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La subjetividad en el arte y en la construcción del artista. El peso de quién lo mira

Gerlinger Abel, Dana Maricel

Escritos en la Facultad Nº138

Escritos en la Facultad Nº138

ISSN: 1669-2306

Los artistas, la cultura y los medios. VI Edición Ensayos del Espectáculo

Año XIV, Vol. 138, Marzo 2018, Buenos Aires, Argentina | 79 páginas

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Introducción 

Existe desde la antigüedad una duda propia de la filosofía, a la que probablemente sea complejo encontrarle una respuesta concreta, pero eso no significa que no la haya. Hay dos preguntas que se pretende resolver desde hace mucho tiempo: ¿qué nos lleva a denominar a un objeto, un acto físico, un escrito, o una pintura o una danza como una obra de arte?, ¿qué condiciones debe reunir una persona para ser llamado artista? La respuesta más habitual que solemos encontrar es que es algo muy subjetivo, ya que depende de diversas cualidades que el ser humano ha ido atribuyéndole a lo que hemos pasado a llamar arte, pero que muchas veces se encuentra alterado por otros factores externos, que hacen que sobre la vereda de enfrente, mucha gente esté en contra de esa denominación. Es que, lo que puede para alguien ser considerado como bello, no necesariamente lo será de igual forma para cada persona que contemple ese objeto o esa acción. Ya lo proclamaba el famoso poema de Ramón de Campoamor: “En este mundo traidor nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”. A partir de esto, podríamos deducir que ningún enfoque sería correcto ni incorrecto y que cada apreciación varía dependiendo de quién la juzgue, teniendo en cuenta elementos como: la cultura propia del individuo, su experiencia personal, el conocimiento acumulado, las emociones y una dosis de tecnicismo propio de cada disciplina, que en este caso el juez de la manifestación artística, puede conocer o desconocer.
Para poder comenzar un análisis certero, primeramente se debe dejar en claro algunos conceptos como subjetividad, en contraposición con su antónimo, la objetividad, y a lo que popularmente conocemos como arte.

Según la Real Academia Española:

SUBJETIVIDAD: Cualidad de subjetivo. 
- Subjetivo/va: 
1. adj. Perteneciente o relativo al sujeto, considerado en oposición al mundo externo.
2. adj. Perteneciente o relativo al modo de pensar o de sentir del sujeto, y no al objeto en sí mismo. 
3. adj. Gram. Perteneciente o relativo al sujeto o al agente.

OBJETIVIDAD: Cualidad de objetivo. 
- Objetivo/va: 
1. adj. Perteneciente o relativo al objeto en sí mismo, con independencia de la propia manera de pensar o de sentir. 
2. adj. Desinteresado, desapasionado. 
3. adj. Fil. Que existe realmente, fuera del sujeto que lo conoce.

ARTE: 
1. Capacidad, habilidad para hacer algo. 
2. Manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros. 
3. Conjunto de preceptos y reglas necesarios para hacer algo. (2016).

Desarrollo 
Teniendo claros los conceptos que define la RAE, podemos darle una interpretación más cierta a cada palabra, comenzando por la subjetividad, que hace referencia al sujeto, al individuo y partiendo desde ese punto, podemos comprender que una opinión subjetiva sobre determinado elemento significa que quien la hace no puede discernir entre lo real (que sería lo objetivo) y su propia manera de pensar y sentir. 
El propio concepto de arte “manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado”, al vincular la obra de arte con el ser humano creador, hace que dicha obra sea única, porque está formada por el objeto en sí y la subjetividad (sentimientos, emociones, ideas, modos de ver) del autor. Esto es claramente visible cuando, por ejemplo, se reedita un programa de televisión con distintos actores. El resultado ya no es el mismo, porque en la interpretación de cada actor, influye la emotividad con la que cada uno carga a su personaje y las características que es capaz de aportarle. 
En tal sentido, el reconocido actor y director Lito Cruz expresó que cada actor tiene una manera particular a la hora de construir un personaje, que no existe un método específico. Piensa que nadie tiene toda la verdad, pero que cada profesor tiene una parte de ella y que los alumnos deben tomar las herramientas que les impactan y guardarlas en la memoria profunda, que luego ayudarán a formar el gran organismo que serán como actores. Asegura que el tema del actor es observar la vida. 
Siguiendo con la afirmación de Lito Cruz respecto a que cada actor tiene una manera de construir un personaje, podemos sostener que el resultado va a ser distinto según el actor que construya el rol en cuestión, dado que va a ser el resultado de múltiples factores como su formación, emoción, estado de ánimo, visión del contexto, entre otras cosas, es decir, la subjetividad del intérprete. A su vez, juzgar que un actor es mejor o peor que otro para interpretar determinado papel, también depende de la subjetividad del público que lo mira. Por otra parte, también la actriz Florencia Raggi manifestó que “la actuación es muy subjetiva, ¿qué es lo que está bien y qué es lo que está mal? Depende para quien”. Ella sostiene que aunque pueda haber muchas técnicas y estudios orientados a la capacitación del actor, todo va a depender del talento y del compromiso que luego uno le aporte. 
Tanto en la actuación como en el resto de las manifestaciones artísticas, el producto está cargado de la subjetividad del artista que lo crea, y es interpretado de distinta forma por los espectadores. Esto da como resultado que, incluso la idea que el artista quiso transmitir, no tenga que ver, quizás, con lo que perciba el espectador. 
Vanesa González (actriz), expresó “Yo siento esto (la actuación) desde chica; siempre supe que iba a hacer esto (…) A medida que vas trabajando te vas cruzando con gente y se va haciendo como un collage de cosas, es lo que estudiaste más lo que sos”. Lo que sos es la subjetividad que se vuelca en la interpretación y que hace único a cada personaje. Vanesa no cree en eso de que al finalizar la actuación uno se queda pegado al personaje o la situación, ya que cada uno dispone de su cuerpo y es consciente de que está jugando a ser otro. Algunos autores, como Theodor Adorno, en su Teoría estética (1970), sostienen respecto a la objetividad de las obras de arte que “de por sí toda obra de arte busca la identidad consigo misma, esa identidad que en la realidad empírica, al ser el producto violento de una identificación impuesta por el sujeto, no se llega a conseguir” . 
La identidad de cada obra está asociada a su autor, e interpretada de distintas formas por el destinatario, público o espectador. Lito Cruz considera que por alguna razón en la infancia cada uno de nosotros toma jerarquías por determinadas cosas, cuando empezamos a ver y a oír y a enfrentarnos con la vida; algunos jerarquizan los colores, las formas, los diseños, otros jerarquizan los sonidos. Entonces a medida que uno crece en la vida esas cosas impresas de la infancia, en la época de la expresión se transforman en una música, en un cuadro o en una actuación. Podemos decir que esto también tiene que ver con la subjetividad, ya que las decisiones y elecciones que cada persona toma para su vida están estrechamente relacionadas con los estímulos que se presentan en la infancia, pero depende de la personalidad y de las experiencias vividas de cómo se interprete ese estímulo y del valor inconsciente que se le atribuye a la hora de construir una vocación. 
El escritor y matemático Guillermo Martínez, hace una interesante reflexión sobre la subjetividad de las obras de arte, mediante una analogía entre la literatura y el ilusionismo, ya que detrás del resultado que llega al lector hay muchas cosas que no se ven.

Estuve no hace tanto en una fiesta infantil en que habían invitado a un mago para que hiciera su rutina delante de los chicos. Yo podía ver durante el acto que el único interés de los chicos era correr debajo de la mesa, tratar de darle vuelta la galera y tironear del traje para ver si caía algo escondido. El mago, por supuesto, apenas podía avanzar con sus ilusiones, y una mamá hizo el comentario típico y extasiado de que los niños vienen cada vez más inteligentes y ahora es difícil engañarlos. Yo pensé, en cambio, que los niños vienen cada vez más tontos y están perdiendo la capacidad fantástica de admirarse por un acto de magia. (Martínez, 2016).

Además, Martínez, sostiene en su entrevista de Teatro y Espectáculos respecto de las obras literarias que “leer nos aporta la sensación de sumergirnos en otros mundos, de explorar y de vivir muchas vidas en una sola”, y sin dudas, cada lector se sentirá parte o no de la narración, según diversos factores subjetivos, lo que también generará reacciones y emociones diferentes en cada uno de ellos. Es por eso que, un libro que comenzamos a leer y abandonamos a las pocas páginas, para otro lector puede resultar atrapante y hasta movilizador.
Por otra parte, expresó que el crítico de una obra literaria tiene una tarea difícil porque es quien debe hacer una explicación racional y convincente sobre lo leído, pudiendo discernir de lo que está bien o mal y comparar con otras cosas, más allá de que no existe una crítica universal y seguramente en la mayoría de los casos responda a los valores del crítico, que debe tener un sustento para que su opinión sea reveladora.
No obstante, es habitual que las críticas sobre una obra de arte no sean coincidentes, dado que aún los críticos, a su formación suman su propia objetividad.

Max Scheler (filósofo alemán), habla de la existencia de una belleza objetiva, es decir, una belleza que todos debemos compartir. Sin embargo, la mayoría de los autores consideran que la belleza es un elemento subjetivo, por lo que no se trata de una característica del objeto, sino de una cualidad que el espectador atribuye al objeto. De otra manera, se puede explicar afirmando que la belleza no se encuentra en el objeto en sí, sino en los ojos de quien lo contempla. (Mestre Chust).

Conclusión 
Mucho se ha escrito sobre la objetividad o subjetividad del arte. Todas las opiniones tienen algo de verdad, pero no la verdad. El producto artístico como tal (una pintura, una escultura, un libro, una obra de teatro, una danza, etc.), puede ser descripto objetivamente. No obstante, es un ingrediente importante de su creación la subjetividad del autor. También el público receptor juzgará a esa obra como buena o mala, bella o fea, según su propia subjetividad.
Con toda esta suma de información, podemos concluir que toda manifestación artística será conformada por una parte objetiva y concreta que puede verse, palparse u oírse, y por la subjetividad tanto del creador de la misma como del receptor. Es por eso que, mientras en el mundo exista la libertad de expresión y una variedad inconmensurable de personalidades y opiniones, el arte seguirá siendo eternamente una cuestión de subjetividad.

Referencias bibliográficas 
Adorno, T. (1970) Teoría estética. Disponible en: https:// monoskop.org/images/0/0a/Adorno_Theodor_W_Teoria_estetica_ES.pdf 
De Campoamor, R. (1846) Las dos linternas. En Doloras y Humoradas. 
Martínez, G. (2016). La razón literaria. Disponible en: http://guillermomartinezweb.blogspot.com.ar/2011/06/ confesionario.html 
Real Academia Española. Diccionario de la lengua española (2016) Disponible en: http://dle.rae.es/


La subjetividad en el arte y en la construcción del artista. El peso de quién lo mira fue publicado de la página 29 a página30 en Escritos en la Facultad Nº138

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