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La fotografía como discurso social. La representación indígena y la mirada cochabambina

Guardia Manzur, Alejandra

Escritos en la Facultad Nº141

Escritos en la Facultad Nº141

ISSN: 1669-2306

Presentación de Proyectos de Tesis - Edición XIV Foro de Investigación. Maestría en Gestión del Diseño

Año 14, Vol. 141, Mayo 2018, Buenos Aires, Argentina | 46 páginas

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Las imágenes traen consigo una carga importante en tanto discurso, pues es posible entender a través de éstas diversos aspectos en cuanto a las construcciones sociales de un determinado lugar.

Por tanto, la fotografía es un soporte de imágenes que representan diferentes miradas, diferentes modos de ver y entender ciertos comportamientos del acontecer social. Estas imágenes, cargadas de ciertos lenguajes y discursos, permiten dar cuenta de las diversas interpretaciones del momento al cual se mira. En este sentido, como explica Poole, “No ‘vemos’ simplemente los que está allí, ante nosotros. Más bien las formas específicas como vemos –y representamos- el mundo determina cómo es que actuamos frente a éste y, al hacerlo, creamos lo que ese mundo es” (2000, p. 15).
Es decir, las imágenes permiten entender la mirada específica de una historia, un proceso social, un acontecimiento transformador y, lo que más interesa a este estudio, la mirada construida sobre el indígena, sobre el “otro”. Pues, es “allí donde la naturaleza social de la visión entra en juego, dado que tanto el acto aparentemente individual de ver, como el acto más obviamente social de la representación, ocurren en redes históricamente específicas de relaciones sociales” (Poole, 2000, p. 15).

Al respecto del término “otro” que va expuesto entre comillas porque, como lo explica Mignolo,

El ‘otro’ […] no existe ontológicamente. Es una invención discursiva. […]
Tal invención es el resultado de un enunciado que no nombra una entidad existente, sino que la inventa. El enunciado necesita un (agente) enunciador y una institución (no cualquiera puede inventar el anthropos); pero para imponer el anthropos como ‘el otro’ en el imaginario colectivo se necesita estar en posición de gestionar el discurso (verbal o visual) por el cual se nombra y se describe una entidad (el anthropos o ‘el otro’) y lograr hacer creer que ésta existe (2013, p.12).

Entonces, el “otro” es inventando en tanto alteridad propuesta por un discurso dominante, colonial, que para definirse, redefinirse (en un estado neocolonial) y construirse como tal, pone en evidencia la diferencia –la del “otro”-.

Retomando la idea de la imagen, además de ser una representación social e histórica,

(…) la fotografía más insignificante expresa, además de las intenciones explícitas de quien la ha hecho, el sistema de los esquemas de percepción, de pensamiento y de apreciación común en todo un grupo. (…) Comprender adecuadamente una fotografía (…) no es solamente recuperar los significados que reclama (…) es también descifrar el excedente de significados que revela en la medida que participa en la simbólico de una época, de una clase o de un grupo artístico (Bourdieu, 2003, p.44).

En este sentido, la fotografía no plantea verdades, sino que permite entender el modo de interpretar cierta realidad en cierto momento, es decir, remite a una historia que es vivida por sus actores de tal manera y tanto como los espectadores puedan interpretarla. 
Tal y como lo expresa Berger, “la cámara aislaba apariencias instantáneas y al hacerlo destruía la idea de que las imágenes eran atemporales (…) lo que veíamos dependía del lugar en que estábamos cuando lo veíamos” (2000, p. 24). 
Entonces, la fotografía es un “objeto en un contexto” denominado por Sontag, que modifica sus usos de acuerdo a momentos históricos y políticos que si bien van cambiando, nos remiten de algún modo a otras imágenes clavadas en la memoria de un acontecer social (2006). 
En el S.XX en Bolivia, como en muchos países de Latinoamérica, las representaciones sociales de lo indígena y en sí de lo cultural, en su mayoría fueron realizadas –fotografiadas por miradas extranjeras. Estas miradas europeizantes no hacían más que prestar interpretaciones de origen racial en cuanto a los indígenas retratados y a su condición de subalternos. 
Sin embargo, existen miradas internas (fotografías de cochabambinos) posiblemente más reveladoras que aquellas extranjeras. Miradas del compatriota que permiten dar cuenta de los procesos de construcción social propuestos en la diferencia racial y el clasismo. En definitiva, las imágenes de un nuevo orden basado en la exclusión y por sobre todo, dispuesto a reproducir aquella instancia de dominación colonial. 
Esta mirada interna, específicamente de la ciudad de Cochabamba, se encuentra en la colección del fotógrafo Rodolfo Torrico Zamudio. 
Además de los libros publicados del autor, la colección cuenta con un amplio número de fotografías inéditas que también forman parte del objeto de estudio del presente trabajo y que, desde una mirada contemporánea, permite dar cuenta de los procesos de transformación y desconfiguración de las identidades culturales de la ciudad. 
Gracias a su código de connotación, la fotografía es

(…) histórica, o, si así lo preferimos: ‘cultural’; sus signos, sus gestos, actitudes, expresiones, colores o efectos dotados de ciertos sentidos en virtud de los usos de una determinada sociedad: la relación entre significante y el significado, es decir, la significación propiamente dicha, sigue siendo, si no inmotivada, al menos histórica por entero” [Sic.]. (Barthes, 1992, p. 23).

Por lo tanto, se pretende interpretar la reconfiguración de una sociedad neocolonial, que sufre los daños causados por una historia colonial y los golpes de una “posmodernidad culturalista” a decir de Silvia Rivera Cusicanqui que en un intento por reconocer a los pueblos indígenas “originarios”, se reproducen los modos de dominación colonial logrando así una recolonización en la cual las élites “construyen estructuras piramidales de poder y capitalismo” (2010, p. 56-57). 
Es decir, se produce la teatralización de la condición “originaria” ya que “al hablar de pueblos situados en el ‘origen’ se niega la coetaneidad de estas poblaciones y se las excluye de las lides de la modernidad. Se les otorga un status residual, y de hecho, se las convierte en minorías encasilladas en estereotipos indigenistas del buen salvaje guardián de la naturaleza” (Rivera Cusicanqui 2010, p. 59). 
Dentro de esta sociedad neocolonial, se pueden encontrar rasgos europeizantes en las identidades forjadas por un pasado claramente oscuro y de dominación que, lejos de ser negados, se adoptan fervientemente en distintos procesos culturales con vistas a una sociedad en progreso y modernización. Esto, resulta de un pensamiento xenófilo a partir del cual determinada sociedad se siente culturalmente inferior por lo que aspira lograr los valores occidentales que han descubierto (Todorov, 1990). 
Dentro de este intento de apropiación constante, se producen los quiebres culturales a partir de los cuales se evidencian las luchas de clases y la negación del “otro”. Entonces, se produce una “dialéctica de la negación” que, en un primer momento, el colonizador o el blanco se diferencia del “otro” para descalorizarlo en tanto sujeto ignorante y retrasado del progreso determinado por la voz dominante (Hopenhayn, 1999).

El otro (indio, autóctono, no occidental) es el sujeto en que se realiza el rito: la realidad mágica, el folklore, el saber precientífico, la expresividad espontánea y el arte local. El logos (como dominio de la razón, del discurso “verdadero”, de la ciencia y del desarrollo) es el dominio del “blanco”, del occidental, en suma, la voz del progreso (Hopenhayn, 1999).

Asimismo, es posible determinar la neocolonización como un hecho de colonialidad que difiere con el colonialismo.

El colonialismo refiere al proceso y los aparatos de dominio político y militar que se despliegan para garantizar la explotación del trabajo y las riquezas de las colonias en beneficio del colonizador (…). La colonialidad es un fenómeno histórico mucho más complejo que se extiende hasta nuestro presente y se refiere a un patrón de poder que opera a través de la naturalización de jerarquías territoriales, raciales, culturales y epistémicas, posibilitando la re-producción de relaciones de dominación (Restrepo, Rojas, 2010, p.17).

Por consiguiente, importa la fotografía como elemento discursivo, como relato de una sociedad neocolonial que es independiente políticamente, pero que mantiene su relación con el colonizador a través de sus nuevas formas de representar el mundo.
La fotografía permite ver las nuevas identidades forjadas y el rostro que va tomando a través de los años, por esto, se plantea una mirada del antes y el después. Por un lado, las fotografías de Rodolfo Torrico Zamudio correspondiendo a un recorte temporal entre los años 1908 a 1940 y por otro lado, recorte espacial, se enmarca a la ciudad de Cochabamba-Bolivia.


La fotografía como discurso social. La representación indígena y la mirada cochabambina fue publicado de la página 17 a página19 en Escritos en la Facultad Nº141

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