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Censura vs. Manipulación. La magia de la propaganda política

Schena, Valentina

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº82

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº82

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición XXII Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2017 Ensayos Contemporáneos. Edición XX Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2017

Año XV, Vol. 82, Julio 2018, Buenos Aires, Argentina | 210 páginas

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Resumen:

El presente trabajo pretende realizar una mirada hacia dos de los mayores regímenes totalitarios y dictatoriales del siglo XX, el Nazismo y la Dictadura Militar de Argentina de 1976. A su vez, cómo estos sistemas hicieron uso de dos poderosas herramientas, la propaganda política y el cine. Juntas forman una combinación explosiva, que de utilizarse bien, garantiza óptimos resultados para la expansión de ideas hacia grandes masas. Un recorrido por las películas más significativas de cada régimen y a su vez un análisis sobre cómo cada líder, Adolf Hitler y Rafael Videla, hicieron uso de una misma herramienta pero con diferentes motivos y resultados. El primero manipular a su pueblo y realizar una psicología de masas y el segundo que reinase en la argentina una fuerte censura.

Palabras clave: totalitarismo - fuerzas armadas - propaganda política – cine – manipulación – censura - militante.

Introducción 

La propaganda política existió y existirá siempre. Sus usos e intenciones varían a través de los años pero el fin es siempre el mismo. Es uno de los fenómenos dominantes en la primera mitad del siglo XX, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial, en donde surgen diversos movimientos totalitarios que hacen uso de ella. Publicidad no es lo mismo que propaganda, dos términos que si bien parecen tener aspectos en común, en su matriz son totalmente opuestos. Entendemos por publicidad a todas aquellas acciones destinadas a hacer difusión de un producto o un servicio con el objetivo de atraer compradores o usuarios, teniendo una finalidad puramente comercial. A diferencia de ésta, la propaganda se inserta en un terreno un poco más complejo. Tenemos tres tipos de propaganda, religiosa, bien público y la política. Para nuestro trabajo nos enfocaremos en esta última.

La propaganda puede compararse con la publicidad en cuanto tiende a crear, transformar o confirmar opiniones y usa algunos de los medios propios de ésta; pero se distingue de ella porque persigue un fin político y no comercial. Las necesidades o las preferencias que suscita la publicidad están enderezadas a un producto particular, mientras que la propaganda sugiere o impone creencias o reflejos que a menudo modifican el comportamiento, el psiquismo y aun las convicciones religiosas o filosóficas. La propaganda por consiguiente, influye en la actitud fundamental del ser humano. En este sentido puede comparársela con la educación; pero las técnicas que emplea habitualmente y, sobre todo, su designio de convencer y subyugar, sin formar, la hacen su antítesis. (Domenach,1950, p.5).

El poder de la propaganda política es tal que puede difundirse en diferentes medios y ambientes. Si bien no hay un manuscrito con una serie de leyes que destaquen exactamente como llevarla a la práctica, si se ha hecho un basamento técnico, en el cual se detalla los diferentes canales para transmitir la propaganda política y de masas. Algunos de ellos son el material impreso, la oralidad, el canto, el teatro, etc. Sin embargo la imagen es considerada como el instrumento más efectivo y eficaz a la hora de transmitir una ideología. El ser humano ve en imágenes por lo tanto la percepción de esta es inmediata. No es casualidad entonces que grandes líderes políticos elijan el cine como el canal por el cual transmitirán pensamientos, ideologías, manifiestos, etc. Su gran efectividad de impacto se debe a que permite comunicar a través de imágenes y sonidos a las grandes masas. El cine rompe la frontera del alfabetismo y se posiciona como uno de los basamentos teóricos más utilizados. 

Esta poderosa arma moderna,

Se esfuerza en primer lugar por lograr la simplicidad. Se trata de dividir su doctrina y sus argumentos en algunos puntos que serán definidos tan claramente como sea posible. Toda una gama de fórmulas está a disposición del propagandista: manifiestos, profesiones de fe, programas, declaraciones, catecismos, los que, bajo una forma generalmente afirmativa, enuncian una cierta cantidad de proposiciones en un texto breve y claro. (Domenach, 1950, p.48).

La propaganda política existe desde hace ya muchísimos años, teniendo un gran auge en el siglo XX. Muchos regímenes autoritarios utilizaron esta herramienta para difundir de forma masiva sus mensajes e ideas. Entre estos grupos totalitarios, se encuentra por un lado el nazismo junto con su líder Adolf Hitler y por el otro lado, la dictadura militar en Argentina en el año 1976, llevada a cabo por las Fuerzas Armadas al mando de Rafael Videla. Joseph Goebbels, el famoso ministro de Ilustración Pública y de Propaganda del Tercer Reich y gran amigo y confidente de Hitler, fue un maestro del uso de la propaganda política y si bien utilizó diferentes canales para transmitirla uno de ellos fue el cine. Las FF.AA también hicieron uso del cine como medio de propagación de ideas, sin embargo existe una diferencia sustancial entre ambos regímenes. Que si bien ambos utilizaron la misma técnica, propaganda política, y el mismo canal, el cine, hay una diferencia clara en cuanto a lo que querían transmitir en sus películas y cómo lo hacían.

Desarrollo 

A comienzos de 1930, Alemania se encontraba en una gran depresión económica mundial. Esta había golpeado muy duro al país, dejando millones de desocupados. El recuerdo de la derrota humillante años antes durante la Primera Guerra Mundial, estaba todavía fresco en la memoria de muchos, y los alemanes no confiaban en el débil gobierno, conocido como la República de Weimar. En estas condiciones, aparece Adolf Hitler, y su Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores, también conocido como el partido Nazi. Prometió al pueblo alemán una mejor vida y una nueva y gloriosa Alemania. Recuperar el honor que les habían quitado durante la guerra y fomentar el nacionalismo ario. El ascenso al poder de este potente orador fue rápido. En las elecciones de 1932, los nazis ganaron el 33 por ciento de los votos y en enero de 1933, Hitler fue nombrado canciller, el jefe del gobierno alemán. 

Una vez que lograron poner fin a la democracia y convertir a Alemania en una dictadura unipartidista, los nazis orquestaron una campaña de propaganda masiva, en donde el Ministerio de Propaganda, dirigido por Joseph Goebbels, tomó el control de todas las formas de comunicación de Alemania: periódicos, revistas, libros, reuniones públicas y el arte, la música, la radio, y el cine. 

El poder persuasivo de la imagen así como su capacidad de llegar a enormes cantidades de público, hicieron del cine uno de los instrumentos de propaganda preferidos por el nazismo. En 1925, Hitler escribió:

Su efecto debe estar en su mayor parte dirigido a las emociones y sólo en grado muy limitado al llamado intelecto (...) El arte de la propaganda reside en comprender las ideas emocionales de las grandes masas y en encontrar, a través de la forma psicológicamente correcta, el camino a la atención y de allí al corazón de esas masas. (Glover, 2001, p. 491-492).

El cine propagandístico alemán se centró en tres temas a la hora de realizar guiones para sus películas. En primer lugar, exaltar la figura del enemigo, mostrando sus aspectos negativos, lo que producía reacciones impulsivas de odio por parte de las masas. Tres grupos constituyeron la encarnación de esta figura: los judíos, los bolcheviques y los anglosajones. En segundo tipo de cine propagandístico era conocido como los Party Film. En donde se creaban películas del buen militante. En ellos se reiteraba una y otra vez los principios morales del partido: la muerte heroica, los símbolos nazis, la exaltación de la raza aria y el respeto por los superiores. En tercer lugar, la actividad cinematográfica más importante, la constituían las Staatsauftragsfilme, películas subvencionadas por el gobierno, generalmente de ficción, que hacían propaganda de un aspecto concreto. Los dos temas más empleados por este tipo de cine fueron la utilización del campesino y su trabajo para glorificar la raza germana, usándolo así como excusa para la expansión territorial. 

El tema de los judíos fue el de mayor utilización y su figura la más maltratada por el cine. En 1940, se estrena El judío Süss dirigida por Veit Harlan. Esta película además de centrarse en uno de los temas mencionados anteriormente, el enemigo, preparó el camino para la exterminación de millones de personas en los campos de concentración. Creada por encargo del Ministerio de Propaganda nazi de Goebbels, este film antisemita, está ambientado en el siglo XVIII. Narra cómo el protagonista, el empresario y prestamista judío Joseph Süss Oppenheimer, interpretado por el actor austríaco Ferdinand Marian, secuestraba, torturaba y violaba a una inocente joven alemana llamada Dorotea Sturm, interpretada por la actriz sueca Kristina Söderbaum. La protagonista del film, al no poder llevar encima tal deshonor, acaba suicidándose. Süss Oppenheimer era un hombre de negocios, al cual le encantaba hacer fortunas de forma ilegal y estafando a otras personas, en especial al duque de Württemberg. Por sus crímenes Süss es juzgado y finalmente colgado en una plaza pública. Süss es presentado como un siniestro y tacaño judío, que realiza acciones ilegales, engañando a la gente y aprovechándose de ellas solo para su bien personal y de esta forma aumentar su riqueza. En el film, aparecen los tópicos más importantes para el nazismo, en donde todos los personajes judíos son presentados como sucios, feos, corruptos y perversos, mientras que todos los alemanes del film, además de ser todos rubios, buscan el bien común, son honestos y se preocupan el bien común alemán. La distinción entre quien es bueno y quien es villano se establece desde los primeros minutos del film. El nazismo sentía la necesidad de enfatizar la pertenencia a un grupo étnico o raza, como se llamaba entonces, con la idea de que el imperio alemán debía de extenderse más allá de sus fronteras para facilitar el crecimiento y expansión de los hijos futuros. Para promulgar esta única raza aria, debían dejar en claro quiénes no pertenecían a ella, y de esta forma exaltar aquellas características que no formaban parte del manifiesto alemán. Las características atribuidas a Süss retoman los estereotipos antisemitas de los nazis: codicia, astucia, cobardía, hipocresía, entre otras. La lengua que hablan los judíos es ridiculizada por medio de la parodia y así toda su gestualidad. El espacio de representación es incluso simbólico. Los judíos actúan siempre en la penumbra o de noche, comparándolos con las ratas, animales sucios y nocturnos. Cuando Süss es ahorcado en la plaza, cae nieve, lo que representa esta idea de limpiar lo sucio, además de que la nieve es de color blanca, simbolizando lo puro. Esta limpieza no condena únicamente al personaje Süss. Todos los judíos son expulsados de Wurtemberg y una música religiosa de redención acompaña su destierro. Con este final la película pretendía que los espectadores llegasen a la conclusión de que la única solución posible para los judíos era su exterminio. Es interesante ver cómo el nazismo alteraba la información completamente para su propio bien. Había manipulación de los hechos y acciones que se daban a conocer al pueblo alemán para que encajara perfectamente en los discursos pronunciados por el partido. Esta adulteración se puede ver en esta misma película. Como base argumental se usó una conocida novela del escritor judío Lion Feuchtwanger, de idéntico título. Solo que falsificando su argumento ya que en la obra original, el violador era el duque de Württenberg y la víctima femenina, la hermosa hija del judío Süss. Los roles se invierten completamente para así favorecer a una de las partes mientras que a la otra se le adultera completamente su imagen y crea un estereotipo falso. Hasta este punto fue capaz de llegar el partido. Se adulteraba información incluso de historias para su propio beneficio. Exaltaban la figura de su enemigo, en este caso los judíos. Si analizamos esta idea de que los judíos fuesen los enemigos del pueblo alemán resulta algo irónico, ya que sus verdaderos enemigos se encontraban en el campo de batalla. Los Aliados, comandados por el Reino Unido, Francia, Estados Unidos y la Unión Soviética eran sus verdaderos adversarios, siendo ellos los que se oponían a la libre expansión de la raza germánica y por la invasión de Hitler a Polonia, se da por iniciada la guerra. 

La psicología de masas era tal que logró esparcir esta idea de desprecio, rechazo y odio hacia personas que habitaban el mismo suelo y eran alemanes, pero por su religión fueron condenados. Considerados como un microbio que había que exterminar, la idea de la solución final reinaba cada vez más la mente de Hitler. ¿Qué mejor que utilizar el séptimo arte para introducir esta idea? De esta forma, si bien las películas realizadas no mostraban lo que realmente se iba a realizar: cámaras de gas para exterminar a miles de judíos, sí encontraron la forma de plantar la semilla con la idea de mostrarle al pueblo alemán que su enemigo se encontraba junto a ellos. Lentamente de esta forma, se empezaba a introducir la idea de que los judíos sobraban y más que sumar al país, restaban. Sin un porqué claro, la idea fue tomando forma hasta que se instaló en la mente de los habitantes de Alemania. Analizándolo desde el lado de la propaganda, era muy importante filmar recurrentes películas exaltando la figura de su gran enemigo judío. Con la llegada que tiene el cine, esta idea se podía esparcir rápidamente entre las masas, pero a su vez, el cine tiene la asombrosa característica de no solo poder crear historias, sino también proyectar estas historias con imágenes en movimiento. Que más se podía pedir. Los nazis tenían a su disposición una fuerte herramienta la cual explotaron enormemente. Con la creación de historias ficticias, manipularon características y hechos reales de personajes para su propio beneficio y así llegara hasta lo más profundo de cada espectador, sembrando esa idea de que los judíos debían ser exterminados. 

Todo lo relacionado con la imagen del partido y sobre todo de su líder, era muy importante y se cuidaba mucho. Es por eso que ante el más mínimo error o fractura, se remediaba inmediatamente. Como fue el caso de Ernst Röhm, líder de la SA de Hitler, el cual por necesidades políticas del partido fue asesinado. El partido nacionalista, necesitaba reafirmar su unidad y liderazgo de cara al público y para ello, el propio Hitler, le encarga a Leni Riefenstahl la realización de un documental. El Triunfo de la Voluntad es una importante película documental de propaganda explícita realizada en el año 1934 en donde muestra el sexto Congreso de Nuremberg organizado por el nazismo triunfante tras la toma del poder. El film abre con música instrumental extradiegética, heroica y patriótica en donde podemos reconocer trompetas y violines. Visualmente se ve la siguiente placa:

5 de septiembre de 1934, veinte años después del comienzo de la gran Guerra, dieciséis años después de la crucifixión de Alemania, diecinueve meses después de la conmemoración del renacimiento alemán, Adolf Hitler, se dirige hacia Nuremberg para pasar revista a sus fieles

El tema central es Hitler y su divinización. El film abre con el avión que transporta a Hitler por el cielo entre las nubes hasta que este baja, toca tierra y llega la entrada triunfal del Führer. Hay un engrandecimiento y glorificación de su persona por parte de las extensas masas que lo aguardan. La estructura y los elementos están cuidados y escogidos minuciosamente, recoge los dos aspectos más importantes de la propaganda nazi: las masas, organizadas de acuerdo a motivaciones psicológicas dentro de una escenografía repleta de banderas e himnos nazis, y los dilatados discursos del Führer, construidos para ir aumentando la emoción. Una multitud espera a Hitler haciendo el saludo nazi, cantando y colgando las banderas del partido con la cruz esvástica. A través de planos cenitales vemos la ciudad de Núremberg y el extenso rejunte de personas a lo largo de las calles, que aguardan el recorrido de su Führer en su auto negro. Una multitud enloquecida, extendiendo pañuelos y banderas, primeros planos de niños y jóvenes realizando el saludo y gritando el nombre de Hitler, quien es visto en contrapicado, de modo que se engrandece teniendo como fondo el cielo. Al ser un encargo del propio Hitler, la directora contó con todo el apoyo económico y logístico para la realización del film. El Triunfo de la Voluntad está filmado por más de 30 cámaras y disponía de 120 mil técnicos, cuyas cámaras captaron en vivo este hecho histórico, convirtiendo la ciudad de Nuremberg en un inmenso estudio. Con respecto al montaje, cabe destacar el especial uso de las repeticiones de planos haciendo referencia en los pilares bá- sicos de la simbología nazi. Varios de los discursos mostrados a lo largo de las dos horas de duración del film, aparecen cortados mientras que los desfiles y marchas con las banderas y escudos permanecen enteros. Los discursos son una parte fundamental del relato y tanto Hitler como otros líderes nazis se dirigen en numerosas ocasiones a la multitud para explicar su ideología y sus intenciones, finalizando el documental con el discurso de Hitler haciendo referencia a la raza aria: “Hoy debemos extirpar los elementos que se han transformado en dañinos, porque no tienen sitio con nosotros. Que este estado y este imperio dure por miles de años”. 

Los dos tipos de cine mencionados anteriormente están absolutamente ligados. Uno se nutre del otro. La idea de plantear el rechazo y odio hacia los judíos, no se podría haber esparcido y concretado en la mente de los alemanes sin el respaldo de los films glorificando la figura del Führer y sus fuerzas. Había que seguir recordándole al pueblo quién era su líder y por qué lo debían seguir apoyando. Engrandecer el poder y el alcance que tenía el nazismo generaba tal fanatismo que posibilitaba la realización de los films antisemitas y de esta forma, Hitler se aseguraba de que el mensaje llegase claro y preciso. 

La muerte de Perón, la inflación, los desempleos, las protestas y los grupos guerrilleros que atacaban constantemente, entre otras cosas, provocaron una sociedad inestable y agresiva difícil de gobernar. El país transcurría por una crisis social, económica y política. Luego de la muerte de Juan Domingo Perón durante su mandato presidencial, ya no había un líder que pudiera contener a las masas y su predecesora, Isabel Martínez de Perón, no tenía la capacidad suficiente de gobernar, en ese entonces, a 24 millones de argentinos. En la madrugada del 24 de marzo de 1976, a través de un comunicado, los militares anunciaron por cadena nacional que ya no había democracia, ahora ellos se encargarían del poder. Advirtiendo en el mismo comunicado que cualquier habitante que se opusiera iba a “exigir la operación drástica del personal en operaciones”. 

El golpe militar introdujo un cambio radical en el campo de las artes del espectáculo, limitando y censurando numerosas manifestaciones artísticas. Las Fuerzas Armadas se interesaron en fomentar una producción de películas que mejorara su imagen ante la sociedad y contrarrestara el primer impacto causado. En función de este objetivo, los films fueron minuciosamente elegidos y apoyados, a través de subsidios y premios, por el Instituto Nacional de Cine (INC) que en aquel entonces se encontraba intervenido. Su director de ese entonces, Jorge Enrique Bitleston, en un discurso pronunciado el 30 de abril de 1976 establecía que sólo recibirán apoyo económico:

Las películas que exalten valores espirituales, morales, cristianos e históricos o actuales de la nacionalidad, o que afirmen los conceptos de familia, de orden, de respeto, de trabajo, de esfuerzo fecundo y de responsabilidad social; buscando crear una actitud popular optimista en el futuro. (Varea, 2006, p. 33).

Quien supo, más que nadie, llevar a cabo este tipo de temáticas fue Ramón Palito Ortega, protagonista, productor y director de películas en clave de comedia familiar. Dos locos en el aire fue estrenada el 22 de julio de 1976, dirigida y protagonizada por Ortega junto con Carlitos Balá. Trata sobre dos alocados aspirantes que quieren ser pilotos de las Fuerzas Aéreas y a su vez uno de ellos se enamora de la hija de un oficial de las Fuerzas Aéreas. Con el fin de engrandecer el valor humanitario de los miembros de la Fuerza Aérea, el film presenta una trama romántica alternada con una sucesión de entrenamientos físicos, prácticas de vuelo y ejercicios de combate, acompañados de marchas militares, discursos y canciones que hablan del amor a la patria y a Dios. Dos locos en el aire es la primera película de Ortega como director y fue filmada, en las instalaciones de la Escuela de Aviación Militar de Córdoba, donde, en ese momento, funcionaba un lugar de detención de la dictadura. Con un pretendido humor sano, la película exalta las tareas militares y un exacerbado amor a la patria. Desde la primera escena podemos observar esto, un desfile militar musicalizado por la banda de música de la Fuerza Aérea, que entona una marcha compuesta por Palito Ortega, “Surcando el cielo de mi patria”.

Son las alas de mi patria que en el cielo van surcando con orgullo su grandeza y esplendor mientras brilla el cielo azul intacto. Van volando en el espacio como pájaros rugientes van mostrando su coraje por amor cumpliendo su deber. Allá van valientes defensores de la patria y nuestra formación allá van los hombres que a la patria entregaron su fe y valor.

Vemos una bandera Argentina flameando en un mástil registrado en un plano contrapicado para exaltar la grandeza de la patria. A lo largo del film, vemos imágenes de militares entrenando en lo que se muestra como su gran pasión, y a su vez escenas graciosas con las torpezas de Carlitos Balá. A su vez, constantemente el uso de canciones para reforzar lo que visualmente se está viendo. Canciones que contienen mensajes explícitos en sus letras, dan muestra de que nada se les escapaba. Hasta con la música se hacía propaganda. Las producciones cinematográficas respaldadas por el gobierno de facto, muestran la complicidad de un interesado sector civil por imponer un discurso hegemónico. Estas producciones expresan la lógica que el gobierno necesitaba promover: legitimar una cultura verdadera en contraposición a otra considerada falsa, ilegítima e inmoral. En las películas de Palito Ortega, el énfasis está puesto en el sistema de bandos, “en el que se hace una clara distinción entre los buenos y los malos”, (Wolf, 1994, p. 39). Las FF.AA se inclinaron por aparentar un discurso hegemónico, en donde se resaltasen los valores morales, la idea del trabajo, el esfuerzo, lo espiritual y católico. De esta forma podrían hacer llegar su mensaje a los miles de espectadores tanto niños, jóvenes y adultos que visualizaban los films. Mostar que había solo un discurso y se defendía hasta la muerte aquel discurso. Cualquier cosa que lo contradijese, era eliminada. 

Si en el Nazismo Hitler manipulaba la información constantemente y a su vez realizaba una psicología de masas para tener controlado al pueblo alemán y así poder propagar sus ideas, en Argentina la situación era otra. Como mencionamos anteriormente, los largometrajes se centraban en la comedia y utilizaban un supuesto humor sano y limpio para así poder llegar tanto a los adultos como a los niños. Sin embargo, para poder lograr este tipo de cine, fue necesario una fuerza censura que mantuviese lejos del estreno a películas que pudiesen comprometer o cuestionar el discurso oficial del gobierno de facto. De esta forma, la dictadura realizó una fuerte represión contra cineastas y funcionarios de organismos cinematográ- ficos del período peronista. Así, actores y directores de cine tuvieron que exiliarse y todavía son muchos los desaparecidos, como el caso del director Raymundo Gleyzer. Es en el gobierno de Onganía que se sanciona la ley 18.019, la cual crea el Ente de Calificación Cinematográfica, el gran censor de la época era un hombre llamado Miguel Paulino Tato. Considerado como el más eficiente y prolífico censor, al punto de llegar a un fanatismo por la actividad que realizaba. Cuando Tato se retiró, ostentaba el récord de 1200 películas cortadas y más de 300 prohibidas. El Ente de Calificación Cinematográfica actuaba de formas muy diversas, podía directamente prohibirla, cortarla superficial o sustancialmente, podía ser calificada apta para mayores de 18 años, lo que la limitaba en su resultado comercial, o podía ser demorada arbitrariamente su calificación. Todas estas eran maneras legítimas de censura, algunas de forma directa y otras de forma indirecta, pero todas igualmente nocivas. En la cima de la censura estaba el sexo. Las escenas subidas de tono y con desnudos era lo primero que pasaba por las tijeras de la censura. En esa evaluación caían desde las películas de la dupla Armando Bo e Isabel Sarli, hasta películas extranjeras dramáticas. Lo sexual podía contener otras vertientes que también evidenciaban el accionar represivo de la censura. Personajes que eran censurados por afeminados o travestis irritaba enormemente a los censores. Otro aspecto el cine de terror, ya que este género suele contener una gran carga de violencia perturbadora, semejante a lo que sucedía puertas adentro de los centros clandestinos de detención en aquella época, pero que era necesario desterrar del cine para que primaran las películas livianas y espiritualmente enriquecedoras. 

La dictadura se centró en dos aspectos. En primer lugar, producir films de comedia y familiares para tapar de cierta forma todo lo que sucedía en el país en ese entonces y a su vez para resaltar y mostrar el poder de las fuerzas de seguridad. En segundo lugar, la otra cara de su plan propagandístico fue la censura. Sin ella no podrían haber permanecido tantos años en el poder como gobierno de facto. La censura fue tal que sólo lo que ellos querían y permitían se veía. Nada más ni nada menos. Al menos eso era lo que ellos pensaban. Sin embargo, había un canal diferente por donde transitaba otro tipo de cine, diferente al de sus grandes ideales. Se creó un cine de resistencia, también conocido como el cine militante. Realizaban películas que, en su gran mayoría, ni siquiera pasaban por los ojos de la censura, porque sólo se planteaban para su exhibición en circuitos menores y clandestinos, proyectadas a pequeños números de personas en contra del régimen. Uno de los grupos más conocidos, fue el Grupo Cine Liberación, conformado por Fernando Pino Solanas y Octavio Getino. Escribieron el manifiesto Hacia un tercer cine, en donde esquematizaban tres tipos de cine: el primer cine: proveniente de Hollywood, un cine industrial, capitalista, burgués e imperialista. El segundo cine: el cine de autor, un cine con cierta independencia creativa pero que seguía permaneciendo dentro del sistema capitalista. Finalmente se encontraba el tercer cine: al servicio de la liberación de los países latinoamericanos influenciados a su vez por el movimiento comunista de izquierda. Autores del film que retrataba la cruda verdad de lo que sucedía en el país. Está dividido en tres partes: “Neocolonialismo y violencia”, “Acto para la liberación”, dividido a su vez en dos grandes momentos “Crónica del peronismo (1945-1955)” y “Crónica de la resistencia (1955-1966)” y por último “Violencia y liberación”. Este tipo de film que se oponía al discurso oficial, muestra un quiebre en la propaganda política realizada por el gobierno de Videla. Un discurso totalmente opuesto, que manchaba al actual y evidenciaba que los que prometían y decían las fuerzas armadas era mentira. Se muestran con estos dos tipos de films, las dos caras de la moneda. Por un lado, el cine ideal de la dictadura, en el cual vemos solo historias cómicas donde se refleja la importancia de la familia, el cristianismo y las fuerzas de seguridad que cuidan al pueblo. Por el otro lado, vemos un cine clandestino, pero eso ya nos quiere decir mucho. Un cine que se oponía al régimen y no tenía miedo de realizar films para demostrarlo. Vemos gente torturada, corrupción, violencia todo lo que se quería ocultar por parte del gobierno. Videla atacó al pueblo con censura, pero el pueblo le respondió con la verdad. Un gran quiebre en el gobierno, en donde por una pequeña grieta la propaganda política era atacada y burlada mostrando la cruda verdad. 

En conclusión, se han expuesto dos de los mayores regímenes autoritarios y dictatoriales de la historia. Cada uno con sus valores, técnicas, ideales y propuestas, pero ambos utilizadores de la propaganda política para esparcir sus ideales. El séptimo arte les brindó la posibilidad y la garantía de que sus discursos llegasen a las grandes masas y de esta forma reflejar mediante imágenes y sonidos lo que querían transmitir. Si bien las historias y lo que se buscaba resaltar en cada una eran diferentes, el cine fue una gran herramienta de movilización y psicología de masas. 

Hitler encontró en el cine un lugar para sembrar su odio hacia los judíos y justificarlo, de esta forma plantaba la semilla en el pueblo alemán para poder llevar a cabo su gran plan sobre la solución final y el exterminio masivo. A su vez, era necesario exaltar la figura de su líder y de sus fuerzas para que el pueblo continuase creyendo en el plan del Führer y no se desatara una ofensiva o un grupo clandestino por donde se filtrasen películas como sí sucedió en Argentina. Si bien las fuerzas armadas hicieron uso de la propaganda política a través del cine, su discurso, al parecer, no fue tan fuerte como el del nazismo. El hecho de que haya existido la posibilidad de que un grupo de tan solo dos personas, realizaran un tipo de cine militante que arruinase la imagen de lo que era el poder en ese entonces, demuestra una falla en su organización. Esto era impensable en el régimen nazi y de hecho no sucedió. Al manipular constantemente la información y las mentes de su gente, Hitler logró no solo con eso pero también con el miedo, que nadie se rebelase en contra de él y mucho menos que circulase delante de su mandato, películas en contra del nazismo. Por lo tanto, en mi opinión, si bien lo sucedido en la dictadura militar de 1976, fue terrible e inhumano, con respecto a la propaganda política en el cine no lograron cumplir con su intención de censura extrema. Podían censurar películas extranjeras, podían perseguir a cineastas y cortar films enteros, sin embargo hubo un grupo que se sublevó, y sin miedo a nada, expresó y manifestó lo que realmente sucedía en un país repleto de mentiras y ocultamientos. La propaganda política es una gran arma para controlar masas y hacer llegar mensajes, sin embargo su magia y poder debe ser bien utilizados si se espera un resultado óptimo y sin grietas. Existe hace muchísimos años, y constantemente es utilizada por los diferentes partidos políticos del mundo. Sin embargo, su encanto no dura una eternidad y quien hace uso de ella debe tener claro este concepto.

Referencias bibliográficas 

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Varea, F. G. (2006) El cine argentino durante la dictadura militar, 1976-1983. Editorial de la Municipalidad de Rosario. 

Varea, F. (2006) El cine argentino durante la dictadura militar 1976/1983. Rosario: Editorial Municipal de Rosario.


Censura vs. Manipulación. La magia de la propaganda política fue publicado de la página 149 a página154 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº82

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