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Acercando Libros

Dozo, Dardo [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Actas de Diseño Nº8

Actas de Diseño Nº8

ISSN Impresión 1850-2032
ISSN Online: 2591-3735
DOI: https://doi.org/https://doi.org/10.18682/add.vi8

IV Encuentro Latinoamericano de Diseño 2009 Diseño en Palermo Comunicaciones Académicas.

Año IV, Vol. 8, Marzo 2010, Buenos Aires, Argentina. | 264 páginas

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“Había una vez un trabajo práctico en una universidad...” Comienzo así esta exposición porque hablaré sobre la escritura y producción de un libro infantil por parte de los alumnos de la Facultad de Diseño y Comunicación y su aporte social.

Un libro cambia la forma de percibir, de analizar, de mirar el mundo que nos rodea. Modifica el pensamiento, permite que el sujeto se acerque un poco más a la libertad; a ese acto que genera grandes expectativas y riesgos, el trabajarse paso a paso para lograr arribar a constituirse como un ser cercano a un pensar de manera analítica y propia.

Pero en la educación nos encontramos con graves falencias cuando decidimos acercar el libro al niño o al joven que se encuentra en su primera etapa de formación como lector dado que, en muchos casos, por la falta de diagnóstico para detectar lo que le conmueve y desea leer, le imponemos libros que concluyen cerrando las tapas de los demás en lugar de permitirle un placentero viaje que le admita luego arribar a poder saborear todo cuanto se pueda leer en el futuro camino de la vida.

Podemos apostar que un lector avezado es un ser que más difícilmente se deje engañar por las superficialidades que el mundo se empeña en poner ante nuestros ojos con cada día mayor tenacidad.

El reflexionar sobre estas cuestiones, el preguntarnos cómo hacer para que el niño se acerque al libro conectándose con el placer que ese objeto ofrece, ha sido y es un tema de constante planteamiento en nuestra tarea docente. Digo “nuestra”, porque involucra a quien les habla y a la profesora Claudia Kricun con quien llevamos adelante el proyecto que venimos trabajando hace aproximadamente cinco años dentro de la Cátedra Comunicación Oral y Escrita en la Facultad de Diseño y Comunicación en la Universidad de Palermo.

Nuestra tarea, con la mencionada cátedra, consiste en “enseñar” a escribir y a “exponer oralmente” a los alumnos; y esto cabe escribirlo y decirlo exaltando sus comillas dado que es complejo el aseverar que se pueda enseñar la tarea de escribir o la mejor forma de pararse para hablar delante de los demás. Sostenemos que lo que realizamos es organizar la escritura para que cada alumno se encuentre con su forma de escribir y así también lo haga con su expresión oral a partir de incentivar el acto lúdico en ambos módulos.

Pero vamos a adentrarnos en el acto de escribir.

Cuando diagnosticamos lo que sucede con los alumnos con los primeros escritos notamos, en general, graves falencias en el conocimiento esencial de las normas básicas del lenguaje escrito. Entonces debemos implementar un trabajo de escritura que lo apasione para que no sientan el agobio del “tener que hacerlo” sino el acto pasional del escribir para decir lo que desea transmitir. Jugar, sí, poder jugar a ser escritores. Jugar con las palabras. Jugar a escribir un libro.

De eso se trata.

Los alumnos de la cátedra escriben un libro infantil con todo lo que ello implica, con ese cuidado casi obsesivo que se adopta sabiendo que nuestros lectores están acercándose tal vez por primera vez a las letras escritas; ese cuidar lo que estamos diciendo, ese mensaje enaltecedor de valores, acto crucial y que debemos sustentar en una sociedad desde un espacio académico para poder colaborar con nuestro grano de arena para la formación de un sujeto libre en su pensar; por lo menos es lo que nos planteamos como objetivo docente.

Expondré, brevemente, los pasos que damos con nuestros alumnos.

En primera instancia les pedimos que recuerden los libros de sus infancias. Allí aparecen, hadas, duendes, príncipes luchando por el amor, tal vez algún chico de otro planeta cuidando una rosa. Paso siguiente les solicitamos que se acerquen a librerías para investigar sobre literatura infantil; lugar que no sólo tiene libros para chicos. Durante la cursada, además de la labor del libro infantil, les pedimos que lleven al curso libros leídos por ellos y que deseen compartir con sus compañeros. El libro presente en diversos trabajos prácticos.

Escribir para chicos no es tarea fácil. Lo comprenden los alumnos cuando se encuentran ante la primera página en blanco (previo trabajo de pre escritura que transitan en la materia). Cada palabra es elegida, cada una se toma con el compromiso de lo que se desea decir de la manera como se espera llegar al lector.

Hablamos de valores, de ese hacerle notar al sujeto que se puede construir un mundo mejor a partir de breves acciones que se eslabonan en el diario vivir. Saber desde chicos lo que significa el compartir con el otro, el respetar, el no discriminar, el ayudar a quien lo necesita, que, en definitiva, construimos nuestro mundo a partir de lo que también construimos hacia el otro.

Desde un libro para chicos podemos decir que si un auto cruza una luz en rojo está mal no porque el policía puede hacernos una infracción, sino porque ponemos en peligro a otros y que sucede algo más importante, que eso, simplemente, está mal. No por la mirada del otro, sino por la mirada propia. Que el respeto hacia el otro implica un respeto propio.

De eso trata la esencia de esa escritura.

Clase tras clase se van sumando las páginas que luego, al llegar casi al finalizar la cursada, serán corregidas con la terquedad del autor que parirá su libro para ser leído. Así la tarea desemboca en la producción artesanal de cada libro. Los autores deben hacer el libro con sus manos y con sus posibilidades. Y nos encontramos aquí en la cima del trabajo propuesto porque, el día del examen final que cada uno rinde, debe dejar, sin excepción, su libro producido ya que el mismo tiene como fin ser donado a una escuela o fundación donde el libro sea un faltante para los chicos.

Los alumnos se han convertido en autores y saben que su tarea ha trascendido lo áulico transformándose el acto en un trabajo social que enaltece aún más su tarea.

Pasamos así del desconcierto y hasta del miedo del primer día de clase al enunciar el trabajo a realizar, al orgullo y la pasión por la tarea cumplida.

Aquí los docentes damos paso al momento de la donación de los mismos y del emocionante espacio del saber que nos encontramos unidos a nuestros alumnos en lo trascendental del acto del libro escrito. Imaginar innumerables viajes a partir de lecturas infantiles. Poder cambiar duras realidades a partir de la ficción en primera instancia y luego la posibilidad de cambiarlas a partir del ejercicio del pensamiento.

Nuestros alumnos abordan el acto de escribir con la responsabilidad del saber que se convierten en verdaderos autores sin por ello perder la frescura del juego que es bueno que un autor de ficción tenga.

Es conmovedor que esto suceda con alumnos de una universidad.

Alumnos que no soñaban con escribir un libro.

Y sabemos que los chicos los leen.

En definitiva se trata de “acercar libros” tanto a autores y a lectores.

Unos y otros jugando con ese objeto de placer, con el objeto que permite la libertad.

Subirse a la calesita de las palabras y sacar la sortija para poder girar montados en el lomo del libro mientras se escribe o se lee.


Acercando Libros fue publicado de la página 98 a página99 en Actas de Diseño Nº8

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