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"Me encantaría dirigir una comedia musical"

Señaló Corina Fiorillo, Directora teatral y Docente.

El 16 de mayo, la profesional dio una conferencia en el marco del Ciclo Diálogo con Artistas, organizado por la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo.

19/7/2016

Sus trabajos han sido vistos en diferentes países y en numerosos festivales internacionales. Ha dictado talleres en diferentes países y hace ya varios años se dedica a la actividad docente.

Se encuentran entre sus últimos montajes El fruto, Lo que quedó, Big Bang, Desdichado deleite del destino, Kalvkott, carne de ternera, Nunca será igual con otro, y Tres en cartel. Ha recibido por sus espectáculos varias distinciones y nominaciones a los premios más prestigiosos.

La experta en teatro hizo un repaso de sus recuerdos de la infancia y sus comienzos profesionales: “Vengo de una familia italiana multitudinaria. Hemos llegado a ser 20 personas en mi casa, entre padres, hermanos, tíos, abuelos y primos. Con tantas personas, los veraneos eran multitudinarios. Solíamos veranear con todos mis primos”, mencionó y contó que a sus padres siempre les encantaban las casas llenas de gente.

Respecto a sus primeros juegos, recordó aquellos que compartía con sus hermanos mayores: “Soy la tercera de cuatro hermanos, y tenemos más de seis primos. Cada uno llevaba amigos. Mis primeros juegos eran de acuerdo a lo que me permitían jugar mis hermanos. Si jugábamos a la oficina, era la que llevaba los papeles de un lado al otro. Recuerdo juegos compartidos, tuve una excelente infancia. Soy madre y fue una de las profesiones más lindas que tuve, que mis hijos tuvieran lindos recuerdos y disfrutaran de festejar su cumpleaños”, señaló.

También se refirió a las amistades que conserva desde la primaria: “Tengo lindos recuerdos de la escuela. Siempre fui buena alumna y tuve muchos amigos. Hice varias amistades que perduraron. Algunos se fueron yendo. Todas mis amistades no se relacionan con mi profesión, se dedican a otros rubros, medicina, abogacía, médicos y hasta sistemas”, observó. 

“En la primaria me gustaba organizar y también actuaba. Vengo de una familia donde todos hacíamos arte y música, teníamos la libertad de decir `tengo que estudiar tal partitura y mañana no voy al colegio´. Éramos buenos alumnos. Vengo de un hogar donde la vista estaba puesta en lo que se hacía fuera del colegio. Hicimos el conservatorio nacional, yo tocaba piano y violonchelo”, confesó y prosiguió: “A los 9 años empecé con el violonchelo. Fue uno de los regalos más lindos de mi papá”, reveló.

“El gran músico Washington Castro vivía en aquel momento en Mar del Plata y había encargado un instrumento afuera. Mi papá consiguió que se lo vendiera y me lo regaló. Cuando dejé la música, se lo regalé a mi profeso y le dije que iba a conseguir a algún niño que le falte y se lo podía dar. Hay algo muy corporal, es decir de postura, al tocar el violonchelo. En el piano, por ejemplo, tenés otra complejidad de poder transmitir, pero tenés menos recursos expresivos. El pianista tiene el desafío de lo sensorial”, observó.

Seguidamente, profundizó en la influencia de la música en su profesión actual: “En mi trabajo, no arranco con ningún prefijado, sino que me entrego a lo que voy encontrando. Voy al ensayo con la mayor cantidad de lectura del material. En esas lecturas, voy cambiando la música con que las escucho. Entonces, cuando llego a los primeros ensayos ya hay un universo sensorial construido entre el material y mi percepción. La música en mi puesta tiene un lugar muy importante”, expresó y añadió: “Uno es producto de todas las cosas que hizo en su vida. Está bueno ser fiel a los gustos y a los cambios rumbos que uno hizo en su vida. Tengo dos hijos, y siempre les digo que sean fieles a lo que disfruten”.

Pasión por la ciencia y el arte

Al respecto, reconoció tener facilidad con los números: “Las matemáticas y la física se me dieron bien. Uno a los 18 años a veces confunde el juego que se da fácilmente con la vocación”, asumió y dijo: “Pese a eso, tengo un lado de mi corazón en el estudio de la ciencia, pero no en el trabajo sobre la misma. Personalmente, soy una persona muy sociable y el científico tiene un trabajo bastante aislado. Disfruté mucho el estudio. Pero cuando empecé a proyectar la vida, empecé a dudar y creo que mi decisión fue acertada. Igual fueron años muy felices y la ciencia para mí es un umbral a lo sagrado”, aseguró. 

Tal y como puso en manifiesto, describió: “La gente tiene la idea de que la matemática o física son de ratón de laboratorio, la realidad es que son muy pasionales. Por eso hay tantos científicos que gustan del arte. No me crucé con gente insensible. Hay que dedicarle muchas horas y eso solo se puede si se tiene mucha vocación por algo”, asumió.

Según indicó, otros aspectos influyeron en su formación: “La música también me aportó el hecho de tener disciplina y ser metódica. Mis dos hijos se dedican al arte, uno estudia cine y el otro hace carrera de compositor”, reflexionó.

Luego, Fiorillo brindó tips para dirigir actores: en primer lugar, mencionó ver teatro: “Si veo alguna obra que me gustó, voy a tratar de que todos vayan. Por eso el primer día de clase, siempre pregunto a mis alumnos qué vieron"; en segundo lugar, trabajar en equipo: "Espero todo de un actor. Lo primero que espero es que confíe en mí. Creo en el teatro como un acto creativo grupal, no en una dirección verticalista, pero no siempre se da así”; en tercer lugar, el proceso de los ensayos: "Me gusta mucho lograr que el actor llegue al extremo de su sensibilidad, aún en las comedias. Me gustan los cambios, lo rítmico, creo mucho en la magia. A veces el proceso de ensayos, no tiene nada que ver ni con los actores ni con la obra, sino con la realidad que está en el afuera. Eso cambia la visión y la puesta en escena y no es casualidad. Las obras tienen entidad propia y se saben defender”, dijo.

La conferencista aconsejó guiarse por la percepción personal: “Lo que más hago caso es a lo que siento. Por ejemplo, si tengo dos meses de ensayo y no lo siento, soy capaz de cambiarlo. Como creador es importante ser fiel a lo que cada uno piensa". En cuanto a la composición del personaje, recomendó: “No hay que agarrarse de lo obvio ni de lo previsto, sino tratar de pensar y desnudar esas capas del previsto y ver qué pasaría si esto no fuera lo que parece, o ver si esas palabras pueden a lo mejor decir otra cosa”, promovió. Por su parte, asumió que algunas veces le ha costado dirigir algunos actores, y asesoró tratar -en ese caso- de volver al origen. 

“El arte debiera ser un lugar donde los egos no existieran, así seríamos todos mejores artistas. Pero en la realidad no siempre sucede. El director tiene que tener los 1000 caminos para poder estar al servicio del actor”, fundamentó. Desde su experiencia, consideró que “la función del director es ser el ojo para que al actor vea más allá de donde habitualmente llegó”. 

Respecto a dirigir en teatros oficiales, opinó que el director debe saber que tiene que estar todo armado previamente: “Ahí tu lenguaje se adapta y es otra forma de trabajo. Por ejemplo, en el Teatro San Martín o Cervantes, cuando arrancás con los ensayos, la puesta tiene que estar totalmente diseñada; sino no llegás con los tiempos de realización. Creo en la articulación de lenguajes”.

Al ser consultada por sus referentes y maestros, demostró admiración por el maestro de actores Agustín Alezzo: “Es un referente creativo y de amor. A mí me encanta el amor como camino. No creo en el docente o director castigador”, y nombró también a Claudio Tolcachir, quién “ha logrado algo genial con el espacio Timbre 4. Es un ser extremadamente creativo, generoso y puede aunar en la humildad”, manifestó. Al respecto agregó tener personas que admira mucho: “El qué hacer creativo de Peter Brook lo admiro. Tuve suerte de estar en algunos festivales compartiendo y convivimos mucho con los actores de él. Creo mucho en que todos tenemos que aprender absolutamente de todos”.

La directora también halagó el desempeño de Rony Keselman, Profesor de la Universidad de Palermo en el Área Audiovisual: “Es el único músico que entiende de lo que estoy hablando. Lo siento como parte del equipo de personas de los que me gusta repetir el trabajo, porque podemos trabajar juntos y seguir creando". 

Más tarde, habló sobre el estreno y la función de cierre: “Soy muy emocional. El estreno lo disfruto mucho, porque es la primera vez que abro un proceso de ensayos y viene gente a verlo. Asocio un estreno al parto, es único y vivencial”, dijo y agregó: “El teatro no está hecho para hacer en soledad. En cambio, el cine es un lenguaje que se va terminando de construir cuando se termina de editar. Ese arte está hecho para ser visto por uno”, aseguró.

Además del teatro, Fiorillo reconoció que le gustan mucho los animales, por lo que confiesa le hubiera gustado ser veterinaria. También le gusta la investigación en genética, y tiene como cuenta pendiente escribir teatro: “El día que lo haga es porque tendré la dedicación suficiente para hacerlo. Hoy mi lenguaje natural es la poesía”, expresó.

Al ser consultada sobre la vocación, la experta en dirección de actores estableció que “se va encontrando porque somos seres cambiantes. No hay edad para buscar la vocación”, resumió.

A continuación, le consultaron cómo recibe las críticas de los periodistas y del público: “La palabra que considero más autorizada es la de mi marido, porque no hace teatro pero es la persona más acertada para mirar teatro. Aparte es la persona de mi mayor confianza, junto con mis hijos. Pero después escucho a todos, si los considero francos”, declaró.

En cuanto a la elección de las temáticas, expresó: "Hay obras que llegan a vos por alguna casualidad de la vida. Me atrae mucho cómo están contadas, el texto que trasciende más allá de la historia. Los temas te van encontrando, pero las veces que busqué hacer obras, tenían que ver con costados que me encantaban contar”, dijo y ejemplificó con Kalvkott, al decir que trataba de las relaciones familiares a través de la distancia. “Esa obra la busqué, tenía que ver conmigo y mi forma de sentir. Coincide que tengo una hermana viviendo en Australia”, descubrió. 

“Lo que más me atrae es la forma en que está contada la historia. Me gusta cuando las obras hablan de muchos temas. En El principio de Arquímedes se habla de las relaciones laborales, de las parejas, desempleo, al margen que hay una trama. Una de las tareas más difíciles es encontrar buenos materiales. Leo mucho las críticas de otros países y trato de contactarme con ese autor. Me encantaría dirigir una comedia musical”, concluyó. 

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