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“Si uno quiere escribir una idea, ilustra. Procesando imágenes propias, en cambio, crea.”

Explicó Mauricio Kartun , dramaturgo y director

El 22 de octubre se llevó a cabo un Seminario de Autor en la Facultad de Diseño y Comunicación UP, titulado “La dialéctica dramaturgia-dirección”, que contó con la presencia del dramaturgo y director teatral Mauricio Kartun.

5/11/2010

“Si uno quiere escribir una idea, ilustra. Procesando imágenes propias, en cambio, crea.”

En su seminario, el dramaturgo y maestro de dramaturgos, Mauricio Kartun abordó la dialéctica dramaturgia – dirección a partir del montaje de Ala de criados de su propia autoría. Comenzó reflexionando sobre qué es dirigir: “Según la etimología de la palabra dirigir, de-regir, tiene que ver con ser rey. El director es el que rige. El que impone con rigor. El concepto de dirección no tiene más de un siglo. Aparece a partir de la crisis brutal que sufre el teatro ante el surgimiento del cine. Después de varios siglos de predominio del autor, este siglo corresponde al director, que crea un discurso complementario al del texto, y a la vez autónomo a este”.

Contó que, en su propia práctica, la dirección es algo bastante nuevo: “Yo soy, en realidad, un dramaturgo que dirige. Para hacerlo, traté de recordar qué cosas hacían los directores con los que trabajé, buscando la correlación entre el trabajo del dramaturgo con el del director. Al fin de cuentas, el director de una obra ya no es un mero director de tránsito sino algo mucho más rico y apasionante: es un dramaturgo del espacio. Del espacio escénico y del espacio cuerpo. La dramaturgia y la dirección son fase y contrafase de lo mismo. Hay una dialéctica entre ambas. Yo manejo la técnica de dirección como otra dramaturgia. Es una técnica reversible”. Luego habló de algunas de las herramientas con las que trabaja a diario: “La Pareidolia es la capacidad de los seres humanos para crear ficción –entre otras cosas- a partir de formas incompletas. Es la capacidad de descubrir sentido y forma a partir de patrones vagos. Una imagen generadora es la que da comienzo a este fenómeno. A partir de lo que este hecho pareidólico emite, uno completa el sentido ya que, al relacionarlo con otras formas, lo complejiza. Es decir, a partir de una primera hipótesis de forma esta forma se completa y comienza a aparecer un sentido. Este acto es el que domina la creación de ficción”.

Para ejemplificar, se centró en el proceso creativo de su propia obra, Ala de Criados: “La semana trágica es un imaginario que operaba en mi cabeza como universo a la espera de la ficción. Considero que es un hecho inaugural de la violencia argentina. Desde el ´69 fui juntando bibliografía e imágenes al respecto. Pero eso solo, no llegaba a consolidarse como ficción. Luego apareció otro elemento en medio de una escena de un asado, de letargo post almuerzo, muy chejoviana. Por último, tiempo después veo en una revista una foto de Mar del Plata que mostraba la loma, sacada desde el torreón. Yo venía de trabajar con la elite porteña en “El niño argentino”. Pero esa foto fue la imagen que hizo coincidir cosas que estaban por separado en mi cabeza. De esos elementos diferentes surgió una bisociación, otra herramienta del dramaturgo, que es la relación entre elementos antes no relacionados, el apareamiento entre elementos. La semana trágica fue en enero, por lo que coincidía con las vacaciones. ¿Quiénes fueron? Me gustó la idea de pensar que los que estaban ahí entonces eran los timoratos, los débiles, los que había que proteger. Es decir, los hijos del poder que por su condición no se quedaron para resistir en la capital. Me gustó trabajar con la conformación proto y paramilitar que luego será la Liga Patriótica Argentina. Se me ocurrió una división en 7 escenas, una por cada día de la semana”.

“Para escribir una obra, lo primero que necesito es un conflicto claro. Mal que nos pese, la narración sigue siendo aristotélica. Una acción única, tensa y contada por la menor cantidad de personajes. Toda obra es un equilibrio, donde se produce un desequilibrio para encontrar un equilibrio nuevo”, dijo y aclaró: “También necesito una conexión poderosa con el tema, algo que forme parte de un universo personal, porque sino se me ocurren ideas en vez de imágenes. Si uno quiere escribir una idea, ilustra. Procesando imágenes propias, en cambio, crea. Por otro lado, considero que las obras requieren de una entidad mítica. Como dice Bachelard, toda metáfora es un mito en miniatura. Necesito un mito para que sea el carozo de esa fruta. Algunas obras son sólo carne jugosa, puro pasatiempo, y por eso mismo tras consumirlas se digieren y se olvidan. Hay otras que dejan su carozo. Su ADN. Si propia hipótesis de reproducción en la conciencia del receptor. En Ala de Criados, ese mito es el de la clase media que se alía al poderoso, que actúa como victimaria de las clases populares y que termina siempre victimizada por aquel poder”.

Otra de las herramientas teóricas que explicó fue la apofenia: “Es la capacidad de atribuirle a algo casual un valor causal. Este es el fenómeno apofénico. El bloody Mary, Emile Zola y la Enciclopedia Británica operan en mi obra de manera recurrente como leit-motif. La apofenia sirve para instaurar organicidad. Coherencia interna. Una serie de elementos internos, no necesariamente explícitos. El espectador no tiene por qué saberlo, sino que ve el efecto: el resultado de un universo que sí cree en eso”.

Sobre el momento del ensayo, explicó que es para él un observatorio pareidólico ya que permite crear condiciones para que los actores salgan de su red conceptual y creen algo diferente: “El trabajo del director es proponer el juego que permita esto. El ensayo no es el lugar para practicar, sino donde buscar una forma. Es muy raro que algo que traiga el actor ya elaborado proponga muchos elementos creativos. Frente a la incertidumbre de la creación el actor suele agarrase de dos cosas: el lugar común y los muebles. Pero en algún momento, el lugar común desaparece dando paso a la singularidad. Cuando el actor está aburrido o abrumado o desconcertado, suelen surgir las mejores cosas, porque baja la guardia y deja de proponer. La cabeza es perezosa, trabaja siempre con el lugar común. La bisociación exige un esfuerzo, porque es la relación entre elementos no relacionados antes. Y juntarlos obliga a hacer fuerza. Obliga a una inevitable inversión de calorías para crear esa otra tercera cosa inexistente”.


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