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El Teorema Fanal

Sobredo, Santiago Manuel

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº81

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº81

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación

Año XV, Vol. 81, Julio 2018, Buenos Aires, Argentina | 160 páginas

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Mi nombre es… 

– Hola. Mi nombre es Santiago. 

– Hola Santiago – dijeron todos. 

– Tengo 15 años y problemas con las drogas. 

No bastó más que eso para comenzar rehabilitación, y así conocer las pesadillas, la ansiedad constante, los dolores de cuello y espalda, y los usuales sarpullidos en la piel. 

– La muerte me espera – dijo a la habitación llena – La muerte me espera en la esquina, en la misma esquina donde por tanto tiempo no hice más que llamar su atención. 

Caras raras, eso eran. Caras grises como la acera y negras como la misma noche. Algunas de sorpresa, otras de dolor, y algunas otras de alegría claramente drogadas. Lo cierto es que, con estas caras, la suya comenzó a cambiar. Como en fiesta sorpresa, o muerte repentina, su cara varió su ceño dependiendo de la brisa. 

– La ansiedad me corroe – gritó al público, desesperado – Mi familia busca en mí algo que no conozco, algo que no poseo, y, sin embargo, siguen escarbando hasta el punto más crudo de mi humano ser. A pesar de todo, los dejo. Estoy cansado de decir a donde voy, con quién voy, a qué hora vuelvo, y si llevo plata. Soy grande, y estoy metido en este pozo del que no puedo siquiera pensar en salir. Las críticas me duelen, me llegan a la piel como balas punzantes, me arrancan las arterias de un solo tirón, me desnutren las entrañas por completo, me perforan los pulmones y miran los ríos de sangre que de allí nacen. Mis padres están separados, tengo dos hermanos. Vivo con mi madre y mi hermano menor; cada tanto vamos a la casa de mi padre que a su vez tuvo una hija con su nueva pareja, y he allí mi hermana”. 

El timbre sonó, era la hora del recreo. Todos salieron a fumar un cigarrillo, y fue allí donde entendió que lo que le sucedía era humano. 

Pasaron días, semanas, meses, y las ganas de consumir nunca pararon. La euforia del momento, el amor con el consumo, la adrenalina que generaba la transacción con el dealer, eso era real, y nadie podría quitárselo. 

Conforme el tiempo pasaba le ofrecieron un nuevo tipo de tratamiento, en un grupo que no era con personas adictas, sino con las personas con las que pasaba más tiempo, su familia, que de algún modo eran adictas a otras cosas…

Familia y adicciones 

Grupo familiar, una devoción completa a echar todo a perder, un inminente dolor ante el fracaso, y la concepción de las drogas con su mamá, papá, hermano y abuelos maternos. En un comienzo, el grupo familiar era un sinónimo bastante acertado de batalla campal. Ninguno estaba bien, ni él habiendo consumido, ni su familia habiendo pasado tanto tiempo sin saber de la cuestión, consumiendo vacío, ignorancia, inexistencia, no viendo su ser. La casa era un caos. No había caso en recomponer todo lo que a través de su tratamiento surgía. Sin embargo, como hubo tiempos malos también los hubo buenos. Tiempos llenos de paz y alegría, de cordialidad y respeto, de felicidad y autonomía. Estos tiempos llegaron luego de meses de rehabilitación. Al estar mejor conoció a alguien con quien no dudó en ponerse en pareja. De cualquier modo, es difícil poder reconocer la felicidad como felicidad, y no confundirla con euforia, ansiedad incontrolable, o ganas de consumir. 

Lo cierto es que el miércoles 17 de junio de 2015 pasó algo sin precedentes, algo que cambiaría sus vidas para siempre, sin saber el porqué. 

Ese día fue uno feliz. Un grupo familiar. Todos reunidos nuevamente para ser observados y guiados por un psicólogo cuyos ojos parecían permanecer en el mismo sueño con el que todos contaban. Antes del grupo, un café con sus abuelos, una linda charla y una caminata lenta por la vereda. Al comenzar realizaron un par de ejercicios de movimiento, y empezó la charla. 

– ¿Y ustedes como lo ven a Santiago? – Preguntó el psicólogo a sus padres. 

– Lo vemos muy bien realmente, ha conocido a una chica que a pesar de no estar hace mucho a su lado, lo está guiando por un camino que nos pone contentos – Una lágrima recorrió la mejilla de su madre. 

– ¿Y usted, como lo ve a Santiaguito? – preguntó a su abuela. 

– Lo veo contento con lo que hace, lo veo feliz, y eso a mí me llena de orgullo, me completa el vacío que desde que me enteré de lo que pasaba vengo sintiendo. Ahora me siento feliz, soy feliz. – La cara de su abuela se torna roja como la de un tomate, y los ojos vibran con la misma intensidad que las alas de una mariposa. 

– Y usted abuelo, ¿qué opina de todo esto? Usted no es de hablar mucho. 

Su abuelo no pudo encontrar palabras, lo único que hizo fue llorar y junto a él, su abuela. 

– ¿Por qué llora usted también? – preguntó a su abuela. 

– Porque en 50 años de casados, teniendo 2 hijos y 5 nietos, nunca lo vi llorar.

Agua 

Con los ojos gigantes se escondió bajo el manto de su camisa ya arrugada por los años. Su abuela, sin poder contener la lágrima que caía, agarró los pañuelos que en su cartera guardaba, los sacó de un tirón y se cubrió el rostro mientras se secaba. La madre, quien tampoco había visto a su padre llorar jamás, permaneció perpleja… estaba conociendo luego de cuarenta y tantos años a su padre. Se sintió sola en ese pensamiento. 

El pecho de Santiago contenía toda esa amargura que su abuelo parecía sacar a borbotones. Se levantó de la silla y fue al encuentro. Lo abrazó con todas las fuerzas, y se sintió contenido, conectado, relacionado con quien sería próximamente una figura clave en su vida. Era su compañero de escucha de vinilos de Jazz, de Bossa Nova, de Espectáculos, contrario a la relación que lleva con su hermano, todo fútbol. 

A Santiago ni le importa el fútbol, no sabe jugarlo, ni verlo, ni menos que menos entenderlo. 

Pero fue en ese momento, ese simple momento donde las palabras solo querían no ser dichas, el momento en el que todo parece absurdo y nada tenía sentido, pero sí coherencia. En ese momento conoció realmente a su abuelo, y de igual manera al resto de su familia…

Cambios estructurales 

Esa misma noche su madre tomó una decisión que marcaría todo. La decisión se fundó en un solo mensaje de texto que contenía una sola palabra, “Perdón”. Al rato más mensajes, respuestas de una persona, de otra provincia. 

– Perdón – dijo su madre 

– Perdón que no te tengo agendado, ¿quién sos? 

– Sonia, tu hermana. 

Un sinfín de idas y vueltas, mensajes con fotos, videos, textos con lágrimas en emoticones. Y una gran pregunta es la siguiente: ¿Qué tiene que ver el abuelo en todo esto? 

– No tenés que pedirme perdón por nada, en todo caso soy yo quien debe pedirlo – contestó el tío de Santiago. - Perdoname que pregunte, pero ¿De dónde salió la idea del mensaje? 

– Hoy lo vi a papá llorar por primera vez y me di cuenta de que tenemos que estar unidos, no podemos seguir peleados toda la vida. Me di cuenta de que te quiero, aunque a veces no, ni un poquito.

Recuerdo claro 

Recuerda claramente una conversación que tuvo con su novia, Oriana. Fue un día martes, se vieron en su casa, no aguantó y se desmoronó, cayó a pedazos, murió. 

– Salí mal de la reunión familiar 

– Pero ¿Por qué? 

– Porque vi en los ojos de mi abuelo la angustia de toda mi familia, fue como ver el abismo, enfrentarse a él. Antes no me importaba nada, iba de esquina en esquina, de dealer en dealer, fumando todo lo que se movía para mantenerme activo, y sin embargo en el grupo me sentí muerto, nuevamente.

 – ¿Ahora sentís ganas de consumir? – preguntó con miedo su novia. 

– Sí, sí y no. Siento todo y no siento nada. Es como que le tengo miedo a lo bello, y tengo frío del calor, y no sé, no sé qué siento, pero siento todo. – inhaló y exhaló fuertemente.

Pablo 

¿Quién es Pablo? ¿Qué tiene que ver con esta historia? Simple, tiene que verlo todo. 

Ni un tratamiento de rehabilitación, ni las preguntas hostigadoras de la familia han logrado saber de su existencia. Pablo ahora es una parte suya, no fue de nadie más hasta este momento. Pablo era un chico de unos quince años, se juntaban en una esquina a fumar todo lo que conseguían. Era su amigo del consumo, solo se podían ver cuando estaban solos, y con ganas de fumar. Por lo tanto, se podían ver casi todo el tiempo. 

Pablo era un chico triste, con una mirada bastante negativa de la vida en general. Casi siempre se sentía perseguido. Si no era por una mirada, era por una sombra en las paredes. Recuerda un día que se lo cruzó en la calle acompañado por su madre; lo vio y no lo saludó. Así de fiel era su trato. 

Pero no todo es risa en la amistad por consumo. Ambos presenciaron cosas duras, cosas que dudo poder contar en un texto o en una conversación de café. 

Un día decidió ir a la esquina luego del colegio. No había rastro alguno de Pablo. Se encontró con su dealer, hicieron el pasaje de manos como siempre, y le preguntó por Pablo. 

– No va a poder venir más – le respondió bajito. 

– ¿Cómo es eso? 

– Lo mataron pibe, se quiso hacer el malo con otra banda y lo llenaron de balas. 

Así fue que nunca más vio a Pablo. Sin embargo, lo sintió siempre. Lo sintió fuerte y claro, estaba más flaco, y le sonreía en su mente tras la pequeña abertura de la puerta. Ese día también terminó conociéndolo a él.

Tratamiento 

Pasaron varias cosas. Entre esas, pudo ser DJ de una fiesta de Nickelodeon, comenzar a actuar en obras teatrales y así llegar al Teatro San Martín. Pudo dar clases de producción musical a chicos de todas las edades. De esta manera comenzó a vivir nuevamente, aunque siempre con temor a los fantasmas…

Recta final 

En su tratamiento también había algo llamado La Recta. Era una fase que duraba aproximadamente un mes y medio, en el que los preparaban para la salida y para la pronta recuperación de la rehabilitación. Santiago llegó a la recta, pero no llegó a emocionarse ni un poco. Acompañado por toda su familia, Oriana incluida, no logró sacar ni una lágrima. Hacía poco que había sido el aniversario de la muerte de Pablo, y no podía dejar de pensar en eso. Él sentía como un tapón en el estómago, como si todo lo respirado estuviera intoxicándolo. Raro, lo sé, pero a su vez el sentimiento era casi normal. Se sentía como consumir. El inhalar la sustancia y deleitarse con los mareos, los flasheos, los bajones… eso sintió en la recta final del tratamiento. Y fue así que terminó, “flashándola feo”, porque se drogaba sin drogarse…

Después aprovechó y se fue de vacaciones con su novia, solos, a los dieciocho años. Empezó a estudiar Diseño de Imagen y Sonido en la Universidad de Palermo, a trabajar, a dar clases, a pintar, a escribir, a flashearla en todos los aspectos de la vida, pero sin necesidad de la droga.

La Vida va 

Y así me despide de todo mi ser. ¿Quién soy? ¿Qué hago? ¿De dónde vengo? No importa. 

La vida va, sí, pero, ¿a dónde? ¿Tiene un camino? No lo sé, pero creo poder averiguarlo. Creo que la vida va con nosotros, a donde vamos nosotros, nace con nosotros, y muere con nosotros. No necesitamos más que la compañía de ésta vida, mientras que nos acompañe no moriremos en la solemnidad del olvido. 

En todas las vidas de esta vida pretendo impactar, en formas que no podemos entender. Algunas personas lo atribuyen a los teoremas físicos, otros al mantra y a los pensamientos de diferentes religiones. Yo creo que vivimos gracias a un error de la vida en sí. No somos más que un error de la naturaleza, pero sinceramente, un hermoso error. Si respirar fuese un error, y decidir también, quizás seríamos seres que buscan fervorosamente ganarle a este error, llevarle la delantera. Necesitamos ser los ganadores, necesitamos de esa euforia del primer puesto. 

– ¿Por qué este monólogo? – pregunta mi madre 

– ¿Por qué no? ¿Por qué no sentirnos orgullosos de ser un error viviente? ¿Por qué no agarrar ese error y festejarlo, llevarlo hasta el punto en el que se vuelve chico? 

Por eso digo: todo lo que decidí, tarde o temprano sería un error debido a que toda decisión acarrea consigo misma una pérdida de tiempo, y cuando el tiempo ya no exista, muchos de esos errores se podrán ver más fácilmente. Sin embargo, tuve el poder de decidir, y en esa elección, de creer sin lugar a dudas, una y otra vez, que ese error fue lo mejor que me pasó en la vida, una y otra vez. 

F a N i L 

Este texto tiene una finalidad, es la de poder dar a conocer la historia de las personas que ya no están con nosotros. Esas personas que no llegaste a conocer, que te hubiesen abrazado con locura, que te hubiesen tomado como nieto, bisnieto, o sobrino.

Hijo, este texto es todo lo que recuerdo de mi infancia. Ahora es tuyo, llévalo con pasión, y escribe en él lo que a tus hijos quieras darles. Éste es el único linaje existente, que, como el título de este capítulo, puede también estar lleno de errores, queda en nosotros decidir cuáles fueron los que volveríamos a cometer, y cuáles no, en ese eterno retorno, en la circularidad de la vida.  


El Teorema Fanal fue publicado de la página 131 a página133 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº81

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