se puede considerar que si se hace presente el equilibrio dinámico de la tríada didáctica, dado por la autoridad legitimada de un profesor con base en sus competencias pedagógicas y la motivación de un estudiante a querer aprender acerca de un determinado contenido, se está en presencia de una clase. Sea cual sea el ámbito, ya que el contexto lo determinarán los agentes que participan, generando de este modo una nueva mirada en donde el cómo voy a generar conocimiento se vuelve más importante que el conocimiento mismo.

Referencias bibliográficas 
Camilloni, A. (1999). Reflexiones para la construcción de una didáctica para la educación superior. En Primeras jornadas trasandinas sobre planeamiento, gestión y evaluación. Santiago de Chile. 
La lengua de las Mariposas (1999). Disponible en: https:// www.youtube.com/watch?v=UYNyrPVTbIk 
Perkins, D. (1985). Conocimiento como diseño. Colección Psicología, vos. 12. Bogotá: Facultad de Psicología, Universidad Javeriana 
Pozo Municio, I. (1996). Aprendices y maestros. Madrid: Alianza Editorial S.A. 
Souto, M. (2006). Corrientes didácticas contemporáneas. Capítulo 5. Buenos Aires: Paidós.

Resumen: El presente ensayo tiene como objetivo la reflexión acerca de la posibilidad de generar un espacio propicio para la construcción de conocimiento significativo por fuera del ámbito académico. Para ello, en primer lugar, se enmarca lo escrito dentro de la corriente pedagógica constructivista de manera tal que se lea desde ese enfoque. En segundo lugar, se ubica a la tríada didáctica y a la legitimación de la autoridad como dos factores claves e indispensables para generar conocimiento significativo para un estudiante en otro ambiente desligado de la Universidad.

Palabras clave: pedagogía - constructivismo - conocimiento - autoridad - tríada didáctica - profesor - estudiante - contenido - competencias pedagógicas

(*) Este texto fue elaborado en la asignatura Pedagogía del Diseño y la Comunicación I, del Programa Asistentes Académicos de la Facultad de Diseño y Comunicación, dictada por el profesor Carlos Caram. Año 2016.


Tríada didáctica y legitimación de autoridad: dos factores necesarios para generar conocimiento fue publicado de la página 35 a página36 en Escritos en la Facultad Nº136

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