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La evaluación como estímulo Cuando la tarea se convierte en oficio

Valli, Florencia Rosa

(Diseño de Interiores)

Escritos en la Facultad Nº136

Escritos en la Facultad Nº136

ISSN: 1669-2306

Reflexión Pedagógica. Edición V Ensayos de estudiantes de la Facultad de Diseño y Comunicación Asignaturas: Pedagogía del Diseño I y II - 2016 Docentes: Carlos Caram · Gabriel Los Santos Eugenia Negreira · Mariángeles Pusineri

Año XIII, Vol. 136, Diciembre 2017, Buenos Aires, Argentina | 144 páginas

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“Un niño, un profesor, un libro, un bolígrafo,
pueden cambiar el mundo”. (Yousafzai)

El presente trabajo busca desarrollar la importancia del profesor y su estímulo hacia los alumnos. En el área de Diseño de Interiores de la Universidad de Palermo se plantea un método de enseñanza teórico-práctico semanal, donde los alumnos ponen a prueba sus conocimientos adquiridos en trabajos prácticos segmentados y se finaliza la cursada con un trabajo integral que se presenta y evalúa en la mesa de examen final. Todo este proceso es el cierre de la búsqueda pedagógica para mejorar la experiencia del alumno y el profesor, mejorando la calidad de enseñanza y aprendizaje. 
Para abordar el análisis planteado en el título de este ensayo, es necesario describir algunos conceptos. Comenzando por ¿qué es la evaluación?: la evaluación es un proceso de indagación que recolecta información de forma cualitativa y cuantitativa con el fin de obtener un resultado sobre la importancia o calidad de un programa, producto o persona. Diferente de la evaluación educativa que es una constante actividad que integra todos los procesos, teniendo por objetivo recolectar la mayor cantidad de información para valorarla y tomar decisiones pertinentes del sujeto que se está evaluando. 
Previo al siglo XIX se utiliza el término examen para describir las situaciones de examinación y prueba de la persona. Luego se prefiere el término evaluación, que es un análisis sumatorio de procesos por el cual el profesor acompaña al alumno. 
En la enseñanza se comenzó con el modelo conductista, a mediados del siglo XX, que logra el aprendizaje por medio de una respuesta a un refuerzo de asociación, de un estímulo a un resultado, el cual es observable y medible en una calificación final. El alumno es un ente vacío en el cual se depositan conocimientos obligatorios con el fin de evaluarlos, sin importar si realmente ha entendido los conceptos. Este medio no discrimina el proceso individual de cada alumno, se pretende que todos aprendan lo mismo por igual. El profesor es fuente de información y el alumno un receptor que debe aprender el nivel que se le exige. 
Diferente el modelo constructivista, aplicado a fines del siglo XX, que busca el aprendizaje por medio de procesos que construyen el significado con el uso de los conocimientos previos del alumno. Este relaciona y enriquece sus esquemas de pensamientos preexistentes a través de la resolución de problemas que presenta cada uno como individuo, construye su conocimiento partiendo de bases simples a más complejas. La currícula se adapta al tiempo del alumno, es flexible y abierta, acepta concejos externos, busca el aprendizaje y entendimiento del alumno, no busca completar el programa. El profesor es un guía del proceso, facilita, orienta y comparte el saber, el protagonista es el estudiante, de forma activa busca construir su propio aprendizaje. La evaluación está dada en todo momento, se considera el avance y autocrítica de los procesos, los errores no descalifican los aciertos, si el alumno finaliza el programa con más ideas, información y hay un cambio en sus pensamientos, es que el modelo funcionó. En la universidad el constructivismo es un generador de ideas, un impulso al pensamiento, un temblor en los miedos, ayuda a progresar y animarse al error, alienta a superarse y seguir el camino con espíritu. Pero nada de esto se logra sin un guía, un profesor, la enseñanza está dada de a pares y es por eso que el profesor debe estar capacitado y preparado para afrontar esta situación. Entonces, ¿cuál sería el rol del profesor? El docente debe proponer al alumno problemas que le de situaciones de aprendizaje, para que produzca conocimiento a través de una respuesta personal a la pregunta, que este conocimiento pueda funcionar o ser modificado según el deseo del alumno a las situaciones presentadas en su entorno, y no como recompensa al deseo del docente. El docente tiene en sus manos el poder de inspirar y generar entusiasmo para que el alumno resuelva el problema como su responsabilidad y no por deseo externo. Es acompañar y guiar el proceso, destrabando las barreras que puedan surgir pero sin desmerecer la capacidad y el tiempo de cada alumno. Debe encontrar la forma de que los alumnos se planteen problemas que en otro caso no se hubieran planteado, para que con dedicación y entusiasmo los resuelvan. El profesor ayuda al alumno a crecer en forma personal y profesional, sin resentimientos ni rencores, sólo por el amor a la docencia hace que el alumno aprenda la capacidad de desarrollar su conocimiento. 
En los cuatro años que dura la carrera, el sistema de evaluación no varía: se le entrega al alumno una guía de trabajo práctico final en donde se detallan los conceptos y la información que debe contener dicho trabajo. Luego se evalúa cuántas consignas cumplió el alumno y cómo defendió, en forma oral, su proyecto; para finalizar se pone una nota numérica de acuerdo a cuántos casilleros del programa completó, siendo el caso de algunos docentes que consideran la evolución del alumno en la cursada y su presentación en el final. 
Este método sirve de orientación para alumnos ingresantes, que no saben cómo defenderse ante un proyecto y qué material presentar ante el profesor. Puede ser una grata ayuda en los primeros años, y un momento de stress en el último. A medida que el alumno avanza con la carrera sus capacidades más fuertes son expuestas, mientras que las debilidades atemorizan en la evaluación cuando el profesor exige una herramienta que no está completamente desarrollada. No todos los alumnos aprenden o manejan por completo todas las herramientas del diseño. Algunos tienen mayor facilidad que otros en el manejo. El último año es un punto de la carrera donde el alumno se conoce y sabe cuáles son sus fortalezas y debilidades, es un año donde se debe trabajar en las habilidades de cada uno con el propósito de prepararlo para su futuro profesional. Cada persona es un individuo único, con capacidades diferentes y métodos personales, que cumplen con las expectativas laborales dentro de la variedad de ofertas que hay en la bolsa del mercado laboral. La evaluación debería ser un proceso que incentive al alumno a mostrar y (para un caso futuro) vender un proyecto con una presentación producida a su método personal. El profesor debe asegurarse que el alumno esté encaminado y entusiasmado de llegar a la etapa final, y no con temor y angustia porque tiene que hacer, por ejemplo en el caso del diseño de interior, renders que él sabe no es su fuerte. Es un momento de capacitación profesional en el cual se debería utilizar el método teórico-práctico personal, para que el día de mañana en una entrevista el alumno sea capaz de explicar lo que mejor sabe hacer y los conocimientos que aún le falta aprender. Conocimientos débiles que en un futuro puede capacitarse y volverlos parte de sus fortalezas. 
Esta etapa es donde se pone a prueba la capacidad del profesor de estimular a un alumno cansado, que lo único en lo que piensa es terminar con la carrera, a superarse y seguir motivado a desarrollarse. Hacerle desear y darle entusiasmo de que trabaje en ese proyecto final, para que el día de la evaluación se presente orgulloso de su trabajo, de su experiencia, de sus conocimientos elaborados en los últimos años. Que la evaluación sea un estímulo y no un castigo. Que el futuro laboral sorprenda y genere mayor conocimiento. Que el alumno sepa que el aprendizaje es continuo y eterno, y no debe desanimarse por los errores cometidos ni que ha de cometer.
La universidad es una etapa de aprendizaje tanto teóricopráctico como personal. La enseñanza debe ser contención del proceso del alumno y no una selección de puntos a cumplir. Debe motivar, no ahuyentar haciendo desmerecedor su lugar en el medio.

Resumen: El ensayo desarrolla la constante evolución en la forma de evaluar desde que comenzaron los colegios, y se concentra en el método de enseñanza y evaluación dentro de la Universidad de Palermo, en el área de Diseño de Interiores, pudiendo ser empleado también para cualquier área de Diseño de la Facultad. Se propone llevar un paso más adelante a la evaluación constructivista empleada por los profesores durante el último año de la carrera. Permitiendo al alumno, con su conocimiento construido en el proceso de aprendizaje, que elabore su método de autoevaluación y presentación de su proyecto reforzando su capacidad y herramientas que posee con el fin de prepararlo para el mundo laboral que deberá afrontar una vez finalizada la carrera. 

Palabras clave: evaluación – diseño de interiores – constructivismo – aprendizaje – estímulo – enseñanza.

(*) Este texto fue elaborado en la asignatura Pedagogía del Diseño y la Comunicación I, del Programa Asistentes Académicos de la Facultad de Diseño y Comunicación, dictada por la profesora Mariángeles Pusineri. Año 2016.


La evaluación como estímulo Cuando la tarea se convierte en oficio fue publicado de la página 129 a página131 en Escritos en la Facultad Nº136

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