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Sin bajar la frente, un esfuerzo más

Imach, Misal

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº81

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº81

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación

Año XV, Vol. 81, Julio 2018, Buenos Aires, Argentina | 160 páginas

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Introducción 

Quiero comenzar esta introducción, del trabajo práctico final de la asignatura Comunicación Oral y Escrita, con la siguiente cita: “Si tenes voluntad, ya encontraste el camino”, por Alberto Einsten; la cual está plasmada en el final de este relato. El trabajo que se presenta en las siguientes hojas trata sobre la llegada de mis bisabuelos a la Argentina y el desarrollo de la vida de mi abuelo desde su nacimiento hasta la actualidad. La misma está acotada por diversas enseñanzas esenciales incluyendo y explicando la cita anterior. Además, la narración de la historia va ser suspendida en algunas ocasiones para dar a notar una diferencia con lo que vivimos hoy en día, para destacar algunas diferencias positivas o negativas de acuerdo a las distintas épocas. 

Capítulo I. La decisión 

1930-Siria, Damasco. 

Ese año, ese lugar... ¿qué pasaba?, ¿qué ocurría?, ¿por qué mis antepasados decidieron irse de ahí? 

La respuesta será dada en el siguiente relato contextualizando la situación. 

Siria se encontraba bajo el mandato francés, por lo que el pueblo buscaba independizarse, es por ello que era habitual las revueltas, los pogroms y manifestaciones que constantemente costaban heridas y hasta vidas en las personas; asimismo esto desataba que cualquier movimiento sospechoso, de una persona o un grupo de personas, aunque no sea revolucionario, era causa de arresto. Sí, eran épocas difíciles en Siria, no solo por los motivos anteriores, sino que además la situación económica se encontraba ardua, era muy complejo conseguir puestos de trabajos por lo que el sobrevivir día a día se tornaba difícil. 

Allí se encontraba el padre de mi abuelo paterno, Selim Imach junto con su esposa, Sahie y una hija. 

En 1928 mi bisabuelo emigra a Buenos Aires, Argentina. 

Fue una decisión bastante difícil, pues abandonar el lugar donde naciste y viviste es complejo; es complejo desprenderte de tus familiares y amigos, además de tu vecindario donde uno conoce cada rincón y recoveco e irte a un lugar completamente desconocido ¿Desconocido? Sí, mi bisabuelo no conocía Buenos Aires, aunque anterior a este suceso recibió varias cartas de sus tres amigos, que ya habían emigrado allí, aconsejándole que haga lo mismo por lo que en Argentina encontraría una vida un poco más fácil. 

Así hizo, tomó sus maletas y con la poca plata que tenía consiguió un pasaje en la parte inferior del barco, en las maquinarias y emprendió viaje solo, sin su familia. 

Su esposa e hija se quedaron en Siria por cuestiones económicas, pues no tenían la plata suficiente para pagar sus boletos, a causa de esto planearon que el padre de familia vaya a ver el lugar, su potencial y cuando encontrará trabajo enviaría el dinero a Siria para los dos pasajes restantes. 

En Buenos Aires, mi bisabuelo Selim se situó en La Boca, en la calle Almirante Brown, allí vivió junto con sus tres amigos en una habitación con pocos recursos. Al transcurso de un año pudo conseguir la plata para traer a su esposa e hija, por lo que envía una carta a su esposa (escrita en árabe, su idioma natal) donde junto con el dinero le preguntaba si ya estaba preparada para emigrar. Así fue que mi bisabuela Sahie le consulta a su padre, quien era Jajam en Damasco, si lo acertado era irse; el padre le indica que lo correcto era estar con su esposo y acompañarlo en todo. 

Interrumpo el relato para aclarar que cada mensaje, cada carta que se enviaba tardaba entre quince y veinte días, podemos notar lo difícil que era comunicarse a larga distancia en ese entonces; aunque podemos encontrar el beneficio donde la comunicación cara a cara era más habitual que en la actualidad. 

 Fue así que en el momento en que mi bisabuela Sahie baja del barco se desencuentra con su marido, quien la estaba esperando con ansia. Finalmente se encuentran. Mi bisabuela se encontraba junto con dos maletas. -¿Y la nena? – le pregunta su marido en árabe. En ese instante es cuando con cara de angustia y tristeza lo mira a la cara sin palabra alguna, lo abraza y ambos se ponen a llorar. Su hija falleció en Siria por tristeza, extrañaba mucho a su padre y se negaba a comer por la angustia que guardaba. 

Mi bisabuelo Selim, en ese entonces, tenía veinticinco años y su esposa diecinueve años de edad, sí, eran dos jóvenes en un lugar desconocido en busca de trabajo para poder subsistir. Escucharon que en San Fernando había colectividad Judía (su religión) por lo que emprendieron viaje para allá. Allí nació Victoria (Victoria fallece en su adolescencia, al ser enviada con sus tíos quienes no tenían hijos, para que la puedan mantener, aunque Victoria no quería vivir sin sus padres y hermanos tuvo que asistir e ir. Al cabo de un mes, la familia Imach se entera por una carta la desgracia). 

Luego nace mi abuelo, Moisés Imach, en la calle Constitución, inmediatamente la familia se muda a la Capital, en el barrio La Boca (donde había gran colectividad) en la calle Brandsen al 1116. Allí vivieron diez años en una casa, la cual compartían entre tres familias judías. Mi bisabuelo Selim en ese entonces trabajaba de vendedor ambulante; vendía medias, toallas, ropa para hombre y mujer; lamentablemente no le alcanzaba el dinero para poder mantener a su familia, por lo que empezó a trabajar como sereno en una fábrica de textil. Esa situación de trabajo concluyó al cabo de cinco años cuando consigue trabajo de su profesión, carpintería, en una tienda grande llamada Ciudad de México (situada en la calle Florida). 

Sin lugar a duda era muy compleja la situación económica; por la noche contaban con una cena que comprendía de pan viejo, el cual lo ablandaban con agua caliente y encima le echaban azúcar. 

Quiero finalizar esta primera parte destacando cómo no hay que quejarse por nada y asimismo ¡cuánto hay que agradecer por lo que tenemos!

Capítulo II. Paso a paso llegaré 

La familia Imach seguía con los mismos cumplimientos al cien por ciento de las tradiciones Judías (como las sigue manteniendo hasta hoy en día). Mi abuelo Moisés a los cuatro años de edad comenzó a ir al templo Or Torá con su padre. Con mucho orgullo mi abuelo me relata que el Jajam Suli (Gran Rabino y personalidad importante de la comunidad judía) confiaba únicamente en el Kashrut de mi bisabuela Sahie, además de las hermanas del Jajam, Eshe y Liza. 

Al cumplir los siete años de edad, mi bisabuela le consulta a mi abuelo, si se animaba a vender jabones para así poder ayudar en la economía de la casa. Fue así que mi abuelo junto con su vecino José Saban, quien tenía dos años más, iban a vender jabones, los cuales los ponían en una caja pequeña, en el transcurso de la mañana, durante tres horas, y así recorrían las calles del vecindario tocando los timbres de las casas, caminaban quince cuadras derecho y volvían por la vereda del frente. Luego, por la tarde, iban a la escuela. Empezaron poco a poco a agregar productos, como elásticos de dos metros de largo que se los colocaban en el cuello y así los trasportaban para su venta. 

Los domingos aprovechaban la cantidad de gente que transcurría por el barrio, ya que iban a la cancha de Boca, para vender pastillas Volpi a cinco centavos. La madre miraba desde la casa a los niños para su protección. Cuando ya mi abuelo tenía ocho años, mi bisabuela Sahie les permitió ir a la cancha para vender las pastillas, llevando dos cajas. 

La caja de los productos que se vendían en la semana se iba agrandando, las mercancías se iban sumando y además ya no solamente recorrían las puertas del vecindario sino también iban al Parque Lezama donde había más cantidad de gente. Asimismo, se enteraron que en el barrio de Palermo había una feria, es así que empezaron a tomar todas las mañanas el colectivo 10 (de manera gratuita el colectivero los dejaba pasar) y volviendo con el mismo por la tarde; las ventas crecieron ya que en el barrio se encontraba gente pudiente que consumía más. Al margen, mi abuelo le vendía diez jabones una vez por semana a un negocio; ya a esa edad mi abuelo empieza a comprar por sí solo los productos. 

Pasaron dos años aproximadamente, lentamente mi abuelo ganaba más experiencia, con la práctica aprendió a moverse en la calle, además de conocer cómo vincularse con la gente, cómo tratar con ellos y con quién. 

Fue así que al cumplir los once años la madre le consulta si quiere emplearse en una casa de medias cuyo el dueño era Moisés Said, un conocido de la familia. Aproximadamente se encontraban en el año 1945, y las medias de nylon de mujer eran una novedad en el mercado. Allí no era vendedor al público, sino que se encargaba de bajar la mercadería, hacer de cadete y demás. Ganó mucha experiencia. 

Nuevamente la madre le pregunta si quiere avanzar en la parte laboral, cambiando a un sueldo mejor de 70$ por mes (en la casa de medias ganaba 40$ por mes) empleándose en la sedería que se encontraba en la calle Avellaneda quien el dueño era Don Julio Masri. Mi abuelo asistió. El sueldo que obtenía se lo daba completamente a los padres para ayudar en la economía de la casa y mi abuelo se quedaba con la propina que obtenía, así comenzó a juntar sus propios ahorros. A los trece años de edad terminó siendo vendedor de la sedería (de textiles básicos, es decir, no para vestidos de alta costura y demás). 

Simultáneamente mi bisabuelo Selim seguía trabajando como arquitecto en la casa Ciudad de México, allí un compañero de trabajo le comenta que hay un local en alquiler que no debían pagar llave y que lo rentaban por 110$ al mes. Fue así que con la ayuda de dios y mucho esfuerzo abrieron un local de telas llamado Sedería La Rosa; obviamente en los comienzos no contaban con el dinero para comprar la mercadería ni para rentar el local, es por eso que pidieron prestado telas y plata a sus amigos prometiendo que se los pagarían. Cabe destacar el buen nombre de la familia, lo cual permitía la confianza y seguridad que esta promesa la cumplirían al pie de la letra, ni más tengan la plata para devolverla. Así fue que el negocio crecía, las deudas se iban saldando y así iba progresando poco a poco. 

La familia Imach pudo comprar su primer coche (luego de mucho esfuerzo), un Ford 38. Mi bisabuelo Selim, además, le pudo comprar un collar y anillo de oro a mi bisabuela, quien había vendido sus pocas joyas que tenía en Siria para ayudar a comprar el pasaje en barco del marido (a Argentina). Asimismo, mi abuelo se encargaba de regalarle cortes de tela para que una modista le haga blusas y polleras. Unos años después cambiaron el coche, por uno alemán. 

Mi abuelo le regala el negocio de la sedería a sus tres hermanos menores (los cuales no contaban de grandes habilidades y experiencias de trabajo) para que ellos también puedan avanzar en la parte económica, mientras que él se pone en sociedad con un pariente y juntos abren un local en la calle Laprida, allí atraían al público regalando comida, bebidas y realizando pequeños desfiles a la calle. 

Así fue que con los ahorros que juntó durante varios años, mi abuelo Moisés tuvo la posibilidad de viajar durante 30/40 días con un amigo, Alberto Chejas, a Israel y Europa. El viaje le hizo abrir nuevas puertas a mi abuelo, notó que le interesaba todo lo vinculado con la hotelería, estadía, vuelos, etc. Es por eso que al regresar a Argentina se vinculó con Jaime Cotton, quien tenía una agencia de viaje llamada Trey Travel, allí le consultó si tenía algún puesto como empleado (para ganar experiencia y conocer del tema laboral en agencias de viajes); Jaime le comenta que dos empleados suyos se querían abrir una agencia nueva. Mi abuelo se asocia con ellos teniendo cada uno el 33% de la sociedad. Lamentablemente se vendía muy poco; es por ello que mi abuelo consulta a una agencia que ya tenía años de experiencia, llamada Jor Mar, si podía vender pasajes por su cuenta pero con el nombre de la marca y así se repartirían las ganancias por la mitad, es decir que mi abuelo obtenía un 50% y la marca el otro 50% de los ingresos. La agencia aceptó. Mi abuelo al ser conocido dentro de la comunidad y al tener buen nombre tuvo la posibilidad, con la ayuda de dios obviamente, de vender muchos pasajes. Es así que hasta el día de hoy mucha gente me comenta que mi abuelo les vendió su “luna de miel” u otros viajes. 

A los tres años de ingresar a la agencia Jor Mar, mi abuelo se independiza y alquila una oficina en la calle Swipacha. Los primeros años no era muy conocido independientemente, pero decidió esperar, así fue que poco a poco se hizo conocido formando la agencia de viajes Lyon Tour, que la mantiene hasta el día de hoy (hace treinta y pico de años que está en pie). 

Quiero finalizar el relato haciendo hincapié en el esfuerzo que uno tiene que hacer para salir adelante, si es así, haciendo las cosas correctas y con la ayuda de dios todo se puede lograr. Mi abuelo Moisés a los diez años de edad, lee el siguiente proverbio árabe, el cual lo impulsó en toda su vida, escrito por Alberto Einsten, “Si tenes voluntad, ya encontraste el camino”. Mi abuelo no pudo llegar a finalizar la primaria (hizo hasta quinto grado y en su entonces, eran seis años de escuela); en su niñez, al salir a los ocho años de edad por la mañana en invierno no tenía ni abrigo, su madre le colocaba papel de diario entre las ropas, las cuales eran prestadas, para protegerlo del frío; el alimento era escaso y cada día se vivía con muchísima sencillez; pero a pesar de todo, con ayuda de dios, esfuerzo, escuchando consejos de su madre u otros mayores, aprendiendo día a día pequeñas cosas, manteniendo la cabeza abierta, estando despierto ante cada situación, pudo salir adelante formando una gran familia, la cual tiene valores, educación, respeto por los demás, buen nombre dentro de la comunidad y las tradiciones de la religión Judías presentes.


Sin bajar la frente, un esfuerzo más fue publicado de la página 101 a página102 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº81

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