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Otra forma de estudiar Equivocarse es correcto y deseado

González Lancillota, Lara

(Licenciatura en Dirección de Arte)

Escritos en la Facultad Nº136

Escritos en la Facultad Nº136

ISSN: 1669-2306

Reflexión Pedagógica. Edición V Ensayos de estudiantes de la Facultad de Diseño y Comunicación Asignaturas: Pedagogía del Diseño I y II - 2016 Docentes: Carlos Caram · Gabriel Los Santos Eugenia Negreira · Mariángeles Pusineri

Año XIII, Vol. 136, Diciembre 2017, Buenos Aires, Argentina | 144 páginas

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Desarrollo 

TDA (Trastorno por déficit de atención) es un trastorno crónico caracterizado por la dificultad para prestar atención y por un comportamiento de distracción. Suele comenzar en la niñez. Puede ocasionar baja autoestima, problemas en las relaciones personales y dificultades en el colegio o el trabajo. 
Metilfedinato, dextroanfetamina, atomoxetina, guanfacina, clonidina, son sólo algunos de los fármacos utilizados como tratamiento. 
Hace unos años, tuve la oportunidad de comenzar a trabajar como profesora particular de Inglés. Teo fue mi primer alumno. Un nene de 12 años, muy educado y tímido. Aún recuerdo la primer advertencia que me dio la madre: “Mi hijo tiene TDA, tiende a distraerse frecuentemente en clase por lo cual tiene bajas notas en las materias y no presta atención”. (2015). Fue así que me presenté a mi primer día con nerviosismo, no solo era mi primer día de trabajo, sino que tendría que enfrentarme a una situación para la que no sabía si estaba lo suficientemente capacitada. Imaginen mi sorpresa cuando lo conocí al chico en cuestión, tímido, callado, atento, increíblemente educado, realizaba los ejercicios con facilidad, sus errores eran pocos y debido a una falta de interés por lo que hacía. Puede que eso se debiese a TDA, sin embargo, creo que este no era el caso. De los 60 minutos que teníamos semanalmente, Teo no se distraía, era capaz de seguir la clase con atención. Luego de meses de darle clase, comencé a dudar acerca del diagnóstico que me habían dado. Desde mi humilde punto de vista, llegué a la conclusión de que el problema residía en algo mucho mayor. 
Hoy en día, vivimos rodeados de estímulos, celulares, computadoras, tablets, con todas las oportunidades que estas presentan, conectividad, entretenimiento, cámaras fotográficas y demás utilidades que ofrecen estos dispositivos. Frente al mundo de oportunidades que proponen, pretendemos que los chicos se sienten en silencio prestando atención a temas fuera de época de escaso interés para las jóvenes mentes del siglo 21. El descubrimiento de América; los componentes químicos de la glucosa; los cultivos que crecen en Entre Ríos; el proceso de homeostasis; todos son temas que se ven obligados a estudiar y memorizar en el colegio cuando la cruda realidad es que estos se encuentran a un click de distancia. Forzamos conocimientos perecederos en las mentes de los chicos cuando estos estarán siempre a su alcance en la red. Y cuando no saben las respuestas, se los estigmatiza y se cree que algo anda mal, que debe de haber algún problema. Es así como el diagnóstico de TDA ha crecido exponencialmente en los últimos años. Sí, es un trastorno real que muchos chicos padecen, sin embargo su presencia también está relacionada a la industria de la educación, de la cual algunos tienen la suerte de verse favorecidos a la expensa del resto. 
Yo no soy inteligente, no me saco 10 sentenciaba Manuel de 9 años, otro de mis alumnos. La fatalidad de esa frase perdura en mi mente al día de hoy. El sistema de evaluación ha fracasado si logra que un niño llegue a pensar eso de si mismo. Frente a evaluaciones de preguntas convergentes los alumnos se ven obligados a memorizar respuestas. Necesitamos pensamientos creativos y divergentes, capaces de reflexionar y generar una voz propia. “Igualmente, nadie es inteligente, la inteligencia no se puede ver, tocar ni percibir. Entonces, ¿Cómo se puede ser algo que no se puede ver, tocar, ni percibir?” afirmaba Manuel en una clase particularmente interesante. Frente a esta lógica aún no he sido capaz de presentar un argumento. No creo que nadie sea inteligente. Lo que sí creo es que cada uno tiene una mente propia y única. Con sus fortalezas y debilidades. Es el desafío de la industria educativa saber adaptarse a cada caso en particular. 
Con un perfil artístico, ama dibujar, y como todo niño, es increíblemente creativo. Sin embargo ha sido víctima de un paradigma fuera de época, su deseo de ir a clases de dibujo fue negado rotundamente debido a falacias como dibujar es de niñas. Vivimos en una comunidad que tácitamente jerarquiza las distintas disciplinas. En la punta de la pirámide, Matemá- tica, Literatura y las Ciencias, y en la base de la misma, el Arte y la Música. 
Frente a la diversidad de estudiantes surgen carreras universitarias y ofertas educativas que buscan atraer a esos niños de 9 nueve años que fueron negados de dibujar porque eso “no llevaría a nada”. El diseño no es arte, pero se podría decir que es su primo. Con una fuerte impronta de marketing, el diseño vende. Pero vende utilizando recursos artísticos y adopta a aquellos que necesitan dibujar para pensar. 
Luego de 15 años en la industria educativa, los chicos, ya adolescentes y jóvenes adultos llegan a una facultad de diseño habiendo vivido años en un sistema que probablemente no los favoreció en su infancia. En una de sus clases, Alfio Maccari, profesor del área de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo afirmó: “Si ustedes están en esta clase, probablemente no la pasaron muy bien en el colegio, muchos de ustedes probablemente no prestaban atención o reprobaban frecuentemente”. (2015). Y sin intención de estereotipar, creo que es cierto. Como mencionamos anteriormente, la formación educativa se encuentra fuera de época, su sistema de evaluación, en la mayoría de los casos, tiende a desmoralizar mas que a servir como una recogida de datos. La valorización de determinadas disciplinas frente a la desvalorización de otras genera una profunda grieta que puede afectar al alumno en su futuro profesional. 
Como Asistente Académica y Profesora de Inglés tuve la oportunidad de ver distintas partes del proceso educativo por la cual pasan los alumnos. Si bien cumplo aun el rol de alumna, ser asistente provee cierta perspectiva que no poseía anteriormente. Los chicos tienen toda la energía que los caracteriza, extremadamente creativos y espontáneos, pero asisten todos los días a una clase que los adormece. El estudiante universitario elige donde estar, se supone que le apasiona lo que estudia, sin embargo, muchos se encuentran aletargados, producto de años en los que se acostumbraron e hicieron un hábito de una formación distinta. 
Mencionamos tres ejes rotos en la educación primaria y secundaria, los temas que se dan en la currícula, la desvalorización de ciertas disciplinas y el sistema de evaluación. En la facultad, y más que nada en una de Diseño y Comunicación, se supone que los dos primeros se encuentran subsanados. Aquel que elige estudiar diseño se supone que le gusta aquello que va a estudiar y se encuentra en un ámbito en donde se valoriza la disciplina que escogió. Es con el sistema de evaluación que muchos se encuentran en problemas. Principalmente, porque a nadie le gusta ser evaluado, pero hay otros factores a tener en cuenta, si bien la nota numérica es simbólica, no deja de ser un número en la escala del 1 al 10 que el estudiante se lleva, fruto de un trabajo de diseño en el cual expuso sus habilidades. La evaluación es necesaria en un ámbito educativo, esta es especialmente importante pero también es potencialmente dañina en áreas relacionadas a la creatividad, muchas veces uno tiende a apegarse emocionalmente al producto final. Ve la crítica al trabajo como una crítica hacia uno mismo. Creo que esto se debe a que durante toda la vida estudiantil siempre se valoró el producto final, la calificación. 
Se felicitaba al alumno por un trabajo bien hecho y no por un proceso exitoso. Grave error. El alumno teme equivocarse y ser juzgado por las consecuencias de ese error. Este miedo genera a su vez un desdén por desafiarse a uno mismo a retos cada vez más difíciles con el objetivo de aprender e ir mejorando. Si uno evaluase el proceso, el estudiante no se sentiría presionado, valoraría el método de trabajo siempre buscando mejorar. 
La diferencia entre la primaria y secundaria y la facultad radica en que un trabajo de diseño, sea cual sea la disciplina, tiene una clara impronta personal. En consecuencia, la línea que separa el trabajo del individuo se vuelve difusa dificultando el proceso de evaluación por parte de los docentes. Estos últimos se encuentran con alumnos que ante una baja calificación no creen poder hacer algo mejor, habiendo llegado al límite de sus capacidades. Otros orgullosos, defienden su trabajo haciendo caso omiso de las correcciones, eligen no ver sus errores, no pudiendo aprender como mejorar y corregirlos. 
En conclusión, creo que es necesario encontrar e implementar “Otra forma de estudiar”. Una que se adapte a la sociedad de hoy en día, inclusiva y actualizada. La Pedagogía del Diseño tiene que estar preparada para enfrentarse a gente con tendencias y espíritu artístico. Debe enseñarle al alumno que equivocarse es esperable y deseado en pos de un aprendizaje integral. Si uno no está preparado para equivocarse, difícilmente podrá ser creativo, ya que la creatividad supone ser disrruptivo, desafiar las normas, ir en contra de lo establecido como regla. Para ello, uno se equivocará repetidas veces hasta encontrar aquello en lo que es correcto equivocarse.

Referencias bibliográficas 
Pichot, P. López-Ibor Aliño, J.J. y Valdés Miyar, M. (1995). Trastornos por déficit de atención y comportamiento perturbador. DSM - IV Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Buenos AIres: Masson, S.A.

Resumen: El sistema educativo de hoy en día se enfrenta a varias dificultades. La sociedad se encuentra rodeada de estímulos tecnológicos relativamente inéditos en el marco histórico, estos suponen y requieren de nuevos enfoques en la educación. Se deben actualizar los planes de estudio para que estos estén al día con las oportunidades ofrecidas. A su vez, las materias y temáticas no presentan un atractivo para los alumnos, es así como se pierde el interés y la atención requerida en el aprendizaje. Se tiende a valorar ciertas disciplinas a favor de otras, vivimos en una comunidad que privilegia las Ciencias y la Matemática frente a las Artes y la Música. Esto afecta a muchos chicos con tendencias creativas. Por otra parte, el sistema de evaluación implementado no solo funciona como una recogida de datos para el docente, sino que también daña la confianza y el autoestima del alumno. Esto es particularmente alarmante en áreas relacionadas al diseño en donde los estudiantes suelen apegarse a sus trabajos finales. Frente a esto, es necesario implementar una nueva forma de estudiar que sepa ajustarse a las necesidades actuales.

Palabras clave: aprendizaje - disciplina - diseño - evaluación - ofertas educativas.

(*) Este texto fue elaborado en la asignatura Pedagogía del Diseño y la Comunicación II, del Programa Asistentes Académicos de la Facultad de Diseño y Comunicación, dictada por la profesora Mariángeles Pusineri. Año 2016.


Otra forma de estudiar Equivocarse es correcto y deseado fue publicado de la página 135 a página136 en Escritos en la Facultad Nº136

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