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Un coreógrafo es básicamente un coordinador que trabaja con el cuerpo, el espacio y el tiempo

Dijo Oscar Araiz en un seminario DC-UP para el ciclo Escena Creativa

Desde su amplia experiencia y trayectoria como coreógrafo, Oscar Araiz habló de la dramaturgia en danza partiendo de las modalidades de adaptación, literalidad y estilización, el trabajo sobre el tiempo dramático y musical, la gestualidad y la particular relación que se establece entre sus coreografías y el lenguaje cinematográfico.

9/1/2009

Un coreógrafo es básicamente un coordinador que trabaja con el cuerpo, el espacio y el tiempo

A pesar de admitir que prefiere evitar ciertas etiquetas, Oscar Araiz comenzó su charla hablando sobre qué significa ser coreógrafo. “En realidad, un coreógrafo es básicamente un coordinador que trabaja con el cuerpo, el espacio y el tiempo”, dijo y luego agregó que “el coreógrafo, al trabajar con las artes espaciales, toma en cuenta la altura, el color, el ritmo, los movimientos, la palabra, el silencio, entre otros. El cruce de esos elementos es la danza”.

Sin dudas, se trata de una actividad basada en la experiencia de la práctica: “La composición es algo que no puede enseñarse. Lo que sí se puede estudiar es cómo componen otras personas para aprender un espectro de combinaciones posibles de aplicar. Una vez aprendido esto, cada coreógrafo debe crear su propio sistema, inventando y modificando a cada paso”.

Cuando le preguntaron cómo se imagina el movimiento a la hora de ponerse a crear la coreografía, respondió: “Yo trato de combatir el mito de que las ideas aparecen de la nada, en un momento de iluminación” Dijo que para armar una coreografía hay que sentarse primero a pensar y es entonces donde surgen las ideas, a veces movidas por determinados disparadores. La parte fundamental del proceso es cuando se ponen en movimiento los cuerpos. En general, según comentó, es la partitura musical lo que suele guiar su coreografía. Es por eso que los bailarines deben aprender a contar los compases, las métricas y los diferentes tempos. Muchas veces, las ideas básicas inspiradas en el análisis musical, son modificadas al compartirlas con el equipo.

Siempre prepara mentalmente el esqueleto de la obra, a lo que luego se le incorporará la carne, los músculos, la sangre y el color. Prefiere no tener todo decidido, para darles un amplio margen de decisión a los bailarines. Explicó que trabaja mucho visualmente, dibujando todo el tiempo en unos cuadernos que siempre lleva consigo. Los dibujos anticipan estos movimientos que, cuando se concretan en el cuerpo del bailarín pueden modificarse o no. A veces de la interacción entre la teoría y la práctica, con sus idas y vueltas, surgen cosas inesperadas. “Me parece interesante que el intérprete vaya eligiendo él mismo lo que quiere ir haciendo, poco a poco”.

Una de las particularidades de la danza tiene que ver con que se trata de un movimiento capaz de provocar reacciones en el espectador. Es común ver que alguien se emocione, e incluso llore en una obra. “La danza no está filtrada por la cabeza, sino que es algo emocional. Eso no quiere decir que la razón quede afuera del proceso, sino que se alude más a la sensibilidad personal que a lo intelectual.”

Dijo que siempre existe una narrativa, aún tratándose de obras abstractas sin argumento, ni personajes, ni situaciones concretas. “Una persona que se acerca o se aleja del público ya está contando algo. Eso tiene que ver con la percepción del movimiento y de las formas”. Para él, armar una coreografía es como encontrar una historia que no se expresa con palabras sino con movimientos. “El bailarín tiene una memoria especial en el cuerpo. Uno ve en el movimiento cómo es una persona. Los cuerpos se vuelven transparentes, como si estuvieran desnudos”

Oscar Araiz nació el 2 de diciembre de 1940. Realizó estudios de danza moderna y composición con Dore Hoyer, Renate Schottelius, María Ruanota, Pedro Martínez, Amalia Lozano y Tamara Grigorieva. Estudió danza clásica en la Escuela del Teatro Argentino de la Plata. Como bailarín formó parte del Ballet del Teatro Argentino de La Plata e integró el Grupo Cámara de Dore Hoyer. En 1968, creó el Ballet del Teatro San Martín, compañía con la que presentó sus trabajos Symphonia, Magnificat, Romeo y Julieta y La consagración de la primavera, de la cual fue su director artístico. Se ha desempeñado como coreógrafo en importantes teatros y compañías de ballet. Fue Director del Ballet Estable del Teatro Colón, de la Danse del Grand Théâtre de Genève (Suiza), del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín y del Danza del Teatro Argentino de La Plata. Desde julio de 2005, se desempeña como Director Artístico del Ballet Estable del Teatro Colón.


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