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Tinta en movimiento

Aguirre, Nayla

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº82

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº82

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición XXII Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2017 Ensayos Contemporáneos. Edición XX Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2017

Año XV, Vol. 82, Julio 2018, Buenos Aires, Argentina | 210 páginas

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Introducción 

En el siguiente ensayo se desarrollará un análisis acerca de la tan especial estética de la película de animación japonesa llamada El cuento de la princesa Kaguya (Kaguya-hime no monogatari), buscando relaciones con contenidos vistos durante la cursada de Taller de Reflexión Artística III.

Se realizará una profundización acerca del estilo que el estudio decide mantener a lo largo de todo el largometraje, ya sea representación de personajes, fondos y la técnica con la cual se lleva a cabo el proyecto, y se lo comparará con semejanzas con distintos períodos y obras provenientes de la historia de la pintura japonesa. 

Japón 

Japón, palabra occidental y castellana de origen chino, significa: el lugar desde donde sale el Sol. El nombre en japonés, Nippon, es solo utilizado en sellos, o por ejemplo en eventos internacionales, mientras que comúnmente dentro de Japón se lo refiere al país como Nihon.

La cultura japonesa posee un aire místico con relatos acerca de geishas, samuráis, dinastías y emperadores, y hay mucho de estos en cada etapa de su historia.

La pintura japonesa 

El arte de la pintura a tinta es uno de los caminos del zen japonés, como lo son la ceremonia del té, el arte floral Ikebana, la lucha de espadas, el tiro con arco o la caligrafía, de la que el Sumi-e es una variación. Estas disciplinas en apariencia tan diferentes, siguen el mismo método para conseguir el mismo propósito: el control de las molestas distracciones, el dominio de sí mismo y finalmente la liberación del talento interior, más auténtico, más perfecto y más feliz que cualquier cosa que se pueda conseguir con el intelecto. 

Cualquiera de estos caminos exige una dedicación de años y una entrega total. Por supuesto, no se trata de llegar a ningún fin, porque el anhelo de un fin ya es un impedimento; lo importante es el camino. Se han de manejar los materiales, se han de ensayar las posturas. 

Repetir, repetir y repetir los ejercicios hasta que las extremidades pierdan su torpeza y se liberen de sus limitaciones. Cometer errores una y otra vez, y aprender a soportarlos. Así, con el tiempo, la mente se libera del deseo de éxito, la mano se convierte en un transmisor instantáneo de las emociones, y se olvidan todas las lecciones, técnicas y trucos. Entonces se alcanza la maestría. 

La naturaleza ha sido siempre un elemento muy importante de la cultura japonesa. Aún hoy en día, hay parques enormes en las grandes ciudades, y allí donde se acaban los edificios, empiezan los bosques. En el sumi-e no se trata de ir a copiar los paisajes o las plantas. Se ha de interiorizar el espíritu de aquello que se pinta, para que salga por sí mismo en el momento de coger el pincel. De todas formas, no es necesario tener un modelo real. Nada hay más cercano al arte abstracto que estos trazos negros sobre un papel.

Sumi-e 

El sumi-e (sumi: tinta; e: pintura en japonés) es una técnica en pintura que tiene origen en China, y en Japón se denomina sum-e, literalmente tinta y pintura. Se caracteriza por un estilo naturalista con gran influencia en el Tao y el Budismo Zen (Chan). Su técnica suele incluir un trazo rápido, expresivo y con unos acabados impresionantes que parecen retratar a la naturaleza como parte del que la dibuja, de manera general siempre con tintas negras sobre papel blanco de arroz. 

Algunas de las cualidades que debe tener están fijados en el arte zen y resultan realmente atrayentes para nosotros: -Fukinsei: asimetría. Para los japoneses la perfección es rigidez y se aleja de la vida que es movimiento, la naturaleza es asimétrica y dinámica. 

-Kans: austeridad. Es mejor sólo usar pocos elementos y elementos sencillos y propios de la naturaleza, cuanto menos sean mayor será el resultado. 

–Koko: la pátina. Todo tiene mayor belleza cuando tiene una historia que contar, todo aquello que muestra el paso del tiempo son más interesantes que las nuevas. Todo lo que marca un proceso de crecimiento, las grietas, cicatrices, rascones y superficies gastadas hacen todo más hermoso. 

-Shizen: naturalidad. La naturaleza es la mejor maestra del hombre, porque todo lo que vale la pena fijarse, todo ese cambio constante de lo natural, donde todo surge y muere espontáneamente y esto hace auténtico al arte. 

-Yuugen: profundidad. El arte hablad e profundidad, no es lo que está mostrando, las apariencias son los velos que cubren una realidad ausente, pero presente en ellas. Lo que vemos es la superficie, en cada trazo y en cada detalle se esconde todo un universo. 

–Datsozoku, desapego. Esta realización del arte debe ser sin ego, sin emociones. Se trata de eliminar al que hace, y que las cosas se hagan desde un espacio donde el arte no revela emociones, sino sólo el talento que se esconde tras cada pintura. 

–Seiyaku, serenidad o ecuanimidad. Es de alguna manera el resultado de lo anterior. La mente debe estar en calma para observar las cosas con ecuanimidad, desde ese punto las cosas surgen como son y no cómo pensamos que son. La mente se hace cristalina como un lago que refleja todo lo que ve.

Por último, hay un elemento esencial en budismo zen, esto es el Vacío (ku). Es un aspecto fundamental del camino espiritual, todo es vacuidad y es en esa vacuidad de los fenómenos y de la realidad desde la cual podemos llegar a una realización o una iluminación (satori o kensho). En la pintura es crucial este sentido, ya que no sólo constituye la capacidad creativa de la mente, sino que es el protagonista de la pintura. El vacío (yohaku) es el papel en blanco, en el que los trazos negros muestran lo visible, abarcando el aire y el espacio sin el cual no podrían manifestarse.

Yamato-e 

El Yamato-e es un estilo de pintura japonesa inspirado en las obras pictóricas de la dinastía Tang y desarrollado a finales del periodo Heian (794 d. C. – 1185). Es considerado como un estilo mundano, ya que está basado en temas nativos provenientes de la literatura tradicional de dicha nación y caracterizado por el uso de matices fuertes. 

Yamato era el nombre por el que se designada a una región situada en lo que hoy es la prefectura de Nara y alrededores, aunque, por extensión, al mencionar Yamato se estaba aludiendo a Japón como país. Por consiguiente, cuando se hablaba de la pintura yamato se quería indicar que era una pintura japonesa, es decir, indígena y diferente de la que seguía los modelos chinos. 

Los temas que se trataban en la pintura japonesa de esa época eran generalmente representaciones de leyendas, ilustraciones de poemas o temas de la religión budista, todos ellos siempre ambientados en el gran país continental. 

Un concepto algo restringido de yamato-e que se considera como de los rasgos que lo distingue de la pintura China es la amplia aplicación del color. Aunque el término yamato se aplica a cualquier obra ejecutada sobre papel, seda, biombos, o puertas corredizas, la gran mayoría de las que han llegado a nuestros días son pinturas en rollo. Se dice que la razón de esto es debido a las guerras e incendios que hubo, muy pocos edificios anteriores del siglo XI han llegado a nuestros días. 

Una de las primeras muestras del yamato-e fue el Genji monogatari emaki, una obra de tema y estilo cien por cien japoneses. La obra original estaba formada por unos 10 rollos de una longitud aproximada de 11 metros cada uno que ilustraban los 54 capítulos de la obra literaria. De todos ellos solo han llegado hasta nuestros días cuatro rollos, con menos de 90 láminas en total entre pinturas y caligrafías. 

El cuento de la Princesa Kaguya 

Es una película realizada por el mítico estudio de animación japonés Ghibli, y está inspirada en un cuento japonés de finales del siglo IX durante los períodos Heian y Nakamura: El cortador de bambú (Taketori monogatari), de autoría anónima y considerada una de las piezas más míticas de la historia de la literatura nipona, al estar hablando de la primera pieza de ficción de la que se tiene constancia y precursora absoluta de toda la literatura de ficción posterior en el mismo país, un mito que ha dado lugar incluso al nacimiento de las erupciones del mítico Monte Fuji, según el folclore japonés, cuando la princesa Kaguya se enfada. 

Narra la historia de un anciano campesino que encuentra a una recién nacida dentro de un tallo de bambú que brilla en medio de la montaña y quien, junto a su mujer, decide adoptarla como si fuera su propia hija e intentar hacerla feliz. Poco a poco, el destino de esta mujer y el papel que debe ejercer en el mundo van destapándose. 

La protagonista de esta historia es Kaguya (literalmente Luz Brillante), un personaje bondadoso, de sabiduría casi-divina y, sobre todo, muy humano, que se ve fuertemente influenciado durante toda la cinta por los intereses de sus allegados y no por los de ella misma, haciendo que su (rápido) crecimiento tanto físico como mental se vean muy influenciados por decisiones que ella misma no ha decidido seguir.

Conclusión 

Al mirar la película, podemos apreciar cómo la dirección de arte decide hacer referencia a las antiguas técnicas utilizadas a lo largo de la historia de la pintura japonesa mediante la estética de la misma, ya que, justamente, la película adapta un antiguo cuento japonés perteneciente a los períodos Heian y Nakamura. Los dos estilos fundamentales que vamos a tratar en esta comparación son: el yamato-e y el sumi-e. 

Cuando observamos el estilo en el que están ilustrados los personajes, más allá del clásico estilo anime, se puede apreciar una fuerte influencia del estilo del yamato-e. Esto lo podemos ver el tratamiento de la línea y el color. 

Las figuras están realizadas con un tipo de línea negra fina que conforman las mismas y las contornea, realizadas a mano con tinta, y están rellenas solo con colores planos, sin ningún tipo de sombra proyectada, tal como se podía ver en el antiguo estilo al cual hace referencia. También hay una similitud con el tipo de color que utilizan: colores pálidos para la piel, el pelo plano en negro, y colores tanto pálidos como fuertes para las ropas de los mismos. Otra referencia que podemos ver es en la representación de algunos de los personajes, es decir en los diseños, como por ejemplo: Sagami, posee una silueta y rasgos característicos de los personajes que aparecen en las antiguas pinturas del yamato-e. 

Respecto al trabajo de fondos podemos observar la influencia tanto del estilo del sumi-e y el yamato-e, pero sobre todo de este primero. Los artistas toman como referencia una de las características más particulares del arte japonés, que es el tratamiento del vacío. Cuando nos fijamos en la representación de los elementos que conforman el espacio, estos no se representan en su totalidad, se sugieren dejando la figura incompleta, permitiendo que el ojo del espectador complete lo que resta del paisaje. Esta es una característica bastante particular del estilo sumi-e. La razón por la cual al comenzar la comparación de técnicas con los fondos de la película también se menciona el yamato-e, es porque esta idea del vacío también es sugerida en este estilo artístico, y también podemos hablar de que se puede encontrar cierta similitud en el tratamiento del color. 

Referencias bibliográficas 

Gomez, E. (2014) Analizamos El cuento de la Princesa Kaguya. Disponible en: https://culturanipon.blogspot.com. ar/2014/05/pintura-japonesa-la-yamato-e-i.html 

Manrique, E. (2007). Pintura zen, método y arte del Sumi-e. México: Kairós. 

Rives, D. J. (2014) Japón, cultura y arte: Pintura japonesa: la yamato-e. Disponible en: https://culturanipon.blogspot. com.ar/2014/05/pintura-japonesa-la-yamato-e-i.html


Tinta en movimiento fue publicado de la página 96 a página97 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº82

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