El Papa llevará a Georgia y Azerbaiyán “un mensaje de reconciliación” “encuentro e intercambio vital” entre culturas y civilizaciones, ahí radica su constante deseo de reforzar aún más los lazos con todas las ramas ortodoxas y tender la mano a las demás confesiones religiosas. El Papa Francisco a sostenido un contacto directo con las autoridades y la gente y a todos les ha instado a trabajar juntos a favor de los que considera los grandes males que acechan tanto a la estabilidad de la región, como a la paz en el planeta y al futuro de la humanidad: se trata del fundamentalismo, imperialismo y colonialismo. Tres “-ismos” se revelan como el enemigo a batir con el único arma al alcance del Papa: la cultura del encuentro.

La Iglesia Católica, en continuidad con el Concilio Vaticano II, con convicción, «exhorta a sus hijos a que, con prudencia y caridad, mediante el diálogo y la colaboración con los adeptos de otras religiones, dando testimonio de fe y vida cristiana, reconozcan, guarden y promuevan aquellos bienes espirituales y morales, así como los valores socioculturales que en ellos existen» 

(Decl. Nostra aetate, 2). Ningún «sincretismo conciliador», ni «una apertura diplomática, que dice que sí a todo para evitar problemas» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 251), sino dialogar con los demás y orar por todos: estos son nuestros medios para cambiar sus lanzas en podaderas (cf. Is 2,4), para hacer surgir amor donde hay odio, y perdón donde hay ofensa, para no cansarse de implorar y seguir los caminos de la paz.

Una paz verdadera, fundada sobre el respeto mutuo, sobre el encuentro y el intercambio, sobre la voluntad de ir más allá de los prejuicios y los errores del pasado, sobre la renuncia a las falsedades y a los intereses partidistas; una paz duradera animada por el valor de superar las barreras, de erradicar la pobreza y la injusticia, de denunciar y detener la proliferación de armas y las ganancias inicuas obtenidas sobre la piel de los otros.

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