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“Nuestra profesión es un acto de amor”

Dijo el actor y director Luciano Cáceres.


El 20 de mayo el actor Luciano Cáceres fue invitado al ciclo Diálogo con Artistas, organizado por la Facultad de Diseño y Comunicación en forma conjunta con el Complejo Teatral de Buenos Aires.

“Nuestra profesión es un acto de amor”

Pubicada: 17/2/2014

A partir del Convenio de Cooperación Académica firmado entre la Universidad de Palermo y el Complejo Teatral de la Ciudad de Buenos Aires, se comenzaron a desarrollar los Ciclos de Diseño y Comunicación en las Artes del Espectáculo convocando a destacados profesionales y artistas del espectáculo, coordinados por los profesores Claudia Kricun y Dardo Dozo.

La entrevista comenzó con la emblemática pregunta acerca de los juegos de infancia. Para responder, viajó unos años atrás de su vida, y recordó cuando se juntaba por diferentes motivos con toda su familia. Contó que en esa época en su casa no había sillas, sino banquitos donde acostumbraba a pararse sobre uno de ellos en el centro de la sala a imitar a sus familiares, que eran su público. Pero había alguien que era su espectador más fiel. Se trataba de una abuela, quien no entendía mucho lo que hacía pero siempre lo aplaudía.

En pocas palabras Cáceres recordó su infancia como una época hermosa pero muy humilde y dijo: “Había muy poco, pero lo poco que había se festejaba”. Su elección vocacional no es un hecho al azar. Su padre no sólo era dueño de una sala de teatro, sino que además actuaba en varias de las obras que se presentaban en ese lugar. Desde chico sabía lo que quería ser, es por eso que comenzó a tomar clases de teatro a los 9 años. Su primera escuela fue el Sindicato de Farmacéuticos, donde se brindaba un curso gratuito de 4 meses, el cual no pudo culminar por problemas administrativos.

A los 10 años tiene una entrevista con Alejandra Boero para entrar a estudiar en su Escuela de Teatro. Boero le hizo una pregunta muy peculiar que fue por qué quería ser actor, a lo que respondió: “Porque puedo ser un príncipe, un mendigo, un rey o un luchador”. Lo que dio lugar para que la profesora le cuestionara: ¿Pero cuándo te bajas del escenario? “No, cuando me bajo del escenario soy Luciano”, dijo. Estas dos simples, pero sinceras, respuestas hicieron que fuera becado para comenzar sus estudios. En Andamio 90, recordó que no sólo actuaba, sino que también acomodaba a la gente, vendía los boletos y después se subía al escenario.

Cáceres tiene una gran trayectoria, tanto en teatro, televisión como también en cine, pero reconoce que hubo dos personajes que lograron un cambio rotundo en su profesión y en su popularidad. Uno de ellos es David, la figura que representó en la novela El Elegido, que aseguró que le brindó mucha seguridad y lo consolidó en el oficio de actor. A partir de este personaje, las propuestas de trabajo empezaron a crecer de manera agigantada. El problema era que muchos lo llamaban para interpretar papeles parecidos a ese y él quería despegarse de esa imagen. En medio de las propuestas apareció la de Graduados, una comedia diaria, donde si bien el personaje que le tocaba era el de galán, supo armarlo de manera cómica y logró conquistar el corazón de todos los espectadores.

El actor desarrolló el amor por el arte en varios aspectos y un gran día se convirtió en director. Con su gran amigo, quien también forma parte del mundo del espectáculo, Sergio Surraco, levantaron una sala de teatro, y la primera obra que realizaron fue dirigida por ambos.

Luciano contó que hubo obras con mucha audiencia y buenas críticas, como también con poca audiencia y críticas no muy buenas. Después de unos años, decidieron cerrar el teatro pero no dejó el amor a la dirección. Tuvo la oportunidad de dirigir a actores de grandes trayectorias, como por ejemplo Leonor Manso, con quien entabló una relación muy linda. Y mientras nos contaba de su labor junto a esta grande del teatro dio una definición de su profesión que me pareció maravillosa. Dijo: “Es un acto de amor nuestra profesión”.

Actualmente estrenó en los cines argentinos la película Rouge Amargo, la cual está teniendo muy buenos números de taquilla. El film es un policial, el primero hecho en nuestro país, y se sintió muy halagado por el director quien lo eligió hace tres años, tiempo antes de volverse tan popular. Durante la ronda de preguntas realizadas por los alumnos hubo una que fue: ¿Cuál sería el mejor camino para evitar el fracaso?, a la que Cáceres respondió: “Cabeza y corazón. Creer en uno mismo y no perder el tiempo”. Con pocas palabras, no solo respondió a la pregunta sino que también nos dejo una gran moraleja.

Con dos filmaciones en paralelo, Amapola de Eugenio Zanetti y Gloria del tango, donde personifica a un loco que solo puede hablar a través de canciones de tango y junto a la obra teatral Macbeth sobre sus hombros, también se hace tiempo para dar entrevistas. Esto no sólo habla del gran profesional que es, sino también de la gran persona. Humilde, sencillo, trabajador, emprendedor, positivo, amable y creo que podría seguir sumando adjetivos. Como dijo alguna vez Salman Rushdie: “Lo que distingue a un gran artista de un mediocre es, primero su sensibilidad, segundo su imaginación y tercero su aplicación”. Estas cualidades definen de manera absoluta a Luciano Cáceres.

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