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“La obra es como una pregunta que se va respondiendo a lo largo de los ensayos”

Expresó la coreógrafa Diana Theocharidis


Se llevó a cabo una charla sobre el diálogo entre el director y el escenógrafo en el proceso de creación espacial, dentro del marco de los 4 días de Teatro y Espectáculo de la Facultad de Diseño y Comunicación de la UP. La jornada estuvo organizada por la estudiante DC-UP, Natalia Pezzi.

“La obra es como una pregunta que se va respondiendo a lo largo de los ensayos”

Pubicada: 1/3/2011

“Danza y espacio escénico: diálogo de creación y confianza” fue el título de la segunda charla de esa jornada, llevada a cabo el martes 13 de abril, que estuvo a cargo de la coreógrafa Diana Theocharidis y el escenógrafo Andrés Díaz Mendoza.

Comenzó hablando Diana Theocharidis: “Andrés y yo hemos hecho cuatro obras conjuntamente. Empezamos a trabajar juntos en una obra que se llama “Reflejos” donde Andrés hizo un aparato al que llamamos “reflejómetro”, que consistía en un reproductor de reflejos. La coreografía estaba basada en un cuarteto de cuerdas que trabajaba solamente con armónicos o sea que no había sonidos reales, sino reflejos de sonidos. Entonces ese aparato era la iluminación de la obra que tenía que ver con lo que estaba pasando musicalmente”.

Luego habló se su obra “El cuarteto para el fin del tiempo”, para la cual también trabajaron juntos: “En el caso del trabajo con Andrés nunca se partió de imágenes visuales acerca de lo que iba a pasar. Yo estaba trabajando con la idea de producir una coreografía que no fuera horizontal sino que fuera vertical. Eso tenía que ver con el planteo de la obra, hacia un planteo de los cuerpos que habían resucitado basada en textos de la Biblia. Entonces empecé a trabajar con la idea de cómo serian estos cuerpos de la resurrección. Aclaro que no soy religiosa, era simplemente un trabajo de investigación en ese sentido. Además, esta obra se había compuesto en un campo de concentración. A partir de estos datos Andrés empezó a trabajar en esto que yo quería: una coreografía vertical basándose un poco en estos textos y en la representación de los cuerpos en el espacio del medio evo. Un espacio en donde no había perspectivas. O sea lo que está atrás, se dibujaba arriba, en una estructura chata y vertical que, sobre todo, tenía que ver con la ascensión. Empezamos a trabajar en la barra de un bar, en una superficie muy angosta a un metro y pico de altura, que luego se transformó en una estructura de ocho metros. Ese espacio se volvía opresivo, oscuro, negro vertical, porque al final de la obra estos cuerpos resucitaban. Al final, en los últimos tres minutos, esto subía transformándose en una estructura transparente y aérea”.

Concluyó: “La escenografía se iba construyendo en el proceso de los ensayos. No creo que en el caso de esa obra pudiéramos haber presentado un boceto tres meses antes. Estamos en un grupo independiente, sin la estructura de los grandes teatros en donde hay que presentar planos mucho tiempo antes, sino que siempre partimos de un proceso de ensayos de un año en donde los elementos de la escenografía iban apareciendo después de tres o cuatro meses, y la coreografía se terminaba al mismo tiempo que la escenografía ya que Andrés venía a todos los ensayos. Lo más interesante de este trabajo conjunto es la manera en que se concibe la creación de la obra. Para nosotros, la obra es como una pregunta que se va respondiendo a lo largo de los ensayos. Andrés es alguien que va a todos los ensayos durante meses y se queda debatiendo. Es una oportunidad muy importante poder trabajar con este sistema. No siempre es posible hacerlo y es necesaria una personalidad muy especial que pueda acompañar a un coreógrafo.”

Sobre el trabajo en conjunto, Andrés Díaz Mendoza agregó: “En el diálogo que hemos tenido con Diana, nuestros trabajos se han ido elaborando. Luego uno termina aplicando como una regla esta forma de aprendizaje, y la aplica en otros momentos. En lo que me tocó por elección en la dirección, apliqué mucho de lo que habíamos debatido en algún momento con Diana. Y por otro lado veo que tenemos algo que nos comunica muchísimo que es el gusto y el placer por una terrible dedicación. La idea de no repetirse y buscar opciones nuevas sobre lo que uno va trabajando. Es decir, donde haya un desafío, ahí estamos enganchados. Si no hay desafío no nos interesa el trabajo”.

“Lo mejor que uno puede hacer con respecto a decidir qué hace en la escenografía es también estar dispuesto a no poner nada ya que tener en cuanta que un espacio vacío puede ser tan significativo que podemos llegar a utilizarlo a pleno. Cuando nosotros tomamos la decisión de hacerlo de esta manera, de pronto vimos que ese espacio adquiría un valor y una energía poderosísima que era capaz de comunicar lo que querríamos decir”, dijo y concluyó: “En la labor con Diana hay algo bueno y sustancioso. En la medida que hacemos vamos ascendiendo niveles. Y estos niveles nos van permitiendo estar mirando para abajo, para saber qué hacer para arriba”.


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