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Modelo conductista y constructivista: cómo evaluar el diseño

Arona, Bárbara Solange

(Diseño Textil y de Indumentaria)

Escritos en la Facultad Nº136

Escritos en la Facultad Nº136

ISSN: 1669-2306

Reflexión Pedagógica. Edición V Ensayos de estudiantes de la Facultad de Diseño y Comunicación Asignaturas: Pedagogía del Diseño I y II - 2016 Docentes: Carlos Caram · Gabriel Los Santos Eugenia Negreira · Mariángeles Pusineri

Año XIII, Vol. 136, Diciembre 2017, Buenos Aires, Argentina | 144 páginas

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Existen diversos modelos educativos, entre ellos el conductista y el constructivista, ambos se posicionan ante la práctica pedagógica con intenciones e ideologías que transmitirán a sus alumnos, quienes estarán acotados al lineamiento de su educador. Según el modelo conductista el alumno es un mero receptor del saber. Watson argumenta que el estudiante se presenta ante el docente como una tabula rasa, es decir, sin conocimiento previo, que acciona bajo un modelo de estímulo y respuesta, el cual se enfoca en generar una repetición de la conducta correcta, medible y repetible. Estos estímulos se presentan positivos o negativos, dejando al alumno en un rol pasivo a la espera de que el educador le brinde la información, sin tener en cuenta las diferencias entre cada individuo. Es un patrón de educación centrado en la repetición de los contenidos dados, sostenido por un sistema de dominación que se genera a través de una monopolización de la autoridad de las decisiones, ya que el docente se presenta como la figura central del proceso de aprendizaje que indica cómo y qué tareas se deben realizar. Esto influye en el proceso de experiencia por parte del alumno, porque impulsa a no salir de la zona de confort y romper con los esquemas educativos tradicionales. Por otro lado, el modelo constructivista plantea que la enseñanza está subordinada al aprendizaje, siendo el profesor el orientador e intermediario en el desarrollo. El educador fomenta el diálogo y la comunicación, permitiendo optimizar los procesos de razonamiento en los alumnos. Estimula a tomar conciencia de los procedimientos y estrategias mentales, generando una construcción propia del conocimiento. 

En el momento de la evaluación las posturas son divergentes, según los conductistas es un elemento para el cotejo de datos, una constatación de la reproducción del contenido aportado por el docente en el aula. Por ende, la evaluación es cuantitativa, es decir, se basa en técnicas que cuantifican las respuestas y obtienen un resultado estadístico (de las mismas), o sea, se evidencia en cuántas personas han respondido de una determinada manera ante una pregunta con diversas opciones. Debe ser realizada por el docente mediante el uso de técnicas e instrumentos que permitan comprobar y valorar el logro de los objetivos desarrollados en cada área o asignatura del plan de estudio. Es por eso que existe el currículum, un plan de instrucción cerrado y obligatorio, inflexible a las diferencias. Obliga al alumno a la memorización de los contenidos, aplicando refuerzos negativos o positivos para estimular la respuesta correcta. 
Por otro lado, los constructivistas apuntan a una evaluación continua y permanente, en la que se contempla el contexto y el ritmo de cada alumno. Existe un intercambio permanente entre la tríada didáctica (alumno, docente y contenido), un acompañamiento en el desarrollo para la transmisión del saber. De esta forma el currículum es un elemento indispensable ya que se plantea como un proceso abierto y flexible. Sujeto a una investigación permanente, en la que propone una constante resolución de problemas en la que se genera el aprendizaje. Se habla de evaluación cualitativa, es decir, aquella donde se juzga o valora más la calidad tanto del proceso como el nivel de la producción alcanzado de los alumnos que resulta de la dinámica del proceso de enseñanza aprendizaje, enfocándose en datos, comportamientos y evidencias. En este contexto, la evaluación formativa, concebida como proceso de regulación, permite a los profesores comprender cómo los alumnos construyen los aprendizajes y ajustar sus intervenciones. 
En pocas palabras, en el primer modelo el objetivo es la repetición literal del contenido como resultado, mientras que en el otro se busca la ruptura y modificación constante de los esquemas mentales para la construcción de nuevas reflexiones. Cada modelo responde a lineamientos político-sociales de períodos particulares de la historia, dejando en evidencia la necesidad de un desarrollo pedagógico. Si bien en la actualidad se siguen encontrando ambos esquemas, se observa una mayor tolerancia, la cual habilita la apertura de posibilidades a distintos puntos de vista o maneras de ver la educación. 
Actualmente, la evaluación tradicional cuantitativa se encuentra en varias disciplinas, pero cuando se trata de una carrera de diseño, se recurre a una de las preguntas que se hacen los docentes frente a una nueva planificación es: ¿Cómo evaluar? Cada catedra tiene una planificación académica y a la vez cuatrimestre tras cuatrimestre tiene alumnos nuevos, por lo tanto, se debería realizar este interrogante al comienzo de cada ciclo, para luego tener en cuenta los objetivos a la hora de evaluar, como afirma Tyler, la evaluación es el proceso que permite determinar en qué grado han sido alcanzados los objetivos educacionales fijados con anterioridad. (1999, p. 48). Sería incorrecto generalizar los métodos de evaluación y utilizarlas sin hacer hincapié en las características de cada curso. Se debe buscar la esencia, despertar un potencial para poder explotar al máximo las cualidades de los alumnos. Ausubel afirma que, para entender la labor educativa, es necesario tener en consideración otros tres elementos del proceso educativo: los profesores y su manera de enseñar; la estructura de los conocimientos que conforman el currículo y el modo en que éste se produce y el entramado social en el que se desarrolla el proceso educativo. (1983). El sistema de evaluación de los aprendizajes tiene por finalidad contribuir a la mejora de la calidad de las evoluciones de enseñanza y aprendizaje, por ende, debe darse antes, durante y después de estos procesos permitiendo detectar las dificultades que se van presentando, averiguar las causas y actuar oportunamente sin esperar que el proceso concluya. Frente a carreras ligadas al diseño, el proceso evaluativo se torna aún más complicado. Ya que factores como la creatividad del autor se ven en juego, llegando a tornarse una evaluación que llega más allá del proyecto físico; afectando la personalidad y creatividad del alumno. 
En estos casos es difícil despegar la relación personal entre alumno y profesor. Se debe evaluar numéricamente un aspecto subjetivo del trabajo; para el alumno es difícil de entender que su trabajo puede alcanzar un diez para un profesor y un cuatro para otro. Para no frustrar al alumno se debería evaluar el proceso de trabajo y lograr una nota que refleje el camino que transitó. Por eso, las grillas de evaluación cumplen un rol bastante importante ya que éstas pueden contribuir al desarrollo del alumno sin condenarlo a un número que pueda desilusionarlo y llevarlo a la frustración por completo. Si se marca un error se debe justificar para que el alumno pueda crecer a partir de éste y dar lo mejor de sí mismo. Los profesores tienen que despertar el interés en el alumno. Bajo castigos no se va a recibir una respuesta positiva, se debe lograr una motivación correcta para que el receptor active la creatividad y se interese en la materia, ya que es una acción inherente y simultánea al quehacer educativo. Además, por otro lado, es importante dejar en claro cuáles son las fortalezas y oportunidades del respetivo trabajo. Es decir, si el trabajo posee ciertos aspectos de gran interés y originalidad, como, por ejemplo, a nivel conceptual, es importante dejarlo en evidencia para que el alumno sepa que a través de esa fortaleza puede reformular su labor. Este tipo de evaluación tiene como finalidad fundamental, una función reguladora del proceso de enseñanza y del aprendizaje para posibilitar que los medios de formación respondan a las características pertinentes de los estudiantes. 
Pretende principalmente detectar cuáles son los puntos débiles del aprendizaje más que determinar cuáles son los resultados obtenidos con dicha enseñanza. De esta forma, estimulando al alumno se logrará obtener mejores resultados, evitando también, el miedo a la frustración. Teniendo en cuenta que por, sobre todo, las carreras de diseño o que tienen cierto enfoque en lo artístico, sumándole a los trabajos que se deben realizar, es importante destacar o resaltar el beneficio que le otorga el hecho de la buena predisposición a través de la planilla o grilla de evaluación. Una forma de no condenar al alumno al terror o a que deje la materia. La evaluación es uno de los elementos clave del proceso de enseñanza y aprendizaje, de esta manera, debe estar orientado a evaluar los desarrollos personales de construcción personal del conocimiento. Por otro lado, es importante contener y acompañar al alumno en todo el proceso de aprendizaje.

Conclusiones 
El alumno está condenado a un currículum planificado, cerrado y estructurado, que lo limita a un número o, mejor dicho, a una nota. Esto puede generar grandes conflictos a la hora del proceso de aprendizaje, ya que los alumnos se frustran cuando el resultado es insuficiente, pero cuando se apunta a un número más alto, muchas veces es por la ambición de querer subir el tan conocido promedio. En pocas palabras, ¿por qué no pensar en actividades de evaluación integradas totalmente en el proceso de aprendizaje? ¿Existe una alternativa a los esquemas tradicionales de la educación.? Es por eso, que el otro modelo educativo, el constructivista propone acompañar al estudiante durante la experiencia de la enseñanza, teniendo en cuenta que todas las personas poseen cualidades y características diversas, y que a la hora de evaluar es muy complejo calificar a todos los individuos con un número, teniendo en cuenta que todos los sujetos poseen diferentes familias, estructuras sociales y socio-económicas, etc. La evaluación se establece de manera personalizada sobre el estudiante en la medida que establece las valoraciones del progreso de los aprendizajes en función a sus propios desempeños actuales y anteriores, y no en relación con los que evidencian o han demostrado sus pares. Esto conlleva a una evolución y progreso de la educación, teniendo en cuenta lo difícil e innovador que resulta evaluar las carreras de diseño como las que tienen enfoque a lo artístico. Muchas veces, el profesor se deja llevar por sus opiniones personales o subjetividad, generando un trauma o frustración en el estudiante.
Teniendo en cuenta todos estos detalles en relación a la educación, se propuso esta nueva grilla para evaluar y poder participar del proceso de experiencia del alumno. Una forma de evitar la condena de la nota que termina afectando psicoló- gicamente a tantos jóvenes y adultos, llevándolos a un mundo competitivo, en el cual lo que importa es tener un número alto para poder crecer como profesional. Una alternativa diferente, que promueve tanto el cambio y la ruptura de los esquemas tradicionales educativos, como también, procesos de autoevaluación y de metacognición.

Referencias bibliográficas 
Ausubel, D. P. (1976). Psicología educativa. Un punto de vista cognoscitivo. México: Ed. Trillas. 
Ausubel, D. P. (2002). Adquisición y retención del conocimiento. Una perspectiva cognitiva. Barcelona: Ed. Paidós. 
Perrenoud, P. (2010). La evaluación de los alumnos. De la producción de la excelencia a la regulación de los aprendizajes. Entre dos lógicas. Buenos Aires: Colihue. 
Tyler, R. (1986). Principios básicos del currículo. Buenos Aires: Troquel.

Resumen: El presente ensayo, analiza y reflexiona acerca de los procesos de evaluación y propone una alternativa a la hora de calificar las carreras de diseño y afines. Actualmente existen dos modelos que rigen en el ámbito educativo, por un lado, el modelo conductista, el cual hace hincapié a una evaluación cuantitativa y que acciona bajo un modelo de estímulo y respuesta, considerando al alumno un mero receptor del saber. Es el modelo tradicional y clásico en el cual el docente es el único que transmite el conocimiento dejando de lado el saber del discípulo. Por otro lado, se encuentra el modelo constructivista que se presenta como un modelo de evaluación continua y permanente, en el cual el alumno tiene la posibilidad de participar y constantemente. La evaluación es cualitativa, de manera que, se comprende y se empatiza con el contexto de cada estudiante. Si bien, cada modelo posee diversas características, a la hora de evaluar el diseño es fundamental tener en cuenta el proceso de aprendizaje y el método de desenvolverse en la tarea pedida. Es por eso que se propone una grilla de evaluación para las carreras de diseño y afines, ya que de esta forma se evitaría calificar con un número, cuando se debería tener en cuenta otros detalles, como el proceso y el conocimiento adquirido por cada alumno.

Palabras clave: evaluación – modelo – docente – alumno – diseño.

(*) Este texto fue elaborado en la asignatura Pedagogía del Diseño y la Comunicación II, del Programa Asistentes Académicos de la Facultad de Diseño y Comunicación, dictada por el profesor Carlos Caram. Año 2016.


Modelo conductista y constructivista: cómo evaluar el diseño fue publicado de la página 38 a página39 en Escritos en la Facultad Nº136

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