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Paz muda

Rosi, Castiñeira Gonzalez

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº81

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº81

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación

Año XV, Vol. 81, Julio 2018, Buenos Aires, Argentina | 160 páginas

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Partida 

Esta historia transcurrió a mediados de diciembre del año 2010, en un pequeño pueblo de Nueva Zelanda llamado Dannevirke, muy alejado del ruido de las grandes ciudades y del caos cotidiano. 

Laila y su familia habían vivido unos años en Wellington hasta que la vida de ciudad los atormentó con su constante andar, preocupaciones y falsas apariencias, sin poder disfrutar en lo más mínimo lo que sus esplendorosos trabajos les brindaban: una casa grande, autos modernos pero lo que más los atormentaba era no poder compartir su pasión por la música. Luego de varias averiguaciones y mucho pensar decidieron alejarse para siempre del ruido que desarmaba hasta las nubes y mudarse a Dannevirke. Toda la familia: Tomas, el padre, Isabel, la madre junto con sus hijos mellizos Luke y Liam y su única hija Laila emprendió rumbo a su nueva y emocionante vida de campo. 

Aunque estaban en la época de adolescentes y eran los hijos mayores, los mellizos tomaron el cambio muy bien. Luke siempre fue un amante de la naturaleza y la exploración y Liam siempre quiso estar más cerca de lo que él llamaba sus verdaderas raíces, pues a pesar de ser rubio y con unos preciosos ojos color miel, se consideró desde que empezó a hablar como parte de la cultura maorí. 

Por otro lado, Laila no estaba feliz. La idea de tener una granja y animales y desprenderse de sus amigas y amigos no le apetecía para nada. En medio de discusiones y berrinches, había convencido a sus padres de que la dejen ir a Barcelona al terminar el año. 

Así, se trasladaron a Dannevirke donde emprenderían nuevos rumbos, alejados del ruido y también del pasado, que creyeron, los dejaría para siempre. 

Nada nuevo 

Desde el primer día, Laila había estado de mal humor, algo que no era nuevo para la familia, pero su mal genio se acrecentaba cada día más y ponía a sus padres en situaciones muy desfavorables. Siendo la única mujer y la más pequeña, su padre la había consentido incondicionalmente en todos sus caprichos, pero no así su madre, quien era más diligente con los varones que con ella, pues sus cabellos rojos les recordaban a sus desagradables suegros y de quienes, además, la hija, había heredado el mal genio. 

Laila había dejado muy en claro a su padre que debían pagarle el viaje a Barcelona para enero del siguiente año, pues deseaba disfrutar de un invierno europeo y era la mejor época para ir.

Pero, había un pequeño problema, la única condición que habían puesto sus padres era aprender español. Como nunca había viajado sola y deseaba escapar, decidió que tomaría clases para complacer a los padres, Laila era fría y maliciosa pero nunca se lanzaba a nada sin antes haberlo pensado bien, por lo que la condición de aprender no le causó disgusto. Pero, Laila no había caído en la cuenta de que en el aislado pueblo de Dannevirke las probabilidades de encontrar un profesor de español eran nulas y menos aún encontrar un verdadero español hablante que la ayude.

Súbdita 

En su nuevo colegio, gigante y lleno de compañeros maoríes a quienes despreciaba y humillaba, no había logrado encajar y menos aún hacer amigos. Sus hermanos, hicieron amigos desde el primer día, pero no ella, y eso la molestaba aún más pues deseaba tener la misma popularidad que en su antigua vida. Estaba desesperada, necesitaba salir de allí o encontrar una súbdita a quien llamaría amiga, pero con quien no compartiría más que órdenes y caprichos para sí misma. 

Luego de varias semanas, sin éxito para hacer amigos, encontró una solución que le llegó de sorpresa y resolvería sus dos problemas: el español y la amiga. 

La directora del colegio anunció que se presentarían alumnos de intercambio al colegio, pero que éstos aún necesitaban un lugar donde hospedarse y que apelaban al buen corazón de las familias del pueblo para recibirlos, pues aunque provenían de familias adineradas la intención del intercambio no radicaba en ofrecer dinero sino en ser recibidos para aprender de la cultura local, sin embargo, había dicho que todos aquellos que recibieran alumnos serían invitados por la familia del alumno a visitar su país sin costo alguno. Al terminar, la profesora Cota repartió unos volantes con los datos de cada alumno acerca de su país natal, sus pasatiempos, y sus datos de contacto. Fue allí cuando vio el rostro de Pía, dulce y sonriente, tenía 16 años y aún necesitaba una familia. Apenas llegó a casa ese día, habló con sus padres para hospedarla y éstos al ver que Pía provenía de una familia de criadores de caballos y que estaba dispuesta a vivir en una zona rural, aceptaron hospedarla. La madre llamó al colegio y coordinaron el arreglo. Enviaron un e-mail a Pía e intercambiaron fotos y mensajes. 

Pía llegó a Dannevirke en octubre, en el mes más pesado y húmedo de la temporada previa al sofocante verano de calor congelante. No hablaba ni un poquito de inglés, por lo que llevaba un pequeño diccionario con ella a todos lados. Eso no le gustó a Laila desde el primer momento, ya que creía que podrían tener conversaciones en ambos idiomas y poder entenderse o, mejor dicho, que ella pueda enseñarle español. Los primeros días fueron largos y difíciles para Pía, pues, aunque venía de una familia de criadores de caballos y había crecido con ellos, nunca había vivido en una granja, aislada de toda civilización y menos aun realizando los quehaceres de la granja, como bañar a los caballos, alimentar a los patos y cocinar. Tomas e Isabel la habían tratado muy bien desde el primer momento y le tenían mucha paciencia, también los varones, pero no así Laila quien se burlaba de ella a cada minuto y hablaba lo más rápido posible para que ella no entendiera nada y tergiversaba todas las órdenes que habían dado sus padres para que Pía las haga mal. 

Pasaron varios meses y la relación entre Pía y Laila no mejoró. El constante bullying que recibía Pía en el colegio cada día la atormentaba más, aunque ella ni siquiera pudiera relacionar la palabra bullying con lo que Laila le hacía, pues era cada vez peor: la abandonaba fuera de la escuela, la hacía pelar papas que ni siquiera iban a cocinar y luego decía a sus padres que había sido decisión de Pía no cocinarlas y tirarlas a la basura y muchas otras cosas más que Pía creía no soportar más. 

Su escape eran igual los caballos y los largos paseos con Isabel, quien tenía una fascinación única con estos animales. Los entendía y amaba como nadie más. Encontraba en Pía una compañera de aventuras en las altas colinas de las granjas vecinas y disfrutaba de su compañía, aunque no pudieran compartir muchas palabras. 

Isabel participaba constantemente de viajes a las afueras de Dannevirke donde iban a montar en grupos por lugares recónditos y mágicos de Manawatu. Se llevaba a las niñas, quienes no siempre estaban dispuestas a ir, pero a quienes no podía dejar sola en una granja tan aislada, aunque solo fuese por un día o dos. Pía nunca se había quejado a pesar de que no era su actividad favorita. 

Los viajes se repetían cada tres semanas, con los mismos preparativos y normas habituales: preparar la comida, los caballos y salir antes del amanecer.

Cambio 

Un viaje más y una semana de locos que había dejado a Pía totalmente exhausta. Preparando todo y agotada luego de una semana de intensas actividades nuevas y sin dominar el idioma, se preguntaba por qué no contrataban a alguien para ocuparse de los caballos e irse tranquilos de una vez por todas. 

Absorta en sus pensamientos, y poniendo la mejor cara posible para no estropear el buen ánimo de Laila que con sus cabellos rojos como la lava iba bailoteando alrededor, no escuchó que sólo irían Laila y ella en la camioneta con los caballos. 

Verdades 

Cuando se dio cuenta de que iban ellas solas, pidió unos momentos para cargar la batería de su iPod y así evitar todo intento de conversación o discusión con Laila. 

Laila le advirtió que ya estaban retrasadas pero que podría elegir las canciones de la radio en el trayecto. Algo no la convencía, pues nunca había viajado sola con Laila. 

- ¿Tu mamá estará esperándonos allá? ¿Por qué no me avisó que iríamos solas? 

- Basta Pía, no pasa nada. Mi mamá sigue fuera de la ciudad de viaje y me pidió que llevemos a los caballos a dar un paseo. 

- ¿Y por qué no vamos sólo a las colinas vecinas? ¿Qué tan lejos iremos, por eso llevamos el carro? 

- Iremos a Waipapa, a la granja de unos amigos a quienes no veo hace tiempo. Te va a gustar. Ahora subí que ya quiero salir. 

- Está bien. Tu mamá sabe lo que es mejor para los caballos. Vamos. 

 El trayecto a Waipawa fue tranquilo, sin mucho intercambio de palabras entre ambas, pero a la vez sin discusiones.  

Ilusión 

Al llegar, Pía se encargó de abrir cada portón de la interminable entrada de la granja de los Morris. Cuando al fin llegaron al punto de encuentro, bajó de la camioneta y quedó fascinada por las colinas y el enorme silo de la granja. 

Había visto esas montañas desde su primer día de llegada al país, pero era en esa hora, el crepúsculo, en la que más le gustaba admirarlas. 

Con el corazón de miel por el entusiasmo, abrió el tráiler de los caballos y les dio de pastar. Cuando los terminó de acomodar en el establo, se lavó el rostro y corrió a bajar sus cosas para llevarlas al silo donde dormirían, pero Laila la detuvo y le informó que ella no la acompañaría. 

Espera 

Pía no entendió la orden que le había dado Laila o quizás creyó estar en una pesadilla: debía lavar el tráiler de los caballos y pasar allí la noche. 

Los dueños de casa, según Laila, sólo la esperaban a ella y quería hablar con ellos en privado para comentarles que había traído a alguien más. 

Desesperada porque llegue Laila no respondía a sus llamados y no veía a nadie cerca, se sentó a llorar y esperar. Pasaron las horas. Laila no había vuelto a aparecer así que Pía no tuvo otra opción más que limpiar el tráiler y buscar provisiones para pasar la noche sola. 

De tanto cansancio y llanto, Pía durmió intranquila, y sin despertar en ningún momento. Al día siguiente al amanecer, salió a buscar a Laila, pero ésta no estaba por ningún lado. De hecho, no había nadie en los alrededores. Estaba completamente sola. 

Calma 

Buscó a Laila, pero no la encontró y no veía la camioneta. 

Fue al establo a preparar los caballos para salir a buscar a los vecinos de la granja de al lado para que pudieran ayudarla. 

Al llegar a la casa más próxima, que se encontraba a 8 km. de distancia, le abrieron la puerta sorprendidos por la palidez floral y voraz de su aspecto. Les contó lo que había ocurrido y éstos le contaron que la granja donde la habían llevado no pertenecía a ninguna familia sino a un grupo de la pandilla maorí Mongrel Mob, reconocidos por ser violentos y los más buscados de esa zona. 

Decidió volver, tomó al caballo que dejó y se quedó en la casa de los vecinos hasta poder comunicarse con Isabel que no contestaba sus llamadas. 

Al llegar, se encontró con ellos y les preguntó qué había pasado con Laila. 

Muda 

Final 1 

El hombre le dijo que eso no importaba y que ella debía acompañarlo. Pía subió al caballo incendiada por la tormentosa condición, pero al dar vuelta se encontró con otros 3 integrantes, quienes la obligaron a bajar y se la llevaron, la encerraron en el sótano de la granja y fue parte de la leyenda de Mongrel Mob.

Final 2 

Había acabado. Al fin había logrado deshacerse de Laila.


Paz muda fue publicado de la página 136 a página138 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº81

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