https://www.youtube.com/watch?v=f4Onn2Vf5K4 Teaser de algunos de los espectáculos dirigidos por la Titular de la Cátedra

"Les diré una profecía antes de partir:
Cuando los curas hagan algo mejor que hablar;
Y ya no ponga el tabernero agua en la cerveza;
Cuando el noble sea maestro de su servidor;
Cuando no quemen a las putas sino a sus proxenetas;
Cuando la Corte haga Justicia,
Y no haya escudero con deudas, ni caballero pobre;
Cuando en la lengua muera la calumnia;
Cuando no haya rateros entre la multitud;
Y los usureros derramen su oro en el campo,
Y putas y alcahuetes construyan las iglesias;
Entonces, sólo entonces, el gran reino de Albión*
Caerá confundido..." (Bufón; Rey Lear III.2.77-89)

*Nombre en griego antiguo de Inglaterra

Voy a invitarlos a que imaginen, a contarles mi experiencia, con el simple propósito de compartir y tenderles la mano al universo de Willie (que es como llamo a Shakespeare), atravesemos la puerta de la cátedra, para que empiece a ocurrir.

Shakespeare me tomó por asalto a mis 20 años. Fue un rapto feroz.

Ocurrió en el último año en la Escuela Nacional de Arte Dramático  de Buenos Aires, finalizando mis estudios de dirección teatral. Y fue con un Hamlet.

Me introduje lentamente en un laberinto de espejos tan complejo a la vez que simple, como la vida misma.

Ese Hamlet, fue casi una osadía. Llevada a cabo por una jovencita que se comía al mundo a mordiscones. Ese mundo le pertenecía. Hubo intuición y falta de prejuicio.

Utilicé todos los recursos que conocía hasta ese momento. Y  reescribí Hamlet.

“Economía, Horacio” dice el príncipe Danés. Y yo le hice caso.

Con Hamlet elegí trabajar como eje la corrupción estatal que yo vivenciaba a diario en mi país. Los malditos noventas y la obscena corrupción de quienes nos gobernaban en ese entonces.

Y así, fui descubriendo que soy una mujer que vive en Argentina, en la ciudad de Buenos Aires y que Shakespeare me daba la posibilidad –tal como lo hizo él mismo en su tiempo- de contar mi “aldea” a través de historias en apariencia lejanas.

Lo que sí sé, es que me dedico a un Shakespeare popular. Al que para mí es el verdadero y más auténtico Shakespeare. Me esfuerzo y trabajo muy duro en mostrar su lado B. El que debería ser, según mi parecer, su lado A. La desacralización del bardo.

Hay que meter las manos y ensuciarse hasta los codos.

¡Bajémoslo del mármol, que está vivo! 




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