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“Los sueños se van encadenando”

Aseguró Eduardo Sacheri, Licenciado en Historia, docente y escritor

El 20 de abril, visitó la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo en el marco de Diálogo con Artistas 2015.

24/2/2016

“Los sueños se van encadenando”
Sacheri ha publicado libros de cuentos y novelas, entre sus obras se encuentra La pregunta de sus ojos, -que fue llevada al cine por Juan José Campanella con el título El secreto de sus ojos, premiada con un Óscar a Mejor película extranjera. Además, ha participado en campañas de estímulo de la lectura implementadas por el Ministerio de Educación. 

“Empecé a leer de muy chico, a los 4 años. En mi casa, mis viejos y mis hermanos leían mucho. Mi hermana me lleva 7 años, le encantaba jugar a la maestra y en vez de enseñarle a un peluche, me enseñó a mí.  Recuerdo la extrañeza o desilusión que me generó la distancia de descubrir lo que las historietas decían y que no sea lo que yo imaginaba”, expresó el invitado. 

En cuanto a sus inicios en la escritura, dijo: “Alguna vez, de manera suelta, me decidí a escribir un cuento. En el secundario, escribía algunos espantosamente malos pero me permitían jugar al poeta frente al público femenino, sin embargo, no lo sentía como una necesidad”. Luego, se remontó a 1995, cuando, tal como él declaró, empezó a escribir “como una manera de moderar ciertas angustias, entender mejor ciertos pasados, reconociliarme con ciertos sucesos, ciertas ausencias, pero no hablando directamente de ellas, sino a través de la ficción”.

“La primera vez que escuché un cuento mío leído por Apo fue extraño. Me lo tomé con mucha calma. Los sueños se van encadenando, indudablemente. El primer envión para que me pudiera convertir en un escritor profesional fue la radio, ya que a partir de eso, las editoriales me abrieron las puertas”, declaró Sacheri.

Respecto a su carrera y a su elección por la Historia, profundizó: “Siempre me sedujo el pasado, entenderlo e indagar. Tanto a nivel personal, familiar y colectivo. En mi casa, siempre se habló mucho sobre política, crecí en una familia interesada por lo que sucedía e interesada en explicar las cosas. Del mismo modo, cuando preguntaba por cuestiones familiares, no me encontraba con frenos. Con mi abuela particularmente, me sentaba a almorzar y ella me contaba de la inmigración española de la que ellos formaban parte. A nivel familiar, a nivel nacional y personal, siempre me interesó reflexionar sobre el pasado, eso es la historia, no simplemente recopilar datos”. 

Sacheri también habló sobre su rol como docente: “Uno aprende de los ejemplos, de lo que ves hacer, no de lo que te dicen. El entusiasmo por la lectura se contagia con lectura. Concretamente, durante muchos años di clases en escuelas muy marginales del Gran Buenos Aires. Ejercí de Profesor de Historia, pero al escucharlos leer en voz alta, empecé a dedicar una hora por semana a leer cuentos que yo pensé que les podía gustar. La escuela supone que a los 8 años sos capaz de hacer una lectura silenciosa, lo que hace el sistema educativo con eso es sepultar un problema. Me ponía a leer un cuento de Benedetti, Cortázar o Borges y se quedaban muy sorprendidos. Si estás en un contexto donde los pibes leen, charlás con ellos y les recomendás libros, pero cuando estás tan abajo, tenés que acompañar el propio acto lector”. 

En cuanto a los personajes y su composición, Sacheri reveló que “no le sale tomar personas completas”, ya que es un corset que lo limita para crear; por otra parte, expresó que tampoco toma anécdotas completas para formar una historia, aunque se asume pendiente a lo que pasa a su alrededor, “por una cuestión de curiosidad humana”. “Me contás algo, me interesa y tiendo a acordármelo, pero es una actitud que me nace. Indudablemente, cuando te escribís, tomás formas de hablar, modos de decir, ademanes, actitudes, pedazos de historias. En mi caso, los personajes terminan siendo un Frankestein de algunos rasgos y de mi propia imaginación”, dijo el escritor.

“Lo que creo que hay es una recurrencia en modos de ser, un estilo de persona. Mis protagonistas suelen ser el tipo de gente que a mí me cae bien, gente común, más perdedores que ganadores, pretenden hacer algo, pero a partir de limitaciones muy fuertes. Mis personajes están lejos, no son demasiado inteligentes, ni exitosos ni sólidos. Son personas con muchas dudas e inseguridades, sin embargo, siempre tienen fuertes deseos, alguna pasión bastante marcada”, prosiguió en cuanto a la composición de sus personajes.

En torno al talento, dijo: “Creo que todos los seres humanos somos buenos para alguna cosa. Algunos talentos están mejor vistos que otros, otros pueden tener más impacto en los demás, algunos están mejor remunerados y a veces estamos mas dispuestos a ir detrás de esos talentos que de otros”. Luego, habló de su proceso creativo: “Siento que necesito sacar cosas de adentro. No tengo algo que decirle al mundo, tengo que reconciliarme con que la vida es esto. Estoy todo el tiempo imaginando situaciones que puedan ser contadas”.

Sacheri también profundizó en algunos de sus trabajos. Respecto a Metegol, evidenció el desafío de hacer una película infantil: “Implica que tiene que haber un primer nivel sencillo, una claridad de planteos, el conflicto tiene que ser claro, los personajes no pueden ser tan cambiantes. La pretensión era que hubiese capas en el argumento y en la historia para que a los chicos les pudiera interesar algo y a los adultos otra cosa. El gran salto de Píxar no fue tecnológico, sino narrativo”. 

Además, habló de Papeles en el viento: “Me permití acercar este libro más a mi mundo que a los otros. Lo escribí en medio de toda la tempestad de El secreto de sus ojos: la película, el éxito, el Óscar, los viajes, las traducciones y la exposición pública. En 2010 fue el año de escritura, yo sentia que mi vida estaba cambiando muy rápido y no estaba tan interesado en eso. Papeles en el viento fue tirar el ancla y dejarme bien en claro qué es lo que me interesa. Mientras viajaba por el mundo, estaba escribiendo sobre la vuelta de mi casa”. 

Para concluir, en alusión a las redes sociales, declaró: “Twitteo poco y siempre pienso mucho. Tengo cuidado con los temas que emito opinión publica, por ejemplo política. Estamos atravesando una época de fanáticos y la verdad que no me compro esto de la pasión como justificativo de cualquier cosa. Si bien estamos llenos de pasión, no somos solo eso. Una característica del fanático es la certeza. Me parece perfecto que vivamos buscando la verdad, para eso estamos en el mundo, pero cuidate de los que están seguros de haberlo encontrado”. Para finalizar, aseguró que el anonimato de las redes sociales tiene el riesgo de que cualquiera tire una piedra: “Es el paraíso para los cobardes. Hay un montón de gente que no es así y tiene que ver con cómo te manejas. Tengo el extremo cuidado de nunca criticar a nadie”. 

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