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Aprender haciendo. La importancia del aula taller para la comprensión de la imagen fotográfica

Méndez, Agostina

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXV

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXV

ISSN: 1668-1673

XXVI Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación

Año XIX , Vol. 35, Agosto 2018, Buenos Aires, Argentina | 245 páginas

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Resumen:

El ensayo tiene como objetivo analizar la ardua tarea que tienen los profesores de Fotografía al enseñar una disciplina basada en un elemento intangible como la luz. Tomando la metodología del aula taller se explica por qué el laboratorio fotográfico analógico es una herramienta fundamental para los docentes de fotografía a nivel universitario para ayudar a sus alumnos a comprender la formación de la imagen. El aula taller es una de las mejores opciones para combatir lo que Perkins (1995) llama el síndrome de conocimiento frágil que sufren muchos alumnos al no ser capaces de comprender lo que se les explica en clase y optan por memorizar el contenido de las asignaturas. Este acto de memorización es muy breve ya que luego de pasar los exámenes, con frecuencia la información desaparece de la mente de los estudiantes. Tanto Ander-Egg (1990) como Schön (1992) sostienen que es necesario que los alumnos experimenten las disciplinas para así absorber los conocimientos genuinamente. Es a través de la vivencia y de la resolución de problemas que el estudiante logra comprender los contenidos. Dentro del laboratorio fotográfico surgen interrogantes con cada práctica y es deber del profesor acompañar a los alumnos en el proceso de la problematización y la búsqueda de respuestas a través de la experimentación y la reflexión.

Palabras clave: aula taller - experimentación - fotografía – laboratorio

En 1839 William Henry Fox Talbot describe la fotografía ante la Sociedad Real en Londres con las siguientes palabras:

La cosa más transitoria, una sombra, el emblema proverbial de todo lo que es fugaz y momentáneo, puede ser atrapado por los hechizos de nuestra magia natural, y puede ser fijada para siempre en la posición que parecía ser destinada a ocupar tan solo un instante (Csúri, 2009).

A partir de ese momento surge el interrogante de cómo es posible enseñar una disciplina que fue descripta por uno de sus pioneros como mágica ¿Cómo hacen los docentes para hacer comprender a sus alumnos un elemento tan intangible como la luz? La respuesta a esto se encuentra dentro del laboratorio fotográfico, ya que es allí donde ocurre la magia. Es el lugar en donde entran estudiantes y salen fotógrafos.

Teniendo como columna vertebral el concepto de aprender haciendo que plantea Dewey se desarrollan las actividades curriculares dentro del laboratorio fotográfico. Este cuarto oscuro se transforma en aula taller y es el espacio ideal para la experimentación, la reflexión y el descubrimiento. 

Ander-Egg (1999) retoma el concepto ya conocido en la pedagogía como aprender haciendo, acuñado originalmente por el filósofo y pedagogo John Dewey, y lo explica en el contexto del trabajo dentro del aula taller. El autor plantea que si bien el taller es un lugar de trabajo en el que se desarrollan proyectos con un fin específico, no siempre este fin es un objeto, muchas veces las actividades que se llevan a cabo tienen como propósito la reflexión y la elaboración de pensamientos críticos por parte del alumno. Es un espacio de transformación tanto para las habilidades manuales como creativas y de investigación. La metodología de trabajo del aprender haciendo en el aula taller plantea la apropiación del conocimiento por parte del alumno a través de actividades prácticas basadas en la teoría, desdibujando de esta manera el límite estricto entre estas dos que propone la educación tradicional. Esto no quiere decir que el taller sea pura y exclusivamente práctico, sino que la teoría siempre está presente ya que es la herramienta que orienta la práctica, y es el equilibrio entre estas lo que ayuda al estudiante a comprender. La práctica desencadena problemas teóricos y es de la resolución de estos problemas donde surgen las nuevas teorías. Dentro del laboratorio los alumnos junto con el docente toman como punto de partida las teorías de revelado y copiado fotográfico para llevar a cabo sus proyectos. Si bien existe una teoría base de la cual se parte, cada imagen requiere un tratamiento especial que depende no solo de las condiciones en que haya sido tomada, sino de los criterios artísticos que cada fotógrafo desee volcar en su copia, por lo que los caminos a seguir son ilimitados. Con cada decisión el alumno modifica su recorrido. Durante este proceso de creación la reflexión sobre la práctica da como resultado nuevas teorías. 

Otra de las características del aula taller expresada por Ander-Egg (1999) es la desjerarquización de la clase, ya que a diferencia de la distribución tradicional de roles donde el docente es el orador de una clase magistral y el estudiante se limita a recibir la información, en el aprender haciendo el maestro y los alumnos trabajan en conjunto para un proyecto común. En el laboratorio fotográfico el docente trabaja junto con los alumnos involucrándose en cada uno de sus proyectos, dando consejos desde la teoría y su propia experiencia. 

Pero quizás lo más destacado del aula taller que analiza Ander-egg (1999) es el espacio para la experimentación, la prueba y error y la reflexión sobre la acción. En este modelo un error no es motivo de castigo sino que es una oportunidad de aprendizaje. Con cada equivocación surgen nuevos interrogantes que animan al estudiante a buscar distintas respuestas e incentivan a detenerse para reflexionar, analizar las opciones y elaborar un nuevo camino a seguir. Esto es lo que Ander-Egg llama reflejo de investigador, y sostiene que es a través de la problematización de los contenidos que el alumno puede apropiarse del conocimiento y aprender. El autor explica que el acto intelectual más grande es la capacidad de hacerse preguntas. A su vez Schön (1992) habla sobre el conocimiento en la acción, y lo describe como las tareas que se realizan de manera rutinaria sin una reflexión consciente, pero plantea que muchas veces surgen factores sorpresa que alteran la rutina del conocimiento, y los llama reflexión sobre la acción. Estos imprevistos permiten al alumno pensar y analizar cuáles fueron los pasos que llevaron a ese error y cómo debería proceder la siguiente vez para evitarlos y que el producto final no se vea afectado. Como menciona el autor este proceso de reflexión se produce luego de que la acción está terminada. Schön también explica la reflexión en la acción, que es la que se produce en simultáneo con el emergente para ser corregida en el momento lo que permite no desaprovechar el proceso previo y lograr que el resultado final se vea lo menos comprometido posible. La reflexión sobre y en la acción cuestionan al conocimiento previo y hacen que el alumno pueda crear nuevas estructuras cognitivas. El autor sugiere que para convertirse en un profesional más diestro es recomendable aplicar lo que él llama la reflexión sobre la acción, es decir que una vez terminado el proceso de creación el alumno debe tomarse un tiempo para analizar si la forma en la que logró superar los obstáculos fue buena o si es posible hacerlo de una mejor manera. 

Con cada negativo que entra al laboratorio se pone sobre la mesa de copiado un mundo de posibilidades, y las preguntas que el alumno se haga a sí mismo determinan el resultado final. Cada acción en el laboratorio tiene sus consecuencias y es a través de la reflexión sobre la teoría y las decisiones tomadas que el estudiante construye su camino. Las preguntas que van desde qué papel usar, o cuánto contraste es necesario para transmitir un determinado mensaje, o hasta qué método es el mejor para solucionar cierto error, son el medio por el cual un alumno aprende. Estos ejercicios de reflexión característicos del aula taller son una gran herramienta para combatir lo que Perkins (1995) denomina conocimiento frágil. El autor sostiene que en el sistema de educación tradicional los alumnos muchas veces no llegan a comprender verdaderamente los contenidos que se desarrollan en las clases, sino que simplemente los memorizan para aprobar las materias, pero una vez pasado el examen esos conocimientos parecen esfumarse sin dejar rastro. Dentro de su teoría del conocimiento frágil Perkins hace algunas distinciones. Por un lado menciona el conocimiento inerte, que es cuando un alumno retiene un determinado conocimiento en la escuela pero es incapaz de descontextualizarlo, es decir, aplicarlo en su vida cotidiana. Además destaca el conocimiento ingenuo y explica que esto se refiere a los estereotipos o a las construcciones sociales que permanecen en la mente del alumno incluso luego de haber estudiado las teorías académicas que demuestran lo contrario. Otra forma de conocimiento es el ritual, a través del cual el alumno desarrolla sus actividades con el fin de contentar al profesor o a la institución, y no con el fin de aprender. Por último menciona el conocimiento olvidado, que es el que simplemente desaparece de la mente del estudiante. Gracias a las prácticas del aula taller los profesores pueden asegurar un aprendizaje verdadero y proporcionarle a sus alumnos un conocimiento duradero a través de las experiencias disciplinares.

En el desarrollo de esta estrategia del aula taller el docente juega un papel muy importante. No solo es quien plantea las actividades a realizar y explica la teoría sobre la cual esas actividades se basan, sino que fundamentalmente es la persona encargada de fomentar la reflexión teórica y la problematización del contenido, buscando situaciones que desafíen a los alumnos intelectualmente. Tal como plantea Ander-Egg (1999) la docencia conjuga la investigación y la práctica dentro del salón de clases. Con la selección y planificación de los contenidos el profesor busca realizar actividades que utilicen el conocimiento como instrumento para algo, un fin concreto. Con cada actividad realizada por los alumnos van surgiendo emergentes, es decir, situaciones problemáticas no planificadas que representan un reto tanto para el alumno como para el docente. Cuando se dan este tipo de situaciones espontáneas que quizás no se tuvieron en cuenta al momento de planificar el taller, entra en acción la capacidad de adaptación del docente, quien a partir de los nuevos problemas reorganiza su clase con el fin de ayudar a sus estudiantes. Toma el emergente como una posibilidad de generar nuevos contenidos, transforma cada problema en un tema de reflexión, y los utiliza como punto de partida para las actividades que se realizarán en el futuro. El laboratorio analógico es un lugar plagado de emergentes. Cada copia fotográfica es diferente por lo que la aparición de emergentes es algo muy común, y ante cada uno de ellos el docente debe recurrir a su experiencia disciplinar para ayudar al alumno a atravesarlo. Dentro de la jerga fotográfica son llamados trucos, y por lo general son pequeñas herramientas o técnicas que solo es posible aprender en la práctica, como las moscas, el sombreado o la exposición por partes. 

La fotografía analógica junto con el laboratorio fotográ- fico, a diferencia de los medios digitales, implican detenerse e invertir en la imagen el recurso más preciado de los seres humanos, el tiempo. Cada acción es planificada y reflexionada con base en la teoría y la experiencia anterior, no solo dentro del laboratorio, sino también en el momento de la toma, ya que gracias al proceso de copiado analógico de la imagen el fotógrafo aprende a comprender los elementos involucrados y pone en práctica esos conocimientos a lo largo de todo el proceso. Gracias al conocimiento que le otorgan las prácticas en el laboratorio, el fotógrafo es capaz de prever la imagen final y tomar las decisiones de exposición correctas en el momento de la toma, ya que los procesos analógicos ayudan a comprender las propiedades de la luz y la formación de la imagen. 

En 1826 Froebel afirmaba que “aprender una cosa viéndola y haciéndola es algo mucho más formador, cultivador y vigorizante que aprender simplemente por comunicación verbal de ideas”. (Ander-Egg, 199, p. 15). Si bien en la creación de una fotografía digital intervienen los mismos factores que en la analógica (tiempo, luz y sensibilidad), es solo en el laboratorio fotográfico analógico que es posible presenciar el momento exacto en el que se forma la imagen, haciendo testigo a su creador de la magia descripta por Talbot.

Referencias bibliográficas 

Ander-Egg, E. (1999). El taller: una alternativa de renovación pedagógica. Buenos Aires: Magisterio del Río de La Plata. 

Csúri, P. (2009). Fotos de un mundo hecho de libros [Artículo]. Disponible en: http://www. pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/6-13518-2009-04-14. 

Perkins, D. (1995). La escuela inteligente. Barcelona: Gedisa.

Nota: Este trabajo fue desarrollado en la asignatura Introducción a las Estrategias de la Enseñanza a cargo del Profesor Carlos Caram en el marco del Programa de Reflexión e Innovación Pedagógica - Formación de docentes de la Facultad de Diseño y Comunicación.

Abstract: The objective of the essay is to analyze the arduous task of the teachers of Photography in teaching a discipline based on an intangible element such as light. Taking the methodology of the classroom workshop explains why the analogue photographic laboratory is a fundamental tool for university-level photography teachers to help their students understand the formation of the image. The workshop classroom is one of the best options to combat what Perkins (1995) calls the syndrome of fragile knowledge that many students suffer from not being able to understand what is explained in class and choose to memorize the content of the subjects. This act of memorization is very brief since after passing the exams, the information often disappears from the students’ minds. Both Ander-Egg (1990) and Schön (1992) argue that it is necessary for students to experience disciplines in order to absorb knowledge genuinely. It is through the experience and the resolution of problems that the student succeeds in understanding the contents. Within the photographic laboratory questions arise with each practice and it is the duty of the teacher to accompany the students in the process of problematization and the search for answers through experimentation and reflection.

Keywords: classroom - experimentation - photography - laboratory

Resumo: O ensaio pretende analisar a árdua tarefa que os professores de fotografia têm para ensinar uma disciplina baseada em um elemento intangível como a luz. Tomar a metodologia da oficina de sala de aula explica por que o laboratório fotográ- fico analógico é uma ferramenta fundamental para professores de fotografia de nível universitário para ajudar seus alunos a compreender a formação da imagem. A sala de aula do workshop é uma das melhores opções para combater o que Perkins (1995) chama a síndrome do conhecimento frágil que muitos estudantes sofrem com a incapacidade de entender o que é explicado na aula e escolher memorizar o conteúdo dos assuntos. Este ato de memorização é muito breve desde que depois de passar os exames, as informações geralmente desaparecem das mentes dos estudantes. Ambos, Ander-Egg (1990) e Schön (1992) argumentam que é necessário que os alunos experimentem disciplinas para absorver o conhecimento genuinamente. É através da experiência e da resolução de problemas que o aluno consegue entender os conteúdos. No laboratório fotográfico surgem dúvidas com cada prática e é dever do professor acompanhar os alunos no processo de problematização e busca de respostas através da experimentação e reflexão.

Palavras chave: sala de aula - experimentação - fotografia – laboratório

(*) Agostina Méndez. Licenciada en Fotografía (Universidad de Palermo). Miembro del Equipo de Evaluación de Proyecto de Grado de la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo.


Aprender haciendo. La importancia del aula taller para la comprensión de la imagen fotográfica fue publicado de la página 78 a página81 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXV

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