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Las vocaciones artísticas, ¿son innatas o se adquieren con el tiempo?

Orsay, Sofía

Escritos en la Facultad Nº138

Escritos en la Facultad Nº138

ISSN: 1669-2306

Los artistas, la cultura y los medios. VI Edición Ensayos del Espectáculo

Año XIV, Vol. 138, Marzo 2018, Buenos Aires, Argentina | 79 páginas

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Introducción 

Nancy Locke, profesora de Historia del arte en la Universidad Estatal de Pensilvania, plantea que los artistas pueden nacer con predisposición hacia su arte, o bien aprenderlos y descubrirlos con el tiempo. De acuerdo con esto se analizó cómo fue el encuentro de cada uno de los entrevistados con su vocación.
¿Intentaron realizar otras actividades laborales antes? ¿Descubrieron su inclinación artística de mayores o siempre supieron a qué querían dedicarse?
Pasando por todos y cada uno de los entrevistados, este trabajo describe cómo fue, en cada caso, el acercamiento y descubrimiento de la vocación. 

Desarrollo 
Suele pensarse que los artistas encuentran su vocación desde muy pequeños, y que su pasión por su arte suele remontarse a la infancia. Pero esto no siempre es así, como demostraron algunos reconocidos creativos a lo largo de la historia. 
Un buen ejemplo es Vincent Van Gogh, quien, antes de dedicarse al arte, pasó por varias profesiones, según el libro Van Gogh: una biografía, de los autores Steven Naifeh y Gregory White Smith. 
El creativo pasó unos años intentando en convertirse en mercader de arte, aunque tuvo muy poco éxito. Además, se dedicó brevemente a ilustrar revistas, pero tampoco logró reconocimiento. 
¿Lo más curioso? También intentó convertirse en ministro de la iglesia en una comunidad de mineros pobres. Pero “amedrentaba a la gente. Era demasiado intenso para ser efectivo en ese rol”, como explicó Nancy Locke, profesora de Historia del arte en la Universidad Estatal de Pensilvania, en un artículo publicado en el sitio de dicha institución. 
Es así que, cuando Van Gogh finalmente se dedicó al arte, su carrera fue breve pero muy intensa. Quizás fue a través del trabajo artístico que finalmente encontró su lugar en el mundo. 

Artista, ¿se nace o se hace? 
“No hay dudas en mi mente de que los artistas nacen siéndolo”, afirmó Locke, aclarando que muchos de ellos llegan al mundo rebosando de pasión y creatividad natural y se convierten en artistas, quizás luego de probar otras vocaciones, como hizo Van Gogh. 
Así es que, mientras que algunos de nuestros invitados siempre supieron a qué querían dedicarse, otros descubrieron su vocación de las formas más diversas. 
Luisa Valmaggia, por ejemplo, no siempre soñó con ser periodista y trabajar en radio, sino que llegó a la profesión “casi de casualidad, aunque no cree en las casualidades”, tal como dijo. Sí descubrió desde pequeña una cierta facilidad para la escritura, y se describe como una niña escuchante. Pero al finalizar la escuela se anotó a estudiar la carrera de biología. 
Ocurrió que por este tiempo estaba comenzando la dictadura militar, y la Facultad de Ciencias Exactas “estaba muy complicada para ir”. Es así que en su casa le sugirieron anotarse en periodismo, para no perder un año más. 
Y le fue de maravillas. Luego del primer año de cursada, consiguió media beca, además de una pasantía para Radio Rivadavia. Comenzó también a estudiar locución en el ISER. Y fue ejerciéndolo que encontró en el trabajo de periodista una verdadera pasión, que ella describe como “un fuego que te consume, al que es difícil poner un límite. Te lleva a correr tus propios límites de tus propias fuerzas. Es ganas. Es amar lo que hacés, es vital, sentirte que estás viva y haciendo lo que te gusta”. 
Tanto la primera pasión de Luisa, la biología, como el periodismo, responden a su curiosidad por los procesos y la evolución, como ella misma explicó. Entonces, quizás ambas pasiones sean tan solo dos formas de responder a la verdadera vocación de Luisa: el análisis del cambio, de la evolución y de los procesos. 
En el caso de Eliseo Subiela, su primera vocación fueron los aviones, aunque años más tarde terminara siendo un reconocido director de cine. De niño quería ser ingeniero aeronáutico. Eso sí: además, jugaba a ser exhibidor de cine. Tenía películas de Patoruzú, que proyectaba en una sábana colgada en la pared, y cobraba entrada a su familia y amigos para verlas. Según explicó, este regalo de su padre fue clave a la hora de descubrir su amor por los films. Luego, fue también su padre quien produjo su primer corto, apoyándolo para que pudiera desarrollar esta pasión que había ayudado a inspirar. 
Pero desde la adolescencia, son las películas las niñas mimadas del corazón de Subiela, y tanto en sus inicios como ahora, aunque no se den todas las condiciones ideales, él hace lo imposible por filmar. Es más: su última obra la filmó con una cámara de fotos, sin dinero y sin apoyo del INCAA. Pero “si no la hacía me llevaban al Borda. La tenía que hacer”, dijo. Hoy, el director se confesó “desesperado por filmar”, ya que hace cuatro años que no filma. Su pasión llega a tal punto que, a la noche, sueña que filma pero que hay conflictos: algo falla, alguien se va, etc. Se levanta con bronca o angustiado. Para el director, el éxito es hacer lo que uno quiere hacer. Y si su obra conmueve a la gente, y le cambia la vida un ratito, mejor aún. 
Igualmente, mirando para atrás, cree que sus logros más grandes fueron sus hijos. Y tal vez no hayan sido buscados, perseguidos como otras de sus pasiones, como los aviones o las películas. “Pero fueron lo mejor”, explicó. 

Descubriendo el propio potencial 
Para el reconocido profesor de teatro americano Ted Bardi, los actores verdaderamente grandes nacen de esa manera. En un artículo publicado en el sitio especializado en artes escénicas, Backstage.  

Pero, y esto es muy importante, ellos no se darán cuenta de su potencial a menos que se entrenen. Deben ser ense- ñados a canalizar sus instintos naturales para que puedan crear el rol y habitar el mundo imaginario en el que el escritor los ha colocado. (Bardi).

Y, quizás, esto fue lo que le pasó a Silvina Bosco. Una vez terminado el secundario, no sabía a qué dedicarse, y brevemente consideró estudiar química o letras. Pero, en una producción de teatro amateur, hicieron La dama del alba, y la pusieron de protagonista. Eso fue para ella una experiencia reveladora: cuando se subió a ese escenario, se sintió en su lugar. “Ahí entendí lo que es la vocación”, aclaró. Finalmente, ingresó a la Academia Nacional de Arte Dramático. 
“Creo que la vocación tiene que ver con descubrir que algo te entusiasma sobremanera. Cuando te bajás (del escenario) te queda la sensación de haber dado tanto, que es una sensación de despojo”, explicó. 
Tal era su pasión por dedicarse a la actuación que, a la hora de ganarse la vida, Silvina no se desanimó aunque no encontrara de inmediato sus trabajos soñados, sino que dobló películas y hasta animó fiestas infantiles con su grupo de comedia musical. “Siempre se zafa. Si hay pasión, si hay entusiasmo y te da alegría lo que estás haciendo… Siempre se puede ser creativo con lo que uno hace”, dijo. 
A Alejandro Paker siempre le gustó la medicina y le interesaba cómo el ser humano llegaba al mundo. Por eso, de chico decía que iba a estudiar medicina, y hasta llegó a cursar esa carrera durante un año y medio. Finalmente, abandonó estos estudios porque “la vocación por la actuación fue más fuerte”. 
Además, desde los seis años el actor hizo natación, y hasta llegó a convertirse en nadador profesional. Según dijo, este deporte le enseñó la disciplina del entrenamiento, cualidad que implementó en la actuación. 
Pero, ¿es posible que el hecho de ser artista pueda ser innato pero que también requiera de arduo trabajo? En su caso, Alejandro Maci cree que nació con vocación de artista, porque siempre le gustó leer, el cine y el teatro, pero también cree en el trabajo duro. “No hay vocación o idea que se soporte si no estás al menos 12 horas insistiendo sobre lo que parece imposible. (La creatividad) no es un ángel que viene cuando uno está durmiendo”, comentó. 
Además, agregó que “si la pasión se interpreta como un gran compromiso, es indispensable y no se puede sin eso”. 
Alejandro contó que aún hoy disfruta de sus juegos de la infancia, dado que parte de ellos se quedaron en su vida como parte de su trabajo. Y, sí: le gustaba pasar el tiempo inventando historias y universos posibles, contándolos, actuándolos en pequeñas obras de teatro que montaba con amigos. Además, en su adolescencia iba al cine casi todos los días ¡Eso sí que es vocación! 
Pero no todos lo que tienen una vocación artística lo saben desde siempre: Corina Fiorillo contó que la matemática y la física se le daban fáciles, y a los 18 años, llegado el momento de elegir una carrera, confundió esto con vocación. Así, estudió física durante dos años y lo disfrutó mucho, pero al proyectar cómo sería su vida, no la entusiasmó seguir por ese rumbo. Igualmente, ella cree que su camino en el mundo de las ciencias le sirvió para aprender sobre la relación de la pasión con el trabajo. “Hoy pongo mucho trabajo porque no puedo dejar de ponerlo. Para mí, eso es lo que define la pasión. No lo controlás y no podés dejar de hacerlo”, dijo. 
Para ella, la vocación no es innata, sino que se va encontrando porque somos seres cambiantes. “Yo a los 20 tenía otra perspectiva de vida, ganas de hacer otras cosas”, aclaró. 
Carlos Spadone, por su parte, sí considera que, en su caso, la vocación nació junto con él. Según dijo durante su entrevista, él nació con la vocación de ser vendedor, y el actor también es un vendedor. “Mi vena teatral ya viene de nacimiento”, confesó. 
Y fue a los 12 años que nació su “gran pasión por el teatro y el cine”, cuando la farmacia en la que trabajaba se usó de locación para una película con Roberto Quiroga, y él tuvo la oportunidad de participar como extra. 
Según contó durante su entrevista, de chico había hecho papeles secundarios en fotonovelas. Y a los 17 años fue a una academia de teatro y locución. “Una vez faltó el número uno de la escuela y Hugo Ferrer me pidió que lea yo. Pero yo lo sabía de memoria y lo interpreté”, dijo. Así es que, cuando terminó, Ferrer les dijo a todos que yo tenía el papel principal. Luego de una función, una escritora fue al camarín y le preguntó cuánto hacía que hacía teatro, y él le respondió que dos meses. Por lo tanto, ella le recomendó a un productor para hacer una película de fútbol, pero al ir a conocerlo, él se desilusionó. Entonces, se prometió que algún día iba a comprar un teatro o que iba a hacer películas. Y aún hoy, momento en el cual ya no se desempeña principalmente en el ámbito del teatro, sueña con algún día actuar en una obra. 
Cuando Germán Tripel terminó el secundario, se anotó en el Profesorado de Educación Física. Pero, en el medio de sus estudios, entró en el grupo Mambrú. 
Igualmente, contó que sus estudios de deporte le dejaron mucho. “Me dejaron un amor al cuerpo, a todo el ser”, dijo, agregando que “lo que te deja el deporte en equipo es escuchar lo que te dice el director técnico y observar lo que te está pasando, y así es con el arte”. 
“Todas las experiencias me han servido para todo”, dijo Germán, aclarando que, para él, el arte abre el corazón y también abre el cuerpo. 
Quizás estos artistas sean viva prueba de que, más allá de si la vocación artística sea innata o se haya adquirido (o descubierto) con el tiempo, es un motor que debe ser acompañado de trabajo arduo y de disfrute. Y de que, tarde o temprano, el creativo encontrará el medio que mejor le siente, para ofrecerle al mundo el arte que lleva dentro. 

Conclusiones 
El tema de la búsqueda de la vocación me afecta particularmente ya que a mis 32 años creo que sigo buscando mi lugar en el mundo. 
Cuando terminé la escuela estudié la carrera de música, y trabajé varios años como cantante y profesora de técnica vocal, además de dedicar mi tiempo libre a escribir y grabar canciones junto a diversas bandas. 
Pero, debido a mi amor por la escritura, estudié publicidad con el objetivo de convertirme en redactora publicitaria, profesión que ejercí por menos de un año antes de darme cuenta de que no era para mí. 
Más tarde descubrí el periodismo y los blogs, a lo que me dedico actualmente y que me encanta. Eso sí: no descarto algún día escribir una novela, tomar clases de teatro, grabar un disco o convertirme en dialoguista. 
Entonces, a través de este trabajo, pude descubrir que incluso a las personas exitosas y reconocidas en sus diversas disciplinas, puede costarles encontrar aquello que les despierta la pasión. O que, tal vez, como yo, tienen más de una, y que eso está bien. Quizás se trate de un camino que se deba recorrer para llegar a donde tenemos que ir, y no hay apuro por llegar. Lo interesante es el recorrido y la búsqueda. 


Las vocaciones artísticas, ¿son innatas o se adquieren con el tiempo? fue publicado de la página 55 a página57 en Escritos en la Facultad Nº138

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