VER Y PODER admite varios modos de lectura, y ninguno se impone como predominante. De algún modo, y aunque Jean-Louis Comolli afirme en algún pasaje que jamás ha llevado algo similar, es un diario (íntimo, político, de rodaje) de la convivencia con el cine, que articula permanentemente la reflexión crítica y teórica con las acciones de enseñanza y realizativas.

Pocos libros recientes logran movilizar al lector y espectador como el que aquí presentamos, brindando razones para sumarse a un combate noble e imprescindible, cuyas promesas, creemos, superan sus zonas de incertidumbre o las eventuales desazones. Es que en sus fuentes últimas está ese aguijón del deseo que tanto anima a su autor como, esperamos, prenda en los destinatarios de estos escritos.

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