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La manipulación en la educación

Lee, Elena Cristina

(Diseño Textil y de Indumentaria)

Escritos en la Facultad Nº136

Escritos en la Facultad Nº136

ISSN: 1669-2306

Reflexión Pedagógica. Edición V Ensayos de estudiantes de la Facultad de Diseño y Comunicación Asignaturas: Pedagogía del Diseño I y II - 2016 Docentes: Carlos Caram · Gabriel Los Santos Eugenia Negreira · Mariángeles Pusineri

Año XIII, Vol. 136, Diciembre 2017, Buenos Aires, Argentina | 144 páginas

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El siguiente ensayo está enfocado en reflejar la educación como una herramienta de la sociedad opresora que continúa vigente desde los inicios del sistema educativo hasta la actualidad. El autor Paulo Freire hace referencia de esta con el nombre de la cultura del silencio en donde los educadores pretenden una mejor forma de dominación, disfrazada como una mejor forma de adaptación al mundo que tienen que enfrentar en el futuro.

 La historia de la manipulación (económica, militar, política, etc.) explica durante su trayectoria sobre cómo ha logrado reducir cada vez más al pueblo al silencio y ha logrado su pasividad, apagando y empobreciendo su propia cultura. Se constituye así una conciencia oprimida, que en definitiva impide a los sectores populares una acción propia, autónoma y creadora. Son privados de su palabra, no sabe, debe escuchar, repetir, acomodarse y seguir las recetas e indicaciones del educador. Y al hacer esto, al obstruir la actuación de los hombres como sujetos de su acción, genera desesperanza:

La desesperanza es también una forma de silenciar, de negar el mundo, de huir de él. La deshumanización, que resulta del “orden injusto”, no puede ser razón para la pérdida de la esperanza, sino que, por el contrario, debe ser motivo de una mayor esperanza, la que conduce a la búsqueda incesante de la instauración de la humanidad negada en la injusticia. (Freire, 2010).

El uso de la palabra manipulación aplicada al campo críticosocial se ha convertido frecuentemente en un abuso. Se ha transformado en un arma para descubrir dialécticamente al adversario, apoyándose en la fuerza social de una palabra tabú. Este término tiene que ver no tanto con el conocimiento objetivo cuanto con el interés, y nos referimos al interés del hombre de ciencia cuando se trata de defender sin grandes esfuerzos una postura preferida o de inmunizarla contra todo argumento crítico por medio de la utilización de fórmulas vacías; o bien al interés del político cuando trata igualmente de descalificar a la oposición con la ayuda de tópicos de gran efecto popular, imposibilitando así el diálogo serio sobre un problema. 
Sin embargo, no toda enseñanza es manipulación. Pensar tal cosa sería introducirse ingenuamente en el campo de los que han tabuizado la palabra por la vía de la absolutización. La posibilidad de la manipulación en la educación ha de combinarse con la posibilidad y el derecho a la influencia social. Toda sociedad madura y democrática se basa no sólo sobre el derecho de libertad de expresión, sino también, entre otros muchos, sobre el derecho a la influencia social. En los extremos de la patología social se hallan, por un lado, la manipulación del hombre, y por otro la incomunicación. Pero sin comunicación ni educación no hay sociedad, o, a lo más, una educación de incomunicación, que no es verdaderamente humana. 
La educación como práctica de la libertad planteada por Paulo Freire, al contrario de aquella que es práctica de la dominación, implica la negación hombre abstracto, así como la negación del mundo como una realidad ausente de los hombres. La educación es un proceso de formación humana creativo, consciente y libre, opuesto a la manipulación, pues ésta no respeta la dignidad del ser humano, al cosificarlo mediante el engaño o las verdades parciales, situación contraria a la educación, siempre respetuosa, en los contenidos, medios y finalidad, con los principios morales. Hoy, más que nunca, la educación ha de preparar al ciudadano para hacer frente a las múltiples situaciones manipuladoras, ayudándole a estar alerta contra la manipulación (dando a conocer los mecanismos propios de la misma para detectarla y no caer en ella), enseñando a pensar con rigor (saber utilizar el lenguaje con precisión, plantear bien las cuestiones, desarrollarlas con lógica, no cometer saltos ilógicos y parciales), y sobre todo viviendo de modo crítico. 
Entre todos los aspectos a desarrollar en la enseñanza, es hoy de una especial urgencia y necesidad, dadas las características de nuestra sociedad, la formación del sentido crítico, esto es, el crecimiento autónomo de la persona para ser cada vez más ella misma. 
También se aborda en la importancia de la creatividad en el ámbito de la educación. Puesto que, según el autor Paulo Freire, “solo existe saber en la invención, en la reinvención, en la búsqueda inquieta, impaciente, permanente que los hombres realizan en el mundo, con el mundo y con los otros”. La educación que proponen los opresores es la llamada educación bancaria cuyo objetivo es la de anular el poder creador de los educandos o minimizarlos, para estimular así su ingenuidad y no su criticidad. (Freire, 2010). 
Esta se trata de una pedagogía liberadora, emancipadora y problematizadora, con más cercanía esperanzada; donde el diálogo crítico, reflexivo y humano sean puntos focales en una praxis educativa reflexiva, para la liberación, es decir, para la libertad de crear, construir, descubrir, decidir para transformar el mundo. Con la pedagogía liberadora se busca estimular en los estudiantes un desarrollo y crecimiento armónico de su persona, como ser activo, responsable, autónomo, con altos valores de la vida, del conocimiento y de la creación y transformación de su contexto. Esto significa ayudar al estudiante a crear conciencia de su ser, como individuo pensante, revolucionario, intersubjetivo y comprometido con su entorno y realidad. La creatividad puede empezar en el propio docente, al emplear técnicas y estrategias didácticas adecuadas para implicar y motivar a los educandos en la actividad de aprendizaje dentro y fuera del aula. El valor de ser creativo radica en volver a ser criatura: como el mundo es siempre nuevo para la mirada del niño, así la creatividad hace mirar con una mirada siempre nueva la creación que los rodea. Pensar de manera original es, diría Gaudí, volver a los orígenes. Por eso la creatividad puede tener un rol fundamentador y, por ello útil tanto para el ejercicio profesional como para la construcción de la propia personalidad. Los profesores pueden ser un verdadero motor del pensamiento creativo en las escuelas y en las universidades. 
La creatividad y el pensamiento creativo son una parte importante del aprendizaje, y enseñar a los estudiantes que sus voces creativas importan es un gran paso. La creatividad es indicio de personalidad y signo del carácter único e irrepetible de cada persona. Estimular la creatividad, si quiere ser algo más que un pasatiempo o una expresión de cansancio ante la rutina, ha de ir acompañada de la actitud de gratitud ante el mundo y los dones que han recibido.
De igual forma, Freire (2004) señala que la tarea docente es también ser aprendiz, es placentera y a la vez exigente. Exige seriedad, preparación científica, física, emocional y afectiva. Es una tarea que requiere, de quien se comprometa en el ejercicio docente, un gusto especial de querer hacer el bien, no solo a otros sino también al propio proceso educativo. Es imposible enseñar sin valentía o coraje de querer el bien, sin el sentido de amor a la vida, teniendo muy presente que lo más importante es viabilizar una práctica docente que forje mentes críticas, audaces y creativas en sus estudiantes.
Es por ello que el docente no debe solo dictar ideas, sino cambiarlas constantemente, no debe dictar clases, sino debatir y discutir temas; no es trabajar sobre el educando para imponer, sino trabajar conjuntamente con él para crear y construir; no es impartir orden y disciplina, sino conciliar y compartir acuerdos y responsabilidades; no es ofrecer recetas automáticas para guardar y almacenar conocimientos, sino para pensar auténticamente, para la curiosidad y el descubrimiento, es decir, para la reinvención.

De este modo, el educador ya no es solo el que educa sino aquel que, en tanto educa, es educado a través del diálogo con el educando, quien, al ser educado, también educa. Así, ambos se transforman en sujeto del proceso en que crecen juntos y en el cual “los argumentos de la autoridad” ya no rigen. (Freire, 2010).

Es una educación para la democracia, para el pensamiento libre y creativo. Con una visión armónica entre la posición humanística y la visión tecnológica en la formación del estudiante. Armonía que implica la superación del falso dilema humanístico-tecnológico, es decir, que le permita al estudiante tener una visión general del mundo, con altos valores humanos y con alta preparación tecnológica. De esta manera, cuanto más crítico se sea en la formación del pensamiento de un grupo humano, tanto mayor será su conciencia democrática y libre. Contrariamente cuanto menos criticidad se estimule en la educación, tanto más ingenuamente se abordarán los problemas y su discusión será superficial para tratar los temas o asuntos educativos. Todo esto debilita la indagación, la investigación y la búsqueda de soluciones creativas. 
Por otra parte, conduce a una educación pasiva, es decir, centrada en conocimientos memorizados, que no exigen elaboración o reelaboración por parte del estudiante, lo cual deja en una posición inadecuada para el crecimiento y desarrollo de una sociedad y para la formación de personas con espíritus democráticos, libres y creativos.
La educación problematizadora, liberadora y creativa propuesta por Freire (2006) permite estimular en los educandos su crecimiento en el sentido de su poder creador, de trabajar y de desarrollar sus potencialidades. La democracia y la educación democrática se fundamentan en la creencia del hombre como ser integral, de ahí su importancia vital en la construcción de una sociedad de avanzada para un mundo más humano, fraternal y justo.

Referencias bibliográficas 
Freire, P. (2010). Pedagogía del oprimido. Buenos Aires: Siglo Veintiuno.

Resumen: El ensayo está enfocado en reflejar la educación como una herramienta de la sociedad opresora que continúa vigente desde los inicios del sistema educativo hasta la actualidad. El autor Paulo Freire hace referencia de esta con el nombre de la cultura del silencio en donde los educadores pretenden una mejor forma de dominación, disfrazada como una mejor forma de adaptación al mundo que tienen que enfrentar en el futuro.

Palabras clave: educación – manipulación – opresión - educación bancaria – humanismo.

(*) Este texto fue elaborado en la asignatura Pedagogía del Diseño y la Comunicación II, del Programa Asistentes Académicos de la Facultad de Diseño y Comunicación, dictada por la profesora Eugenia Negreira. Año 2016.


La manipulación en la educación fue publicado de la página 108 a página109 en Escritos en la Facultad Nº136

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