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A partir del concepto cotidiano de metáfora como recurso poético retórico o rasgo característico del lenguaje, los autores trascienden el significado de metáfora hacia un sistema conceptual puesto que lo que se piensa y se experimenta en la cotidianidad se está relacionando en gran medida con las metáforas. Es decir, que los procesos de pensamiento humano son en gran medida metafóricos. A manera de ejemplo, mencionan la "discusión" como expresión del vocabulario semejante al de una "guerra" en un sistema conceptual tradicional que también depende de la cultura en que éste término se relaciona con términos bélicos y asimismo, la sistematicidad de los conceptos metafóricos involucran la comprensión de la naturaleza de tales conceptos como por ejemplo al relacionar el "dinero" con el "tiempo".


El concepto de "metáfora de canal" es considerado según Michael Reddy una expresión lingüística que es como un contenedor para los significados y las ideas o significados son objetos ya que éstos y las palabras tienen significados propios independientes del contexto o del hablante; pero los autores enfatizan que en algunos casos es necesario el contexto para determinar el significado de la oración para su comprensión y comunicación. Por lo anterior, se presentan en los capítulos 1 al 10 una gran extensión de ejemplos en las diferentes clasificaciones de las metáforas entre las que se encuentran las Metáforas orientacionales que son relacionadas con la orientación espacial basada en una experiencia física y cultural y su coherencia dentro del sistema global; en la Metáfora y coherencia cultural, intervienen los valores de una cultura que son también coherentes con conceptos fundamentales de una estructura metafórica. Las Metáforas ontológicas consideran acontecimientos, actividades, emociones e ideas como entidades y sustancias que tienen como base la metáfora orientacional y permite cuantificarla o referirla para enfrentarlas racionalmente con experiencias propias. La personificación es una extensión de la metáfora ontológica en la cual diversos fenómenos asumen comportamientos, cualidades o aspectos de una persona. La metonimia se utiliza cuando una entidad se refiere a otra relacionada con ella, en una función primariamente referencial que igual proporciona comprensión de alguna característica fundamental.


Sin embargo, se presentan algunos desafíos a la coherencia metafórica desde la contradicción de la misma y la organización del tiempo, la coherencia frente a la consistencia y la posición del tiempo como si fuese un objeto. Las expresiones ordinarias las clasifican en expresiones simples literales y frases hechas que cuadran con la metáfora y hacen parte cotidiana al hablar de determinado tema, relacionando un nutrido grupo de ejemplos denominados fórmulas, expresiones fijas o lexicalizadas que funcionan como una sola palabra en las cuales el lenguaje cotidiano posee muchas de ellas enfatizando en que la manera de hablar, concebir y experimentar diversas situaciones son estructuradas metafóricamente.

En el capítulo, La tarea de la hermenéutica: desde Schleiermacher y desde Dilthey, el autor quiere llevar la reflexión hermenéutica a una aporía (paradoja) que permita poner en discusión las ciencias del texto desde la semiología hasta la exégesis. Ricoeur la comprende desde la historia reciente con la preocupación de ampliar progresivamente su alcance indicando que todas las hermenéuticas regionales se desvían en una hermenéutica general, sin pretender desmovilizarla de sus elementos epistemológicos y ontológicos.

Ricoeur considera de interés la polisemia de las palabras y su valor en un mensaje determinado desde un hablante a un oyente en situación particular, siendo el contexto el complemento de la polisemia y dicho contexto vincula al discernimiento en el intercambio de preguntas y respuestas. Según Dilthey, la escritura permite una expresión sin dominio que también exige un trabajo de interpretación del discurso como texto, pero no se cumple la condición de pregunta y respuesta a través del diálogo sino signos escritos y discernimiento del discurso como texto; la desregionalización, parte de recortar un problema general de la interpretación en diferentes textos. Para Schleiermacher, es una marca y crítica romántica porque recurre a una relación viva con el proceso de creación y crítica por su voluntad de elaborar reglas válidas de la comprensión.

Dilthey conserva el aspecto psicológico de Schleiermacher de su hermenéutica, reconociendo el problema de la comrpensión por transferencia a otro. Es un rasgo distintivo en la comprensión de Dilthey buscado en la psicología. La hermenéutica trata de reproducir un encadenamiento o estructura que se apoya en categoría de signos fijados por la escritura o cualquier procedimiento equivalente a ella. En éste sentido la vida psíquica de otro en sus expresiones se reconstruye al interpretar aquellos signos objetivamente, siendo la hermenéutica para ambos autores, una comprensión objetiva de las estructuras esenciales del texto y Ricoeur por su parte, considera que la historia universal se convierte en el plano hermenéutico mismo y la unviersalización del individuo.

El supuesto de la hermenéutica entendida como epistemología es cuestionado por Heidegger y Gadamer, no pensada como una prolongación de Dilthey sino que se trata de ahondar en la epistemología misma dejando claras las condiciones ontológicas. Para Heidegger la hermenéutica es una explicación de base ontológica que profundiza en el concepto del círculo hermenéutico y para Gadamer, la experiencia hermenéutica se subdivide en estética, histórica y lingüística teniendo en cuenta una experiencia regional a la general y la epistemología de las ciencias del espíritu a la ontología.

En Verdad y Método, Gadamer radicaliza el análisis filosófico de la hermenéutica en un nivel de estructura fundamental de la existencia humana. Para el autor la hermenéutica no es un método sino una forma de convivencia entre aquellos que se entienden, es una dimensión que constituye la práctica de la vida humana. En definitiva, la reflexión comienza no con la pregunta por el método de las ciencias sociales, sino por la pregunta en torno a ¿qué significa sabernos sostenidos por la tradición que se articula para nosotros en el lenguaje?

Gadamer argumenta que el lenguaje nos precede, nos determina y nos permite avanzar en la historia. Así, aborda estas cuestiones sin tener como parámetro los procedimientos desarrollados por el naturalismo y el positivismo sino invitándonos a reflexionar en nuestra propia práctica de comprensión: sea de un texto, una obra artística, un proceso histórico, para apreciar el carácter circular de este proceso. Se comprende una obra en el marco de los conocimientos previos del lenguaje, del autor, de su tradición, pero a su vez, en el proceso de lectura se va ampliando la unidad de sentido. Esta comprensión acerca de lo que se quiso decir es provista por la pertenencia a un determinado círculo cultural, que pueden ser rechazadas en el proceso mismo de la lectura y dar lugar a una nueva significación. Esta nueva significación es el resultado de un encuentro entre lo que viene del horizonte de la obra y del propio horizonte cultural de cada uno. No hay contrastación externa, no hay un sentido definitivo, el sentido se va produciendo en el mismo proceso de interpretación. En esta reflexión en torno a la tarea de interpretación el autor se pregunta ¿Cómo un proceso estrictamente inmanente - en el que la posibilidad y las condiciones de la comprensión y su éxito se revelan en el proceso mismo de la comprensión - puede evitar ser un círculo vicioso y lograr ser objetivo? Gadamer responde a esta pregunta afirmando que el hombre comprende la historia porque él mismo hace la historia. En este hacer nos relacionamos con nuestros semejantes en una comunidad de comunicación.

Este libro es un gran aporte a la reflexión gadameriama y ha sido de fundamental importancia para la filosofía de las ciencias sociales y humanas por haber logrado dar una consideración no psicologista de la comprensión humana.

Para definir la teoría de la estructuración, Giddens presenta una reconstrucción de la teoría social partiendo del análisis y fundamento psicológico del propio "yo" sustentado en su naturaleza social y cómo se conecta al mismo tiempo con aspectos rutinarios de la vida cotidiana. Es decir, una relación entre estructura y sujeto que se relacionan o se conectan a través de prácticas recurrentes. Dichos componentes de la personalidad, interactúan en situaciones sociales entendidas desde su historia, espacio, tiempo y regionalización en donde el individuo con sus capacidades físicas e intelectuales se desenvuelve, formando parte de una estructura o sistema social en la que se involucran aspectos de cambio, evolución y poder.

En este sentido, Giddens resalta que toda investigación social presenta aspectos culturales y etnográficos o antropológicos, en los cuales no hay que confundir un procedimiento metodológico con una realidad ontológica. El análisis social debe tener en cuenta su constitución espacio-temporal para poner en común junto con otras disciplinas que involucran la vida social, un abordaje de cuestiones de teoría social necesarias para comprender a las ciencias sociales como un todo. Por otro lado, el contenido muestra cómo la investigación realizada parte del análisis individual, es decir de la conciencia del propio ser y a través de los capítulos amplía esa individualidad hacia una estructura social susceptible de cambios. En otras palabras el libro es un ejemplo de un mínimo hacia un todo para postular la teoría.

El capítulo 4 y 5 presenta al individuo como agente reflexivo en una conexión con la postura y copresencia, mostrando una clasificación e interpretación de los tipos societarios para sostener el análisis de propiedades estructurales desde cuestiones históricas que permitan comprender el cambio social, reconstruyendo su concepto y mostrando la naturaleza del poder inherente a la constitución de la vida social pasando por la evolución, adaptación hasta el cambio y poder. Por su parte, el capítulo 6 presenta la Teoría de la estructuración partiendo de una recopilación de los aspectos más importantes de los capítulos anteriores y los problemas de investigación empírica en las ciencias sociales.

El libro es una extensa explicación de manera didáctica de qué es la lógica. Se considera que la lógica es el estudio de los métodos y los principios usados para distinguir el razonamiento correcto e incorrecto. Así, la distinción entre el razonamiento correcto y el incorrecto es el problema central que debe tratar la lógica.
La inferencia se caracteriza como un proceso en el cual se llega a una proposición y se la afirma sobre la base de otra u otras proposiciones aceptadas como puntos de partida del proceso. Sin embargo, al lógico no le interesa el proceso de la inferencia, sino las proposiciones que constituyen los puntos inicial y terminal de este proceso, así como las relaciones existentes entre ellas. Las proposiciones son verdaderas o falsas; en esto difieren de las preguntas, las órdenes y las exclamaciones. Sólo es posible afirmar o negar proposiciones.
Así, va transitando el libro, aclarando conceptos y términos como por ejemplo, la palabra 'proposición' para designar el significado de una oración declarativa. La diferencia entre oraciones y proposiciones se pone de manifiesto al observar que una oración declarativa forma siempre parte de un lenguaje determinado, el lenguaje en el cual es enunciada, mientras que las proposiciones no son propias de ninguno de los lenguajes en los cuales pueden ser formuladas. Dicho de otra manera, las proposiciones no son entidades lingüísticas como las oraciones, sino que son los significados de las oraciones. Un razonamiento es cualquier grupo de proposiciones tal que de una de ellas se afirma que deriva de las otras, las cuales son consideradas como evidencias de la verdad de la primera. Un razonamiento no es una mera colección de proposiciones, sino que tiene una estructura. Al describir esta estructura, se emplean comúnmente los términos 'premisa' y 'conclusión'. La conclusión de un razonamiento es la proposición que se afirma sobre la base de las otras proposiciones del mismo, y a su vez estas proposiciones de las que se afirma que ofrecen la razón, o las razones para aceptar la conclusión, son las premisas del razonamiento.
A su vez, los razonamientos se dividen tradicionalmente en dos tipos diferentes: deductivos e inductivos. Aunque todo razonamiento lleva implícita la afirmación de que sus premisas ofrecen una evidencia de la verdad de su conclusión, solamente los razonamientos deductivos pretenden de sus premisas que ofrezcan evidencias concluyentes. En el caso de los razonamientos deductivos, se usan los términos técnicos 'válido' e 'inválido' en lugar de 'correcto' e 'incorrecto'. Un razonamiento deductivo es válido cuando sus premisas ofrecen un fundamento seguro para la conclusión, esto es, cuando las premisas y la conclusión están relacionadas de tal manera que es absolutamente imposible que las premisas sean verdaderas sin que la conclusión también lo sea. Todo razonamiento deductivo es válido o inválido, es tarea de la lógica deductiva aclarar la naturaleza de la relación existente entre las premisas y la conclusión en un razonamiento válido para permitir, de este modo, discriminar entre los razonamientos de uno u otro tipo. La teoría de la deducción, que incluye tanto la lógica tradicional como la simbólica, ocupa la segunda parte de este libro.
Un razonamiento inductivo, en cambio, no pretende que sus premisas ofrezcan una evidencia total de la verdad de su conclusión, sino solamente que ofrezcan cierta evidencia de ella. Los razonamientos inductivos no son válidos o inválidos en el sentido en que estos términos se aplican a los razonamientos deductivos. Claro está que los razonamientos inductivos pueden estimarse como mejores o peores, según el grado de verosimilitud o probabilidad que sus premisas confieran a sus conclusiones. El examen de la probabilidad y de la teoría de la inducción se explica en la tercera parte del libro.

En el capítulo en mención: Palabra y Símbolo, el autor no solo sugiere determinar palabra y símbolo como conceptos, sino también como dos campos de investigación, considerando a la palabra como campo semántico y su signo lingüístico; y el símbolo, que predomina como un factor no lingüístico incierto. La metáfora se presenta como dominante en la palabra que confronta al símbolo, haciéndola según Ricoeur perteneciente a la retórica que ofrece una constitución del lenguaje homogénea. Es decir, que para llegar al símbolo se parte de la metáfora.

Palabra y Símbolo como capítulo, se subdivide en Teoría de la metáfora y De la metáfora al símbolo en los que aparte de una conceptualización básica de la metáfora como una semejanza o una función decorativa, se concibe a la misma desde la retórica, partiendo de la “tensión” entre dos términos llegando a transformar la contradicción en una interpretación metafórica. Dicha transformación permite elaborar una extensión del sentido o una interpretación nueva a la cual el autor la denomina “torsión”. En este sentido, presenta una teoría de la tensión que se opone a una teoría de la sustitución por lo cual la metáfora se presenta como una innovación semántica.

Por lo anterior, Ricoeur plantea que la metáfora existe no solo por tensión entre palabras o dos niveles de interpretación sino en la unión misma del enunciado metafórico. Así el análisis de la relación entre símbolo y metáfora es concluido como dos proposiciones opuestas, dado que hay más metáfora en el símbolo cuando el lenguaje es llevado a la semántica implícita del mismo y más símbolo que metáfora en el procedimiento lingüístico en donde se deposita la potencia simbólica.