1. Diseño y Comunicación >
  2. Publicaciones DC >
  3. Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº1 >
  4. Cine nacional e identidad: Los primeros pasos

Cine nacional e identidad: Los primeros pasos

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº1

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº1 [ISSN: 1668-5229]

Trabajos de estudiantes y egresados.

Año I, Vol. 1, Agosto 2004, Buenos Aires, Argentina | 67 páginas

[descargar en PDF ]

[ver índice ]

[Ver todos los libros de la publicación]

[+] compartir


Guerstein, Virginia

as escenas
Los primeros años del cine argentino formaron parte
de la constitución de la identidad nacional. Por aquellos
años, tanto en el mundo como dentro del país, la
idea de la argentinidad no estaba establecida: recién
se estaban cumpliendo los cien años de su existencia y la
mayoría de sus habitantes eran inmigrantes europeos
que tenían sus propios imaginarios sociales y culturales.
El aporte del cine a la identidad del país comenzó con
la pretensión de los gobernantes de mostrarle al mundo
y a su gente la fortaleza e integridad de la nueva
nación, y luego continuó con una tradición exportada
de Europa de filmar acontecimientos históricos locales.
Más adelante, a partir de mediados de la década del
’10, los relatos con personajes y vivencias típicas del
imaginario nacional –como el gaucho o el terrateniente-
se fueron integrando a las películas argentinas,
hasta la aparición de historias a las que hoy se puede
definir como auténticamente porteñas, relacionadas con
el mundo urbano que se encontraba en expansión.
De acuerdo a los diferentes momentos que se sucedieron,
esta primera historia del cine argentino se puede
dividir en un primer cine documental, luego en uno
histórico y hacia 1915 se puede hablar del surgimiento
de un cine social y de un cine – tango, relacionado
con el arrabal.


El cine documental

En Argentina, la producción de películas comenzó poco
después de la primera exhibición de rollos filmados en
Francia, realizada en el teatro Odeón el 28 de julio de
1876. Eugenio Py fue el primer camarógrafo local,
quien filmó la película “La bandera argentina“ en 1897,
inaugurando un tipo de cine documental basado en
filmaciones de no más de dos minutos de duración
realizadas al estilo Lumière.
Los protagonistas de estas “vistas” nacionales son los
gobernantes y los integrantes de la élite. En ellas se
pueden ver actos públicos y políticos como transmisiones
de mando, hasta eventos de recreación relacionados
con la modernidad que muestran el esplendor
de Buenos Aires, como paseos en bote por los lagos
de Palermo y retratos de las cada vez más europeas
calles de la ciudad.
Estas filmaciones construían para el mundo un país ordenado
y abrazado al progreso y a la modernidad, que
había logrado imponer su soberanía y la integración de
sus habitantes. Por el mismo motivo, en estas “vistas”
no se ven rastros de huelgas ni oposiciones al sistema
político, aunque por aquellos años eran muy fuertes.
Por otro lado, el país civilizado y moderno también se
deja ver en las películas del cirujano Alejandro Posadas,
que documentan operaciones que él realizó hacia 1900
en el patio del Hospital de Clínicas. Las filmaciones dan
cuenta de la intervención en tiempo real y, aparentemente,
eran realizadas con un fin didáctico y para ser
mostradas en conferencias de la especialidad.
Las investigadoras Irene Marrone y Marcela Franco
explicitan que “los filmes documentales de este período
adoptaron las formas del discurso positivistas”1 ,
tanto es su contenido temático como en la supuesta
objetividad que intentan reflejar desde la perspectiva
en que fueron capadas las imágenes, en donde es evidente
que la cámara intenta reflejar una instantánea
del momento, por más de que muchas veces los protagonistas
miren a cámara.


El cine histórico
La cercanía del centenario del nacimiento de la nación
trajo a la memoria los momentos claves de su historia.
Es por eso que por aquellos años comenzó la producción
de películas que recrean, y de alguna manera
mitifican, acontecimientos y personajes que contribuyeron
a la formación del país.
El 22 de mayo de 1909 se estrenó “La Revolución de
Mayo”, la primera película argumental argentina, filmada
por Mario Gallo, un director de coro italiano
recién llegado al país que pretendía realizar un film
como los que había visto en su tierra natal y que se
estaban haciendo en Europa y Estados Unidos.
Aunque fue pensada para que fuera vista por una gran
masa de público, esta película, según las fuentes, no
tuvo mucho éxito. La fortuna le llegó a Gallo con, “El
fusilamiento de Dorrego“, basada en la obra teatral
“Dorrego” estrenada el 11 de marzo de 1910.
La puesta en escena de las películas históricas recordaba
a las obras teatrales y estaban influenciadas por
el movimiento “Film d’Art”, muy de moda en Francia
y otros países. El movimiento buscaba adaptar obras
literarias y teatrales al cine. Este movimiento fue llevado
adelante por literatos y cineastas que trabajaban
en conjunto.
A diferencia de los filmes europeos, las producciones
nacionales tenían decorados muy precarios y de baja
calidad, que causaba risa a los espectadores. Por ejemplo,
en la reconstrucción del 25 de mayo de 1810, el
día es soleado, pero los hombres están con paraguas.
En el libro “Historia de los primeros años del cine en la
Argentina. 1895 – 1910”, afirma que los diarios de la
época relataban que en “El fusilamiento...“, de la que
no quedan copias, se puede ver en ciertas escenas
cirodadas
en los bosques de Palermo carros pasando a
lo lejos que no se correspondían con el contexto que
pretendía representar.
A pesar de estas fallas, este tipo de narraciones históricas
le ofrecían a los nuevos inmigrantes la posibilidad
de conocer la historia de la formación del país
que los acogía, fortaleciendo su integración con los
criollos, quienes por supuesto, también eran destinatarios
de estos filmes.


Cine social

Hacia 1915, la conciencia de una identidad nacional
permitió el surgimiento de un cine de ficción con características
y temáticas netamente nacionales, basado
en personajes como el gaucho y el compadrito y
ambientado en el campo o en el arrabal. La primera
película sobre el tema fue “Nobleza Gaucha“ (1915),
de Humberto Cairo, Eduardo Martínez de la Pera y
Ernesto Gunche. En ellas también se percibe un avance
en el lenguaje cinematográfico, mucho más coherente
y comprensible.
“El filme es una historia de amor que reúne la representación
criollista, del mundo rural argentino con los
recursos semánticos y narrativos del folletín. El eje
discursivo del cine criollista, que entrecruza el conflicto
rural, el folletín y el melodrama, retoma el culto al coraje
de gauchos y criollos. (...) “Nobleza Gaucha“, difunde
y publicita las creencias urbanas de la época sobre la
figura del estanciero y el terrateniente... la figura del
estanciero aparece investida de los peores defectos...
los directores concilian las diferencias entre nacionalidades
y vinculan el conflicto social a la oposición entre
mundos sociales que se suponen incompatibles, el del
peón y el estanciero... La figura del gaucho es exaltada
por su nobleza y por la búsqueda de la justicia”.2
Pese a la nueva perspectiva temática que impuso “Nobleza
Gaucha“, que la llevó a ser la película nacional
más vista en el interior como el exterior del país, se
puede notar en la presencia de la mirada oficialista: el
campo, símbolo del perfil político-económico que se
le quería dar a la Argentina, es mostrado como lo
bueno, lo ingenuo; mientras que la ciudad es mostrada
como lugar negativo y malo. De esta manera, también
se alimentaban los imaginaros sobre ambos sectores
del país.


“Nobleza...“ abrió el camino para que surgiera en poco
tiempo una industria del cine nacional con la constitución
de nuevas productoras, entre ellas la de la pareja
de Camila y Héctor Quiroga. Ellos, y poco después el
dramaturgo Francisco Defilippis, comenzaron con la
narración de historias porteñas que relataban conflictos
en la ciudad, ya con un perfil más crítico que dejaba
de lado los discursos oficiales.
Dando testimonio de lo ocurrido en una represión a
una protesta obrera en enero de 1919 –recordada
como la “semana trágica”- los Quiroga produjeron
“Juan sin ropa“ (1919), dirigida por George Banoit y
escrita por el anarquista José González Castillo. Allí
también se relata la historia de Juan, un trabajador
rural que emigra a la ciudad para trabajar en un frigorífico.
A pesar de que en “Juan... “ los estereotipos sobre el
campo y la ciudad siguen funcionando, la posición crítica
respecto de la violencia y de las condiciones de
trabajo urbanas diferencia a esta película de las otras
realizadas hasta entonces. Además, su lenguaje es más
complejo e incluso se percibe una gran independencia
de lo literario y de lo teatral.
En ese mismo sentido, “El último malón“ (1918), único
film de Alcides Graca, reconstruye la última rebelión
Mocoví ocurrida en el norte de la provincia de Santa Fe
en 1904 y muestra en una mezcla de realidad y ficción,
la vida de aquellos antiguos pobladores del territorio.
Con un corte más documental y menos político, Federico
Valle produjo varias películas que fueron dirigidas
por Nelo Cosimi. En ellas se veían paisajes nunca vistos
y menos imaginados por los habitantes de la ciudad,
como el Delta del Paraná y la Patagonia, escenario
de “Allá en el sur “ y “Patagonia“ (1922).


El cine – tango
Avanzando hacia la década del ’20, se puede notar un
cambio temático en las películas nacionales: del conflicto
por la oposición entre el campo y la ciudad, se
pasa al que se produce en el ambiente urbano por las
diferencias entre el centro y el suburbio que en muchos
casos recuerdan a los tangos.
“El tango en el cine argentino... no requirió ni presupuso
el sonido... puesto que no se trata de esa música
rioplatense en sí, sino de toda una visión del mundo
que vehiculizan sus letras, fuente productiva de temas
para el cine...”3 . El director más importante que
realizó varias películas dentro de este género fue Juan
José Ferreira. El “Negro”, como lo llamaban por su
condición de mulato, era pintor y escenógrafo, y le
dio al cine nacional un aspecto mucho más estético
que técnico, desligado del teatro y abrazado al barrio
y el arrabal.
Un ejemplo de su filmografía es “Perdón, viejita“
(1927), un melodrama en donde una prostituta debe
mostrar su inocencia ante un grupo de personas que
la acusan de haber sustraído un anillo. En la misma
película se pueden verlos estereotipos del muchacho
arrabalero y el estafador, del joven bueno que viene
del campo y el rol de la madre y de la mujer. Estas
películas solían tener un final moralista en donde los
personajes volvían al buen camino y en donde los malos
eran castigados.
Según el historiador Jorge Miguel Couselo, “la corriente
popular liderada por Ferreira podría considerarse
una respuesta a los avances del radicalismo sobre la
vieja oligarquía”4
Este último tramo de la historia de los primeros pasos
del cine nacional terminó de forjar una producción cirodadas
nematográfica con una identidad netamente argentina
y demuestra un gran avance en la utilización del
lenguaje. De alguna manera, se puede ver cómo su
voluntad de ser reflejo fiel de que ocurre en el territorio
perdura hasta la actualidad en películas como
“Pizza, birra, fazo“ de “El bonaerense“ e incluso en
aquellas más nihilistas como “Nadar solo“.
En otras palabras, las características del primer cine
argentino dejaron sus huellas marcadas para siempre
en el cuerpo de la producción nacional.


Notas
1 Marrone, Irene y Franco, Marcela (1999). Una aproximación
teórica para el estudio de las primeras representaciones fílmicas
del cine documental argentino. Extraído en 2003 www.fsoc.uba.ar.
2 Tranchini, Elina M (1999).El cine argentino y la construcción de
un imaginario criollista. En, El cine argentino y su aporte a la
identidad nacional. Buenos Aires: Faiga. Pp. 135-137.
3 Díaz, Emilio D. (1999). Luces de la ciudad. En, El cine argentino
y su aporte a la identidad nacional, Buenos Aires, Faiga, 1999. p
187.
4 Couselo, Jorge Miguel (1992). Historia del cine argentino. Centro
Editor de América Latina. p. 41.


Bibliografía
AA. VV. (1999). Cine argentino y su aporte a la identidad nacional.
Buenos Aires: FAIGA. Canto, Guillermo y otros (1996). Historia
de los primeros años del cine en la argentina. 1895 – 1910.
Buenos Aires: Ed. Fundación Cinemateca Argentina.
Couselo, Jorge Miguel (1992). Historia del cine argentino. Buenos
Aires: Centro Editor de América Latina.
Getino, Octavio (1998). Cine Argentino: entre lo posible y lo
deseable. Buenos Aires: Ciccus.
Marrone, Irene y Franco, Marcela (2000). Una aproximación
teórica y metodológica para el estudio de las primeras “representaciones
fílmicas” del cine documental argentino. Buenos Aires:
Investigación anual de UBACYT 1998-2000 sobre Cine documental
e imaginario social. Extraído en 2003 www.fsoc.uba.ar.



Enviar a un amigo la publicación

Tu nombre:    Tu e-mail:


Info de tu amigo

Apellido:    Nombre: *

E Mail: *       Sexo: * Femenino | Masculino

Comentarios:

  • Cine nacional e identidad: Los primeros pasos fue publicado de la página 17 a página19 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº1
  • [ver detalle e índice del libro]


Prohibida la reproducción total o parcial de imágenes y textos. Términos y Condiciones