En este libro, Sontag presenta una serie de ensayos sobre algunos de los problemas estéticos y morales planteados por la omnipresencia de las imágenes fotográficas, sobre su significado y su historia.

Al enseñarnos un nuevo código visual, las fotografías alteran y amplían nuestras nociones de qué vale la pena mirar y qué tenemos derecho a observar. Son una gramática y una ética de la visión.

 

La autora afirma: “coleccionar fotografías es coleccionar el mundo”.  Las fotografías suministran evidencia, es así prueba incontrovertible de que algo determinado sucedió. Mientras una pintura o una descripción son sólo interpretaciones selectivas, una fotografía puede tratarse como una transparencia selectiva.

 

La fotografía implicó la captura del mayor número posible de temas. La posterior industrialización de la tecnología de la cámara cumplió con una promesa inherente a  la fotografía desde su origen: democratizar todas las experiencias traduciéndolas a imágenes.

 

Sontag establece que la necesidad de confirmar la realidad y enfatizar la experiencia mediante fotografías es un consumismo estético al que hoy todos son adictos. Habla de la compulsión a fotografiar, a transformar la experiencia misma en una forma de visión. Afirma así: “Hoy todo existe para culminar en una fotografía”.

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