1. Diseño y Comunicación >
  2. Publicaciones DC >
  3. Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº81 >
  4. Luchando para amar

Luchando para amar

Pedulla, Nazarena Belén

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº81

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº81

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación

Año XV, Vol. 81, Julio 2018, Buenos Aires, Argentina | 160 páginas

descargar PDF ver índice de la publicación

Ver todos los libros de la publicación

compartir en Facebook


Licencia Creative Commons Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional

1. 

Mi nombre es Liliana, soy una mujer como cualquier otra, me recibí de abogada en el año 1984, tengo una vida bastante tranquila y creo que bastante normal. 

A mi marido, Alejandro, lo conocí en un posgrado en la Universidad del Museo Social ya después de años de haberme recibido, éramos felices, pero nos faltaba algo ... o mejor dicho alguien. 

Desde que tengo memoria siempre soñé con ser madre, pero teniendo 45 años era una materia que seguía teniendo pendiente. La veía a mi hermana con sus hijos y sabía que yo también quería eso para mí; yo solo tenía a mis sobrinos, a ellos siempre los amé como si fuesen mis hijos ... en realidad eso creía, claramente no había tenido un hijo para saber lo que se sentía. 

Un día, estaba volviendo del trabajo convencida de lo que quería, así que cuando llegué se lo dije a Ale ... 

- Quiero tener un bebé- le dije mientras tomábamos mate, y todavía no sabía lo que me esperaba.

2. 

Con Ale empezamos a intentar quedar “embarazados”, después de mucha frustración y muchos intentos, decidimos buscar ayuda en la clínica del Dr. Pasqualini. 

Desde el primer día que fuimos a lo del Dr. nos tuvimos que hacer muchos estudios, para ver si alguno de los dos tenía algún problema por el que el embarazo no se estaba dando naturalmente. 

Yo me cuidé siempre con píldoras anticonceptivas, en mi experiencia fueron muy buenas mientras las usé para evitar quedar embarazada, pero cuando las dejé me jugaron una mala pasada; mi cuerpo ya no estaba preparado para enfrentar un embarazo, se había acostumbrado a recibir hormonas, por lo que cuando quise concebir mis óvulos no tenían la fuerza para resistirlo. 

Entonces decidimos optar por la inseminación artificial, una buena alternativa para solucionar lo que me estaba pasando. Hicimos un tratamiento para poder concebir y lo logramos, aunque no lo podía creer estaba embarazada; cuando me dieron los resultados de los análisis recuerdo que fue una felicidad absoluta saber que por fin estaba creciendo dentro de mí una persona a la que iba a amar para toda la vida.

3. 

Íbamos muy seguido a la clínica para ver al obstetra y ver cómo evolucionaba el bebé. 

Me acuerdo de ese día como si hubiera sido ayer; era un martes soleado y estábamos yendo en el auto con Ale a la clínica, cuando de repente sentí un calor en la entrepierna; en ese mismo instante supe que algo no andaba bien. 

- ¡Me mojé toda! - grité en el estacionamiento, justo antes de bajar del auto, Ale me miró, la verdad es que no sé si en ese momento me entendió, yo tampoco entendía lo que estaba pasando; bueno, en verdad, quería ser positiva y pensar que todo estaba bien. 

Bajamos del auto y cuando entramos a la clínica me fui directo para el baño. Ahí vi que no estaba todo bien, no podía estar todo bien, no podía ser normal lo que estaba viendo. 

Cuando me tocó el turno de pasar al consultorio, el doctor me hizo una ecografía y me dijo lo último que quería escuchar, yo lo suponía, pero él me lo confirmó: había perdido el embarazo. 

Se apoderó de mí el dolor más grande que había sentido en toda mi vida hasta ese momento, fue como si alguien me hubiese sacado el corazón para golpearlo y volverlo a poner en su lugar, todo amoratado. 

No fui una en un millón, son esas cosas que pasan, pero uno no piensa que lo va a vivir en carne propia; de hecho, el embarazo ya venía con complicaciones, pues luego de realizar la fertilización se despertó en mí la diabetes.

4. 

Después de un tiempo que nos tomamos para recuperarnos de la pérdida que habíamos sufrido, quisimos seguir adelante, teníamos que seguir adelante, aunque todo parecía el final sabíamos que no lo era y yo confiaba en que Dios nos iba a dejar ser padres. 

Llamamos a la clínica y pedimos otro turno para ver al doctor, la primera vez que hicimos la fertilización quedaron congelados cuatro óvulos ya fecundados, por si se quería volver a intentar, o por si en otro momento de la vida queríamos tener otro hijo. 

Ahí estábamos, empezando todo de nuevo, con la misma ilusión que la primera vez. 

El día que me iba a inseminar nuevamente, salí del trabajo y me fui directo a hacerme el tratamiento, ya estaba preparada, esta vez sí tenía que ser. 

Cuando llegué, me atendió el doctor personalmente y me explicó que los óvulos que habían quedado congelados habían tenido una malformación y que esta vez directamente no se podía realizar la fertilización. 

- Tiene que haber otra forma, - le dije desesperada al doctor. - hay que intentar de nuevo - No había manera de que todo el esfuerzo y todo el dolor soportado haya sido en vano. 

- Mira Liliana, yo en su situación comenzaría los trámites de adopción.

5. 

“¿Adoptar un bebé?”, pensé. En ese momento se abrió un paraguas de posibilidades; eso creía yo, que era tan simple como anotarse en una lista, esperar que te consideraran apto para ser padre, y listo. No parecía tan complicado, la única complicación parecía ser que había que convencer a mi marido. 

Al principio él no quería, quizás por la desilusión que le causó no poder ser padres biológicos, no lo sé, pero por suerte después de un tiempo lo aceptó; comenzamos entonces los trámites de adopción. 

Después de un tiempo de espera, nos contactaron con una abogada de la localidad de Sauce, en Corrientes, quien nos presentó a una mujer llamada Marcela que estaba embarazada hacía muy poquito tiempo y había decidido dar en adopción a ese bebé. Desde ese momento comenzamos a viajar por lo menos una vez al mes para estar presentes durante el embarazo y también para llevarle comida y demás cosas que ella necesitaba por tener muy pocos recursos económicos. 

Una noche, estando en Corrientes, tuvimos que salir corriendo para el hospital, pensando que ya venía el bebé. 

- No está por parir, esta mujer está borracha. - nos dijo el director del hospital ni bien llegamos. 

Marcela ya tenía esa mala fama, claro, en un pueblo tan chiquito todos iban siempre a ese hospital y casi todos se conocían. 

Lo que vivimos desde ahí fue de terror ... Marcela tuvo al bebé el 5 de diciembre de 2005, un bebé muy chiquito y flaquito, al que le pusimos de nombre Valentín. 

Al día siguiente, cuando fuimos al juzgado a firmar los papeles de adopción, llegó un oficio que decía que ese bebé estaba a disposición del Patronato de la Infancia; la abogada y Ale fueron a ver al defensor de menores y éste les dijo que no estaba en adopción, que no le pregunten por qué, pero no había manera de llevar ese trámite a cabo. 

Yo me peleé con el director, Alejandro lloraba, fue una situación horrible, después de ese episodio nos enteramos que a Marcela ya le habían quitado de oficio siete hijos, por lo que era claro que no podía dar en adopción a ningún bebé. 

Al pasar esto en un pueblo tan chiquito, todos me reconocían y sabían lo que había pasado (bueno yo tenía el pelo rojo, era imposible pasar desapercibida), las enfermeras me abrazaban y lloraban conmigo. Yo con Valentín pasé treinta horas, y a pesar de todo el dolor que nos causó que no se diera la adopción, en ningún momento sentí que ese bebé era mi hijo.

6. 

Después de dos meses, en febrero del año 2006, me llamaron desde Corrientes y me dijeron que ese mismo día, más tarde me iban a llamar por una señora que estaba embarazada y quería dar en adopción a su hijo. 

Tuvimos que salir corriendo a buscar un abogado decente; me comuniqué con él para contarle toda la historia y quedamos en encontrarnos en Curuzú Cuatiá, pues yo le dije que quería hablar primero con el defensor de menores para ver si estaba todo bien con esta mujer y se podía adoptar al bebé. Cuando fui a hablar con el defensor de menores, el abogado ya le había contado toda la historia y me aclaró que lo de Valentín no fue algo personal, que siguiera adelante. 

Ahí conocí a Marta, su pareja era un hombre que en ese momento estaba preso por robo; ellos ya tenían dos hijas, María y Emilia. La llevé a Marta a hacerse sus primeros controles médicos, ella no sabía ni de cuántos meses estaba; en la segunda ecografía se pudo ver bien al bebé, y nos enteramos de que era un nene. 

El 20 de abril nos avisaron que Manita tenía contracciones; cuando llegamos a Corrientes, ella ya estaba internada en el Hospital Provincial de Curuzú Cuatiá. 

Fue el viernes 21 de abril del 2006 por la tarde, el día que nuestras vidas cambió para siempre; ese día nació Bautista, un bebé muy sano, ni bien escuché su llanto me puse a llorar. Estábamos los tres en la sala de maternidad, ya éramos una familia, cuando vino el pediatra para vernos y decirnos cuál era la leche que teníamos que darle, nosotros habíamos llevado una leche de fórmula, pero nos la tenía que aprobar el pediatra que era el que realmente sabía del tema. 

- Va a necesitar esa leche y mucho amor - nos dijo el médico. Pudimos regresar a Buenos Aires gracias a que la jueza, extraoficialmente, nos dijo que la madre biológica podía firmar un permiso para trasladar al bebé dentro del país hasta la primera audiencia de guarda. 

En julio de 2007, después de muchas audiencias, viajes hasta Corrientes, llantos, mamaderas y risas, nos dieron la adopción plena, ya no podía ser revocada. 

A los tres años, Bauti se enteró por nosotros de que era adoptado, le expliqué con mis palabras que él había estado en la panza de otra mujer, pero que ni bien nació estuvo en mis brazos, y que desde ese mismo momento lo habíamos amado profundamente.


Luchando para amar fue publicado de la página 123 a página124 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº81

ver detalle e índice del libro