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Trabajando más horas aprendés más sobre tu oficio, las recompensas crecen y los imprevistos se minimizan

Afirmó Juan Taratuto en la facultad

Este director de cine habló sobre su arte, su oficio y su experiencia en un seminario de realización cinematográfica, organizado por la revista Haciendo Cine con el apoyo de la Facultad de Diseño y Comunicación de la UP.

31/12/2008

Trabajando más horas aprendés más sobre tu oficio, las recompensas crecen y los imprevistos se minimizan Trabajando más horas aprendés más sobre tu oficio, las recompensas crecen y los imprevistos se minimizan Trabajando más horas aprendés más sobre tu oficio, las recompensas crecen y los imprevistos se minimizan

En su Seminario, dividido en dos jornadas, Juan Taratuto contó su experiencia personal como director, centrándose principalmente en su nueva comedia Un novio para mi mujer. Comenzó diciendo que la única forma de aprender cine es estar en contacto con los demás y hacer cortos. “Es mucho más interesante ser cabeza de ratón que cola de león, porque ahí podes tomar decisiones, podes entender dinámicas, aprender. Una vez me ofrecieron ir de asistente del asistente del asistente de una película que se filmaba en Mendoza con Jean Jaques Annaud, donde actuaba Brad Pitt (7 años en el Tibet), era con buena plata y todo, pero preferí quedarme en Buenos Aires y filmar mi primer corto”.

Para él, el corto enseña a contar historias, a mostrar un mundo interior, recreando un sentimiento: “Es una buena manera de practicar, meterse en lo que se va a contar y así entender el personaje. Después, cuando identificas el tema que en la vida te inquieta, cuando hay una obsesión, ahí tenés una película. En general, mis películas muestran el camino del héroe, por eso no creo que sean comedias románticas, sino comedias dramáticas”.

Luego habló de la importancia de tomar algunos riesgos, a pesar de sus posibles consecuencias: “Siempre nos equivocamos, es parte del proceso de decisión. Al elegir una opción, hay otra que no es elegida y es una potencial equivocación”. Explicó que “trabajando más horas aprendés más sobre tu oficio, las recompensas crecen y los imprevistos se minimizan” y luego hizo referencia a aquellas horas que uno le dedica plasmar lo que piensa y lo que quiere lograr. Dijo que le gusta mantener el guión, no irse por las ramas ni sacar partes, pero suele mostrárselo a los protagonistas para hacer juntos algunas modificaciones, en caso de que las necesitara y, una vez definido el guión, a toda la producción para que todos se sientan parte de la película.

Respecto a las locaciones y decorados, contó que el primer paso fue buscar muchas fotos que tuvieran objetos, lugares o colores que les llamara la atención. Explicó que para el armado de cada uno de los espacios tuvieron en cuenta la paleta de colores, la concordancia en todos los detalles, la personalidad de los personajes y la situación que ellos vivían. Por ejemplo, en el departamento de los protagonistas lo que querían transmitir era que “no estaban instalados como pareja, ni tenían hijos, por lo que era algo transitorio”. Otro ejemplo que dieron fue el de la radio: “Tenia que ser interesante estéticamente ya que gran parte de la película se filmaba ahí, por lo que decidimos que fuera vidriado, lo que le daba juventud a la película y un touch de real”. Agregó que siempre hay que pensar en los movimientos de cámara, también el sonido es algo muy importante en el momento de elegir las locaciones.

Una vez definidos todos los factores más técnicos y de decorado, se comenzó la filmación de la película, que en este caso duró 35 días hábiles seguidos. “Me gusta trabajar con buena onda, que todos estén conformes y contentos trabajando, que opinen, que se sientan todos parte”. Contó que en el rodaje siempre se pasa por distintos estados de ánimo: entusiasmo, buena onda, cansancio, peleas, amores, nostalgia y, cuando termina, como al final de un viaje de egresados aparece frase típica “que no se corte”.

Finalmente, dijo que el cine se parece a la arquitectura porque tiene un diseño y un plano previo, pero que puede haber elementos que falten sin que por ello se venga todo abajo. Por el contrario, en el cine se puede dar menos información y el espectador lo entiende igual. “Aprendí a ser sutil, a no dar todo servido, a dejar que el que mira arme la historia. Apelo desde mí a la identificación con el espectador. Cuando filmo, filmo para mí, pero la recepción es de la gente”.


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