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“Uno tiene que ser responsable por lo que queda en la película, no por lo que quiso decir”

Dijo Benjamín Ávila, director de “Infancia Clandestina”


El pasado 23 de abril, dentro del marco de “3 días de Teatro y Espectáculos. Miradas sobre la Escena. XV Jornadas de Capacitación”, se llevó a cabo la jornada sobre “Cine y Espectáculos”, organizada por la Facultad de Diseño y Comunicación.

“Uno tiene que ser responsable por lo que queda en la película, no por lo que quiso decir”

Pubicada: 19/6/2013

Programa Completo “3 días de Teatro y Espectáculos”

Detalle “Cine y Espectáculos”

Este evento destinado a todos los artistas del espectáculo que buscan ampliar sus conocimientos en cuanto al proceso de relación en diversos géneros cinematográficos y áreas dentro del cine, contó con la presencia de Eduardo Raspo, Director de INCAA TV; Norma Angeleri, Directora artística de La Casa Casting; Sergio “Cucho” Costantino, Director de “Buen día, día” y Benjamín Ávila, Director de “Infancia Clandestina”.

Luego de la exposición de Eduardo Raspo, Norma Angeleri y Sergio Costantino, tomó la palabra Benjamín Ávila para hablar de la “Gestación de un guión”. “El proceso de Infancia Clandestina fue largo, complejo y hermoso. Tenía claro que no quería que fuera una película autobiográfica. Me interesaba el tema y además creo que el cine no se trata sólo de mostrar una mirada personal y vanagloriarla, sino que el cine tiene una función social, como todas las artes y cuando uno hace una película tiene que tener claro por qué hace ese discurso, cuál es y hacerse cargo de él. Tiene que haber una postura clara sobre el tema, es una mirada sobre esa realidad”, dijo Ávila.

Infancia Clandestina no es una película de los '70, sino una película de los '70 vista desde la actualidad, nos hace responsables de esa mirada. Me llevó mucho tiempo llegar al guión, poco escribirla, pero mucho más pensarla. Trabajo sobre escaleta, con papeles e imágenes: cada papel es la escena en una frase o una palabra. De repente uno tiene la película entera en una chapa o pizarrón y empieza a entender la estructura del relato. Tenía clara que la mirada de la película era la de un chico de 12 años. Y hablamos mucho de qué significaba esto y qué leyes había dentro de esa mirada. Decidí que todo lo que nos íbamos a enterar como espectadores era lo que se enteraba Juan, el protagonista. Y no fue fácil. Nos tomamos algunas licencias pero siempre nos enterábamos lo mismo que Juan”, explicó.

Luego manifestó a los presentes que cuando la realización del guión está trabada, se lo muestra a distintas personas y la charla tiene que ver con preguntas que no están claras:”Está prohibido justificarse, preguntar y tratar de explicar. Lo que era maravilloso y genial pasa a ser normal y se puede descartar. Uno se va enamorando y tiene que dejar decantar para ver la realidad”.

Ávila afirmó que la subjetividad existe, pero cuando una gran cantidad de personas entienden otra cosa, el que está equivocado es el director y remarcó que nunca traicionó los ideales para satisfacer al público, peor que se hizo cargo de chequear que el mensaje se comprenda. “Pregono el fin de la era del ego. Uno tiene que ser responsable por lo que queda en la película, no por lo que quiso decir”.

“El montaje es otra historia, podés tirar escenas a la basura. Tiene ese lugar maravilloso donde todo aquello que es interesantísimo en el guión, cuando la filmás y la ponés en el montaje, te das cuenta que no sirve para nada. Sobre todo porque hay escenas que se modifican en el proceso de rodaje, que se amplifican. Trabajamos mucho en proceso de recorte del guión. A Infancia Clandestina empezó a ganarle la parte emocional a la discursiva. Era más poderoso lo que quedaba sin decir y el lugar de reflexión política se intensificaba”, describió.

Como guionista destacó que la importancia es tratar de ser claro y específico, experimentar y evolucionar para que quien lo lea, entienda aquello que se quiere contar. “No soy estricto respecto al texto, creo que los mejores dialoguistas son los actores que le ponen el cuerpo a las escenas. Trabajo mucho y escucho mucho. Creo que hay que trabajar con la memoria corporal más que la emotiva, poner el cuerpo. Ensayamos la construcción física y vincular de los personajes”, manifestó Ávila.

“A su vez, a los actores de “Infancia Clandestina” les di un bagaje fuerte de situación social, películas, libros y mucho debate. Toda esta información se invirtió, ellos pudieron defenderse e improvisar cosas desde los personajes, no tenían más porqués, tenían claridades ya que habían podido incorporar en el cuerpo toda la información. Me pasaba como hijo de desaparecidos, y nos pasaba a casi todos los HIJOS, que ninguna película de la dictadura nos representaba emocionalmente”, finalizó.

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