Atrás quedaron la escuela secundaria y su obligatoriedad. Docente y estudiantes comparten, en esta nueva etapa de educación universitaria, la libre voluntad de aprender. Las calificaciones numéricas, la aprobación de la asignatura, el reconocimiento social y la obtención de un título, pueden ser distractores que afectan el objetivo principal: el aprendizaje. La prioridad, a lo largo de todo el cuatrimestre, es la construcción de conocimientos a través de la percepción, la reflexión y la acción.


El foco está puesto en el proceso de construcción de conocimientos, no en la búsqueda de un resultado predeterminado. El profesionalismo está determinado por el compromiso y la voluntad de aprender. La búsqueda de superación, reflejada en la dedicación, queda evidenciada en la producción de cada estudiante. Entendiendo a la educación como agente transformador, a lo largo de dicho proceso se alienta la innovación y construcción de nuevas perspectivas. De manera simultánea, se valora la prolijidad y atención al detalle en la forma de presentación, siendo cada trabajo un registro trascendental en esta etapa educativa.

Se trabaja en clase y fuera de clase. A mayor dedicación, mayor aprendizaje. Se analiza y discute sobre la producción, no acerca de las personas. Ninguna opinión es verdad absoluta. Se respeta, se comparte, se colabora entre pares. Se considera al registro de lo mejorable como principal fuente de aprendizaje. Sólo se producen algo mejorable desde la acción. Sin acción no se construye teoría y el conocimiento es incompleto.

Resultados del proceso

Mitología griega, homenaje a un gran pintor, y análisis socio-cultural de una época son algunos de los tópicos elegidos para trabajar a lo largo del cuatrimestre. En la imagen, tan sólo el resultado de mucho aprendizaje.

Proceso y resultado de un trabajo ejemplar.

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