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Estilo oriental

Avellino Raschia, Florencia María

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº82

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº82

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición XXII Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2017 Ensayos Contemporáneos. Edición XX Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2017

Año XV, Vol. 82, Julio 2018, Buenos Aires, Argentina | 210 páginas

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Resumen:

El ensayo toma foco en la tendencia actual del estilo oriental, en lo que respecta a estampas y tipologías. Se vincula con la historia del arte oriental y se indaga acerca de las estampas y la historia del kimono en profundidad. Del mismo modo, se investiga la tendencia, su surgimiento y se deduciría en qué etapa de la curva de campana de tendencias se encuentra. El objetivo de este ensayo es poder reflexionar acerca de la relación que tiene una tendencia actual en la moda, con un estilo de arte antiguo oriental.

Palabras clave: arte oriental - Japón – China - estampas orientales - kimono - tendencias - indumentaria oriental - geishas – moda.

Introducción Arte oriental 

Como bien describe Bazin al arte dentro de las civilizaciones del extremo oriente;

Toda obra de arte occidental esta concebida con relación a un espectador; se ofrece a la mirada y se entrega al pensamiento. Debe ser legible, desmontable en partes, capaz de ser reducida a la unidad; constituye esencialmente una forma , una división rigurosa del espacio y el tiempo (…) Haciendo foco en China, que es un país que se encuentra separado del resto del continente asiático por las montañas del Tibet, el cual siempre se vio envuelto en la necesidad de defenderse de las invasiones de los pueblos nómadas que entraban a través de Mongolia y el cual su historia estuvo marcada para la alternancia de contracciones y dilataciones en cuanto al poder. Es un país que conserva el orden en base a la creencia de la existencia de un acuerdo mágico entre el orden humano y el orden universal, al igual que por el culto a los antepasados. (Bazin, 1976).

El arte en dicho país no se redujo solamente al género pictórico, o arquitectónico, sino que también se expresó a través de los objetos diarios como la indumentaria, cumpliendo una aplicación directa a la vida. En todo, se puede hallar la presencia del Yin y el Yang, es decir, los pares de opuestos, como el sol y la luna, lo femenino y los masculino. 

La caligrafía, al igual que la pintura, la poesía y la música fueron de gran importancia ya que estimularon el pensamiento de la sociedad. Sin embargo, la entrada del budismo a China, transformó el pensamiento, dando origen a otra forma de ver la vida, que se puede ver claramente en el arte y en la arquitectura. A pesar de esto, pocos rastros quedan de estos cambios ya que muchos testimonios han desaparecido debido a la fragilidad de los materiales utilizados, al igual que por la acción del tiempo. La historia de China, asimismo, se puede ver reflejada en los volúmenes escritos por Sse-ma Ch´ien, el padre de la historiografía (Svanasicni, 1989). 

El arte chino resulta ser mayormente expresivo, tiene decorados que se repiten incansablemente, combinándose de distintas maneras, generalmente agrupados de forma simétrica; la cabeza del monstruo astado, sin quijada y de ojos dilatados, los dragones, las serpientes, los pájaros, las espirales con distintos tipos de enrolamientos (Bazin, 1976). 

Para poder entender el arte japonés, es necesario describir el Shinto o la Via de los dioses, que es lo que expresa el alma japonesa, y que convive con el budismo, que llega desde China a través del territorio coreano, en el siglo VI. La leyenda cuenta que el emperador Jemmu Tenno, fundador del imperio, recibió tres objetos preciosos del rey coreano, entre estos se encuentra la imagen del Buda, y los textos sagrados budistas. A partir de este momento, y en cuanto la emperatriz Suiko asumió el poder, que luego delegó en su sobrino el príncipe Shotoku, ese arte en dicho territorio encontró su camino activamente (Svanasicni,1989). 

La estética budista se vio en todos los ámbitos artísticos pero sobre todo en la pintura y en la estatuaria, que genera un estilo de gran elevación mística. Esto, combinado a la influencia directa de la secta mística del Zen, aporta al arte japonés reflejos del arte chino, pero más vinculados con el realismo. (Bazin, 1976). 

Con respecto a las técnicas de pinturas, los artistas, se entregaban con entusiasmo a la nueva técnica de la laca, al grafismo duro y al gusto de los colores vivos y contrastados que marcaron las estampas niponas. (Bazin, 1976). 

Otro gran legado que ha dejado el imperio japonés son los tejidos, que se destacaron por la calidad de sus materiales, como la seda y por la creatividad de los diseños como se pueden ver en los kimonos y en la vestimenta del teatro Noh.

El uso del kimono en el Oriente

El kimono es el vestido japonés por excelencia. Surge a partir de los prototipos chinos de la dinastía Han, donde luego en el periodo Eso (1603-1867), se le realizan modificaciones y se lo conoce como Kosode. Para luego en el periodo de Meiji, se expande en una gran variedad de diseños y estilos que varía según la región y el poder socioeconómico del portador. (Crihfield, 1993).

Debido a la situación geográfica de su isla, los nipones saben que su universo puede desvanecerse de un momento a otro. Los frecuentes terremotos son un recordatorio constante de esta realidad. Esta impermanencia de las cosas les ha suscitado el gusto por lo frágil, por los materiales que el tiempo desgasta, por lo que no perdura. De ahí su entusiasmo por los cerezos en flor, de los que pueden gozar apenas dos semanas al año. Acaso los kimonos, raros de ver en el Japón actual, resulten igual de preciosos a sus ojos por su limitado uso contemporáneo. (Milenovich, 2007, p.153).

Sin embargo, hubo un momento cuando la importancia del kimono tuvo un declive, y fue cuando Japón se abrió a la influencia occidental. En un principio solamente los hombres de clases sociales altas como los políticos y los burócratas, se desquitaron de su uso, y luego rápidamente los hombres de todas las clases sociales pasaron a usar ropa occidental. En cambio, las mujeres siguieron llevando el kimono de forma diaria hasta los años 20. Eso se debió a la prosperidad económica del país luego de la Primera Guerra Mundial y a las necesidades de las mujeres de realizar trabajos tradicionales para los cuales necesitaba un atuendo más adaptado.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el país se empeñó en recuperar las tradiciones nacionales, sin embargo, el kimono no tuvo éxito en la sociedad, ya que era un momento de depresión económica y para realizar uno se necesitaba de mucha cantidad de tela. Por ese motivo, el gobierno sacó medidas para regular su uso. 

Luego de la guerra, y con la recuperación economía de los años 60, el kimono volvió a tener el esplendor que solía tener, pero no como una prenda de uso diario sino como un atuendo para ocasiones especiales. En ese mismo período, se lo consideró como el traje nacional japonés, esto significa que solamente se le pueden hacer cambios menores, como en lo que respecta al color y al estampado, pero nada que afecte la estructura y la tipología. Del mismo modo, se establecieron normas para su uso, que sirven para que el atuendo brinde información, como por ejemplo a qué lugar va la portadora, qué estación del año es, su edad, el estado civil y hasta su profesión. (Bardisa, 2016). 

A diferencia del occidente donde se comienza desarrollando los diseños con base en los moldes y al cuerpo humano, en Japón se elabora de otra manera ya que en su pueblo, todo lo que es generado con el trabajo y el esfuerzo de las personas, no debe generar desperdicios. De esta manera, se utiliza el 100% del tejido para realizar los kimonos, dándole la mayor importancia al textil, ya que dicha tipología se adapta a todos los cuerpos y que con la ayuda de los pliegues se modela a cada persona, sin desperdiciar tela con moldes. 

Como sostiene Leroi-Gourhan: de esta manera, el kimono no es solamente un pieza de indumentaria, sino que guarda un significado mucho más importante para la sociedad nipona. Es símbolo de procedencia, de herencia familiar. A su vez, sirve para comprender otro sistema de creación de indumentaria ya que rompe con la idea del uso de los patrones para la elaboración de indumentaria. También, es una nueva forma de observar la indumentaria, ya que la palabra kimono procede del verbo japonés kimasu, que significa llevar algo sobre los hombros, esto demuestra que los japoneses a la hora de diseñar también analizan cuáles son los puntos de apoyo del cuerpo. A diferencia de los diseñadores en el occidente, que observan qué partes del cuerpo se debe cubrir. (Leroi-Gourhan, 1992).

Afuera de Japón, el tradicional vestuario japonés es conocido principalmente por su distintiva forma T. Mientras que el kimono representa una contribución única para la construcción de indumentaria, para los japoneses es primariamente la práctica que alude a la máxima expresión de su genialidad en la decoración de una superficie (…) La integración del color y el patrón otorgan a esta prenda una sorprendente frescura y una apariencia contemporánea. (Kennedy, 1990, p. 43).

Los kimonos en la actualidad están elaborados de textiles de procedencia animal o vegetal, como el cáñamo, la seda, el algodón y la lana o de materiales sintéticos o la mezcla de los mismos. 

Los kimonos se pueden clasificar según varios criterios pero si se dividen según la mujer que lo usa, se encuentran: el Furisode, es el que usan las mujeres jóvenes y solteras y se caracteriza por el largo de las mangas. Luego se encuentra el Kurotomesode, que es totalmente negro, con la estampa en la falda y con escudos familiares, es para las mujeres casadas. Por su parte el Iromujii, puede ser de cualquier color menos negro y es el uniforme de los practicantes de la ceremonia del té. 

Si se clasifican según el grado de formalidad; por un lado se encuentra el Hōmongi, que es el kimono más formal y tiene la característica de ser asimétrico en cuanto a estampados. El Tsukesage, que es menos formal que el anterior y la distribución del estampado también es asimétrico pero no forma un dibujo continuo. Por último se encuentra el Komon, en donde el estampado se distribuye uniformemente por toda la prenda y se usa en diferentes tejidos, que se adaptan a cada estación del año. Se lo considera un kimono de uso diario. 

En la actualidad solamente las geishas siguen usando los kimonos de forma diaria, ya que, aunque hay mucha variedad de precios dentro del mercado, los que son de buena calidad tienen un costo muy alto y solamente ellas pueden usarlos ya que es una herramienta más de su trabajo. 

Con respecto a las partes del kimono, el obi es una faja que se coloca bajo el pecho, y se sostiene con la ayuda del obijime, que es un cordón de seda que va centrado. (Bardisa, 2016). La prenda femenina tiene una abertura grande entre el cuerpo y las mangas que demuestra que es una prenda de mujer y que sirven para pasar el obi, que suele ser de una tela contrastan.

Las estampas orientales de los kimonos en el occidente 

La influencia del arte japonés en el arte occidental se llama Japonismo y nace en la segunda mitad del siglo XIX, en donde muchos artistas europeos se inspiraban en el arte oriental. Sin embargo muchos de ellos nunca realizaron viajes a dicho país sino que el contacto se realizaba a través de los coleccionistas de arte oriental, que coleccionaban, como porcelanas, lacas y estampas. Todo esto se debió a la apertura de los puertos japoneses, a la presencia de Japón en las Exposiciones Universales y a las revistas especializadas como Le Japon Artistique. (Almazán, 2016). 

Con las primeras exportaciones que llegaban de Japón, el público europeo se sintió totalmente deslumbrado por los objetos artísticos y de decoración provenientes del oriente, como la cerámica, los bronces, los tejidos y sobre todo las estampas, ya que tenían un carácter exótico y único. Las ukiyo-e son un tipo de estampa que se asocia a la burguesía comerciante y fue muy popular ya que se reproducían en serie y su temática se centraba en el teatro, el los actores y en la flora y la fauna del oriente. Fue muy popular también, ya que era opuesto al arte tradicional que trataba temas mitológicos y poéticos. Se caracterizaba también por el uso de trazos gruesos, colores brillantes y la ruptura de la perspectiva clásica. 

Los kimonos eran prendas sobre las cuales los artistas y artesanos japoneses descargaban su imaginación combinando formas y colores, lo cual sorprendió a los occidentales, que estaban acostumbradas a lo simétrico, cerrado y geométrico. (Araguás Biesca, 2016).

La tendencia oriental en la moda occidental 

Actualmente, la moda oriental es tendencia en las pasarelas. Sin embargo el japonismo siempre tuvo su impronta en los diseñadores. En un principio la diseñadora Vionnet incorporó a sus colecciones de alta costura el uso del kimono, presentados sobre camisas, vestido y faldas. Del mismo modo, muchas tipologías actuales muestran la huella que dejó la molería japonesa, como los vestidos de fiestas que se usaban en 1930, que estaban conformados por una sola pieza de tela con costura lateral y dos cuadrados cosidos al escote que luego envolvían el cuerpo. 

Asimismo, los diseñadores japoneses como Kenzo, Issey Miyake, Yohji Yamamoto, Rei Kawakubo, lograron fusionar el arte japonés con las nuevas realidades y las nuevas tendencias y lograron de esta manera convertir a Tokio en una nueva capital de moda. Todos estos diseñadores mantienen la ideología de la deconstrucción de la prenda. Al igual que Kawakubo con el concepto del binomio y de las dualidades, como ausencia/presencia o moda/anti-moda. 

Como bien explica el diseñador Kenzo, en los años 70 y 80, los diseñadores japoneses causaron un alto impacto y aunque en la actualidad siguen influyendo en la moda, la globalización generó un cambio en los paradigmas de la moda, incluso en Japón. 

Hoy en día, la moda oriental esta más viva que nunca, sobre todo en los kimonos. La moda la impusó Prada con su vestido oriental, y luego todas las marcas empezaron a lanzar sus distintas versiones del vestido-kimono que, desde el 2016, ha sido tendencia. Cuentan con un lazo que actúa como cierre, la silueta es cruzada y tiene un amplio escote. La paleta de colores fue variando temporada tras temporada pero se mantuvieron los tonos vivos y los bordados o estampados con inspiración oriental.

Orígenes y ubicación en la curva de campana 

Como sostiene la autora Mary Grünfeld, en su libro Marketing de moda, las tendencias atraviesan un ciclo y se ubican en la curva de campana. Las etapas del ciclo se clasifican en; la introducción, que es el momento en que las empresas lanzan sus productos al mercado pero solamente son aceptados por un reducido número de personas. Los que compran en esta etapa son los líderes de la moda ya que en este momento los precios son muy altos y se suele nombrar como alta costura. Como es la primera etapa, se producen muy pocas cantidades y por eso el precio es tan elevado, para poder garantizar los costos de la colección. Pero como no siempre sucede de este modo, es un periodo de alto riesgo, ya que es posible que no tenga aceptación del público. 

Luego, continúa con el crecimiento, que es la fase en donde la moda es aceptada por más gente, que se ve atraída por cierto estilo en particular. Los equipos creativos mantienen los detalles más característicos de la tendencia y simplifican los demás para poder reproducirlos más fácilmente y cubrir la demanda. Se suelen usar materiales más baratos y esto genera un efecto espiral, en donde al bajar los precios, más gente puede comprar y así más usuarios los pueden observar y sentirse impulsados a comprarlos. 

En la etapa de culminación, las ventas están en el punto más alto. Por ese motivo, se empiezan a hacer variaciones manteniendo la tendencia, los empresarios ofrecen diferentes precios para poder llegar a distintos consumidores, fabricando así versiones caras y baratas. Esta parte del ciclo no tiene una duración fija, sino que varía dependiendo de la popularidad del producto. En este punto, la tendencia puede tomar dos caminos; puede ser remplazada por otra, o puede durar en el tiempo y convertirse en un clásico a medida que cambian las telas, los colores y los avíos. 

La cuarta etapa del ciclo es la declinación, es aquí donde la demanda baja considerablemente. Hay un público que todavía se siente interesado y lo compra, pero solamente a un precio bajo. Los compradores que ya tenían estas prendas dejan de usarlas ya que ven que se están vendiendo por debajo del precio que ellos lo pagaron. Comienzan con las liquidaciones. La última etapa es la obsolescencia, y es cuando al producto ya nadie lo quiere, ni aun con un precio excesivamente bajo y es la hora de discontinuarlo y comenzar a producir algo nuevo. (Grunfeld, 1997). 

Actualmente, la tendencia oriental en la moda, sobretodo del kimono, se encuentra en la etapa de culminación, todas las marcas cuentan con una prenda típica de influencia nipona, con estampados relacionados. Se puede encontrar con diferentes precios, telas y bordados.

Conclusión 

En conclusión, podemos afirmar que la moda siempre estuvo fuertemente relacionada con el arte y con la historia de la sociedad. En el pasado las inspiraciones japonesas surgían a través de observar las obras de arte de los coleccionistas o a través de revistas especializadas. Sin embargo, hoy en día, los diseñadores tienen la posibilidad de crear prendas basándose en tipologías o en el arte nipón, inspirándose en imágenes de Internet de portales especializados o en viajes al oriente. A pesar de que el tiempo haya pasado y muchas cosas como estas hayan cambiado, la fascinación de los occidentales por el arte oriental sigue siendo el mismo, ya sea por los colores, por la historia, por los conceptos o por ser algo totalmente distinto a lo que estamos acostumbrados a ver. 

Luego de desarrollar este trabajo, también podemos confirmar que la tendencia oriental y la moda de los kimonos con estampas orientales son consecuencia del japonismo que surgió en Europa en la segunda mitad del siglo XIX. Asimismo, se puedo detectar que la tendencia esta en la etapa de culminación, es decir que pronto va a ser abatida por una nueva moda que seguramente esté influenciada por otro movimiento artístico. De esta manera, concluimos que para la disciplina del diseño de indumentaria es indispensable estudiar y saber acerca de los movimientos artísticos ya que estos son de gran influencia para los creativos de las marcas.

Referencias bibliográficas 

Almazán, D. (2016). El patrimonio cultural andaluz en la construcción de la imagen de España en el Japón de la era Meiji (1868-1912) De las primeras representaciones del japonismo de Julio Romero Torres. En Gomez Aragón, A.(Ed.) Japón y Occidente, el patrimonio cultural como punto de encuentro (pp. 507). Sevilla: Aconcagua Libros. Disponible en: Dialnet-JaponYOccidente-654205.pdf 

Araguás Biesca, M. P. (2016). Objetos orientales en la colección romana del conde Vittorio Sallier de La Tour. En Gomez Aragón, A. (Ed.) Japón y Occidente, el patrimonio cultural como punto de encuentro (pp. 477-485). Sevilla: Aconcagua Libros. Disponible en: Dialnet- JaponYOccidente-654205.pdf 

Bardisa, A.(2016). Kimonos en el cine occidental. En Gomez Aragón, A.(Ed.) Japón y Occidente, el patrimonio cultural como punto de encuentro (pp.717-721). Sevilla: Aconcagua Libros. Disponible en: Dialnet-JaponYOccidente-654205.pdf

Bazin, G. (1976). Historia del Arte. Barcelona: Ediciones Omega. 

Grünfeld, M. (1997). Marketing de la moda. Buenos Aires: Ediciones Universo. 

Crihfield, L. (1993) Kimono: Fashioning Culture. New Heaven: Yale Press University 

Kennedy, A. (1990) Japanse Costume History and Tradition. Roma: Adam Brio 

Leroi-Gourham, A. (1992). Milieu et techniques. Paris: Editorial Michel. Milenovich, S. (2007). Kimonos. Paris: Éditions du Seul. 

Svanascini, O. (1989) Breve historia del arte oriental. Buenos Aires: Editorial Claridad.


Estilo oriental fue publicado de la página 117 a página120 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº82

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