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El arquero

Diaz, Santiago Tomas

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº81

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº81

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación

Año XV, Vol. 81, Julio 2018, Buenos Aires, Argentina | 160 páginas

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Corría el año 1983, yo estaba en primer grado, en el Instituto Pio XII, colegio católico del barrio. Como todo colegio, este también tenía su propio equipo de fútbol, pero la realidad es que yo no estaba muy relacionado con una pelota por aquellos años, así que, de este modo, pertenecer a aquel equipo no estaba en mis planes. 

Pero por esas cosas que tiene la vida, Hugo se convertiría en el DT de aquel conjunto de niños ¿Quién es Hugo?, mi papá. No recuerdo que este haya sido un tema de discusión en mi casa, pero la verdad es que no me gustaba nada que mi papá estuviera metido en mis cosas, una vergüenza, era obvio que al ser el DT me iba a llamar, sería uno de los elegidos para representar al colegio y era muy claro que en aquel momento mis condiciones no daban para formar parte de ningún equipo. Así fue que en el año 83 era integrante del equipo de fútbol del colegio, pero claro, el puesto en el cual mi papá creyó conveniente ubicarme y de ese modo traerle menos problemas fue……de arquero. Sí, arquero de aquel equipo en el cual todos querían estar. 

Los problemas llegaron antes de tiempo, mucho antes de que se acercara la fecha para mi repentino debut. Primero, la vestimenta, en aquellos años mis compañeros se vestían de pies a cabeza y con una elegancia ejemplar. En mi caso, nunca pensé que algo así fuera importante, entonces no le di mucha importancia al principio. Segundo, en mis pocos años de experiencia nunca se me dio la posibilidad de participar en un partido tan importante y en esa crítica posición dentro del equipo. Lo cual llevó a mi subconsciente de recrear posibles imágenes en mis sueños de cómo sería la situación en que involuntariamente estaba parado. 

Miedo, mucha presión y desconfianza. Fue lo que me torturó por las noches. 

No tengo recuerdos de ningún entrenamiento, ni de ir al club, ni de nada que me haya llevado al primer partido que jugaríamos por la primera fecha del torneo, pero ese día llegó. 

Presión, fue la que sentí en aquel momento, mis movimientos eran menos ágiles que de costumbre y hasta miedo sentía al ver a toda esa gente reunida ahí para alentarnos. 

Luego de analizar a mi rival, me di cuenta que todos contaban con una vestimenta impecable. Absolutamente todos Trabajos ganadores del Concurso Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación. Comunicación Oral y Escrita. Segundo Cuatrimestre 2017 (presentados por cátedra) con botines, medias largas, canilleras, shorts negros con los respectivos números de cada jugador y las remeras cerrando el conjunto perfecto. El arquero rival con guantes que parecían recién comprados, remera negra con el numero uno y su short acompañándolo. Miro a mis compañeros de equipo y también estaban vestidos como para ir a jugar una final. Para ellos era todo o nada. 

En cuanto analizo mi atuendo, las emociones casi no las controlo. Sentí vergüenza que todos se tomaran tan en serio el partido con sus conjuntos y yo, bueno, claramente no. Si comenzamos con los botines eran de color negro con blanco, apenas usados, las medias cortas de distintos colores, los cuales no hacen juego con nada, un short negro con el número diez (el cual ya estaba en uso por mi compañero de equipo) y la remera blanca y celeste de la selección con el número cinco y el nombre de un jugador que yo no conocía. 

Pero comenzó el encuentro, mis compañeros eran buenos, pero no lo suficiente (de esto me di cuenta con los años venideros), el juego era muy trabado y todos detrás de la pelota. Hasta que tomó la pelota el delantero contrario y comenzó a correr, corría y corría, como el viento, era más rápido que la luz, y lamentablemente venía hacia mí. Por circunstancias de la vida, en ese momento, él era mi enemigo y yo lo era para él. 

De un látigo se acordó la gente cuando aquel chico preparaba su pierna para patear, le pegó fuerte, muy fuerte, pero hay momentos en los cuales las cosas nos salen bien, y ese fue uno mío, ese fue un gran momento para mí. Atrapé aquella pelota con ambas manos, sin dar rebote y llevándome el aplauso de toda la gente allí reunida. 

Al fin lograba relajarme y entender que a lo mejor ese era mi puesto, y que no estaba ahí solo por ser el hijo de…. 

Luego de esa atajada, todo cambiaría, nada seguiría siendo igual. 

Y no lo fue…. 

Tomé la pelota con las manos y me preparé para darle lo más fuerte que pudiera, pero…. (No sé cómo pasó lo que les voy a contar a continuación) la pelota pasó por encima de mi cuerpo convirtiendo un gol en contra, sí un gol en contra. La vergüenza de ese momento nunca la voy a olvidar, fue tanta que para disimular no tuve mejor idea que gritar el gol, sí grité el gol en contra que me había convertido hacía instantes. Con los años entendí que uno cuando está nervioso hace y dice cosas que no son las indicadas. 

Esa fue la última vez que atajé para algún equipo y mi papá no dirigió nunca más. 

Hoy amo el fútbol, pero como espectador.


El arquero fue publicado de la página 89 a página89 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº81

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