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La historia de un luchador

Lahan, Martina

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº81

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº81

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación

Año XV, Vol. 81, Julio 2018, Buenos Aires, Argentina | 160 páginas

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Nació en Polonia, en la ciudad de Lemberg, el día 20 de Noviembre de 1912. 

Su familia, compuesta por su mamá Rosa, su papá Asher y su hermano Yosef, era de clase media y muy apegada a la ortodoxia judía. 

Vivían en una casa inmensa, una casa tan grande, que dentro de la misma, funcionaba una sinagoga donde sus vecinos judíos iban a rezar diariamente. 

Su nivel de vida era bastante aceptable. Concurría a dos escuelas de medio turno cada una. Practicaba fútbol habitualmente y en invierno le encantaba esquiar por las calles de Lemberg. 

Pero con la crisis mundial del año 1929, toda esa estructura económica se derrumbó y al mismo tiempo que su padre fallecía, el negocio de su familia entró en bancarrota. 

En el año 1930, su madre Rosa, su hermano Yosef y mi bisabuelo Salomón, abordaron un barco que luego de más de 30 días de trayectoria, llegó a Buenos Aires. 

A su hermano, no le gustó Argentina, y ya que había dejado una novia en Polonia decidió regresar en seguida allí, donde se casó, tuvo hijos y desafortunadamente en el año 1943, él y toda su familia fueron asesinados en un campo de concentración nazi en Auschwitz. 

De Buenos Aires, mi bisabuelo y su madre, se trasladaron a Moises Ville, provincia de Santa Fe, en donde ella volvió a casarse y en donde él, a sus 18 años, tuvo que comenzar a trabajar por primera vez en su vida. 

Al no acostumbrarse a la vida de Moises Ville, viajó sin su madre hacia Buenos Aires. Allí, se puso en contacto con conocidos suyos para conseguir trabajo y alojamiento. 

A los 24 años se reencontró con una conocida de su niñez llamada Elka. Se enamoraron, y se casaron cuando él tenía 25 años, y ella 28, en Buenos Aires. Tuvieron 3 hijos, llamados Oscar (mi abuelo), Eugenia y Clara. 

Lamentablemente, Eugenia falleció cuando tenía 30 años, causándole a mi bisabuelo un dolor del que le costó reponerse. 

Su esposa, jamás pudo asimilar esa desgracia, se enfermó gravemente, y mi bisabuelo la cuidó durante cinco años, con todo el amor y la dedicación que le puede dar un hombre a su esposa, hasta que finalmente falleció. 

Sus hijos eran muy pequeños y mi bisabuelo estaba ocupado trabajando, no menos de 14 horas diarias, para tratar de esa manera progresar económicamente. 

No tenían vehículo ni casa propia, pero poco a poco, y gracias a su constante esfuerzo, la fábrica fue creciendo, su nivel de vida fue mejorando, pudo comprar su casa propia, darle una buena educación a sus hijos y poder casarlos. Su familia se agrandó al tener cinco nietos y once bisnietos a los que afortunadamente pudo conocer. 

Finalmente, en los últimos años de su vida estuvo viviendo en un asilo, llamado Beit Sion Douer, ya que era muy difícil cuidarlo y mantenerlo. Algunos días de la semana, generalmente los miércoles y viernes, íbamos con mis hermanas a visitarlo. Nos sentábamos en el jardín trasero del asilo, y pasábamos horas charlando y él nos contaba todo acerca de su vida. 

Personalmente, yo tenía una muy buena relación con mi bisabuelo y admiraba todo el esfuerzo que hizo durante sus 101 años de vida. Él es un ejemplo claro de cómo la fuerza y la valentía sobrepasan cualquier obstáculo y me incentiva a poder lograr todos mis objetivos.


La historia de un luchador fue publicado de la página 146 a página147 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº81

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