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“El pasado es un animal grotesco porque cada vez que uno lo recuerda, cambia de forma”

Dijo el dramaturgo y director teatral Mariano Pensotti

El 29 de octubre se llevó a cabo un Seminario de Autor en la Facultad de Diseño y Comunicación UP, titulado “La dialéctica dramaturgia-dirección”, que contó con la presencia del dramaturgo y director teatral Mariano Pensotti.

11/11/2010

“El pasado es un animal grotesco porque cada vez que uno lo recuerda, cambia de forma”

En su seminario, Mariano Pensotti abordó la dialéctica dramaturgia – dirección a partir del montaje de El pasado es un animal grotesco de su propia autoría. Comenzó hablando de algunas obras anteriores: “La marea fue el punto de quiebre con lo que venía haciendo porque fue en un espacio público, una calle, en vez de un espacio teatral. Los actores representaban situaciones en las que uno, como espectador, podía adentrarse. Se convertía en una suerte de voyeur de vidas ajenas. De acuerdo al orden que le diera al recorrido, el espectador iba montando su propia obra. El objetivo era contar las historias que podrían suceder en una calle en la vida real. En paralelo a la acción, por auriculares de MP3 se contaban cosas sobre los personajes, que no necesariamente coincidían con lo que ocurría. La idea era distorsionar lo que se veía representando de lo que se narraba. Si bien la voz en off es un recurso bastante usado en cine, en teatro no está tan trabajado. Esta obra me dio la posibilidad de concebir la dramaturgia desde un punto diferente. Me permitió escribir historias más literarias, descuidando un poco el hecho teatral convencional”.

Luego habló de su siguiente obra, Interiores: “Fue pensada más como una colección de cuentos o una novela con personajes y capítulos diferenciados. Se llevó a cabo en diferentes departamentos de un edificio. El espectador podía moverse por cualquier lugar, e incluso tocar cosas. Para eso tuvimos que pensar una escenografía integral y absoluta. Eso también nos llevó a hacer investigaciones respecto a la actuación. Construimos secuencias de situaciones que se pudieran repetir. De esta forma, el espectador podía entrar y salir en cualquier momento. El espectador tenía que decubrir e interpretar a partir de un recorte pequeño, un universo más complejo”.

A continuación se centró en El pasado es un animal grotesco: “Fue pensada como una novela que narra lo que les pasa a los personajes en diez años (de 1999 al 2009). No hay una historia central sino una colección de historias breves. En ese periodo los personajes, que arrancan con alrededor de 25 años, dejan de ser quienes se imaginaban que iban a ser para convertirse en quienes realmente son. Permanentemente se están construyendo”.

“Había algo épico, en contraposición al trabajo minimalista que predomina actualmente en el teatro. Es interesante pensar que se puede contar grandes historias a partir de pocos elementos. El escenario era un disco giratorio, una suerte de gran calesita de madera sin pintar. Los elementos que armaban el decorado eran muy pocos, pero permitían imaginar una situación rica. Como la calesita gira constantemente hay un momento de transición donde se ven dos escenas en simultáneo: la que queda atrás y la nueva que comienza. Este momento, de combinaciones entre las escenas, generaba asociaciones en el espectador. No usamos cambios de vestuario ni maquillaje, para evitar la representación convencional del paso del tiempo sino que a lo largo de las dos horas que dura la obra se ve el cansancio de los actores, casi como si envejecieran en escena”, dijo.

Más adelante reflexionó sobre la actuación y los ensayos: “Cada uno de los cuatro actores era un protagonista de las cuatro historias principales, pero al mismo tiempo interpretaban personajes secundarios en la vida de los otros, o hacía de narrador de sus historias. Así como ocurría en las dos obras anteriores a través de los audios, en esta obra cada escena representada se veía resignificada o complementada con lo que el narrador decía al respecto. El narrador era un personaje emocionalmente involucrado. Este está cada vez más contaminado por lo que le pasa a los personajes. Narrar algo no te permite ser totalmente imparcial e indiferente. Durante el proceso de trabajo con los actores se modificó un poco el texto. El rol del narrador se terminó de trabajar en los ensayos”.

Por último, agregó: “Los grandes acontecimientos sociales a veces influencian nuestra vida privada y a veces no. La relación entre lo histórico social y lo histórico privado puede tener diferentes maticies. Por otro lado, el recorte que puede hacer el arte sobre un periodo histórico siempre es parcial. Uno termina cayendo en clishés de representación. A mí lo que me interesaba no era sólo narrar una década sino a los personajes influidos por el contexto. El pasado es un animal grotesco porque cada vez que uno lo recuerda, cambia de forma. Al final lo que queda es el relato, el deseo de aprehenderlo”.


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