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Aldo, de pintor a fotógrafo

Herrera, Josefina

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº81

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº81

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación

Año XV, Vol. 81, Julio 2018, Buenos Aires, Argentina | 160 páginas

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Introducción 

Hoy en día, Aldo tiene 78 años y es un reconocido fotógrafo argentino, que lleva más de 50 años trabajando detrás de la cámara. Ha tomado más de 2 millones de fotografías, y ha retratado a más de 1800 personalidades. Publicó más de 40 libros, en los cuales participaron autores como Jorge Luis Borges, Ray Bradbury, Silvina Ocampo, Manuel Mujica Láinez, Silvina Bullrich y Enrique Cadícamo. Fue nombrado Ciudadano Ilustre por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires Argentina, y recibió el Premio Domingo Faustino Sarmiento a la trayectoria. Es Miembro de Honor de la Federación Argentina de Fotografía y Académico de Número de la Academia Nacional de Bellas Artes. 

Pero, ¿cómo llegó a lograr todo esto? ¿Cómo alcanzó ser el gran artista que hoy es? 

A lo largo de este relato buscaré narrar una síntesis de lo que fue su vida y obra, y cómo fue avanzando en su carrera, evolucionando de pintor a fotógrafo, siempre rodeado de arte, hasta llegar a ser el excepcional fotógrafo que es.

Desarrollo 

Todo comenzó con su familia, mi familia. Su madre era pintora, y amaba el arte. Frecuentaba el taller de Fontana, un reconocido escultor italiano, y a donde ella le permitía acompañarla. Allí observaba cómo trabajaba esculturas de arcilla, y ya desde pequeño se apasionó por el arte. 

A Aldo le gustaba estar solo y tranquilo cuando era chico. Disfrutaba mucho de la tranquilidad, y en ese tiempo le encantaba dibujar. Se pasaba horas mirando, pintando, dibujando en solitario. 

Entonces su madre tuvo la gran idea de anotarlo en el taller De Ridder para niños, fundado por Marcelo De Ridder. Él era un promotor de arte muy importante, que creó un taller para chicos que quisieran estudiar pintura. Y así Aldo comenzó a estudiar arte a los diez años. El taller era a la vuelta de su casa, y él iba tres mañanas por semana, y a la tarde iba a la escuela. 

Lo importante de este taller fue que las enseñanzas que dejó fueron académicas, aprendió lo que era la precisión desde lo más básico, el uso de colores primarios, la combinación de estos y todas las posibles mezclas de la paleta, y más. Te enseñaban a dibujar con plumón, en diarios, con carbonilla, óleo, tempera, monocopias y tinta china, y más. Y Aldo le encantaba. Pasaban muchas horas en el taller, pero también salían a la calle, y a él le fascinaba copiar los árboles en flor. 

Esta experiencia ayudó a Aldo a “formar” completamente el ojo y a aprender a distinguir muy bien los colores, lo cromático y demás. Al saber cómo se componía cada color en sus pigmentos, sabía cómo es la composición, aprendió a trabajar el volumen, los claro oscuros, los colores cálidos y los colores fríos. Aldo aprendió a manejar la técnica de la pintura con un sentido pleno, apoyado en todos los principios que incorporó en el taller. 

En 1952, con tan solo 12 años, participó de su primera exposición en la Galería Müller, una galería muy buena, con los demás chicos del taller. Luego siguió pintando profesionalmente hasta hace dos décadas. Realizó más de 200 exposiciones de pintura. “En mi casa había muchísimo interés por la pintura y la fotografía. Iba a galerías con mi madre. Cuando llegué a la foto, conocía los aspectos cromáticos, luz, sombra, volumen, composición”, dice. 

Esa formación fue de gran ayuda para luego desarrollar su fotografía. Él afirma que la pintura tiene una estrecha relación con la fotografía, ya que las reglas del juego son muy parecidas en todas las artes visuales. Y el, al iniciarse en la fotografía, ya estaba bien entrenado debido a su formación plástica. A los 17 años dio su primer paso en el mundo de la fotografía. Lo describe como algo muy natural y muy simple, ya que todos esos fundamentos de la pintura le fueron útiles para la fotografía. En el taller de De Ridder había incorporado las bases de la composición, del volumen, de la paleta, de los tonos, el respeto por la luz, conocer su incidencia y rebote, y más, y esto era de suma utilidad para la fotografía.

Aldo también cuenta con mucha experiencia en el campo grá- fico. Su padre tenía una imprenta, un taller de impresión, a los 18 años comenzó a trabajar ahí, donde estuvo 3 años. Allí aprendió a trabajar en una máquina offset, trabajaba mucho con las tintas, ya que contaba con una gran formación plástica que le había dado una gran precisión con los colores. Luego trabajó en la fábrica de pinturas y tintas Miluz, la mejor fábrica de tintas de Buenos Aires de la época. Todo esto lo llevó al diseño, y le generó un gran interés por la impresión, ya que conocía los sistemas y todo lo relativo a producción gráfica. Gracias a esto, muchos años después, pudo fundar una editorial que se llamó inicialmente Cosmogónias, y hoy Sessa Editores. Actualmente está dirigida por su hijo Luis. A lo largo de toda su carrera se ocupó personalmente de la producción gráfica y de la imagen de cada libro que publicaron. Imprimieron los tres primeros libros en Argentina (1976 a 1980) y luego en Chile, Brasil, Nueva York, Taiwan, Tokio y China. 

La fotografía era un medio “muy a mano” en la casa de Aldo, era un tema común en su familia, del que siempre se habló. Su abuelo materno fundó Laboratorios Fotográficos Alex de Cine (1928), por lo que su abuela sabía revelar fotos, y su madre también frecuentaba el cuarto oscuro. Pero no fue aquí cuando Aldo entró al mundo de la fotografía. Cuenta que demoró su ingreso porque pensaba que tenía muchas bases matemáticas y era difícil de aprender, y él era muy mal alumno, le tenía terror a las matemáticas. Por lo que se mantuvo lo más alejado que pudo de ese problema. 

Pero todo cambió un día en Punta del Este. A los 17 años su mejor amigo, Eduardo Quirno, le prestó la cámara de su padre, y Aldo se fue a dar una vuelta a la manzana, donde realizó sus primeras fotografías. Esa tarde sacó un rollo de fotos, “dentro de ese rollo hay algunas fotos que son iguales a fotos que hubiera sacado hoy, porque yo estaba tan formado gracias a la pintura, que hacer click no fue un problema realmente”, asegura. Y allí fue cuando se entusiasmó con la fotografía. 

Luego de ese momento, nunca paró de sacar fotos. Trabajó como pintor desde el 72 al 90, y en paralelo hacía fotografías, practicaba las dos cosas. Y así fue como lo contrató la Galería Bonino de Buenos Aires, Río de Janeiro y Nueva York, en la cual hizo una gran cantidad de exposiciones individuales y colectivas. 

Por muchos años, Aldo realizó las dos actividades en paralelo. Explica que con los dos mundos en sus manos, el de la pintura y la de la fotografía, tenía dos dinámicas diferentes. Por un lado la dinámica lenta y progresiva de hacer una obra de arte con pintura, y por el otro la dinámica de la fotografía, que le permitía en un día hacer un ejercicio todas las veces que quisiera, y cada vez que lo practicaba podía tener experiencias similares a las que vivía con la pintura en mucho más tiempo. Él sostiene la idea de que para un pintor siempre es fácil acceder a la fotografía, y que para los fotógrafos es un gran recorrido venir desde la pintura. 

Creó con el mismo amigo un estudio, HAI-STUDIO. En 1958 se producen sus primeras colaboraciones fotográficas con el diario La Nación (Buenos Aires) como reportero gráfico en notas especiales, que salían todos los domingos como suplemento del diario. Hizo varias notas para ellos, y también frecuentó el Foto Club Argentino. En 1964 comienza a colaborar como ilustrador en las páginas de La Gaceta Literaria. 

Y así su carrera fue ascendiendo, realizó incontables exposiciones, tanto de pintura y dibujo como de fotografía. 

En 1976 ilustra su primer libro: Cosmogonías, junto a Jorge Luis Borges. Por ese entonces, él estaba pintando sobre temáticas espaciales y tenía una serie del espacio, y leyendo a Borges se encontró con sus poemas metafísicos, vinculados con el espacio y con la creación. Conoció al sobrino del escritor, Miguel de Torre Borges, al cual le planteó la idea de hacer una combinación de los textos del autor con sus obras. Y así fue como realizó una gran cantidad de dibujos sobre el tema, que derivó en el libro Cosmogonías con poemas de Borges e ilustraciones de Aldo. 

Este libro le generó la posibilidad de poder luego trabajar con grandes escritores sobre temas, tanto en ilustración como fotografía. Hizo libros junto con “Manucho” Mujica Láinez: Letras e Imágenes de Buenos Aires, con fotografías de Aldo y textos de Manuel Mujica Láinez, el cual luego derivó en una serie de 3 tomos. 

También trabajó con la escritora Silvina Ocampo en Árboles de Buenos Aires, también con fotografías de Aldo, y con poemas de ella. Además, ilustró el libro Fantasmas para Siempre, con ensayo y poemas de Ray Bradbury. Aldo cuenta que su amistad con Bradbury fue una amistad muy cultivada y muy buena durante más de 25 años que pudieron ser amigos, hasta que el autor falleció. Para celebrar sus 25 años de amistad realizaron un segundo libro: Sesiones y Fantasmas, con ensayo de Ray Bradbury y fotografías de Aldo, donde Bradbury le escribió un poema y ensayo sobre su obra. 

En 1976 su tríptico Antes del Principio fue obsequiado por el gobierno argentino al norteamericano con motivo del Bicentenario de la Independencia de ese país; la obra se exhibe permanentemente en el Centro Espacial Lyndon Johnson de la NASA (Houston). 

En 1980 su cuadro Humorum fue seleccionado para integrar la colección del National Air and Space Museum Smithsonian Institution (Washington). 

Luego de trabajar 30 años de pintor, y de realizar fotografías simultáneamente, decidió dedicarse de lleno a la fotografía. “La fotografía para mí representaba una válvula de escape porque la pintura me obligaba a pasarme muchas horas encerrado”. 

Llama a su estado de pintor “estado cóncavo”, ya que estaba él solo luchando contra una tela por incontables horas, introvertido. Con la pintura se sentía muy aislado de la realidad. En cambio, con la fotografía conectaba con los sonidos de la ciudad, con la luz, la temperatura y el ruido de la calle. Eso lo “volvía bastante a la tierra”, representaba su “estado convexo”. 

Hoy en día, lleva más de 50 años en la fotografía. Ha tomado más de 2 millones de fotografías y ha retratado a incontables personalidades. Con su propia editorial, y otras, publicó más de 40 libros, y todavía tiene varios libros más y proyectos en camino.

Conclusión 

Creo que mi abuelo Aldo tiene una gran trayectoria de vida. Si bien muchos conocen quién es el hoy en día, cómo se fue formando y todo lo que ha hecho a lo largo del camino para llegar a ser la persona y el fotógrafo que es actualmente me parece igual de fascinante que todo lo que ha logrado. Ha tenido grandes oportunidades a lo largo de su vida para desarrollarse como artista, y ha trabajado con escritores y personas admirables. Creo también que al haber hecho este trabajo aprendí al mismo tiempo un poco más sobre su familia, mi familia, cosas que si no nunca hubiera descubierto.


Aldo, de pintor a fotógrafo fue publicado de la página 99 a página100 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº81

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