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Apuntes para pensar la calidad y la innovación en la facultad

Chalkho, Rosa [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXV

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXV

ISSN: 1668-1673

XXVI Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación

Año XIX , Vol. 35, Agosto 2018, Buenos Aires, Argentina | 245 páginas

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La evaluación de la calidad es compleja y escurridiza. Fundamentalmente, como todo fenómeno pluricausal permite asomarnos a su consideración a través de ventanas o instantáneas, que, aunque estén basadas en instrumentos fiables siempre comportan alguna cuota de subjetividad. Basta ver los debates suscitados en el ámbito nacional acerca de las mediciones de la calidad educativa en la escolaridad primaria y secundaria como para advertir los imaginarios y lecturas tendenciosas que pueden ponerse en juego. Por ejemplo, los datos supuestamente “duros” o “reales” fueron mayormente leídos planteando una antinomia entre educación privada y pública que resulta discutible. 

En tren de plantear construir otros pares de opuestos, que como modelo teórico resulta superado, podría haberse anunciado con la misma evidencia que la escuela primaria arroja mejores cifras que la secundaria u otros pares dicotómicos como lo urbano – rural o las segmentaciones por clases sociales. 

La noticia del avance en las calificaciones internacionales de la UBA y de Palermo de manera casi simultánea con una anunciada “crisis del sistema educativo” nos impulsa a profundizar, discutir y repensar algunas generalizaciones. ¿Cómo se explicaría que las devaluadas escuelas argentinas que pierden posiciones en América Latina convivan con los elogiosos avances de sus universidades? ¿Dónde estudiaron quienes forman la universidad exitosa? ¿Son pérdidas recientes en los niveles básico y medio que se trasladarán en breve al nivel superior? La masividad, gratuidad e ingreso irrestricto para el caso de la UBA tiraría por tierra cualquier atribución elitista de su éxito. Para el caso de la Facultad de Diseño y Comunicación, el eclecticismo de su alumnado (capital cultural, económico, proveniencia geográfica, etc.) además de su posición en una franja media arancelaria también permite discutir algunos determinismos y prejuicios sobre la supuesta decadencia educativa argentina. Esta visión optimista del tema educativo encuentra indicios en nuestra propia facultad, por ejemplo, con la notoriedad y nivel que ha alcanzado el congreso Interfaces, un dispositivo educativo innovador en el que se exponen prácticas educativas exitosas y novedosas tanto de escuelas pública como privadas. 

Aunque esté en el orden de lo utópico, la calidad educativa es un norte ineludible de todas las acciones formativas y sus instancias deberían edificarse tanto en las políticas macro de la facultad como en las micro acciones en las aulas. Efectivamente calidad, innovación y creatividad son valores virtuosos que se retroalimentan entre sí en favor de la formación y el prestigio institucional, aunque su evaluación se resiste a la rigidez de las mediciones estandarizadas. Esto presenta un gran desafío que se verifica tanto al interior de las prácticas de aula como en lo macro: ¿Cómo evaluar la creatividad y la innovación? En especial, la innovación comporta aspectos de proyección futura y por lo tanto inciertos, ya que pensamos, desarrollamos y diseñamos algo nuevo que suponemos que será transformador mañana. Si alguien hubiera evaluado el potencial innovador de las redes sociales apenas apareció Facebook, hubiera cotizado fortunas desde su nacimiento, y, por el contrario, se invirtieron millones en el desarrollo de inventos que prometían cambiar el mundo y quedaron en el olvido arrastrando pérdidas de cuantiosas inversiones. 

Ahora bien, ¿qué debería hacer la universidad para transmitir saberes confiables y al mismo tiempo arriesgar y estimular a los estudiantes hacia lo nuevo? Para empezar, una buena manera de fomentar la innovación es mediante la creación de una pedagogía innovadora, es decir, transformar el aula, introducir dispositivos didácticos movilizantes, agitar las aguas… 

La enseñanza del diseño tiene aquí una ventaja en sus tradiciones pedagógicas sobre otras disciplinas que consiste en la dinámica de taller que habilita la interacción y los debates sobre las producciones, no solo con el docente, sino que el grupo de estudiantes puede convertirse en un espacio de cultivo dilecto para la circulación de las ideas y la construcción de una cultura de interacción propia de lo proyectual. 

En este sentido, la facultad ha generado espacios estimables de innovación pedagógica como el Programa de Formación Pedagógica para docentes, el Programa de asistentes académicos, el Congreso de Enseñanza del Diseño y el ya citado Interfaces. 

Sin embargo, es interesante destacar una acción pequeña en cuanto a su duración pero efectiva en términos del alcance al profesorado que son los micro talleres que se realizan en febrero. Esta acción ha revertido una cultura infructuosa de las reuniones docentes que se queda en la queja o el anecdotario en pos de brindar herramientas, recursos y aportes teóricos para revitalizar las prácticas de aula. 

Como recomendación final, consideramos que a facultad debería propiciar un espacio para que las innovaciones puedan cristalizar en patentes, ya que consideramos que es uno de los ítems que puede marcar la diferencia para continuar mejorando el posicionamiento y logros alcanzados.


Apuntes para pensar la calidad y la innovación en la facultad fue publicado de la página 15 a página16 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXV

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