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“No hay que tenerle miedo al ridículo porque equivocándose uno aprende”

Expresó Ramón Ortega en la Facultad


“Palito” estuvo presente en los Diálogos con Artistas del Ciclo Diseño y Comunicación en las Artes del Espectáculo, organizado por los docentes Claudia Kricun y Dardo Dozo, junto al Complejo Teatral de Buenos Aires.

“No hay que tenerle miedo al ridículo porque equivocándose uno aprende”

Pubicada: 12/3/2010

Nacido en Tucumán, su vida dio un giro trascendental al mudarse a Buenos Aires: pasó de ser cafetero a ser cantante profesional. Ramón “Palito” Ortega hizo furor en los ‘60s con “El Club del Clan”.  “Yo tengo fe”, además de ser un clásico y mítica canción de su variado repertorio de canciones, fue una de las frases que lo marcaron desde muy temprana edad. De joven vendió periódicos, a las tardes agarraba un cajón de lustrar, trabajó en un supermercado donde hacía los repartos a domicilio e incluso en un cementerio pintando sepulturas.

El canto estuvo siempre presente en su vida y uno de sus impulsores fue su longeva abuela paterna, Sofía, que vivió hasta los 103 años. Mientras ella preparaba pan casero en el horno de barro en el fondo de su casa, su nieto ya le cantaba canciones de los Chalchaleros, zambas y fragmentos de algún tango viejo. Su pasión por la música fue tan fuerte que a los 15 años toma la resolución de partir a Buenos Aires en busca de un futuro mejor. Recuerda su despedida como una escena bizarra, curiosa y tragicómica: cuando llegó la hora de irse de su casa, agarró una valija de cartón y su padre y hermanos lo acompañaban a tomar el colectivo. “Hay siempre que pensar en positivo y creer. Si alguien tiene que creer en ustedes, son ustedes mismos para que los demás después crean en ustedes”, dijo Ortega

Con sólo 15 años, sin documentos y sin familiares, pernoctó durante una noche entera en Retiro hasta que decide comenzar con su “aventura”. Empieza a vender cafés por las calles, sintiéndolo como un trabajo que no tenía obligación ni horarios. Una mañana como todas, no vendía nada, hasta que cambió su recorrido y al dar la vuelta, vio una fila de gente y se dirige hacia allá. Una señora lo llama y luego el resto empezó a llamarlo para pedirle café. Eran todas mujeres y Palito le pregunta a una de ellas para qué estaban haciendo esa cola y le contestan que ese día cantaba Pedrito Rico. Mira hacia la marquesina y lee “LRT Radio Belgrano”. A partir de ese día, él no iba a ningún otro lado que no fuera esa esquina. A partir de este lugar, comienza su historia con la música.

Había un baterista de la orquesta de la radio, y como necesitaba un ayudante para armar y desarmar el instrumento, Palito comienza como ayudante del baterista y como la relación entre ellos iba creciendo, el baterista le propone como trato enseñarle sin cobrarle, pero como condición él debería estudiar. Y así fue como Palito aprendió a tocar su primer instrumento. Ortega iba creciendo y metiéndose en el ambiente musical. Conoce luego a un guitarrista que le enseña algunos acordes de guitarra, con la condición que lo acompañara en todos los shows. Un día el director le propone cantar. “No hay que tenerle miedo al ridículo porque equivocándose uno aprende”. Así empieza a recobrar protagonismo la presencia de Ramón.

Tiempo después, su primer lanzamiento como solista fue con la canción “María” incluida en su primer disco sin ningún éxito de ventas. Pero hizo su despegue con el tema de mayor repercusión “Una novia mal acostumbrada”. Después de tantos éxitos, triunfos, fracasos y caídas, Palito ya más grande, maduro y a la distancia, reflexiona: “En mis canciones he rescatado casi siempre el aspecto positivo de la vida, sin dejar de ver los aspectos negativos. Yo tuve que trabajar desde muy chico, pero no me resentí con la vida. Siempre traté de ser optimista. No fueron pocas las críticas que me he ganado con esta actividad. Sobre todo en una época donde se pensaba que la música tenía que ser comprometida. Pero hay distintas formas de compromiso, que no son sólo canciones de protesta”. Su consejo: “Piensen siempre en positivo, piensen más allá de las dificultades que hay, piensen que es posible y que hay cosas por las que vale la pena luchar. Porque si uno se entrega ante la misma adversidad, con ese espíritu es muy difícil llegar después a concretar los anhelos, los sueños que se tienen”.


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