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Estudiar hoy, ¿es otra forma?

Belmes, Débora [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXV

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXV

ISSN: 1668-1673

XXVI Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación

Año XIX , Vol. 35, Agosto 2018, Buenos Aires, Argentina | 245 páginas

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La Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo, nos habilita, a través del encuentro en el espacio denominado Consejo Asesor, a reflexionar y debatir acerca de los modos en los que estamos construyendo el conocimiento universitario y cuáles podrían ser los nudos que nos permitirían reformular la cuestión pedagógica. 

Me propongo desarrollar algunas hebras de esta compleja trama con el fin de revisar y cuestionar si nuestras propuestas y acciones todavía corresponden a un paradigma anterior. Algunos autores sostienen que intentamos entender el presente con herramientas conceptuales que son insuficientes para lidiar con los problemas que plantea la complejidad que habitamos. “¿Otra forma de estudiar” significa lo mismo para nosotros, para los alumnos, para la población en general? ¿Qué otros sentidos puede portar el “estudiar”? 

El mundo actual es inédito en muchos aspectos. Las tecnologías han complejizado nuestra cotidianeidad. ¿Qué es un alumno? ¿Qué es un docente? Pero también podría preguntar quién se va nominando docente y/o alumno ya que no configuran una categoría definitiva, porque en su mismo devenir rotan por diversos posicionamientos. Esta oportunidad de reflexionar y pensar con y entre pares, permite intercambiar posiciones y es desde el sonido de las diferencias que podremos despegar lo homogéneo hacia la producción de nuevos sentidos.

La trama/ el espacio 

En primer lugar tendríamos que pensar si nuestro espacio de trabajo, llámese aula, universidad, aula virtual, etc.; contiene elementos que permitan la construcción de un entramado donde los sujetos (docentes y alumnos), los conocimientos, las tareas, las acciones, el lugar físico, vayan configurando una red que engarce sus distintos componentes, donde predomine el “hacer con”, el “pertenecer con” sin que ello signifique que todas las acciones sean grupales o individuales sino compartidas. Nuestras aulas también hablan y predisponen. De alguna manera diseñan modos en que la atención, las necesidades, los afectos, los conocimientos pueden ser vehiculizados. ¿Qué generamos cuando la estructura física es rígida? El aula no cambia por la presencia de un cañón. Cambia si la trama que se construye entre sus participantes, los soportes físicos y técnicos y las habilidades y conocimientos puestos en juego así lo habilitan. Pensar en la disposición de los espacios físicos también me lleva a preguntarme que clase de relación proponemos y si los alumnos de hoy pueden producir, entusiasmarse y aprender en un contexto, que creo yo, se encuentra en transformación. Deconstruir el aula quizás nos pueda aportar nuevas posibilidades, que permitan salir del modelo que asocia repetición, forma y secuencia, propios del dispositivo disciplinar del aprendizaje a un nuevo entorno que facilite la circulación, que no esté fijado a una disposición rígida y que permita agrupamientos en donde los intereses y la curiosidad puedan tener cabida.

La trama, los alumnos, lo docentes 

La idea de deconstrucción no refiere solo a la cuestión espacial, también es un buen momento para preguntarnos qué es y quiénes son alumnos. “Esos que están en sus pupitres”. Es en la trama que pueden tener lugar los nombres, los rostros, los sueños y el talento. Los alumnos como un todo indiferenciable e indivisible facilitan la generalidad, desdibuja a los sujetos y tienta al prejuicio. Los sujetos, sus nombres, sus historias, sus modos de estar van configurando junto con el docente un compartir que atraviesa la cursada y que puede funcionar como un facilitador de nuevas experiencias. Pensar en los alumnos implica también ubicar qué vienen a buscar en la universidad y cuál es nuestro papel como docentes. Uno de los aspectos que resulta evidente es que los estudiantes están acostumbrados a que su actividad en el aula consista básicamente en escuchar y escribir lo que expone el docente. Es una propuesta bastante pobre y rutinaria. Más allá de cuál sea la herencia en la que todos nos formamos, estamos frente a un problema: no están acostumbrados a ser sujetos activos de su propia experiencia y esto limita su curiosidad y creatividad. Sabemos que no hay aprendizaje si no hay apropiación y para ello necesitamos sujetos que puedan cuestionar, procesar, utilizar marcos conceptuales, resolver conflictos y enfrentar situaciones novedosas. Pero a su vez, nosotros los docentes, ¿estamos dispuestos a que lo novedoso irrumpa en nuestras aulas? Nosotros los docentes también estamos acostumbrados a que los alumnos formen parte de un rango de intereses que no siempre coinciden con lo que teníamos pensado.

Otro de los aspectos que requiere atención está centrado en los modos en que se realizan las tareas en el aula (y fuera de ella). La posibilidad de resolver situaciones en grupo, no debería excluir el trabajo individual, ya que ambos constituyen modos válidos para adquirir conocimientos (existiendo también la posibilidad de que estas modalidades se modifiquen durante una cursada). Quizás deberíamos preocuparnos menos por la forma (grupo/pares/individual) y más por el acceso a una experiencia que permita la adquisición de herramientas para el desarrollo personal y profesional. En este sentido me parece que nuestra actividad podría tomar como una de las hebras a trabajar la propuesta de transformar ideas en proyectos (no es que ello no se esté realizando) buscando que sueños y deseos tengan cabida en el ámbito universitario. Ello no es tampoco sin el esfuerzo (aquí bien claramente la idea de forzar, de mover) que este tipo de procesos requiere, donde alumnos y docentes, podrían conformar una red que tiene como meta, algo que va más allá de aprobar (dictar) los contenidos de una materia. El trabajo en red, en tanto proyecto en común, se constituye en sí mismo en una experiencia que complejiza y enriquece la singularidad de cada uno de los participantes. 

Plantear la deconstrucción del aula no es dejar afuera el conjunto de contenidos, habilidades y conocimientos que cada materia aporta. Es profundizar y complejizar los modos en que estos se van construyendo. Plantear una problemática sostenida en un marco teórico, argumentar y defender una propuesta de trabajo, desarrollar habilidades vinculadas a la oratoria son algunas de las hebras que requieren trabajo en el espacio común. Si el dispositivo no habilita la opinión y el disenso, se obtura la oportunidad para el procesamiento de las diferencias y el trabajo con el conflicto inherente a toda actividad vincular. El trabajo en grupo, la exposición, los foros (entre otros) son herramientas que habilitan la visibilidad de los desacuerdos, a la vez que posibilitan el trabajo y procesamiento de las diferencias. 

Otra de las hebras que requiere ser considerada es la evaluación, qué se evalúa, quiénes y cuáles son sus objetivos también se encuentran sometidos a este proceso deconstructivo. La evaluación que tradicionalmente quedaba del lado del docente plantea nuevas preguntas. En este sentido, los alumnos también son parte de la misma y los procesos de autoevaluación y de evaluación de los pares se constituyen en parte del proceso académico necesario para la formación de un profesional. 

Para finalizar se podría señalar que conceptos más amplios referidos a la continuidad y discontinuidad también se visibilizan en este nuevo paradigma. Janine Puget (2014) sostiene que la continuidad trabaja con lo esperado pero la discontinuidad incorpora la espera de lo esperado pero también de lo inesperado. En este sentido la construcción de la experiencia no tiene pasado pero puede crearlo. Presente y pasado conviven y algunos de nuestros problemas refieren a cómo habitamos estas convivencias simultáneas. Novedades y diversidad de puntos de vista complejizan nuestra posición en el mundo y a veces corremos el riesgo paradojal de que lo nuevo quede desestimado bajo la mirada de lo viejo y que a su vez lo nuevo reemplace lo viejo. Quizás no es sesgar hacia uno u otro lado sino complejizar y hacer lugar a las diferencias.


Estudiar hoy, ¿es otra forma? fue publicado de la página 27 a página29 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXV

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