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Validez o confiabilidad, esa es la cuestión La validez y la confiabilidad en la evaluación del aprendizaje

Vidart, Inés María

(Diseño Gráfico)

Escritos en la Facultad Nº136

Escritos en la Facultad Nº136

ISSN: 1669-2306

Reflexión Pedagógica. Edición V Ensayos de estudiantes de la Facultad de Diseño y Comunicación Asignaturas: Pedagogía del Diseño I y II - 2016 Docentes: Carlos Caram · Gabriel Los Santos Eugenia Negreira · Mariángeles Pusineri

Año XIII, Vol. 136, Diciembre 2017, Buenos Aires, Argentina | 144 páginas

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En el ámbito pedagógico es imprescindible la instancia evaluativa. Esta es una praxis de carácter ambiguo, complejo y paradójico, ya que la asignación de un valor numérico jamás asegurará la mejora real del sujeto evaluado. El aprendizaje es impalpable y para poder medirlo se deben encontrar formas de evidenciarlo. Las aproximaciones se logran mediante las demostraciones por parte de los alumnos, de modo que se relacionan directamente con el docente, sus métodos y criterios utilizados. Existen sistemas evaluativos tanto referidos a criterios como centrados en el estudiante, y cada docente es libre de escoger o desarrollar un método que considere adecuado para su área y propósito. En una dicotomía entre conductismo y constructivismo, objetividad y subjetividad, orientado a resultados o procesos¿Es preferible apuntar a la validez o a la confiabilidad? ¿Un método que efectivamente mida aquello que pretende evaluar o uno que es exacto y estable en sus mediciones?

Por un lado existe un método de evaluación psicométrico, un modo altamente confiable y objetivo, pero con un bajo nivel de validez. Este sistema está centrado únicamente en los resultados, y no contempla la reflexión y crecimiento individual. Un ejemplo perfecto de este método sería una evaluación multiple choice, en donde cualquiera que posea el listado de respuestas correctas puede convertirse en evaluador y el resultado será siempre el mismo. Se establecen respuestas irrefutables, incuestionables e indebatibles, convirtiéndose la evaluación en una prueba a pasar, y perdiéndose la oportunidad de establecer una ultima instancia de aprendizaje y reflexión acompañada por el docente. La evaluación, por más que sea la culminación o cierre de una etapa, debería ser formativa. El uso de preguntas convergentes pierde el potencial e importante efecto retro alimentador que tendría, por ejemplo, una devolución escrita o dialogada, una lista de logros, dificultades y sugerencias o una toma de decisiones en conjunto. 
Si bien nunca se puede dejar de lado el aprendizaje de los contenidos, una evaluación que solo contemple esto representa, según Santos Guerra un “reduccionismo escandaloso”. (2000, p.24). Las actitudes, hábitos, valores, efectos laterales, evolución y reflexión quedan relegados a un plano sin importancia y reducidos a una única y superficial respuesta correcta. Los resultados indirectos, los esfuerzos y el crecimiento personal son una parte muy valiosa e interesante de la educación, pero en ocasiones no son tomados en cuenta a la hora de asignar una nota al desempeño total del alumno. 
Considerando que el método más objetivo deja de lado importantes aspectos del proceso de aprendizaje ¿Qué justifica su uso? En muchos casos, se dice que una evaluación en donde no hay grises es la forma más justa, neutral y equitativa de asignar una nota. Sin embargo ¿Es realmente justo y confiable evaluar de la misma manera a alumnos que son diferentes? Encasillar a todos los estudiantes dentro de una suposición o criterio generalizado sería negar el muy influyente contexto que acompaña a cada uno. Es importante tener en consideración el punto de partida, los conocimientos previos, las aptitudes y las capacidades de cada alumno de manera individual. No todos los estudiantes aprenden de la misma manera, existen diferentes cuestiones personales como las capacidades innatas o diferencia de intereses que pueden alterar su desempeño. Teniendo esto en cuenta, sería ideal disponer de un modelo de enseñanza y evaluación del aprendizaje diferenciado que contemple el área de interés y punto de partida de los diferentes estudiantes. 
Si bien es más válido que el anterior, el grado de confiabilidad de un método conductista es bajo, debido a la enorme carga de subjetividad que esta conlleva. Es importante establecer y explicitar los criterios y metas, como también contar con una buena matriz de evaluación en donde los diferentes aspectos a analizar se vean organizados y catalogados para una asignación numérica mas analítica y ordenada. Su uso mejora la evaluación ayudando a los estudiantes a planificar y reflexionar sobre su trabajo, comprendiendo las expectativas del profesor y orientando correctamente sus esfuerzos. Los criterios de evaluación deben cubrir varios aspectos tales como el proceso cognitivo, los esfuerzos, la evolución personal, la creatividad y la reflexión. Principalmente, deben ayudar a distinguir la evaluación del aprendizaje de la evaluación de un ejercicio o actividad aislados. (Perrenoud, 2008).Desde la perspectiva del evaluador, contar con un molde que contemple los diversos aspectos del aprendizaje del alumno, el desarrollo de su proyecto y la presentación final podrá ofrecer una apreciación mucho más fiel y abarcativa que cualquier otro método. 
Considerando todo lo anterior ¿Qué es preferible, un método confiable y objetivo pero poco válido o un método con alto grado de validez pero cargado de subjetividad? El grado de adecuación de los diferentes métodos varía también según la disciplina, y puede que en muchos casos un método psicométrico sea muy útil para evaluar ciertos conocimientos. Sin embargo, no hay que perder de vista el por qué de la evaluación, y cómo este proceso debe ser siempre retro alimentado y orientado a la acción y al cambio. Los resultados no solo intentan medir el aprendizaje de los alumnos, sino que también reflejan directamente nuestras cualidades como docentes. Todo proceso de evaluación de alumnos deberá funcionar también como un proceso auto-evaluativo dirigido a la toma de decisiones, la revisión de los objetivos y la mejora de la planificación. Medir la forma en que el docente influencia, inspira y promueve preguntas y conexiones de conocimientos en sus alumnos resulta difícil desde un método orientado a los resultados y no a los procesos. Una mirada más abarcativa permite encontrar errores y aciertos y no reduce el éxito o fracaso de una clase a algo memorístico. 
Es importante poder establecer una relación profunda y analítica entre la enseñanza, el aprendizaje, su evaluación y consecuencias para convertirnos en educadores más funcionales. Si bien ambas miradas son aceptadas y utilizadas, es mayor la imprecisión de un método superficial a la de un método subjetivo. Es posible obtener mejores resultados apuntando a la validez, a evaluaciones más profundas, conscientes y completas que permitan distinguir el aprendizaje y evolución reales de una buena capacidad memorística. A su vez, los métodos constructivistas promueven y facilitan la meta-evaluación y mejora continua del programa y los contenidos, uno de los principales objetivos de la evaluación.

Referencias bibliográficas 
Andrés, J. (2000). La evaluación educativa, su práctica y otras metáforas. Barcelona: Horsori I.C.E. Universidad de Barcelona. 
Perrenoud, P. (2008). La evaluación de los alumnos: de la producción de la excelencia a la regulación de los aprendizajes entre dos lógicas. Buenos Aires: Colihue. 
Santos Guerra M.A. (2000). Evaluación educativa. Buenos Aires: Editorial Magisterio del Río de la Plata. 

Resumen: se aborda la problemática de validez contra confiabilidad del proceso de evaluación del aprendizaje ¿Es más valioso un método que efectivamente mide aquello que pretende evaluar o uno que es exacto y estable en sus mediciones? ¿Es mayor la imprecisión con un método subjetivo o con un método superficial? Se consideran los temas de la retroalimentación y evaluación formativa, la evaluación que va más allá de los contenidos, la diferencia de contextos, la fijación de criterios y metas y el objetivo de la evaluación para determinar qué sistema es el más adecuado y nos permite una mirada más abarcativa dirigida al cambio, la mejora y la meta-evaluación. 

Palabras clave: método - retroalimentación - contenido - contexto - objetivos – matriz de evaluación.

(*) Este texto fue elaborado en la asignatura Pedagogía del Diseño y la Comunicación II, del Programa Asistentes Académicos de la Facultad de Diseño y Comunicación, dictada por el profesor Carlos Caram. Año 2016.


Validez o confiabilidad, esa es la cuestión La validez y la confiabilidad en la evaluación del aprendizaje fue publicado de la página 63 a página64 en Escritos en la Facultad Nº136

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