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El ensayo. Complejidades e interpretaciones

Díaz, Sergio [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXV

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXV

ISSN: 1668-1673

XXVI Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación

Año XIX , Vol. 35, Agosto 2018, Buenos Aires, Argentina | 245 páginas

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Resumen:

En el siguiente artículo se dará cuenta de algunas de las características, definiciones e interpretaciones en torno al ensayo, propuesto como género complejo.

Palabras clave: ensayo - géneros - escrituras

El ensayo es, ante todo, un género complejo. Ya sea, por el limitado consenso entre quienes intentaron definirlo, la falta de acuerdo sobre los elementos, cualidades y características que lo constituyen o el hecho de ser reconocidos como ensayos muchos trabajos que no cumplían con los requisitos mínimos y necesarios para serlo. La voluntad de este trabajo, que será formulado justamente como un ensayo, es la de recuperar algunas de las distintas discusiones desatadas a raíz de las múltiples visiones sobre el género y sus especificidades. 

Se dice que el ensayo podría encontrarse entre el arte y la ciencia. Acaso como género fronterizo e intermedio, entre estas dos formas de saber. Acaso como un híbrido que contiene una dosis de ambos. No podría ser solo arte, ya que se agotaría en su finalidad estética. Tampoco podría ser solo ciencia, porque no busca producir conocimiento verificable a través de un modelo ordenado y un método específico. “El ensayo es la ciencia menos la prueba explícita”, decía Ortega y Gasset (1914), a la vez que rechaza el lenguaje neutro, frío y técnico. Vale decir entonces que el ensayo se juega entre lo subjetivo y lo objetivo, entre la razón y la pasión. No es ciencia, pero su punto de partida es el pensamiento. No es arte, pero busca provocar y comunicar con estilo. La escritura en el ensayo no es instrumental ni accesoria, ni un mero vehículo para expresar lo que se piensa. El ensayo surge de ideas, pero no puede reducirse a ellas, un buen ensayo no existe por fuera de su escritura. “Los buenos ensayistas son escritores, en el sentido que Barthes dio a esa palabra”, Beatriz Sarlo (2000). (1) 

Esta controversia se plasma en los textos clásicos sobre la problemática, tal es el caso de la carta que Georg von Lukács (1985) le escribe a Leo Popper en 1910, titulada, “Sobre la esencia y la forma del ensayo”. En ella Lukács afirma que “el ensayo es una forma de arte”, pero una forma particular y diferente a las otras formas de arte, a la vez que habita en una línea que linda con la ciencia. Dice que el arte nos afecta más en las formas, en las almas y los destinos, a diferencia de la ciencia que lo hace en sus contenidos, ofreciéndonos los hechos y sus relaciones. Entretanto, según el intelectual húngaro, el ensayo refiere siempre a cosas que ya tienen forma y pertenece pues a su naturaleza el no sacar objetos nuevos de una nada vacía, sino sólo ordenar de modo nuevo aquellos que ya en algún momento han vivido. Esto lo aleja completamente de la poesía y lo acerca al retrato. Por lo demás, dirá Lukács, en el ensayo, siempre hay juicio, pero en él lo esencial y decisivo no es la sentencia, sino el proceso del juicio. Esto implica, que a fin de cuentas, lo importante es el ejercicio reflexivo y la experiencia de la escritura. 

Uno de los que buscará contrariar esta posición será Theodor Adorno (1962), a través de su texto “El ensayo como forma”. Allí, dice que el ensayo “trabaja enfáticamente en la forma de exposición”, y que solo en eso se parece al arte; después esta necesariamente emparentado con la teoría. El ensayo toma prestado del arte cierta independencia estética, pero se diferencia del mismo por su medio, los conceptos y su aspiración a la verdad. Aspiración que, como rasgo, ya había sido enunciada en la carta de Lukács. El punto es que para el filósofo de Frankfurt, al no obedecer la regla del juego de la ciencia, el ensayo se libera de la idea tradicional de verdad. Para Adorno, el ensayo continúa siendo lo mismo que al principio, la forma crítica por excelencia. 

Dicho esto el ensayo resulta una forma particular de transmitir conocimiento. Es un género incompleto, dado que nunca se termina, no hay un cierre, al tiempo que siempre se está haciendo, vive en un presente continuo. Esta condición, de algún modo, es compartida con la ciencia. Asimismo nunca se arranca del punto cero, ya que siempre hay un conocimiento previo que se retoma, aunque en el caso del ensayo esos saberes se desordenan y mezclan, se observan por un caleidoscopio y se reconfiguran de otro modo. Sin embargo, el ensayo se piensa mientras se escribe, o al menos esa es la impresión que deja al lector. “El ensayista no dice lo que ya sabe, sino que hace (muestra) lo que va sabiendo, y sobre todo indica lo que todavía no sabe” (Sarlo, 2000). “El ensayo posee una relación estrecha con la experiencia de la escritura, por tal razón está escrito en primera persona, y aunque no lo esté lo presupone” (Sarlo, 1999). 

La imposibilidad de definir unánimemente al ensayo, motiva a que se apliquen diferentes criterios de clasificación. Uno de ellos es definirlo por oposición a todo aquello que no es: no es novela, no es un tratado, no es ficción, no es ciencia, no es arte, etc. Aunque la cantidad de particularidades no hace de este procedimiento un mecanismo demasiado aclaratorio. (Alfón, 2016). Se apeló, por su especificidad, a no definirlo por sí mismo sino por sus productores, de este modo “no hay ensayos, hay ensayistas”. (Marichal, 1957). Se trató de calificarlo en torno a su legitimidad en determinados espacios institucionales, puesto que a partir de los años 50 del Siglo XX, en el ámbito local, el ensayo fue desplazado por las ciencias sociales tanto por la imposición de las nuevas modas, como por considerarlo poco científico, al punto de tornarse un género antiacadémico. Pero esto, con el correr de los años cambia, de hecho en la actualidad muchos de los ensayistas más destacados son académicos y presentan sus trabajos en las distintas casas de estudios. Por su parte, se han intentado diferentes taxonomías en virtud de sus temas y modalidades. Se los desagrega entre ensayos interpretativos, descriptivos, críticos, periodísticos, académicos, etc. José Edmundo Clemente (1961) los divide en tres formas principales: sociológico, literario y filosófico. Según este ensayista argentino, la escritura del ensayo, en algunas circunstancias, se asimila a la del periodismo, también a la crítica literaria o artística. Aunque se diferencia de la crítica ya que ésta refiere a temáticas concretas y la ensayística suele vincularse con temáticas abstractas. 

En muchos ensayos prevalecen las afirmaciones tajantes. En otros, predominan diferentes preguntas que, lejos de encontrar respuesta, dan lugar a nuevos interrogantes. Cabe señalar que su confección cuenta con los siguientes recursos posibles: la paradoja, la elipsis, la polémica, la metáfora, el aforismo, entre otros. 

Asimismo, a lo largo de sus páginas suele encontrarse reflexión e intuición. Cuenta con libertad de estilo y algunas veces con poca formalidad. Posee un lenguaje intenso, elocuente, fresco, espontáneo, sugerente y vertiginoso. Mezcla creatividad y lógica. En él hay memoria, olvido y epifanía. En él se experimenta; según la tesis de Max Bense (1947), el ensayo no representa otra cosa que un experimento. Juega con imágenes de precisión emotiva. Suele ser breve, con una extensión similar a la de un cuento, pero no está limitado por reglas de tiempo y espacio, es más bien elástico. Estila escribirse en prosa y su tono tiende a ser persuasivo (Rest, 1991). 

Una historia del ensayo encuentra sus antecedentes en la obra de Platón, aunque se reconoce la paternidad del ensayo moderno en Michel de Montaigne quien escribió sus Essais (Ensayos), interpelándose a sí mismo y movilizado por el interrogante “¿Qué sé yo?”, en 1580. Las condiciones de posibilidad de su emergencia se atribuyen al pasaje que va de la Edad Media a la expansión del humanismo y las transformaciones provocadas por el Renacentismo, con un giro radical respecto al lugar ocupado por el hombre y su relación con la naturaleza, lo que acarreaba una nueva manera de producir conocimiento. Es decir, aparece en el contexto europeo en el que cambia la mirada del mundo y la producción de saberes se desliza del conocimiento religioso al conocimiento científico. Por ello se le ha adjudicado a Montaigne ser “El más clásico de los modernos y el más moderno de los clásicos”. (Bloom, 1955). 

La ensayística tiene una notable tradición en América Latina. Para algunos estudiosos del género, ciertos escritos realizados por los primeros cronistas europeos en tiempos de la conquista, poseen un formato similar al del ensayo. Acaso esos textos adquirieron la fisonomía de su época, y fueron efecto del asombro provocado por un mundo desconocido frente a sus ojos. Siendo así, América, continente mestizo y el ensayo género mestizo, nacen al mismo tiempo. De ahí que Germán Arcinegas (1963) afirme que “Nuestra América es un ensayo”. En Argentina también existe una producción ensayística muy valiosa. Se reconoce que el primer ensayista local y precursor del ensayo político americano, fue Bernardo de Monteagudo con su “Ensayo sobre la Revolución del Río de la Plata desde el 25 de Mayo de 1809”, publicado en 1812. Análogamente, podría decirse que la patria y el ensayo local también nacieron en el mismo momento. 

En el país, a lo largo del Siglo XIX hubo ensayistas notables, tal fue el caso de Sarmiento, Alberdi o Mansilla. También los hubo en el Siglo XX, entre ellos encontramos a Martínez Estrada, Scalabrini Ortíz, Victoria Ocampo, David Viñas y el propio Jorge Luis Borges. 

En la actualidad, en el ámbito local, el ensayo sigue gozando de buena salud y de una considerable producción y circulación. Sus representantes ofrecen definiciones y opiniones varias que enriquecen la comprensión sobre él mismo. Uno de sus exponentes es Eduardo Grüner, quien refiere al ensayo como un género culpable, justamente por no someterse a reglas estrictas de lo que convencionalmente podría denominarse la rigurosidad académica que habla del ensayo y error, cabe agregar que, según el sociólogo, el ensayo “se trata de una reivindicación de la mezcla, de la impureza, del conflicto, incluso de la ambivalencia”. (Grüner, 1996). También se pueden tomar las palabras de Christian Ferrer (2006), quien alude al ensayo como el centauro de los géneros. Es “metamorfótico e imperfecto”, dice. Y agrega que “El ensayo, a diferencia de otros géneros literarios, resulta ser un prisma, una suerte de aleph personal a través del cual se descomponen y se vuelven a configurar los ritmos, gamas y contornos de un problema”. También resultan útiles las comparaciones que César Aira (2000) realiza entre el ensayo y la novela. Este prolífico narrador manifiesta que “El ensayo es la pieza literaria que se escribe antes de escribirla, cuando se encuentra el tema. Y ese encuentro se da en el seno de una combinatoria: no es el encuentro de un autor con un tema sino con el de dos temas entre sí”. Esto lo diferencia de la novela, en la que el tema se revela al final. La relación de los temas iniciales, entiende Aira, se justifica en que, de haber solo uno, se corre el riesgo de repetir algo ya dicho. Para concluir, se puede sostener que la variedad de miradas respecto a las características del ensayo, no hacen otra cosa que confirmar que se está muy lejos de establecer una lectura homogénea o superadora sobre el tema. En cualquier instancia de producción de conocimiento este aspecto posee una dimensión positiva, ya que el desacuerdo dinamiza la búsqueda de una nueva propuesta más cercana a la verdad, pero en el caso del ensayo esto carga con un plus, puesto que las divergencias son constitutivas del espíritu mismo del ensayo. Su existencia dependerá de que siempre haya una nueva mirada y un nuevo punto de vista para dar, incluso sobre sí mismo.

Notas: 

1. Apunta Roland Barthes (1966): “Es escritor aquel para quien el lenguaje es un problema”.

Referencias bibliográficas 

Adorno T., (1962). “El ensayo como forma”. En Adorno T., Notas de literatura. Barcelona: Editorial Ariel. 

Aira C., (diciembre de 2001). El ensayo y su tema. Boletín (9), p9. 

Alfón F., (2016). ¿Qué es el ensayo? En Giurleo P. [et al.], El ensayo y la escritura en las ciencias sociales. La Plata: UNLP. Facultad de Periodismo y Comunicación Social. 

Arciniegas G., (1963). Nuestra América es un ensayo. Cuadernos, (3), pp. 9-16. 

Barthes R., (1966), Critique et vérité, Paris: Minuit. 

Bense M., (1947). Sobre el ensayo y su prosa. Revista Merkur. 

Bloom H., (1995), Canon occidental, Barcelona: Anagrama. 

Clemente J., (1961), El ensayo, Buenos Aires: Ediciones Culturales Argentinas. 

Díaz S., (2017), El ensayo académico. Recomendaciones para la práctica. Reflexión académica en Diseño y Comunicación, 30, p. 182-184. 

Ferrer Ch., (marzo de 2006). Centauro, Babilonia y Babel. El Interpretador (24). Recuperado de http:// www.elinterpretador.net/24ChristianFerrer-CentauroBabiloniaYBabel.html 

Grüner E., (1996), Un género culpable. La práctica del ensayo: entredichos, preferencias e intromisiones, Rosario: Homo Sapiens Ediciones. 

Lukács G., (1985). “Sobre la esencia y la forma del ensayo. Una carta a Leo Popper”. En Lukács G., El alma y las formas. México: Editorial Grijalbo. 

Marichal J., (1957) La voluntad de estilo. Teoría e historia del ensayismo hispánico, Barcelona: Seix Barral. 

Montaigne M., (1580) Les Essais, Paris: Gallimard. 

Rest J., (1991), Conceptos de literatura moderna, Buenos Aires: CEAL. 

Sarlo B., (26 de septiembre de 1999). El país de no ficción. Clarín. 

Sarlo B., (diciembre de 2001). Del otro lado del horizonte. Boletín, (9), p16.

Abstract: In the following article will be realized some of the characteristics, definitions and interpretations around the essay, proposed as complex genre.

Keywords: essay - genres – writings

Resumo: No seguinte artigo se dará conta de algumas das características, definições e interpretações em torno do ensaio, proposto como gênero complexo.

Palavras chave: ensaio - gêneros - escritos

(*) Sergio Díaz. Licenciado en Sociología Universidad de Buenos Aires (2005). Magister en Comunicación y Cultura - Universidad de Buenos Aires (Tesis en preparación). Profesor de la Universidad de Palermo en el Área de Investigación y Producción en la Facultad de Diseño y Comunicación. 


El ensayo. Complejidades e interpretaciones fue publicado de la página 189 a página191 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXV

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