En el capítulo “Palabra e imagen” de su texto “El sentido del cine”, Sergei Eisenstein plantea que el Montaje cinematográfico no consiste en una etapa aislada. El realizador soviético propone que la idea de la estructura temporal está presente desde el inicio de cualquier proceso cinematográfico. Eisenstein toma la descripción que Leonardo Da Vinci hace de un fresco que realizará. Con esto demuestra que el hecho de que en la pintura aparezca en simultáneo, todo dado a la vez, no significa la ausencia de un orden de lectura. Esto convierte al mero observador en un espectador, ya que puede conducir a un recorrido visual. Eisenstein analiza la manera en la que el pintor renacentista construye un desarrollo narrativo que luego devendrá en la imagen del complejo fresco. Lo considera entonces un verdadero “guionista” dado que se sirve de las herramientas que toda narración plantea en el montaje: orden, progresión y unidad.


Eisenstein sostiene a la vez que en la narración, no basta con dar informaciones acerca de los sucesos, de las circunstancias, de los personajes. Sino que es a la sensación y a la emoción donde debe dirigirse la narración. Con esto sugiere emprender un camino de vuelta ya que data de rasgos a ese engranaje de la construcción, como si a su alrededor se expandiesen formas, colores, texturas. Cada dato sensorial confiere al relato de momentos propios, confiriéndole una particularidad en sí y ubicando al espectador en la atmósfera de la circunstancia más allá de la información. Se plantea que la organización de un film consiste más bien en organizar la mirada dotándola de vida.


El movimiento que tiene el cine es entonces único, distinto de las otras artes temporales ya que es inevitablemente fijado e ininterrumpido. Su cinética imposibilita la pausa implantando un adelante permanente. Este movimiento tiene un efecto de vectorización, lo que abre preguntas en el futuro del relato y contribuye a la construcción de una espera.


Sergei Eisenstein considera al montaje como una herramienta creadora en sí misma, no solo del sentido sino de la poética. La yuxtaposición de planos construye metáforas, comparaciones, asociaciones líricas. Por lo tanto, el tiempo fílmico no es un encadenamiento de hechos sino la forma que adquiere el flujo incesante de una expresión plasmada en imágenes y sonidos.

Este texto contribuye a considerar al film en su totalidad, y como vía de expresión sensorial, requiriendo de una rigurosa observación de la realidad y un profundo proceso de exploración personal frente a los sucesos para luego dar con el material cinematográfico. El texto estimula a buscar formas de relatar partiendo no solo de lo cotidiano sino desde la emoción propia.

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