ANÁLISIS: Empleé la lectura Tiempos Prehistóricos de Hauser como disparador para el guion presentado. El relato ideado se desarrolla en el paleolítico, donde el clima obligaba al hombre prehistórico a buscar refugio en las cuevas, la comida era escasa, los peligros abundaban y la esperanza de vida no solía sobrepasar los 30 años. Las pinturas rupestres, empleadas como ritual, me facilitaron la creación del conflicto: si el hombre del paleolítico asumía que lo representado se debía cumplir, resulta tácito que se hubiese creado un descontento cuando la realidad no coincidía con la representación. En la historia, un joven inexperto no regresa de su primera cacería. Su madre, desconsolada, se niega a comer y culpa tanto al realizador del ritual (las pinturas rupestres) como al resto de los cazadores por lo sucedido. Posteriormente, la mujer aprende que su hijo se sacrificó para defender la presa que salvaría a su clan de morir de hambre. El resto del grupo, tras escuchar los hechos de la boca de los cazadores, reconoce al joven como héroe. Esto lleva al realizador del ritual a crear una representación del héroe en la entrada de la cueva, de forma que sea inmortalizado y recordado por siempre. Mi intención era mostrar los primeros indicios del paso de la pintura rupestre con fines religiosos, o ritualistas, a las pinturas rupestres “decorativas”, que estaban allí para ser observadas.

Las representaciones artísticas del periodo de Amarna rompieron con todos los cánones que fueron establecidos hasta ese momento en el arte egipcio. El faraón Akenatón le dio énfasis a su figura y la de su familia, eliminando a los dioses para darse prioridad en las representaciones de su reinado. La idealización de la figura real fue suprimida, de forma que su existencia quedara grabada en la historia. Sus decisiones generaron malestar en el imperio. Especialmente en los sacerdotes, que habían ganado poder en base al culto a las deidades eliminadas. Al finalizar el reinado de Akenatón, se recuperaron los cánones previos. 


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