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“Ensayes lo que ensayes siempre sentís que te falta, pero hay un punto en que no avanzás más: necesitás del público”

Dijo Darío Grandinetti en la Facultad

Los actores Hugo Arana, Darío Grandinetti, Juan Leyrado y Jorge Marrale estuvieron presentes en el seminario de autor, Escena Creativa 9, de la Facultad de Diseño y Comunicación de la UP.

19/1/2010

“Ensayes lo que ensayes siempre sentís que te falta, pero hay un punto en que no avanzás más: necesitás del público” “Ensayes lo que ensayes siempre sentís que te falta, pero hay un punto en que no avanzás más: necesitás del público”

El seminario giró en torno al “ser actor”, tomando en cuenta la dialéctica entre la individualidad y lo grupal. El teatro siempre ha sido una actividad grupal en donde necesitamos juntarnos para llevar adelante un proyecto, sin embargo, nunca dejamos de ser individuos en el grupo y en algún lugar esta dialéctica entre lo individual y lo colectivo es lo que hace que el teatro sea un fenómeno único y en algunas ocasiones hasta mágico.

¿Cómo se despliega esta dinámica de trabajo? ¿Cómo se logra que individuos con personalidades muy fuertes y en algunos casos hasta muy diferenciadas se alíen uniendo voluntades para llevar adelante un proyecto artístico y, hasta diríamos, un proyecto de vida y de profesión? Este seminario se planteó reunir a cuatro actores: Hugo Arana, Darío Grandinetti, Juan Leyrado y Jorge Marrale, que han logrado a lo largo de los años compartir varios proyectos juntos (Los lobos, Los tres mosqueteros y Baraka) para que cuenten sus experiencias compartidas.

La charla se inició con sus reflexiones respecto de la enseñanza y el estudio de la actuación. “Los actores sacamos las cosas de la vida, entonces uno está influenciado por el contexto en el que nació y vive”, dijo Marrale y luego contó la experiencia en el 2002 en el Maipo: “Hay algo que planea sobre todos nosotros. La historia de nuestro teatro y nuestros actores también está ahí. Algo tenemos todos de nuestros llamados “padres”, los hayamos visto o no”. Posteriormente se refirió a la importancia de la técnica, a lo que Leyrado agregó: “Creo que las cosas que uno estudió siempre aparecen. Recuerdo, más que nunca, a medida que pasa el tiempo, a los profesores con los que trabajé. Son muy importantes, aunque también influyeron otras cosas, experiencias de vida”.

Grandinetti admitió: “En mi experiencia personal, no tuve grandes periodos de estudio, pero lo que aprendí en algún lado está”. A diferencia de Arana, quien dijo: “Yo le doy mucho valor a la técnica. Estaré toda mi vida agradecido con Augusto Fernandes porque me enseñó ese rigor de poder leer “la letra chica”. Es un oficio, como un plomero que le agrega herramientas a su valija para hacer mejor el trabajo. Cada minuto hay una nueva pregunta, algo distinto, por lo que seguimos aprendiendo siempre.”

Luego dieron algunos consejos a los actores y estudiantes para formar un grupo. Grandinetti comenzó diciendo: “Estuvimos casi diez años sin estar juntos porque no aparecía un material que nos convocara. Queríamos estar juntos, pero no de cualquier forma. Hasta el momento no se nos ocurrió a ninguno dirigir”. Marrale continuó: “Coincido con eso, creo que necesitamos una mirada exterior que nos pueda movilizar a los cuatro. Así trabajamos integrados en pos de esa mirada externa”. Luego se preguntó sobre el por qué del fenómeno de asombrarse por lo grupal, a lo que añadió: “Una de las cosas que percibimos desde el escenario es que se alegraban de vernos juntos. Creo que es parte de la proyección en estos tiempos de crisis. El imperio de lo individual hace que lo grupal sea complejo, o se reduzca a asociaciones utilitarias. Hay algo de lo afectivo, subyacente en lo grupal, que se está disolviendo en la sociedad. Es como un llamado a revisión. Baraka habla de la amistad, pero muestra un resquebrajamiento en pos de la salida individual. En la obra, el otro no es alguien que está ahí para empujarnos, sino que tiene un punto de vista y emociones distintas”.

Tantos años de trabajar juntos implican una serie de anécdotas compartidas, algunas de las cuales fueron narradas con mucho humor por estos cuatro actores. Grandinetti reflexionó sobre el éxito y las frustraciones de algunas de las presentaciones teatrales que hicieron: “A nosotros nos ha ido muy bien en general, pero en la gira ocurre que en no todos los sitios nos va igual. Tuvimos una prueba de fuego en Carlos Paz, donde estuvimos dos meses haciendo Los mosqueteros. No sólo no venían sino que los pocos que venían, no se reían. Así que a nosotros no nos quedó otra que empezar a divertirnos con la situación... éramos los únicos (risas)”.

Hugo Arana dijo luego: “Yo en Baraka entro a los 45 minutos de empezada la obra. Y, bueno, es evidente que entro para levantarla (risas).” Contó además que antes de ensayar Los Mosqueteros jugaban un picado. “Corríamos media hora y después, con la obra, era como que seguíamos jugando”, contó Grandinetti. Leyrado repuso otra anécdota: “Cuando nuestras mujeres vinieron a ver el ensayo general se quedaron calladas. Cuando les pedimos su opinión nos preguntaron ¿Ustedes van a estrenar así? Eso para que vean las condiciones en que salió, pero después, como toda obra, se fue armando”.

Por último, la charla giró en torno al aprendizaje constante de la profesión de actor. “Ensayes lo que ensayes siempre sentís que te falta, pero hay un punto en que no avanzás más: necesitás del público. Hemos tenido la suerte de acumular experiencias felices trabajando juntos...”, explicó Grandinetti y Marrale añadió: “Somos cuatro actores a los que nos interesa ahondar en nuestra materia. No nos quedamos con lo que tenemos sino que nos gusta avanzar en el progreso de nuestras potencialidades”. “Hay que laburar, afortunadamente, porque lo mejor de todo esto es saber que uno sigue creciendo y aprendiendo, no sólo como actor sino también como ser humano”, afirmó Leyrado. Arana explicó luego: “No tiene que estar enojado uno porque lo esté el personaje. Yo creo que a la actuación hay que ponerle alegría, lo que no implica risa”. A lo que Marrale completó: “El personaje tiene que seguir siendo lo que es. Se trata de un juego de máscaras en el que uno entra y sale. Si uno se amarga, es porque se pone delante del personaje”


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